¿Estamos jugando a pies quietos?

Parece que hay un canal de televisión en Noruega que se llama algo así como “Slow tv”, es decir, Televisión lenta, y como la nieve al caer, muestra las cosas de la vida al ritmo en que se producen, y sorprendentemente para algunos, está teniendo un éxito considerable.
Transmiten cosas en tiempo real, como el viaje en tren desde Bergen a Oslo, el tricotado manual de una prenda de lana por una amable noruega, o el atraque de un barco en cualquier puerto como ejemplos de programas estrella.
Y digo yo, el éxito que hubieran tenido con programas como la formación de gobierno en España, la guerra de Siria, o cualquier otra cosa de las que nos están pasando desde que el mundo decidió dejar de girar, hace ya algunos años.
Porque, desengañémonos, el mundo parece parado, como mucho la sensación es que estamos en un bucle, o como un hámster en su jaula, con movimiento aparente pero sin adelantar un milímetro.
La sucesión de situaciones cotidianas que no son más que repetición de escenas ya vividas, empieza a ser algo preocupante desde mi punto de vista. Amenazamos con cambios en todo, hasta en lo personal, pero todo sigue clavado en sus posiciones de hace casi diez años. Ni siquiera es válido el argumento del príncipe Salina, “que todo cambie para que siga todo igual”, porque ahora la sensación es que ya no es necesario que todo cambie para que las cosas sigan igual, las cosas parece que han decidido seguir igual.
Las nuevas opciones políticas que van surgiendo por el mundo hacia posiciones que son extremas hacia uno u otro lado, amenazan, brillan por un día, pero al final no consiguen realmente sus propósitos, que son mover el anquilosamiento mundial, que ha aparecido en una zona que ni siquiera es de confort.
Los ingleses dicen que se van de Europa, bien, es su decisión, pero habrá que esperar dos años, la nueva fuerza republicana en USA no parece con mucha fuerza si mantiene sus postulados de arreglar las cosas a trumpazos, que deberá ir a posiciones más cercanas a lo que hay hoy en funcionamiento, es decir hacia el inmovilismo. El impulso chino, incluso, parece que se está aburriendo, y no parece que su futuro vaya hacia horizontes en donde un nuevo sol nos deslumbre con un escenario lleno de oportunidades desconocidas. Vamos que hasta nuestro don Anguita prefiere que le insulten a que le llamen progresista, ¡a él!.
Será que el progreso ya no vende.
Escuchando un poco entre líneas, (ventajas de los lectores que fuimos de Triunfo y de Cuadernos para el diálogo), descubres que el motor económico del mundo, nos pongamos como nos pongamos está en manos de dos colectivos, solo dos. El primero podríamos llamarlo “lobby jubilata”, representado por las ingentes cantidades de dinero que mueven los fondos de pensiones en los mercados mundiales, si, si, fondos como el de la Policía Montada del Canadá, o cualquier otro que se precie.
El otro colectivo se llama “fondos soberanos”, es decir fondos creados con los excedentes de países generalmente por sus posiciones en los mercados energéticos, exportadores de petróleo, vaya, y China, que aún no se cree lo que le ha pasado con eso de vender el fruto del trabajo de los esclavos del siglo XXI.
Y estos dos grandes grupos están detrás de las grandes compañías multinacionales, que la mayoría andan con capital público de más del ochenta por ciento. (Entiéndase por público, capital en acciones sujetas a cotización en los mercados bursátiles).
Y claro, el amor al riesgo de estos grupos es solo comparable al amor que sintió por mí la Schiffer el día que vio una foto mía de carnet.
Esta mañana se daban los datos adelantados del incremento de precios al consumo en España, y está claro, las variaciones solo se explican por las oscilaciones de los precios de la energía, que lo que corresponde al ciudadano, que sigue con enormes bolsas de paro y de precariedad salarial, (aquí y en Sebastopol), está parado por mucho que digan que se venden cada vez más casas, y que cada día hay más Mercedes circulando por las calles.
No sé lo que falta para que llegue el momento en que esta situación involucione, y mucho menos, como lo hará, si de forma suave, abrupta, o pelín de cada, pero lo que si está claro es que las aguas estancadas producen infecciones, y las aguas bravas fracturas de huesos, habrá que elegir, digo yo.
Los pollos del misterio, te salen con la explicación astrológica, que los tránsitos de los planetas grandones es lo que tienen, y vaticinan aún otro añito, como mínimo en esto del estancamiento global, y la salida se la callan, que a lo mejor están invirtiendo en plantas embotelladoras de agua fresquita de la Antártida, y una indiscreción les revienta el negocio.
Pero nada se mueve, los que perdieron su trabajo, siguen sin él, los que quieren cambiar no pueden, por no querer ni el banco quiere el fruto de tu calcetín, que va a ser más rentable tenerlo en el colchón y así ni pasta para el banco ni chácharas con hacienda, que somos todos, que los intereses van desde cero a menos cero, y ni los taxistas cambian el Skoda.
Quizás sea cosa del calentamiento global, que nos tiene aplatanados, que nos hacemos caribeños sin playas y sin mulatos de ambos géneros, que en el cine nos ponen las mismas sagas, las mismas franquicias, nos cuentan el mismo cuento una y otra vez, incluso de la misma manera, y con las mismas palabras y dibujos, y nosotros los atendemos, encantados, como esos niños que quieren ver dos millones de veces lo de Frozen, porque odian las sorpresas, y saben que al final el malote pasa por caja, y la condena a perpetua les toca al chico y a la chica, después de haberse dejado llevar por el hormonazo y darse el beso final declarando la eternidad de su amor con ojos vacunos.
Será eso, que nos hemos vuelto alérgicos a las sorpresas, que necesitamos conocer el final de la cosa, porque la experiencia nos ha enseñado demasiadas veces, que la sorpresa va en contra nuestra en un porcentaje demasiado elevado de veces, así que esperaremos que se nos de la imagen del beso final, que el que nos maten a Hans Solo, no nos gusta demasiado, así que habrá que buscar una parte de la historia no contada para que salga vivito y coleando.
Y así veremos “ad nauseam” los mismos gritos en Telecinco, que no distan demasiado del viaje a Bergen en cercanías, parando en todas, como la monótona Chica del Tren, que día tras día, navegando en su propia miseria de ser humano, veía e imaginaba todos los días la misma escena, la misma obsesión en su bucle particular.
Buenas noches, y buena suerte

Ya de vuelta.

Unos por carretera, otros en…bueno, en cualquier medio a disposición, y la rutina está pesada porque como es rutina, aunque cambie, nos parece la misma, ya estamos aquí, dispuestos a escuchar de nuevo al experto que te habla del síndrome post vacacional.
Ya estamos aquí, de nuevo, para escuchar las reacciones de los vagos llamados políticos que han parido un ratón en forma de acuerdo, sin ningún tipo de precisión, con todas las generalidades posibles, titulares de mercachifles, propuestas de gastos imposibles para una investidura.
De los temas que de verdad nos importan, es decir, de nuestro trabajo, de nuestra salud, de nuestra educación, ni pío, que luego sale el sol por Antequera, y no quiero que se vea mi sombra canalla.
Y eso los que han hecho algo, aunque sea miserable, porque los que dicen que podemos se han liado a cantar lo de la minga Dominga, y a la fabla gallega en tierras de Don Fraga, que eso de trabajar no les viene mucho a los penenes que se creen intelectuales, y que seguramente no aprobarían la reválida de cuarto de bachillerato que me tocó con trece años.
Ya no quiero ni pensar en los socialdemócratas de toda la vida, que con eso de la traición que hicieron al pueblo español cuando por la puerta de atrás dijeron, cambiando la Constitución, que antes era pagar a los banqueros que atender las necesidades de los ciudadanos, se han quedado en blanco, y pronto con menos diputados que la UCD.
Solo una propuesta, ¡No!. Si a menos hubiese sido un a eso no, pero, ¡hombre! mira a ver si a esto le conseguimos algo positivo, que hay cuarenta y seis millones de españoles y sus vidas esperando. Pero no, el orgullo de unos y otros, el personalismo del que se cree líder y no vale ni para gestionar su escalera, al final nos lleva al esperpento. Lo que no hubiera escrito Don Valle acerca de esta caterva de inútiles con traje de cacique unos, y con oportunismo de eterno advenedizo otros. La carrera es patética, y el calor que hace la torna insufrible.
Claro que al final lo que importa es al sueldo de sus señorías, sus prebendas, sus contratos con amiguetes, su nepotismo, sus abusos legales sus sueldos por sus juegos de pelota, (tocárselas ellos y así tocárnoslas a nosotros).
Y aquí estamos de nuevo, con Madrid sin barrer y dentro de poco con los muertos sin enterrar, que puestos a limpiar, lo que no limpien los ciudadanos, esta panda, por mucho dinero que les pongamos en las manos para que nos devuelvan los servicios que esperamos, seguirán dándolo todo en las fiestas sean homo o heterosexuales, que de todo ha de haber, que lo que importa es salir en la prensa, aunque el letrerito de Cibeles de welcome refugees, suene a sarcasmo, una vez colocado al sirio del fútbol.
Y mi otra tierra, mi querida Barcelona, ya no sabe qué hacer con la gente que tenía que haberse emborrachado en Lloret en Platja d’Aro, o en Calella de la Costa y se empeñan en hacerlo desde el Paseo de Gracia hasta la Barceloneta.
Y ya estamos todos, tenemos que empezar el curso, la rueda sin dientes que es esta España debe rodar lo antes posible, aunque los indepes se peleen entre ellos porque este o aquel quieren lo suyo, y al ciudadano que le den. Que la Diada estará muy bonita, seguro, que la van a hacer en el patio de la Generalitat, que con no dejar que entre la prensa, decimos el día doce en tv3 y en La Vanguardia, que se juntaron 10 millones de indepes en el pati de las tarongas, y a otra cosa. Por cierto, con las comisiones que están dejando los últimos desahucios, espero que hagan una campaña para repintar las esteladas, que andan descoloridas y tristes, algunas a jirones en los balcones de mi tierra, pueblos incluidos.
Y el que quiere trabajar a cambio de un salario justo y no le dejan, lo que se ahorra es el síndrome postvacacional, mire usted, que su síndrome es otro, es el síndrome de la angustia, y ese no le importa a nadie, ni siquiera a quienes dicen que les importa, que esos están con la minga y la Dominga, que es mucho más divertido, sobre todo si se alcanza el final glorioso de la jota.
Y sí, ya estamos todos, de forma que ya podemos, en la mejor tradición franquista aprovechar este momento de síndrome postvacacional para tocar las facturas de los monopolios, que se viene arriba el precio de la electricidad, la gasolina, y la suscripción de las telecomunicaciones, que te hacen comprar el “jumbo”, aunque seas progre, (usted no, Señor Anguita, usted no). Deben estar los Solis, Girón, López Rodó, y similares descojonándose, estén donde estén, anden donde anden, que los usos son los mismos, y hay un gallego, (bien que de Pontevedra), toreando en el Ruedo Ibérico.
Ya estamos todos, y el nudo de Manoteras recibe a los del síndrome con el primer atasco del año, que las obras no hemos sabido acabarlas, que con esto de la transparencia, para darle los contratos a los de siempre hay que hacer más papeleo, y más paripé, y si las rodalias no andan, ya se sabe, Madrit ens roba, y el súbdito, con las pelotas bien tocadas y con el sídrome posvacacional, el que tiene suerte de tener un curro, sabe que tiene que volver a empezar.
Es la rueda de la jaula del ratoncito blanco, comes, bebes, cagas y te mueves todo el día sin salir de la jaula, que no te sacan ni para darte la alegría de eso que antes se llamaba un polvete, y ahora se llama contacto sexual consentido.
Pero, claro, una vez comido por los mosquitos playeros, haber peleado por un sitio al sol donde poner tu sombrilla, arruinado por el chiringuito de Pepe, (es que si vinieran todo el año podría bajar los precios), por los de los monopolios, rojo mitad de sol (me puse protección cincuenta), mitad por las medusas esas del calentamiento global, hay que regresar urgentemente antes que los cacos te vacíen ese pisito tan mono que se compró tu papá en Moratalaz, o en el Congreso Eucarístico, que la mierda es la misma.
Y me pregunto yo, entre extrañado y confuso, eso del calentamiento global ¿no estará causado por que el noventa y nueve y pico por ciento de la gente se está calentando con tanta agresión a sus derechos en aras de enriquecer a los que se sienten “cool”?.
A lo mejor es así, yo no lo sé, pero me da que eso del retorno a la vida “normal”, a la rutina, incrementa la temperatura del cuerpo humano, y así, tacita a tacita….
Buenas noches, y buena suerte

Por Transcaucasia, Azerbayan

….Y en la U.R.S.S., tienen petróleo en Bakú, según rezaba mi libro de segundo de bachillerato, de forma que ya que andaba por esas tierras, no podía por menos que acercarme a orillas del Caspio, a ver que había de verdad en ello.
Y lo que me encuentro al llegar es una ciudad que parece haber sido levantada por un nuevo rico, y algo de eso hay. Un fantástico estadio olímpico, una villa olímpica, vacía claro, a espera de que alguien les mire, edificios que parece que me he equivocado de aeropuerto y me han aterrizado en Doha, por lo menos, grandes avenidas y autopistas donde se mezclan los Bentleys con los Lada….sin ningún Renault o Toyota por en medio.
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Y la cosa es que sí, que el petróleo sale a partir de 30 metros, que en tierra y en el Caspio, sacan lo que quieren, y como ya no hay Unión Soviética, pues todo para ellos, pero no para todos ellos, que aunque tienen una renta per cápita el doble que sus vecinos, resulta que solo un tres por ciento de la población, realmente disfruta de esos excesos energéticos.
Al final, como en toda Transcaucasia, este es un país de agricultores y ganaderos pobres, con unos recursos energéticos que se cifran en algo más de un millón de barriles de petróleo diarios y un buen chorro de gas , que supone una renta de unos 25 mil millones de dólares anuales, para una población de alrededor de 9 millones de habitantes. Es decir que ese 40% de la renta del país está en manos de unas doscientas mil personas.
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A poco que hurgas un poco el tufillo del socialismo rancio aparece por doquier, junto a la sociedad rural que representa la mayoría de la población. Lo ves en la forma de los comercios fuera de las grandes marcas del lujo, lo ves en los restaurantes, lo ves en el concepto de la actitud de los trabajadores, y sobre todo en la eficacia de las infraestructuras faraónicas que llenan la ciudad.
Es interesante pasear por su barrio antiguo, que como todo en estas tierras tiene más de quince siglos, sin despeinarse, y ver que les encanta enseñarte la inscripción de la legión doce que perdieron los romanos un poco más al sur, los del Craso error cuando los partos les masacraron por la ambición desmesurada de dinero de su general.
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Claro que por estas tierras de paso, salvo la inscripción en latín que se ha encontrado no dejaron más memoria.
Algunos yacimientos prehistóricos sin demasiado interés, ya que no creo aporten demasiado al conocimiento de las migraciones y asentamientos humanos desde el punto de vista arqueológico, y poco más aparte del petróleo que empezó a explotarse a mediados del XIX, con los hermanos Nobel de por medio.
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Este pueblo, que es realmente independiente desde hace unos veinticinco años, tiene, como el armenio, el dolor de una guerra, y su monumento correspondiente con los enterramientos de los caídos en 1991, a manos armenias, y claman por el genocidio que mantienen sufrieron cuando la población azerí de Karabaj fue desplazada hacia el Este.
Al final muerte y odio en los dos lados, y con mala solución, que en esta parte de Transcaucasia, el ochenta por ciento de la población es musulmana, pero me da que con unos índices de práctica muy bajos, ya que los velos y similares que he visto olían a iraníes que apestaban, y las cervezas volaban por las terrazas a velocidad de vértigo.
Y no, no era para los turistas, que debíamos ser cuatro gatos, que aquí la mesnada islámica no se lo gasta todo en Bentleys, que guardan algo para un chupito.
Poco que enseñar tienen estos azeríes, fuera de lo que concierne a lo que rodea al petróleo que en muchos sitios casi les aflora. Así que sus fortalezas, y palacios utilizaban el crudo en sus fosos para desanimar a posibles conquistadores, y hoy para sustentar a unos dirigentes, que parece llevan el país como un sultanato de las mil y una noches, por mucho parlamento que te enseñen.
Claro que esa riqueza debían canalizarla toda hacia la Madre Rusia, aunque ahora se ha redirigido hacia el Mediterráneo cruzando Georgia y Turquía. El gran yacimiento de gas que están comenzando a explotar, permitirá una alternativa a la UE, de su gran dependencia de Rusia y Ucrania en este importante elemento energético, Putin mediante.
La explotación del Caspio, no es únicamente azerí, ya que otros países de la zona también actúan sobre este que no deja de ser el mayor mar interior del planeta con sus más de doscientos cincuenta mil kilómetros cuadrados.
Los niveles de contaminación se han elevado a cotas que han forzado a las autoridades iraníes a desrecomendar el baño, y la industria del caviar, muy posiblemente acabe desapareciendo en aras de la venta de energía.
Por lo visto, la mentalidad soviética aún está muy presente, ya que en las escuelas es el ruso
la lengua principal, aunque el azerí también se estudie, y tres generaciones pensando de una forma determinada no se liberan de un plumazo.
En este punto, siempre quiero reflexionar sobre lo que ha significado el paso del comunismo sobre el entorno, y lo que está significando hoy en China. Es una lección que en occidente empieza a preocuparnos, pero que en la mentalidad del oriente que ha pasado o está en el socialismo de estado, no preocupa en absoluto.
Quiero recordar el Mar de Aral desecado por sobre explotación, el Volga donde se pueden encontrar casi todos los elementos de la tabla periódica, o los cientos de estructuras industriales abandonadas, los países que como Uzbekistán han sufrido por la existencia de un monocultivo de algodón que ha destrozado sus sistemas hídricos, un Beigin donde literalmente no se puede respirar….la lista es interminable.
Pero al final me temo que estos muchachos de Azerbayan, vivirán una edad de oro reservada a sus sultanes, y cuando se acabe esta forma de energía, los pobres seguirán siendo pobres, y tendrán menos recursos. El 3% de los ricos, no me preocupan.
Verán salir aún llamas de las montañas un par o tres generaciones más por el gas que se filtra, harán edificios más bonitos que los de Doha, los de Dubai, o los de Abu Dabi, pero no veo esa fuerza que debe tener un país para conseguir ser ese sitio donde los ciudadanos dejen de ser súbditos.
Las dictaduras parlamentarias son muy malas de digerir.
Buenas noches, y buena suerte

Por Transcaucasia, Georgia

Le dije a mi compañera de viaje, nada más entrar en Tbilisi, las mágicas palabras “me parece que esta ciudad no me va a gustar nada”.
Me puso como un trapo, con toda la razón, que esas cosas no se dicen, que esas cosas no se hacen, pero tiene uno ciertas tendencias de cabestro mal amaestrado, y a la que me descuido me sale la vena cerril, y no hay quien me ponga freno. Así que allá vamos con la confirmación de mi primera impresión, que antes muerto que perder mi condición de más tozudo que un mulo romo.
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Lo más positivo del pueblo georgiano, es que parece que todo les viene bien, sus vecinos dicen de ellos que son majetes, vamos, que no hay que liarse a tiros con ellos, que no vale la pena.
Tienen su salida al Mar Negro, y no parece importarle a los turcos ni a los rusos, y a los de Azerbayan, me da que hasta les viene bien por aquello de que por algún sitio tienen que sacar el petróleo y el gas, que no todo se lo va a quedar la madre Rusia.
Y ahí están, con algo más de sesenta mil kilómetros cuadrados, con una renta per cápita miserable también, muy parecida a la de sus amigos armenios, con la que intentan sobrevivir de la mejor forma posible.
No escuché grandes cosas de sus recursos mineros, o de su industria, más bien al contrario, que vi desastrosas ruinas industriales, hijas de los planes quinquenales con los que los soviets trataban de producir lo que necesitaban a costa de quemar la tierra, que para eso tenían las Repúblicas Soviéticas a su disposición. Y si había que secar el Mar de Aral, pues se secaba, si por aquí había que levantar plantas químicas para complementar tal o cual explotación, minera o de lo que fuera, no había más que decir que era cosa del politburó, o de Don Stalin, que venía a ser lo mismo.
Yo no sé si el hecho de que Stalin fuera georgiano les ha perjudicado o les ha beneficiado, el caso es que mientras en Armenia, con toda la razón se siguen doliendo del maldito genocidio atribuído a Ataturk, pero realizado con demasiadas connivencias, (kurdos, azerbayanos, rusos, por lo menos), aquí le ponen un museo al mayor asesino del siglo XX, que si hay que hacer caja, se hace.
Te enseñan la casa donde nació, y la cama donde lo fabricaron, un museo completo a mayor gloria de uno de los genocidas más cobardes que ha conocido la Humanidad, eso sí, con ese polvillo que deja el socialismo soviético allá por donde va y que afecta hasta a sus trabajadores, que ponen siempre aquella cara, de “yo hago como si trabajo, y tú haces como si me pagas”
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Pero en Georgia, el tufo a ese socialismo rancio está presente, con todo su polvo y miseria por allá donde vayas. ¡¿qué le vamos a hacer?!, y el visitante ocasional, como yo, no puede por menos que recordar en que se basaba ese sistema.
-Yo hago como si trabajo, y ellos hacen como si me pagaran, y así vamos viviendo.
Aquí el cristianismo está presente, pero las iglesias tienen su iconostasio, y se persignan como los herejes, que diría el padre Pío, pero que al final andan con su autonomía religiosa, que les encanta eso de ser independientes del patriarca ruso, y a mi se me da una higa, por mucho que el guía se esfuerce en comentarme la importancia que tiene para ellos ese sentimiento de ficticia libertad de las garras de Moscú.
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La capital, está en un valle que protege a un río que dicen truchero, así que cuando aparece uno de esos pescados en tu plato, busca una buena excusa para no comerlo, porque algo de veneno llevan esas truchas que tuvieron mejor vida que muerte, ya que a poco que te asomes al cauce, ves las cañerías vertiendo los deshechos de la ciudad, me temo, por el color que tienen no demasiado bien depurados.
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Y si, la ciudad de Tblisi, te enseña su historia, su castillo en la montaña, su catedral y su monasterio, hasta la estatua ecuestre de su fundador, si me apuras, pero las gentes que he visto pasear por sus calles tenían una tristeza en la mirada que no la quiero para mí.
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De esta forma, diré que tampoco quiero ser georgiano, por muchas avenidas amplias que te enseñen, o por mucha arquitectura moderna que hayan intentado poner en solfa los nuevos gobernantes.
Aceptaré que haya una plaza de la libertad, que la presida un San Jorge dorado, que haya un teatro de la ópera en aquello que se dio un día en llamar Avenida Lenin, donde te pueden sorprender con n Giselle, o incluso con una Carmen. Pero todo es triste, hasta el hotel, que no ha podido quitarse el último plan quinquenal de encima.
Los monasterios, las catedrales que te encuentras fuera de la ciudad, en el ámbito rural, aparecen protegidas por buenas murallas, que debían aguantar continuas arremetidas de sarracenos, y de cualquier cosa que se dignase a pasar por aquellos pagos, que al final de lo que se ha tratado siempre es de hacer caja a costa de los tesoros de los otros, y si son de la religión de la competencia, mejor que mejor.
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Para los monumentos religiosos, el paso del comunismo no fue, desde luego, la mejor de las noticias. Se perdieron pinturas, frescos e iconos, se utilizaron edificios casi milenarios para fines civiles, como establos, almacenes, o incluso con fines militares, lo que dejó una huella de barbarie inútil, que tardará mucho tiempo en curarse.
Y sin embargo, la población a pesar de todo, ha seguido con su tradición religiosa hasta el final, que al pobre poco consuelo le queda fuera del que fue llamado opio del pueblo, y que personalmente creo, en caso de que sea así, que mientras sobre la gente caiga el peso de los poderosos, ese opio es necesario.
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No da mucho más de si esta tierra, en la que ciertamente los tomates saben a tomate, y donde se puede comer cordero, y vaca si el bolsillo alcanza, que me temo no es el caso. El problema añadido que tienen es que alguien les ha dicho que saben hacer vino, y lo que les sale, siento decirlo, no tiene calificativo.
Ya que encima de todo, tuvieron, como en Armenia que arrancar cepas porque al Señor Gorbachov, le pareció que podía acabar con el problema de alcoholismo ruso, (el muy inútil), prohibiendo el consumo, y arrancando cepas, a un pueblo que se bebe la colonia, si la pillan en un descuido.
Como a los armenios, les deseo que vivan en paz, ya que la riqueza, me temo, les va a estar negada aún por unas cuantas décadas, pero el pueblo georgiano es fuerte.
Buenas noches, y buena suerte.

Por Transcaucasia, Armenia

Tenía muchas ganas de acercarme a Armenia, y a estos países de la Transcaucasia, que iré en los próximos días visitando en uno de esos viajes algo apresurados en los que intentas hacerte una idea sucinta del entorno, para después profundizar lo que se pueda, y con ello intentar ampliar un poco tus horizontes, y sobre todo continuar con la labor de saber en qué puñetero mundo vive uno, aunque sea a un nivel básico.
Antes de venir hacia estos pagos, mi conocimiento de los mismos era, (y aún es) muy básico. Una tierra con una historia reciente muy movida, que yendo hacia atrás y a salvo de mejor opinión, o tecnicismo, está en guerra con dos países, con Turquía y con Azerbayán.
Con los primeros, por el ansia de territorio de los turcos, que no les importaría que el actual estado armenio desapareciese, y con él, ese incómodo enclave cristiano que tiene en su retaguardia, y que por una razón o por otra llevan un siglo intentándolo, ahora que, con los georgianos, que más o menos mean en el mismo tiesto, no parece que tengan la misma animadversión. Será porque georgiano era el bueno de Stalin, y eso apechusca.
Por el momento, batallones del ejército ruso apostados en la frontera evitan enfrentamientos, lo que no es poco, salvo que, cuando te acercas a admirar a montaña sagrada que es el Ararat, ves los puestos fronterizos, y las torres de vigía que te impiden el paso, y ya te dicen:
-Por ahí se tira a matar, a no ser que seas campesino con permisos especiales para trabajar en la franja fronteriza.
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Con los azerbayanos, el principal problema es el conflicto del Karabaj, que con apoyo armenio ha conseguido que una parte del territorio azerbayano, se haya constituído en república independiente, dado que la población, según nos cuentan en Armenia, y seguro es así, es de mayoría armenia, aplastante.
Claro que los azerbayanos, enseñan en su monumento nacional las tumbas y las fotos de todos aquellos que murieron a manos armenias hace veinticinco años, y te recuerdan que si los armenios hablan de un genocidio, las tierras de Karabaj también sufrieron el suyo, al ser sustituídas por armenios en tiempos de Stalin.
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Así que seguirán matándose con poca intensidad, llevando los dos parte de la razón, lo que no deja de ser la historia del mundo.
En esas fronteras si que hay claramente intercambio de hostilidades, con consecuencias fatales, posiblemente por los dos lados, aunque aquí solo nos comentan las muertes propias. Pero yo no estoy aquí para juzgar, simplemente para dar mi opinión sobre lo que me llega.
Mi primera impresión al llegar a Yeraban, capital de Armenia, es la de entrar en el mundo post soviético, como ya lo había visto en otros países más al este, o la misma Rumanía.
Tierra arrasada desde el punto de vista industrial, un paisaje urbano que se va recuperando poco a poco, y esas infraviviendas del socialismo marxista que dejan muy claro el concepto que se tiene del trabajador, sea el sistema el del café para todos, o el de que el que más chufle capador.
El nivel de vida es bajo, la renta per capita alrededor de los 3700 dólares, y el salario mínimo alrededor de 180 euros. No es fácil la supervivencia.
Comentan los armenios, que tras el genocidio que sufrieron a manos turcas, y que se llevó por delante millón y medio de personas, posiblemente, hubo una diáspora que hoy desde occidente ayuda al sostenimiento del país con ayudas de todo tipo, pero la realidad que yo ví no me anima demasiado a pedir la nacionalidad armenia, dicho sea con todos mis respetos.
En definitiva, es un país que tiene guerra larvada con dos de sus vecinos, que es un enclave religioso de creencias diferentes a las de sus enemigos, sin recursos naturales, sin salida al mar, y con solo dos fronteras abiertas, una con Irán, y otra con Georgia. Agricultura y ganadería básica, y al final un país pobre con difícil acceso a la educación y a la sanidad.
Pasear por su capital, es pasear por una capital de provincia española, quincenos arriba y abajo, ellas pizpiretas, y ellos con un aspecto innoble que da miedo.
Dos cosas me llamaron la atención, la primera es la cantidad de garitos de prostitución que hay por todas partes, y la segunda es la impresión que me he llevado de que quizás sea un buen sitio desde el punto de vista geoestratégico para el contrabando de armas, teniendo además en cuenta su situación de estado en guerra. Seguro que no es así, pero lo parece.
Visitar iglesias y monasterios con más de mil años, es algo que ni siquiera en la católica España es algo que se pueda hacer, pero la historia de la Iglesia armenia que según ellos arranca en el año 301, gracias a un San Gregorio que supo atemorizar al rey de turno con alguna actuación que le pareció asombrosa al monarca. Se sustituyeron así los cultos mazdeístas que eran comunes, así como cultos procedentes de la tradición griega o mitraica.
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La gran Armenia que se añora por estos pagos, llegó en su momento a alcanzar más de trescientos mil kilómetros cuadrados, y llegaba desde Trebisonda a orillas del Mar Negro, y Konya, en el centro de la actual Turquía, hasta el Caspio. Hoy les quedan apenas treinta mil kilómetros en las condiciones que ya he mencionado.
La liturgia de la iglesia Armenia, que ya vi en su momento visitando un templo/monasterio en Teherán, no difiere demasiado de los ritos de la Iglesia Romana, pero mantienen sus patriarcas independientes, eso sí, disfrutando de buenas relaciones con el Vaticano. (Menos en el templo del Santo Sepulcro de Jerusalén en donde se andan tirando los trastos, pero esa es otra historia)
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Las construcciones que han pasado por todo tipo de avatares en estos más de mil setecientos años, no son joyas arquitectónicas, pero si construcciones que han sido realizadas teniendo en cuenta su situación geográfica en medio de una importante vía comercial como fue en su momento la Ruta de la Seda, y que podía despertar deseos no adecuados en demasiadas personas.
Curiosamente, el paso de los soviets por estas tierras, que duró más de setenta años, no acabó ni mucho menos con la fe de estas gentes, que aparentemente se muestra hoy en día en todo su esplendor.
Al final, nos queda una tierra montañosa, con sus leyendas de amantes que sufren por el amor y por la riqueza, de gigantes feos, y de historias moralizantes para campesinos, que algo han de contarse en los tiempos de tedio, y tratan de hacer olvidar el frío, que es, por cierto, tan intenso como el calor. Una tierra de gentes que se sienten acosadas y que aún les duele la barbaridad que se hizo con ellos a principios del pasado siglo, que quieren a los suyos, estén donde estén, que 3speran que vuelva Aznavour, como cada año a cantarles alguna vieja canción en armenio, y ponga unas flores en el monumento que recordará por siempre la masacre que sufrieron a manos de Ataturk.
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Que seguirán soñando, sin muchas esperanzas, en que aquella gran Armenia de hace tantos siglos, algún día vuelva, y que no sea necesario apoyarse todos los días en esa madre Rusia, que desde principios del siglo XIX, les da tantos pescozones como sonrisas.
La poca gente local que conocí, me pareció encantadora, pero eso, sin estar allí mucho tiempo, y aún así no es más que una impresión muy superficial.
Espero de corazón, que arreglen sus problemas, que dejen de morir sus jóvenes en las fronteras, y que encuentren los caminos que llevan a la paz y a la libertad, que como todo el mundo debería saber pasan todos por la sabiduría.
Buenas noches, y buena suerte

Hacia Yeravan

Eso de viajar en agosto debería estar sujeto a numerus clausus, como lo de entrar en una universidad pija, de esas que cuando acabas te vienen a buscar, como en las pelis chanis, los señores de negro, que lo mismo son de la CIA, de un gabinete proabortista de Alabama, o de un grupo ecologista del Segorbe, que lo mismo me da.
Yo no debería hacerlo, pero año tras año, y siempre con escusas de lo más adecuadas a la situación y al momento, me veo atravesando cualquier continente con la gomina intacta.
Y siempre me digo lo mismo, que la gasolina está de lo más cara, que el tío del chiringo te vende los mejillones de uno en uno, y le llama media tapa, el muy cabrón, con chupito de cerveza a precio de British pint.
Y lo darías todo, o casi todo por bien empleado, si consiguieras al menos un par de palmos cuadrados en la playa D‘en Bossa, para ver la caída de la tarde, que ya me dirás que gracia tiene, que te vas a Matosinhos, la ves con menos peña, y además te canta un Fado la tuna de Coimbra como poco.
Pero esto debe ir en los genes, en la parte que define la conducta gregaria que nos caracteriza a la raza ovina, y a la humana. Porque, qué gusto ver en la autovía con más baches que la Nassioná II en tiempos del Tío Paco, los camiones esos que te venden cuando quieres un coche, y el tipo del concesionario te coloca un “cross over”, ¡que va a epatar hasta decir basta!.¡Oiga don Usted!.
Los ves con una dignidad heredera del Simca mil, adelantando camiones con la suegra en la guantera y los pequeños energúmenos quejándose porque se han fundido las pilas del móvil de papá por no hablar de la tarifa plana de datos que contrataste un día de agobio con Telefornica.
Pero tenemos que viajar en agosto, que los precios son más bajos en El Corte Inglés, que los de AENA nos confirman records en los aeropuertos, y por último con tanta peña fuera de su casa, va el índice de precios al consumo, y no se pega la galleta hacia abajo que se merece, sino que se mantiene porque las cerezas del Jertes y los melocotones de Alcañiz se han puesto por las nubes.
Y si, nos vamos de vacaciones, de viaje, ponemos unas cuantas mudas en cualquier maleta, y simplemente dejas de ir a los sitios que ibas por un tiempo, para volver, a lo mejor a sitios a los que no ibas desde hace tiempo. Pero ya no te despides, que con los guasaps hemos perdido aquello de tirar rollos de papel higiénico por la borda de los barcos, cuando se separaban del muelle. Pero ya no se viaja así, que si vas en un barco, viajas generalmente en círculo, que es como estar en un parque de atracciones que se mueve.
El viaje de verdad se hace para cruzar desde las costas africanas a España o Italia, y ese no empieza en el puerto, sino que lo hace a muchos kilómetros del mar, en medio de una llanura de hambre de guerra, o de ambas cosas, en cualquier sitio al Sur, eso si al Sur, o como poco al Este. En esos viajes si hay lágrimas de despedida, no hay rollos de papel en el muelle, y el barco nunca vuelve.
Pero los demás, los hijos de este occidente descastado, salimos todos el doce de agosto, para volver el veintinueve, y así poder hablar a la vuelta de que viste el partido de Nadal en la tele en blanco y negro de aquella casita tan mona en mitad de los Montes Universales, tirando hacia Bronchales, que todo el mundo sabe que es un sitio muy chulo y muy fresquito.
Pero los neoesclavos necesitamos dejar de ver al cabrón de Bermúdez unos pocos días al año, necesitamos creer que las Perseidas existen, y que se transforman en lágrimas cuando se cumple ese deseo imbécil que tuvimos mientras mirábamos el cielo, sin recordar que del cielo también caen cagadas de gaviotas. Tenemos que cambiar de miseria por unos días, y como valor añadido, ayudar a la economía nacional gastando lo que no tenemos para que siga rodando la rueda.
Asi que yo también cambio de aires, a contar los frailes que se ha perdido el Prior, como diría alguno de mis ancestros enseñándome a no preguntar nunca aquello de ¿a dónde vas?, ¿de dónde vienes?, y ¿cuántos años tienes?.
Confío que las habaneras de Calella salgan preciosas, que el ron cremat de la playa no tenga más consecuencias que una resaca mañanera, que las sardinas asadas del desayuno en la playa estén en su punto, y que el Txacolí lo sirvan fresquito.
Confío en que los que aún andan en la edad de las brincadeiras, no hagan el imbécil más que lo estrictamente necesario, que luego cumplirán años y tendrán que contar, como yo, historias de jubilatas.
Que lo más que les pase como me contaba una querida amiga, microbiólogo hospitalario ella, allá por donde Asturias se confunde con Galicia.
-Pues si Luismi, que vienen las fiestas del pueblo, los mozos se me van a putas, y todo los años tengo cinco o seis gonorreas que tratar.
-Qué previsible es la vida ¿verdad querida microbiólogo?.
Y así año tras año, hasta aburrirnos, y yo, buscando mayor espacio para mis anhelos, intentaré cambiarle el paisaje a mis ojos, sin darme cuenta que el paisaje vive dentro de mí, y siempre es el mismo.
Acabo, como aquel que dice de aterrizar en Yeravan, y me acabo de dar de bruces con el holocausto armenio, así que a lo mejor cuento algo, cuando lo digiera.
Buenas noches y buena suerte

Ferragosto

El verano sigue adelante, y como todos los años, sigue sin pasar nada, y no es que no pase, es que me parece que no nos lo están contando porque con el circensis que está en su apogeo, machacando por donde puede y las puñeteras Perseidas, que van a llenar los bosques (que no se estén quemando) de soñadores a ver como esa suerte de partículas de polvo se transforman en luces incandescentes, en deseos para ellos, a razón de ciento cincuenta por minuto lo que promete innumerables oportunidades de errores y arrepentimientos.
Así que, ya que andamos de aniversario de nuestro Don Jacinto Benavente, diremos aquello que el dijo antes, y en su honor, claro está, de que seguimos viviendo “En el tinglado de la antigua farsa, que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes”.
Pues sí Don Jacinto, seguimos hoy soportando Crispines que no hacen más que crear intereses de los peores y siguen, encima, llenando espacios vacíos de los servicios informativos a cuenta de la formación de gobierno, del que los ciudadanos, o al menos unos pocos de ellos estamos literalmente hasta más allá de los pelos.
Pero claro, todos encantados, que el político marea la perdiz, mientras confía en que le llegue la centolla al plato, aunque no estemos en temporada, que después de un año sin ganarse el sueldo, y tal y como se ha puesto eso de la pesca de comisiones, no saben como van a pagar la cuota del country club. ¿Qué collons es aixó de la UDEF?
Y los becarios de la prensa, (que los titulares andan por la casa rural, o dando una vuelta por Marbella a ver si los de Telecinco les hacen una oferta para un reality, que lo de las noticias es muy cansino), están en la tesitura de Hamlet, que no saben si tienen que entrar a saco contra el segundo asistente del tercer subsecretario del partido equis, que más arriba no se le ponen al teléfono, o por el contrario reírle la gracieta de cuando recita el mantra que le ha recordado el primer asistente del tercer subsecretario del partido correspondiente.
Y ahí andan los pobres, que cuando no tienen tercer asistente que echarse al coleto, se ven obligados a leer la noticia de que los NiNis en España son la mitad de los de su quinta, y ven que van a tener que pagar algo más para que les hagan un contrato por horas alternas, que si los bonos del estado están con intereses negativos, no hay tampoco que pagar por el trabajo de los becarios, sino que serán los becarios los que tengan que pagar, obviamente.
Y como esto siga así, claro, aquí no se queda una moza preñada ni con intervención del Espíritu Santo, y si al final lo hace, ni ella ni su pareja serán esos jovencitos sanos y relucientes, y los niños serán hijos de sexalescentes, que para algo están los espermas congelados y las implantaciones de zigotos en úteros sean cuales sean las condiciones de recepción, que a nadie le importa.
La verdad es que echo de menos al monstruo de Lago Ness, que el otro monstruo que ha aparecido por Escocia comprando el Turnberry del “tito” Colin Montgomery, tiene mucho menos glamour, vamos que tiene el mismo glamour que Stalin en mitad de una de sus purgas, que parece que lo arregla todo a Trumpazos, y no le da juego ni al Iker Jmenez, ni a Miguelito Blanco, que para eso es mucho más sufí, el hombre, lo que tampoco está nada mal. Nessy caía mejor.
A la vista de lo que hay, intenté lo imposible, y cuando fui a pedir mi suite en Na Xamena, me dijo el dueño, que lo sentía, que este año se le había llenado la propiedad desde San Miquel, hasta el acantilado de la piscina, y que además, “sas llagostas blavas” de las calas de la isla de enfrente se habían declarado en huelga, por un quítame allá una cuota de autónomos, y la caldereta la hacían con carne de cangrejo de lata, y no es lo mismo, Luismi, no es lo mismo.
Y como no me iba a ir a Formentera a meterme en un atasco, y esperar turno en el chiringo rediseñado, se me vinieron de golpe todas las opciones al fondo de mi lago Ness particular, donde el monstruo se las come.
Ya ni Mérida es lo que era, cuando salía Rodero con su túnica blanca y nos contaba la vida de Calígula, tan en romano él, que parecía sacado de las páginas de la Gredos, y ahora, a la que te descuidas te montan una comedia musical basada en el último sueño de cualquier pirado que se haya metido cualquier cosa, le ponen título en griego, que parece cosa de Tsipras, y a otra cosa.
Menos mal que siempre me quedará Perelada, el último reducto del seny, de los duros con sabor a pelas textiles, y a suministros al Ejército Español de la guerra de Marruecos, y que no saben qué hacer ahora que se han hecho intelectuales, con los niños díscolos que no han cosido una camisa en su familia durante las diez últimas generaciones, que les parece mal hacerle un hijo a la mucama, y ahora “volen l’independencia”.
Porque el charnego solo cuenta lo que cuenta el “soci del Barça”, es decir un número el día once de setiembre en la Meridiana, en la Calle de las Cortes Catalanas, o como siga esto así en la Plaza de San Felipe Neri, que es lo único que acabarán llenando.
Mis amigos ilustrados, siempre me recuerdan que donde se ponen fisnos de verdad en Santander, que para algo es tierra de indianos, y tienen el honor de haber importado a Europa el bolero, que como todo el mundo sabe dio un impulso impagable al fondo de pensiones por el incremento directo de nacimientos asociados.
Las almas de Jorge Sepúlveda y de Bonet de San Pedro sé que se pasean por el Sardinero, las noches de verano.
Pero eso no me lo recuerdan los jodíos, que siempre me hacen referencia a lo bien que se interpreta a Berlioz en el Palacio de Festivales, o que el Réquiem de Verdi no suena en ningún sitio como allí. ¡Como si no tuvieran su festival anual de boleros¡
Yo pasé en su momento por allí, y recuerdo un montaje de Norma que había parido mi amada Nuria Espert, y siendo una preciosidad, me pasa como en el Bocho, que cuando me siento en la silla del Auditorio a disfrutar una ópera, me parece que se van a poner a jugar a cesta punta.
Y luego lo peor es volver a tu suite del Real, con vistas a la Magdalena, subiendo colina, que es un sindios, y eso que yo no llevo tacones.
Menos mal que los cursos de verano de la Menéndez Pelayo llenan el ámbito de guayabas de buen ver, que si no acaba uno dejando el presupuesto del Bentley en el Casino de al lado.
No sé este año, como habrán ido las financiaciones del Banco de los Botines, que doña Botina no sabe que hacer para que suban las acciones, y con lo bien que habla ella inglés, estoy seguro de que se siente traicionada con la espantá, digna de un Curro Romero cualquiera, que le han hecho los de la pérfida. O’Shea, esperaremos a los pianistas.
Pero la vida sigue, uno ya no se acuerda de las noches de jazz en las Vascongadas, y espera a ver si las semanas grandes traen algo chulo en la Bella Easo, que desde que en Ayete no se reúnen los cuarenta, se respira mejor, y han subido los alquileres.
Así, que visto lo visto, empiezo a pensar que lo mejor será abrirme a otras latitudes, que me puede caer encima un concierto del Dúo Patético, que no olvidemos le hacía la competencia a José Guardiola allá por los sesenta, en los cuarenta principales de EAJ 1, Radio Barcelona.
Hoy el redivivo Guardiola se llama Pep, es de Sampedor, y le hace la competencia a otro Pepe, pero ese no es moro, que es Mourinho, y no es lo mismo.
Buenas noches, y buena suerte

El libro del verano

Ayer acabé con el último de los dos best-sellers que este verano me he trasegado, con el tercero sinceramente no pude.
Esto me reconfirma, que aunque todos los años digo lo mismo, es una literatura que, con todos mis respetos, me supera por esa característica tan suya de asemejarse a hojas de parra secas, molidas, mezcladas con algo de grifa, liadas en un papel de esos de librillo que vuelven a estar de moda, es decir, son infumables, aunque los prendas.
Empecé por ese que parece ser el nuevo descubrimiento de la literatura, el tal Jöel Dicker, y me tragué sin despeinarme sus dos últimas cosas (de las tres que ha publicado), y que corresponden a El caso de Harry Quebert, y El libro de los Baltimore. Con Paula Hawkins y su espolvoreada Chica del Tren, definitivamente no pude, y eche de menos el formato papel, porque me hubiera preparado con ambos tres una olla aranesa “amb pilota occitana”, que no se la hubiera saltado ni Pepe Carvalho.
Pero seguro que alguien se pregunta la razón de por qué me embarco en estas aventuras, cuando uno todavía no se ha aprendido de memoria, digamos, el poema del cuervo de Poe, y ya ando enmierdado con las calles de Baltimore, según la visión de un muchachito suizo que vive entre montañas y que escribe en francés.
Había leído unas críticas, que para enfrascarte en estas historias, y seguir el canon pre establecido, hay que leer las críticas, (que los muchachos de mercadotecnia tienen que ganarse las chuchas), no demasiado favorables, hablando de que el bueno de Don Jöel, hacía trampas en los libros, y ciertamente algo de eso hay, pero no voy a desanimar a la peña, aunque siempre mantendré, que con todos mis respetos, los suizos, después de veinte siglos más o menos pacíficos entre valles, lagos, y montañas….de mantequilla, todo lo que han aportado a la humanidad son cajas de guardar dinero, el chocolate con leche, y el reloj de cuco, con lo que no debía esperar gran cosa.
Reconozco, que llegó un momento en que tuve que leer la cosa en diagonal que se me venía encima el apechusque y el agobio del aquí no pasa nada, que esto es una historieta de adolescentes, y que hay que llenar quinientas páginas como sea en el segundo libro, y espérate que cuando crees que ya has pillado al malo resulta que todos se equivocan una y otra vez, en el primero.
Cuando abrí La chica del tren, escrito por una inglesita, que estos ingleses son como los de Bilbao, que nacen donde les sale de los cojones, y esta nació en Salisbury, allá por esa Rhodesia, que ha devenido hoy en Zimbawe, uno de esos no países que andan en las geografías. Y aunque a una la peinen luego en Oxford, pues sale lo que sale.
Uno después de haber encontrado en la literatura de entretenimiento inglesa cosas tan distraídas como las de la Señora Christie, o P.D. James, o incluso a veces doña Rowlands, sin olvidar a los caballeros, como aquel Chesterton que me hacía pasar tan buenos ratos en mi adolescencia con su Father Brown.
Así que me lanzo sin paracaídas y me encuentro con una señora en paro, que coge todos los días el cercanías, (que aunque parezca mentira son diez veces más cutres y diez veces más caros que los ”rodalies” de mi pueblo), y me digo….de glamour mal vamos, que en el Orient Express, cenaban de frac y el champagne se servía frío.
Luego veo que la tal muchacha se me pone a mirar por la ventana, que debía estar más sucia que la gutapercha esa que los ingleses de hoy día usan lo mismo para un tapizado, para una moqueta, o para unas cortinas.
Y digo yo…ni ve pasar los Alpes justo antes de llegar a Viena, ni el puente es sobre el Danubio, y al final del viaje le espera una habitación compartida con vistas a la M4, que el Pera Palace no se hizo para ella.
Claro con estos mimbres cutres, a lo que te enfrentas es a una historia de mucama con título universitario, que se come el tarro influenciada por la última telenovela.
Lo único que entiendo es que se diera al alcohol barato, (aunque eso es un eufemismo en U.K., que al precio que va el sixt of a gill, emborracharse sale por un pico, aunque sea con Beaujolais), que la echaran a patadas de casa, (sin tocarle un pelo, por supuesto), y que se hiciera un mundo con el chafardeo desde su atalaya.
Seguro que a partir de ahí la novela alcanza cotas de obra maestra, pero uno a la tercera pasada obsesiva por el “Attached House” de sus personajes medio imaginarios, y a la segunda potada como consecuencia de una mala borrachera con algún aditamento opiáceo, consideró que su obligación bestselleriana de este verano había tocado a su fin.
Y como no iba a meterme con Schiller y su Guillermo Tell, para compensar lo del suizo, ni me iba a poner a releer a Richmal Crompton y a su William Brown, para lo de la muchacha rodhesiana, he decidido ponerme trascendente para desengrasar, y así un poquito Chretien de Troyes, y otro poquito Sir Thomas Mallory, que eso sí son aventuras, que ríete de Indiana Jones, y si necesitas símbolos que no sean los de una gasolinera de pueblo americana, ni la vida a través de la ventanilla sucia de un tren de cercanías inglés atravesando las fábricas del Thames valley, allí los tienes todos, desde el camino de la perfección, hasta la llegada al Nirvana, sin olvidar las miserias del camino. Jugar a la Oca se llama también.
Claro que este ejercicio, cuando vuelva a sentarme en el vagón de metro correspondiente, y en vez de mirarle el escote a la señora que se me siente al lado, miraré a ver si está enfrascada con uno de estos, y entre Santo Domingo y Príncipe de Vergara, si no se me baja en Vodafone, le hago un retrato psicológico que ni mis amigos seguidores de Freud.
Ya sé que no sirve para nada, pero tampoco sirve para nada que cada día salga un político capullo a explicar a un periodista aparentemente sesudo el por qué de la posición de su partido, a través del último mantra surgido de su ejecutiva, o por qué no dejan al pobre Akiito que se muera como un hombre, sin tener que cambiar la constitución japonesa, o que a estas alturas de la película digan que Donald Trump, está “tocat del bolet”, (vulgo castellano parlante,”como una chota”).
A lo mejor son cosas de jubilatas creídos, y no hago más que emular, en mi modestia a la chica esa del tren, cutre ella, y cutre el tren, ya que el metro de Madrid, o la línea uno del transversal de mi pueblo, tampoco dan para mucho más. Es la consecuencia y la huella del best seller.
Así que, lo dicho, me pongo con Mallory y con Troyes, mientras en los Bose “noise cancelling” escucho ese bonito disco de la Bartoli, Sacrificium, y me alegro de que para sobrevivir, no me tengan que cortar las pelotas.
Buenas noches, y buena suerte

La vida inmóvil

No sé dónde he visto la noticia de que un restaurador o un vendedor de copas de esas de pub con chester para sentarse, ha decidido crear una cámara de Faraday en la que incluir su local, y así evitar el funcionamiento de los sistemas móviles de comunicación, que según él impiden la normal comunicación entre las personas, y que según un estudio publicado estos días la digestión no es lo mismo con la alteración que produce la vibración, o incluso el sonido no por esperado menos estresante, dicen sus autores.
Es más, y como hoy la cosa iba de estos menesteres, un pollo nos ha recomendado encarecidamente que de vez en cuando nos tomemos vacaciones de tal instrumento, sugiriendo incluso que añadamos a nuestro equipaje, ese que va a pesar con una Mettler de precisión el becario de Ryanair, un buen despertador, de esos de campana, a ser posible.
Y bueno, como estamos en verano, y entre las cosas que se dicen, algunas son inteligentes y todo, he concluido que parte de lo dicho, y hecho, tenían consistencia, y otras me han sonado a lo de:
-Tócame Roque….
-¡Mamaaaa!, que Roque me tocaaaa.
Desde luego, nunca he sido un amante de discotecas, pubs y derivados, y eso no es algo que venga de ayer, sino que tiene algunas décadas de tradición en mi comportamiento. La razón básica es que siempre me ha gustado comentar la jugada, o intercambiar ideas acerca de esto o aquello, así que la disco o el pub, o me lo impedían totalmente, o me dejaban una afonía de las de varias semanas.
Sigo sin aparecer por esos, llamemos, lugares de ocio, ya que sigo sufriendo el aturdimiento que me causaban cuando andaba por mis estúpidos veinte. Y cuando, de pronto veías que una luz se encendía en el horizonte, al poder estar junto a tus amigos, con una copa de matarratas en la mano, unos cascos de esos de “atenuación o supresión de ruidos”, y un sistema instantáneo de intercambio de ideas en a mano, van y me ponen una cámara de Faraday, y San Joderse cayó en martes.
Está claro, que la comunicación es el enemigo, y cuando a base de decibelios habíamos conseguido que la gente dejara de comunicarse y pidiese más matarratas en la barra, se ponen a comunicar entre ellos a través de pantallas, y de nuevo adiós business. ¡Que aquí se viene a saltar y a gritar!¡Coño!, a ver si dejáis de charlar por la pantallita de los cojones y sus tomáis otro mejunje, ¡leche!.
Y lo del pub es parecido, porque a la que le han servido la segunda ronda de pintas al grupo de vendedores recién escapados de su convención, los excesos corales alabando las excelencias de las tierras norteñas al occidente santanderino, son incluso más incomunicantes que el bacalao más decibeliado que tenga Al Capone(los discos) en su memoria externa, en forma de lápiz conductor (pen drive, le llaman también).
Así, que amigo mío, deje usted de tocar los cojones a su clientela, y si no quiere que se comuniquen entre ellos de forma directa, reedite usted el concepto de club inglés, aquel del que era miembro Phileas Fogg, y se dará cuenta de que en el corazón del ser humano, siempre ha existido ese escape que ahora da el móvil, que Sir Ashford, está en su rincón escondido tras su ejemplar del Times, y sé que es él porque en sus calcetines lleva bordado el escudo de la familia, y que como siempre ha dejado una nota de que no se le interrumpa, hasta que lo indique. (Hoy Sir Ashford, haría lo mismo pero detrás de su móvil), que todo sigue igual aunque todo haya cambiado. ¡Ah! y además prohibían la entrada a las damas, que son muy comunicativas, y aquí se viene a otra cosa.
¿ Y lo del restaurante?, que no sé que dicen de que los jugos gástricos se alteran con las ondas herzianas de los espacios encontraos….¡Venga por Dios!. Que aún recuerdo al botones del Gran Hôtel des Bains, allá en mi querido Cap Ferrat, campanilla en mano gritando, ¡¡¡¡Monsieur Foutù!!!, ¡¡¡¡Monsieur Foutù!!!, acuda al teléfono, y a todo esto Mata Hari niquelando. Prefiero una iluminación discreta en mi bolsillo, porque M. Foutù responde siempre, además al levantarse se le quedaba la salsa parmentier de la langosta hecha un engrudo.
Déjenos vivir, por Dios, déjenos vivir, y que cada uno arrastre sus paranoias, que sarna con gusto no pica. Lo único, es conseguir una cierta discreción por parte del receptor de la llamada, y utilizar en vez del ¡Mancuentro nel AVE, macho!, el te llamo en media hora, ahora me es imposible.
Lo de las vacaciones es ya un exceso, pero ¿no se ha dado cuenta ese hombre, que las transacciones bursátiles las realizan en microsegundos algoritmos que te dejan seco en un plis?. ¿Y quiere que me espere a mañana a leer el Financial Times, que a Porto Fino llega con dos días de retraso, para enterarme que mis Matildes han sufrido cambios insufribles en su cotización?. Por Dios no me quite usted mi Durendale, que el enemigo es una Medusa impía, y si no lo veo venir le va a pagar la suite con vistas al mar el próximo rescate que decrete el señor Draggi, que yo desde luego voy a perder todo el interés en hacerlo.
Porque desgraciadamente, cuando te quieren encontrar para jibarte las vacaciones, lo hacen, ¡vaya que si lo hacen!, que más de una vez he recibido en el modesto y destelefonado apartamento de Segur, un telegrama urgente, (el corazón en la boca), con el llame usted inmediatamente a la oficina…que te hacía pensar durante el paseo a la cabina y tras la cola correspondiente, todas las barbaridades del mundo, y al final cuando llamabas te decían, ¡uy! lo siento, pero ya encontré el documento, o ¿cambiamos los gastos de goma de borrar con un incremento de 0,5%?, que así nos cuadra el presupuesto.
O dejar la lista de hoteles y teléfonos para ir recibiendo a tu llegada un paquetito con faxes para responder, antes de que saliera de nuevo el autocar del señor Pullmantour, aquel de hoy es martes, esto es Bélgica.
Chico, hoy te ponen un correo al móvil, y si ves que es de Bermúdez, ya sabes que pueden ir dándole por donde amargan los pepinos, y si te mandan la Excel para que modifiques el gasto de gomas de borrar, ¡coño!, lo haces entre dos pinchadas de paella, y ni estress ni gaitas, que sigues con lo tuyo.
Pero como todo, en su carril, que una copa está bien pero pillar una cogorza ya no es tan recomendable, y si ves que dejas de cazar Pokemones, porque has recibido un correo de la oficina, entonces, si, entonces es el momento de acudir a una clínica de desintoxicación especializada…..
Luego te mando un Guasap con el enlace web, que he visto en Google una cojonuda, y puedes pagar on-line o con el móvil.
Buenas noches, y buena suerte

Los jóvenes de hoy, cada vez tenemos más años

La frase se la escuché ayer, mientras me afeitaba, a Carlos Santos , periodista que trabaja para Radio Nacional.Aún no se me ha quitado a sonrisa de a cara, y antes de que la presentadora de no sé qué programa de televisión con moco, a la que estaba entrevistando me la pise, ya que lo prometió, intentaré echarme unas risas a costa de a tal ocurrencia.
Desde que tenía pocos años, siempre he dicho que quería ser el viejo de la tribu, que a eso de la juventud por definición, y ligada a los años, siempre le he visto más inconvenientes que ventajas, pero claro, he sido el rarito de clase, y estas cosas mejor no decirlas delante de según qué público, que luego te malinterpretan, y lo que es peor te encasillan erróneamente, claro, luego el cartero te coloca en el buzón equivocado, con las consecuencias que ello conlleva.
Si nos atenemos a conceptos de esos que se llaman generalmente aceptados, y como la misma frase indica no quieren decir absolutamente nada, una vez superados los diez años, es decir los once, dejas de ser niño, y con el bagaje que has obtenido pasas a la adolescencia, que la doy por terminada a los veinte, así que con veintiuno pasas a ser un joven. Bienvenido pues a esa etapa, en que parece que se te ha quitado el acné, y has sobrevivido a cuatro o cinco roturas de corazón, a una carrera de coches por autopista en contra dirección, y a tus primeros contactos con sustancias estimulantes, que con suerte no han ido más lejos de una buena cogorza de vaya a saber usted qué, porque perdí el sentido de lo que me metía.
Es posible también que te hayas salvado de una buena preñez, y con más suerte aún que hayas evitado que algún político mal nacido, haya metido a tu país en una guerra y vayas como carne de cañón a cualquier país exótico, en el que nada se te ha perdido.
Muchos de esos peligros, a partir de los veintiuno, seguirán vigentes, es decir te acompañarán durante toda tu juventud, que como es bien sabido, acabará a los treinta, porque a los treinta y uno ya serás un hombre, o una mujer con todas sus consecuencias.
Ese dulce pájaro de juventud, que Paul Newman nos mostró en la obra de Tennessee Williams, tenía a los ojos del escritor, una buena carga de sordidez moral, ya que el joven, solo podía ofrecer genes, y eso al padre de la chica, no le parecía suficiente, que el muchacho, no tenía donde caerse muerto
Estoy seguro también que uno de los motivos del destierro de su hija, (hoy sería un Erasmus a tiempo), escondía cierto rencor por alguna paliza al tenis en el club de campo local aunque Tennessee no lo cuente. Porque esas empiezan a ser las virtudes de la juventud, ganan al tenis, mean más lejos, pero no siempre llegan antes (Ver fábula de la tortuga y la liebre, que tiene su sabiduría detrás).
La otra cosa que ofrece, (ver La peau douce de Truffaut) por ejemplo, es una excreción constante de hormonas, feromonas, imágenes seductoras, que pueden hacer, y de hecho lo hacen, perder la cabeza al más sentado de los adultos, pero que en realidad no ha sido más que el cumplimiento de un rito reproductivo, que acaba con el último gemido, y como mucho con el cigarrillo a medias.
Claro que ese momento está cargado de excreciones de todo tipo, y por no ponerme escatológico, me quedaré en las endorfinas, y en la adrenalina, que no son poco.
Así que en esos tiempos de turbulencias, en los que tu juventud está aún pensando en si te deja que te ganes la vida, tú andas obnubilado detrás de feromonas ajenas, que con esto de la civilización, los humanos estamos en situación de procreación contínua, y es una verdadera gaita, porque ese exceso de energía invertida, pone difícil cosas como tu desarrollo intelectual, sin ir más lejos.
Porque además la vida está estructurada de forma que el niño que has sido, condiciona el adolescente que serás, y el adolescente será parte importante de la forja del joven.
No sé lo que dirían los grandes psicoanalistas acerca de la importancia que tiene en el ser humano el impacto de su época sexual, y qué secuelas deja en las personas, que recuerdo a una señora que había pasado ampliamente la época de juventud tal y como parece que se define, y que confesaba:
-Mira Luismi, es que a mí los chicos de mi edad no me gustan nada, que me gustan los de veintipocos.
Era, es, supongo aún, una mujer inteligente, no exenta de un cierto atractivo físico, y que me confesaba:
-Pero sé que es un error, que si pillo a uno, luego por la mañana no sé qué coño hacer con él, porque empieza a aburrirme con la conversación del desayuno.
Yo siempre le dije que debería considerar un análisis de sus receptores hormonales, que le metían en unos charcos que ni al Humbert de la Lolita nabokoviana, y ella sonreía.
Porque aparte del vigor físico, y su correspondiente apariencia, todo lo demás, relacionado con la juventud, no deja de ser una soberana putada, y que además, en ese período de turbulencia, debes construir el cuarto sexto de tu vida, la llamada madurez (queda vejez y senectud), y la hormona se pone de lo más pesada cuando se trata de construir futuro.
Pero el señor Santos, con su frase, hace que recordemos, que el ser humano no es solo la cobertura muscular para la transmisión de genes, y que una de las cosas que conlleva la juventud es la capacidad de asombro, de aprendizaje, y de relacionarse sin demasiados prejuicios.
Y por eso nos hace recordar que independientemente de esa definición parcial, la verdadera juventud está en el ansia de experiencias nuevas, de aprendizajes, de relaciones con otros seres humanos, ya que cuando el cocktail de hormonas deja poco a poco libre tu mente, es cuando empiezas de nuevo el ciclo de la vida y realmente te haces adolescente, joven, y con suerte maduro, aunque no le aguantes tres sets a Nadal, pero haces noventa y cinco en el club de golf de la esquina antes de abrir una botellita de champagne en el hoyo diecinueve, sin necesidad de fijarte demasiado (algo siempre queda) en los atributos sexuales externos de cualquier miembro del club que se haya sentado en la mesa de al lado.
Y claro, con cambiar los conceptos, los jóvenes tenemos cada vez más años, y nos llaman sexalescentes, que aún no hemos llegado a jóvenes setentones, ni a maduros octogenarios.
Y, por cierto, que nadie se fíe, que quien tuvo, retuvo, y los jóvenes setentones se reproducen también, que me vienen dos a la cabeza, Fernandito Sánchez Dragó, y Mike Jagger antes de ayer, porque Don Andrés Segovia se quedó con el embarazo del octogenario maduro.
Buenas noches, y buena suerte