Luis IX

Mi madre siempre se cabrea, y cada vez pienso que lleva más razón, cuando se le felicita un cumpleaños.
Afirma que es una grosería, y sobre todo, a las señoras cree que jamás debería recordárseles el día de su nacimiento como algo a celebrar.
Y es cierto, tiene el aspecto agridulce de que llevas tanto o cuanto tiempo en este valle de lágrimas, o de alegrías, que para todos hay, (esa es la parte buena), y la parte mala es que te acercas, a medida de que los años te van cayendo a etapas en las que la tribu o bien te rechaza, o te exige más y más dinero para aceptarte entre los suyos. Siempre acabarán arrinconándote, y esa es la peor parte de todo.
Si hay que alegrarse un día por el hecho de que, al menos una vez al año, sea nuestra fiesta de reconocimiento, tenemos otras alternativas.
En la tradición cristiana, se le pasa el asunto al santo que te ha prestado el nombre, y como ya está muerto, no le importa si cumple o no cumple años. Y es que no todas las soluciones eclesiásticas son malas, esta, por ejemplo, no lo es ni de lejos.
Pero luego están las diferentes creencias que andan repartidas por el mundo, y como hablamos de globalidad, debería buscarse una solución buena para los kirguises, para los de Sierra Leona, para los daneses y para los quechuas, y no es fácil.
Que me he enterado, que existen culturas en que estas vainas no tienen ningún sentido, y a lo mejor son las que de verdad llevan razón, viven su vida sin El Corte Inglés, tan ricamente, o no, pero eso es harina de otro costal.
Si nos empeñamos en darnos un día al año, podríamos pensar en que cada uno de nosotros buscase su fecha, no sé, la que considerase más adecuada, por ejemplo, yo que soy un consumista puñetero, buscaría una fecha en plenas rebajas, que con eso de los precios más bajos, siempre ayudas a tus amigos y familiares en su presupuesto, que no está nada mal.
Además, para equilibrar los gastos, que a veces se hace muy cuesta arriba, la familia debería espaciar convenientemente las fechas de cada uno de sus miembros, para no afectar de forma demasiado negativa el presupuesto familiar.
Hoy, por ejemplo, por ser la Virgen de la Paloma, un mantón de la China, na China, na te voy a regalar, les tienen que cantar a la mitad de las gatas que andan ahora refrescando las chichas por Gandía, que como todo el mundo sabe es donde las Palomas remojan sus rebosaderos. La otra mitad, no se llaman Paloma, ni Asunción, ni cosas de esas, que lo mismo pasa el dieciséis de julio con las Cármen, que entrambas se me llevan más de la mitad del presupuesto nacional, que bien calculado lo tienen los de márketing de El Corte Inglés, que los de Amazon, que son unos descreídos, aún no se han dado cuenta de su implicación en el mercado de esta piel de toro.
Pues sí, mi madre, sostiene, y yo con ella, que hay tres preguntas que un hombre o una mujer de bien nunca deben hacer a un semejante,
-¿A dónde vas?
-¿De dónde vienes?
-¿Cuántos años tienes?
Y lleva toda la razón de odiar el puñetero cumpleaños, en el que nunca falta el patoso de turno, abriendo la bocaza, y soltando aquello de…..
-¡Felicidadeeeessss!, hasta ahí bien, pero desgraciadamente la cosa prosigue…
1) El enterao te suelta:
-Para haber cumplido cincuenta y seis, te conservas estupendamente.
Y uno piensa primero en la lata de conservas de sardinas, por ejemplo, que a lo dieciséis años, nadie venía a decirte lo de la conserva.
Lo segundo en la señora madre del patoso, que sería una santa que al parirlo perdió toda posibilidad de redención, que me acabas de chafar la vida profesional, que ese señor de la esquina es el jefe de personal de mi empresa, y le tenía convencido que andaba por los cincuenta.
Me acabas de poner el primero de su lista de prejubilaciones, con la hipoteca del apartamento de Torrevieja a medio pagar.
Un desastre.
2) El imbécil que no se entera, te grita aquello de ¡Uyyyy!, ¡Muchas felicidadessss!. ¿Cuáantooos cumpleeesss?.
Y de pronto ves a toda la gente que estaban con la salchicha de la barbacoa que con tanto cariño habías organizado en el jardín de esa casita rural tan mona en la montaña de aquí al lado, frenar de golpe el mordisco previsto, y volverse hacia ti, esperando tu respuesta.
¿Qué digo tu respuesta?, no, no, lo que esperan es una cifra, solo una cifra, que va a dar tema de conversación al grupo en las cuatro próximas horas.
-Que te digo que tiene más, que era compañero mío de mili, ¡si lo sabré yo!.
-Pues si cree que poniéndose años va a estar más interesante, se equivoca.
En fin, que el resultado es que han puesto tu culo en consejo, y sabes, unos dicen que blanco, y otros dicen que negro, que las cosas son así.
-¡No intentes a esa edad volver a hacer el Camino de Santiago, que te puede costar un disgusto!.
O bien,
-Chica, ya puedes hacer el Camino de Santiago sola, que con esa edad, ya no hay que temer al violador de la esquina, que van a por carne fresca, que por eso yo aún no me atrevo, suelta la muy zorra.
Así, que no, que no quiero fiestas de cumpleaños, que las carga el diablo, y las consecuencias son imprevisibles, que para mí, educado en la tradición cristiana, pestos a elegir me quedo con el Santo, aunque el personaje haya sido un cabrón con pintas, y un fracasado, que me parece que es lo que fue San Luis Noveno Rey de Francia y promotor entre otros desastres de la séptima Cruzada, cuya efemérides se celebra el veinticinco de agosto.
No estoy aquí para enseñar nada a nadie, así que pasead por el Larousse, por el Espasa, o por la British, y os haréis una somera idea de la personalidad y trayectoria del personaje, y de sus hagiógrafos
A mí, lo que me gusta ese día, es acercarme al Real Sitio de La Granja, que siempre me hago a la idea de que ponen en funcionamiento las fuentes en mi honor, lo que me da la excusa de acercarme a cualquier chiringo de la zona para disfrutar de mi cerveza de onomástica, después del remojón.
Se aceptan parabienes en ese día, incluso materiales.
Con su pan se lo coman

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