NESSIE

Cuando había prensa, de esa que se vendía en los quioscos, las serpientes de verano afloraban, vamos que alguien, de prestigio e integridad fuera de toda duda, había visto la bicha en medio del lago ese de Escocia.

Había que llenar páginas, que los futbolistas estaban aún de vacaciones, los políticos andaban reunidos en Ayete, o más tarde en los palacios de Doñana, y no daba la cosa para mucho.

Había que echar mano de los famosetes, que salían en bikini, o enseñando tableta, más o menos, emergiendo de entre las olas como una Venus cualquiera, o a bordo de ese yate, que siempre pensé que el que no tenía un Azor, aunque se llamase “Jacinta”, por un decir, no era del grupo, no estaba en la pomada. Bueno.

Pero mire usted que ya nos hemos quedado sin prensa escrita, que entre que se venden seis periódicos, y encima me dicen que los repartidores están cabreados, pues tenemos que tirar de móvil para ver el ocaso de la Obregón, cosas del tiempo.

Pero bueno, se disimulan las arrugas, y a uno siempre le queda la imagen de aquella Úrsula, que no ursulina, que nos quitó el hipo a mis amigos quincenos y a mí. A James Bond, desde luego no se lo quitó, y si lo hizo no se notó, que como diría Cela, James, James Bond, se corría con entereza, sin bizquear ni babear.

Cosas de otros tiempos, que ahora el calvinismo reinante de tupé, aunque no llene los periódicos, que vienen tan famélicos como en el siglo pasado, da que hablar, bueno, la verdad es que tampoco demasiado. Si hay que amenazar a Irán se le amenaza, si hay que insultar a diestro y siniestro, se insulta. No se me altere el Tito Trump, que en el fondo el matón de clase siempre acaba con un ojo morado, que, no sé por qué, siempre hay uno que no aguanta y suelta una hostia a destiempo. (A traición dice siempre el matón).

No, la verdad es que no apetece demasiado ver que dicen los periódicos esta mañana, que me hablan de la huelga de RENFE, pues que hablen, que me dicen que la Crida del Puchi, que digan, que la señora estupenda en bikini, o sin nada pero sin dejar ver nada, tampoco tiene mucha gracia, qué quieren ustedes que les diga.

Y sí, me acuerdo de los tiempos de los monopolios, aquellos en los que se aprovechaba el verano, y que los periódicos venían magros, para subir los precios.

Subía la luz, subía el butano, subía el tranvía y el metro, subía hasta el tabaco. Pero la gente estaba cruzando la Nacional II para ir a su pueblo, a ver a los parientes, a enseñar el Simca mil, a decirles lo bien que se vive en la capital, aunque tuvieses el pisito en La Mina o en La Fortuna, que en detalles no se entraba.

Y decir a los asombrados habitantes de tu pueblo, que tenías el tranvía solo a media hora andando desde casa, y luego solo en una horita más te plantabas en Sol, en la Plaza Cataluña, en el centro, vamos.

Y entre el miedo al palo de la Social, si hombre esa de Billy el Niño, y que los periódicos venían magros, solo te dabas cuenta de la que te habían liado con los precios, cuando el sueldo en vez de llegar como siempre hasta el día veinte, se quedaba en el quince del mes.

Por eso no me gusta ese aire de vacaciones que ahora no sé por donde nos llega, quizás por el móvil, aunque no lo creo, que estamos entre las redes sociales y el Netflix ese que no nos enteramos.

Además como pagamos con santa Visa Bendita, no nos damos cuenta a la vuelta del pueblo, que en setiembre las perras aunque aún lleguen hasta el día veinte, casi, en octubre no pasarán del día diez.

Pero tampoco importa, que Cristiano estará pegando patadas por Torino, y seguro que en el grupo del Real de la Champions, el sorteo hace que se enfrente a su antiguo equipo. Con eso se nos olvidará todo, seguramente, creo, bueno, no sé.

La verdad es que nos pasamos la vida subiendo eL Tourmalet sin el chute de estimulantes del que gozan los privilegiados, pero no importa, al fin y al cabo no tengo amigos duques ni amigas princesas, que como mucho alguna reinona, así que si hablo del Simca Mil, me entenderán perfectamente, y si coincido en un chiringuito de playa de la Mar bella, pues estupendo, que donde no coincidiré será en el jardín ese tan bonito que tiene la torre del “empresari” junto al Cap de Begur, o en el chalet del Señor Conde, ese tan bonito que tiene en La Zagaleta.

Y como diría la zorra, ¡no me apetecen las uvas, que parece que están verdes!.

Y todo gracias a que los periódicos se están muriendo, que la información que alguien decide que tengo que conocer, me la inyectan en vena entre anuncio y anuncio, de esos que aparecen abriéndose paso a codazos en la pantalla del móvil cuando le estoy poniendo un mensaje a Chuchita, que se ha ido unos días a Formentera, me ha dicho su amiga del alma.

Y digo yo, será porque es del Barça y por allí anda Messi, que si no, ya son ganas. Pero hay gente pa tó, y para leer ese mensaje, que antes te metían en la cárcel por leer el correo de alguien, y hoy te abren las cartas legalmente, pero te las abren. Así, Chuchita ten cuidado, que todo lo que escribes es público, y claro, todo se sabe.

Creo que me voy a dar un paseo, y no, no voy a comprarme ni el periódico ni la baguette, como hacía Umbral, que total, para lo que creo que va a poner y lo blanda que estará la barra de pan, el paseíto a secas.

Y mientras os dejo con la serpiente de este verano, mi amiga Nessie, que no sé quién me ha dicho que se van a tomar muestras del lago Ness y determinar con análisis de material genético qué pueda haber en el agua, si hay algo de alguna especie desconocida, que la ciencia es la ciencia y lo aclara todo…a veces.

Una millonada, que seguro hubiese venido bien para que algún migrante, por ejemplo, no hubiese tenido que jugarse la vida en una balsa, pero el runrún de muerte en los mares de la desesperación y la pobreza, no llena las páginas de los periódicos, ni en verano.

Con su pan se lo coman

 

Mamá cumple años

Mamá cumple años, y desde luego no seré yo quien descubra la cifra, que hay cosas que deben quedar en familia, y a ser posible, no en toda la familia, sino únicamente entre aquellos miembros en donde sea imposible mantener oculto el dato.

Y es que al final todos tenemos nuestro lado oscuro, nuestros secretos, y ese es uno del calibre de los que justifican no solo la existencia de servicios secretos, sino que justifican esos asesinatos sofisticados con material radioactivo, tan chulos que vuelven locos a los ingleses.

Lo dicho, mamá cumple años, y me llega la comunicación de un amigo, en la que como parte de un estudio me dicen que cada año que pasa nuestra esperanza de vida promedio se alarga tres meses. Está bien, creo, aunque me parece que esto es como la estadística de que en un país de dos personas, como se comen un pollo al día, estadísticamente se comen medio pollo cada día.

Siempre que uno de ellos no se coma el pollo entero, que es lo que acostumbra a pasar, claro.

Así que si nos subimos a la estadística de esos tres meses por año, y la aprovechamos como quieren los transhumanistas tipo ciborg, nos hacemos inmortales, y a lo mejor es un incordio. No lo sé.

Solo sé que a la hora de la verdad, los dioses griegos envidiaban a los humanos porque éramos, y somos mortales.

Desde luego los humanos envidiamos a los dioses por todo lo contrario, aunque no seamos muy finos, en general, a la hora de fijar las condiciones de esa supuesta inmortalidad.

Si a mí me castigasen a la inmortalidad, realmente no sabría que pedir. Que lo de la eterna juventud puede ser una opción, aunque ni siquiera eso de la juventud sabemos muy bien lo que es.

Descarto lo de adolescente, desde luego, que uno no se ve en una tormenta de hormonas, con la cara llena de acné, y sujeto a los exámenes del instituto de forma eterna. No gracias, que además ni una birrita me dejarían tomas, diga lo que diga mi supuesto DNI de ese momento.

-No chico, no puedes esto o aquello, que aún te estás desarrollando y luego eso se paga.

Y aunque le diga que voy por los trescientos setenta y cinco años, el protocolo es el protocolo.

Para ese adolescente, si pido, no sé los treinta y cinco, ya estaremos hablando de un viejo, con lo que la eterna juventud se tambalea, y los veintialgo tampoco parece que….en fin, no se.

Pero mi amigo el transhumanista, a lo mejor se me frustra, que es de la rama ciborg, y con veintialgo, a lo mejor aún no he sufrido amputaciones, mi genética es impecable, y no necesito ningún tipo de prótesis.

Si me quedo ahí, la industria de los cybercomponentes para humanos inmortales lo mismo se tambalea y deja de tener sentido.

Claro que el filósofo me dirá aquello de que la edad ideal es aquella en que la sabiduría a través de la experiencia haya llegado a nosotros. A saber, que muchas veces me planteo si edad y sabiduría van de la mano, pero de eso ya hablaremos otro día.

Todo esto de la supuesta inmortalidad, claro, a lo mejor se ve truncada por el accidente, vamos que te pase el AVE por encima y te deje como la calcomanía del dibujo animado, y eso no lo arregla nadie…creo. Y si eso sigue existiendo, a lo mejor los humanos empezamos a no envidiar a los dioses, y es que vivr en la cárcel de la vida eternamente, solo lo entienden los jóvenes que están deseando reproducirse, (única razón de la existencia de un ser vivo, por cierto). Pero si alguien se plantea el estar produciendo nuevos seres humanos eternamente, con la pasta que cuesta cada niño, y lo poco que te dejan dormir, es para pensárselo.

Y por supuesto, las señoras, eso de estar pariendo toda la eternidad, no sé yo, que seguro que hay gente pa tó, pero me gustaría verlo.

Mamá cumple años, como decía, y a través de las últimas charlas que hemos mantenido, no la veo muy partidaria de la inmortalidad, y es que el chocolate todos los días, también cansa, o a mí me lo parece.

Lo que sí noto, es que echa de menos lo que perdió, cosas como subir las escaleras saltando los tramos de dos en dos, o mejorar este o aquel pequeño deterioro físico. Cosas que nos pasan a todos menos a Don Cristiano Ronaldo, por supuesto, que a la que te descuidas ves que tiene el cerebro en los abdominales.

Pero se nos compensa con la sabiduría, con la experiencia que poco a poco te va dando el paseo por la vida, lo que no está mal, ya que además se va haciendo a ritmo, de forma que cuando ya no puedes jugar al tenis, te pasas al golf, y tan contentos.

Yo confío pues en la evolución de la raza, y que cuando nos vayan llegando los avances de la tecnología, se nos vayan haciendo asequibles a todos los humanos a la vez, que para esto de crear castas nadie como los anglosajones, que nos harán como a los aborígenes australianos, estaremos clasificados como flora y fauna hasta la segunda mitad del siglo veinte.

Confío en que eso no ocurra, y que no se cree una humanidad ciborg, eterna, que posee el poder, el dinero, y otra que apenas le llega el dinero para un implante dental, ya veremos.

En mi caso, no quiero llegar a ser como los dioses, unos aburridos que no hacen más que perseguir ninfas aunque se tengan que disfrazar de toros para que el solaz les llegue con cierta tranquilidad.

Así que confío en seguir mi evolución como ser humano con la menor dependencia posible de elementos externos para la supervivencia, que la vida vale la pena vivirla pero no a cualquier precio, creo yo, y el simple corta y pega de mi conciencia a otro soporte biomecánico para continuar haciendo el gili por toda la eternidad no me compensa, no me renta vamos.

Y que la vajilla de fino oro labrada

Sea de quien la mar no teme airada

Felicidades mamá, y que cumpla los que quieras, ¡qué cojones!

Rosa María

Me parece que lo mejor esta mañana es empezar escuchando unos boleritos, de esos que antes de bailaban “cheek to cheek”, o al menos eso es lo que veía en las pelis, que a mí eso del baile nunca me vino. Que uno es muy patas, y en la tesitura de aquellos bailes agarrados se me iba el santo al cielo, que ignoraba la música y me centraba en la chavala, con el consiguiente cabreo y abandono por parte de la pareja.

Así, que hoy será mejor que me centre en los boleritos esos que tengo almacenados en una SD card, y que a través de un teléfono inteligente puedo escuchar en uno de esos altavoces a los que gracias a un “diente azul” le llega la señal.

No está mal escuchar unos boleritos, y acordarse de cuando Lucho Gatica, nos cantaba “La Barca” para felicitar el cumpleaños de Doña Jacinta, con todo el cariño de sus nietos, en aquellos programas de “discos solicitados” de Radio Barcelona, EAJ 1.

Mientras entraba el disco, el locutor nos recordaba que debíamos comprar en “La casa de las mantas”, Jonqueras 5, junto a Urquinaona. “Del bé a la manta”, decía el hombre, y luego Lucho Gatica nos insistía en que la barca tenía que partir.

Ahora, con los líos que tengo en mi SD card, no sé quién coño insiste en que me acerque más, con un piano, un saxo, una batería y un contrabajo. Que nadie canta, y la verdad es que no me importa, que no escucho la música, que solo está ahí, que apenas la oigo.

EAJ 1 Radio Barcelona, la primera radio de España, (en Madrid se insistía que fue Radio España, aunque no se quedó con el uno en su indicativo), pero, ¿ a quién le importan esas cosas?.

Seguro que si dejamos a un lado a cuatro jubilatas, y seis frikis de la cosa, a nadie le importan esos asuntos, que la radio ya no te felicita salvo en los programas hechos a medida de la colonia sudamericana que vive entre nosotros.

Qué le vamos a hacer, los tiempos cambian tanto que nos han sobrepasado, aunque sigamos creyendo que tenemos cierto control sobre los nuevos desarrollos tecnológicos, y la verdad es que no, que no lo tenemos, al menos la mayoría de la población, pero de ilusión también se vive.

Y me acuerdo de todas estas cosas, por esa noticia que acaba de llegarme:

Doña Rosa María Mateo es la nueva presidenta de RTVE. Y es que Doña Rosa María, seguramente escuchó un bolerito en casa después del cole en la radio familiar, y quizás lo bailó amarradita con quien le apeteció, y cuando le apeteció, y seguro, además que ella, no como yo que no he dejado de ser un cabestro certificado, disfrutó de la música, disfrutó del baile.

Y hoy, es la nueva jefa de la tele pública, y mi generación descubre que hay aún proyectos a nuestro alcance, que deberían aprender los tipejos esos del departamento de personal, cuando piden a alguien con experiencia y reciben una oferta de alguien con treinta años en el tajo, a no asustarse.

Que Doña Rosa María, lo primero que he oído que ha dicho es que estaba encantada, pero que miraba con vértigo el reto, y eso me suena a mi generación, al tipo de respuestas reposadas que sabemos dar quienes aprendimos a escuchar la radio en casa, quienes reconocemos a Lucho Gatica, quienes siempre lo hemos preferido a Armando Manzanero.

Así que confío que Doña Rosa María digna representante de lo que un emérito puede dar, tenga una estancia en esa que confío nunca ha dejado de ser su casa a pesar de que algún político, al que no le ha sentado nada bien su nombramiento, haya salido diciendo que “esa señora no ha gestionado nada en su vida”.

País de miserables y de envidiosos, que seguro que Doña Rosa María tiene lo suyo, como todos, pero eso hoy no importa, que lo que se necesita es templanza, es prudencia, es sabiduría, que las decisiones las llenan de tecnicismos los equipos asesores y de sentido común las personas cargadas de experiencia.

Y por supuesto, pienso que Doña Rosa María no tiene nada que ganar con ese reto, lo que hace que su decisión sea aún más admirable, que entiendo su vértigo, pero quizás lo sea más por las voces que a buen seguro levantarán los imbéciles y los envidiosos.

Y es que aún no se ha implantado el gen por el que sueñan los trans-humanistas, rama ciborg, esos que andan en busca de la perfección del ser humano mejorándolo con las últimas tecnologías, el gen que impida que los imbéciles interactúen contigo.

Todo mi ánimo pues para usted, Doña Rosa María, todo mi agradecimiento, y por supuesto mis mejores deseos.

Que por lo demás, en cien años, todos calvos

La muerte del cisne

Empezar el día escuchando a Saint-Saëns en particular ese maravilloso cisne de su carnaval de los animales, es una buena forma de hacerlo, y como todo viene a colación, se acuerda uno de cómo lo bailó Tamara Rojo en las tablas del Royal Opera House aquel día que tuve la suerte de ir a verla.

Pero lo que de verdad me viene hoy al coleto, es que en escena lo que siempre me pareció que se representaba era, en realidad, la muerte del cisne, esa muerte lenta y elegante del animal majestuoso, que parece que se evapora en el tránsito.

Puestos a rellenar esa alegoría de la muerte del ser casi celestial, que se va yendo a la par que se va despidiendo, siento que hay una forma de vida que hoy va, como el cisne de Saint-Saëns, bailando sus últimos pasos antes de pasar a Oriente, o a mejor vida, que siempre dice el castizo de mi barrio.

La vida en la que nos relacionábamos cara a cara con las personas, la vida en la que no necesitábamos intermediarios electrónicos para contar nuestras cuitas a quien nos apeteciese.

Al final aquella vida en la que la intimidad tenía su valor, que solo se compartía con quien viajaba contigo, aquella vida en la que una charla entre amigos, alrededor de un buen cognac y un mejor habano, permitía el intercambio de ideas y sensaciones, apoyado, claro, por cosas tan elementales como los gestos, el llamado lenguaje corporal, las miradas los silencios, y hasta los “vengo enseguida que voy al baño”.

Pero hoy esa charla está intermediada por los señores de whatsapp, que incluso te ayudan con esos pequeños diseños que llaman emorticones, que por cierto me tocan….el corazón santo.

Y entre anuncio y anuncio de cosas que un algoritmo ha decidido que te gustan, vas mandando deditos hacia arriba, deditos hacia abajo, tartas de cumpleaños, enlaces a la noticia del periódico tal o cual, que soporta tu argumento.

Y parece que nos comunicamos, que si queremos podemos escuchar la misma música, que para eso somos todos socios de Spotify, o de lo que cumpla, y sincronizar la cosa es posible, aunque difícilmente se le pueda hoy encontrar un sentido.

Los filandones son virtuales, y los fuegos de campamento han perdido sentido. Ya no sé si podrá alguien volver a escuchar una nueva versión del Decamerón, o de los Cuentos de Canterbury, viajando de aquí para allá.

Y es que hoy nos gusta mucho más el coche silencioso que te propone RENFE en sus trenes rápidos, y el cuento lo ves en la mini-pantalla de tu carcelero inteligente, que para eso has descargado NETFLIX, y te chupas las series sin anuncios, a cambio de diez euritos al mes.

El “Pili, salgo al pasillo a fumar un cigarrito antes de que el tren llegue a Tardienta”, que decía mi padre, ya no existe, murió para siempre, me temo. Ahora de lo que se trata es de matar más marcianos que el oponente que tenemos a cuatro mil kilómetros, que es la ventaja de los juegos en línea, los juegos en los que nadie toca a nadie, y en los que todo se mide, todo se clasifica en función de los resultados. Tienes el record, has conseguido más puntos que nadie.

Y quizás sea cierto, que a lo mejor es Nadie quien está al otro lado, que seguro es un robot que se ha saltado el test de Touring, y sabe engañar al código captcha ese, quién sabe.

Lo que si es cierto es que se acabó aquello de:

¿Ustedes gustan? , mientras en el departamento de segunda alguien sacaba su fiambrera con esa tortilla española con pimientos asados.

-No, muchas gracias, que aproveche.

Y el tren iba resoplando a orillas del Ebro, a ver si conseguía dejar Mora a sus espaldas y encaminar a Caspe, que si lo conseguía era cuestión de pocas horas el ver El Pilar.

Si, eso ya murió, y no se le espera ni en versión vampirizada, y quizás el primer veneno que aquella forma de vida fue el invento tecnológico que más ha hecho por terminar con la comunicación entre personas, y que por aquí llamamos televisión.

Al final, todo este desarrollo de chirimbolos que hoy nos rodean, no son más que extensiones, perfeccionamientos de aquel invento nefasto que fue la televisión.

Un sistema que dejaba al ser humano en silencio, con la vista absorta en unas imágenes en movimiento. La radio fue compañía, la televisión fue el principio de la soledad.

¿Qué le vamos a hacer?, seguiremos chateando con los pulgares, y el buen cognac, el buen habano, a lo mejor nos lo tomamos solos. Pero es un incordio, que a nadie le gusta beber solo, aunque la soledad sea virtual, y como el tabaco es malo, dejo el habano en su humectador.

Se va agachando poco a poco mi admirada Tamara, mientras las notas de Saint-Saëns van haciéndose cada vez más tenues, y de la misma forma, se va agachando y estirando los brazos mientras esconde la cabeza ese cisne que Tamara nos interpreta, una forma de vida que se diluye entre las manos a lomos de los medios de comunicación que nos aíslan para que, indefensos, compremos aquello que el algoritmo ha decidido que excitará nuestra producción individual de endorfina.

¿Cómo no pensar en el último mohicano, o los últimos de Filipinas, cuando ves que poco a poco las notas de “Le cygne” van llegando a su fin, y Tamara tiembla en ese dulcísimo estertor que tan bien ha diseñado el coreógrafo?.

Pues sea, pelearé por el derecho de cabrearme con mis amigos cara a cara, de llenarles la casa con el humo de mi habano. Pelearé por seguir leyendo las historias del Licenciado Vidriera, o las aventuras de Jack London, pelearé por no emborracharme solo aunque electrónicamente esté arropado por cien mil “amigos” y un millón de “me gusta”, que lo que quiero es que alguien se ría o llore delante de mí, y que la sensación que esa emoción produce haga que yo produzca también una emoción de ser vivo, no de robot de tercera generación.

Dejaré pues los emorticones en su cajón, y no me invitéis a “chats” multitudinarios, prefiero tomarme un vino y nos reímos juntos, sin escribir eso de ¡ja,ja,ja!.

Con su pan se lo coman

 

 

 

Josephine y Marc

Esta mañana, un señor con gafas estaba muy serio él en un barco. Parece que se trata del Mediterráneo, lo que para estas épocas del año no es nada excepcional.

Lo que empieza a ser preocupante, es que ese señor estaba rodeado de gente en muy malas condiciones, con cara de estar sufriendo lo indecible, y él, como digo, muy serio intentando ayudar.

No era un yate de lujo en el que este señor con gafas, que por cierto se lo podría permitir, estaba navegando, era una lancha neumática en labores de rescate y salvamento, y las personas que sufrían eran africanos que habían sido abandonados a su suerte.

El señor seriecito con gafas, era Marc Gasol, y las palabras que el periodista le atribuye tienen una tremenda carga de indignación y desesperación, como no puede ser de otra manera en un hombre de bien.

Es difícil al leer la entrevista que se le hace no caer en la tentación de pensar que el jugador no está utilizando el drama de los inmigrantes para la promoción personal, pero honestamente yo no lo creo, hay otras formas, desde luego y con mucho más glamor, si lo que se quiere es vender algo.

Marc se está jugando mucho por estas gentes, que un accidente en medio de las labores de rescate puede acabar con su carrera, y admiro su compromiso en este esfuerzo de solidaridad que es intentar salvar alguna vida y paliar aunque sea mínimamente el sufrimiento de tantas personas que se lanzan al mar en busca de una vida algo mejor.

Y a tenor de esta noticia, se me vienen un par de reflexiones casi a bote pronto.

El primero es constatar la poca implicación que en general las personas más favorecidas en nuestra España dolorida muestran con aquellos que nos necesitan, con lo que la presencia del Señor Gasol en el barco de Open Arms, parece una excepción.

Nuestros famosos parece que no se interesan demasiado por el sufrimiento ajeno, y si lo hacen no se muestran como un ejemplo a seguir por el resto de la sociedad, con lo que las historias relacionadas con la solidaridad no forman parte de nuestra cotidianeidad.

Una pena, y mi preocupación por la segunda reflexión que me viene a la cabeza, aunque es especulativa es quizás más grave.

Parece que nuestro flamante Presidente del Gobierno, quiere hacer muchas cosas y necesita dinero. No está mal, que en principio hacer cosas es loable.

Lo malo es que ese dinero quiere que salga de los bolsillos de las empresas y de los bancos, y eso me preocupa, cuando hablamos de solidaridad.

Si la gran empresa se enfrenta a una subida de costos, lo va a compensar de una forma u otra. Si el mercado lo permite se suben los precios, y a otra cosa, pero si el mercado no lo admite, habrá que reducir costes, ya que el hecho de que los beneficios se reduzcan no aparece en ningún manual.

Desgraciadamente y a parte de las posibles bajadas de salarios, o ahorro en papel de baño, una de las partes más sensibles en los gastos de las empresas son los que se dedican a fundaciones. Y por ahí va a apretar el zapato, me temo.

Ignoro si el dinero extra que nuestro gobierno quiere detraer del sistema para administrarlo él, será utilizado para cubrir los proyectos que las fundaciones cubren ahora. Seguro que sí, pero no lo creo.

Y en medio de todo esto me dicen que dieciocho mil personas han llegado a nuestras costas este año, parece mucho en términos absolutos, pero son dieciocho mil sufrimientos, dieciocho mil esperanzas, y no sé cuántas muertes en el intento.

La Unión Europea dedica algo menos del uno por ciento de su presupuesto anual a la ayuda humanitaria, una miseria, que en España aún se trata con mayor cicatería, ya que desde 2008 se ha reducido un ochenta por ciento quedando en unos magros dieciocho millones de euros.

Tremendo, que nuestro estado se gasta menos en ayuda humanitaria que una ONG mediana.

Parece que ayudar no nos importa, y es lo que me extraña en una tierra como esta que se vuelca en ayudar a quienes lo necesitan, siempre desde el ámbito particular, como el Señor Gasol, al que hay que agradecer su gesto.

Y entiendo, con dificultad, pero entiendo, que destinar dinero público a ayudar a los demás entraña ciertas dificultades aún cuando nos movamos en estas magras cifras que avergüenzan a cualquiera, que se nos van cuarenta millones en arreglar vallas fronterizas, concertinas y todas esas cosas….¡glup!.

Pero de verdad que no me hubiese importado ver en el buque de Open Arms, junto al Señor Gasol, a uno de esos políticos que se comen el presupuesto español cada día.

No me hubiese importado ver al Albert, o a Pablo, o a quien fuera, nacional o autonómico, intentando sacar del agua a otra Josephine, o bregar en alguno de los países de origen de estos flujos, para resolver sobre el terreno alguno de los gravísimos problemas que les acosan.

Así que España suspende en la respuesta a la crisis mundial de desplazados, según el informe de OXFAM, como me temo suspende todo el puñetero occidente calvinista en el que lo primero que sacrificamos es al ser humano.

El verano está empezando, veremos si hay suerte, y me tengo que tragar esta entradilla en la bitácora, al ver como el dinero, llega a la ayuda humanitaria, al ver como algún político de relumbrón aparece jugándose el tipo sacando del agua a otra Josephine, o mejor aún ayudando a los que están aquí en manos de mafias que se enriquecen a lomos de las supuestas deudas contraídas para el viaje.

Ciertamente no soy nada optimista, pero seguiré soñando en que algún día las cosas se tornen de forma que sea el ser humano el beneficiado.

Y eso que la tendencia de tanto supremacista, de tanta mediocridad, de tanto miedo, en definitiva, a perder los supuestos beneficios de nuestra sociedad, es totalmente contraria a la actitud del Señor Gasol.

Con su pan se lo coman

 

Saber oculto

Hay veces que me planteo si esa afición mía, modesta desde luego por conocer los secretos que esconden los arcanos es algo que realmente tiene sentido o no.

Y verán ustedes cual es la cosa, que no es otra que esa necesidad de saber, de conocer que es lo que hay a mi alrededor, pero no solo lo que me enseñan, que eso es siempre una información interesada, bueno, casi siempre, sino aquello que forma parte de lo que hemos dado en llamar saber oculto.

Que tampoco sé muy bien que quiere decir eso, pero para empezar nos entendemos, o al menos lo creo, que cuando uno empieza a navegar por los secretos del universo, al final se encuentra con más preguntas que cuando empezó, y desde luego al ser un terreno tan resbaladizo las puertas de la especulación y de la “boutade” se abren de par en par.

Porque los hay que me cuentan que la Esfinge de Gizah a lo mejor no es egipcia, que es anterior a la formación del pueblo de los faraones, que me hablan de hace diez o doce mil años, y seguramente es cierto.

Lo que ya me empieza a preocupar es que esa tecnología que dió para levantar al león con cara humana, seguro que permitió otras muchas cosas que desconocemos. Que también me dicen que llovió mucho aquellos días, y a lo mejor es cierto, que en la mayoría de las culturas de las que tenemos alguna noticia, siempre se habla de agua anegándolo todo.

Pero no sabemos qué pasó, y como los habitantes de la caverna andamos como locos mirando las huellas de las sombras para discernir si detrás de este o aquel símbolo hay un significado que esconde un hecho que solo pueden entender los iniciados.

Que tampoco crean ustedes que entiendo muy bien esa historia de los iniciados, fuera de diferenciarlos algo de los lerdos, aunque como las cosas van ahora por especialidades, uno es un lerdo en latín, pero conoce como nadie los secretos de la formación de los Continentes, por ejemplo.

Y sí, los iniciados parece que requieren superar una ceremonia, como la Reina de Inglaterra, que siguió un rito iniciático ancestral como sus antecesores, sin ir más lejos, o cualquiera que entre en la carrera eclesiástica, o supere el examen para catedrático de instituto, terror de los chicos brutos.

Lo que ya se me escapa, es si existe tras las ceremonias de iniciación, con toda su simbología colgante, un acceso al conocimiento de todo aquello que formando parte de nuestro mundo se nos oculta.

Me temo que no, me temo que es el disfraz de la mona, que aunque se vista de seda, mona se queda, y eso que no cesan de recordarme que existieron, personajes que sí alcanzaron esa luz con la que iluminaron, para ellos claro, lo oculto.

Que si Hermes Trimegisto, que si Cagliostro, que si Newton, bueno la lista no es muy larga, y la verdad es que en mi ignorancia no entiendo si realmente la iluminación que les llegaba daba para conocer todo el entorno de sus vidas, o eran otros habitantes de la caverna quizás un pelín más espabilados.

Y luego los símbolos, los gestos simbólicos que hasta donde vengo sabiendo para poco más que reconocer si alguien es miembro de este o aquel club de poco más sirve.

Que los Templarios tenían sus símbolos, claro que sí, arquitectónicos, de uniforme, de pensamiento, y hasta ese supuesto Bafumet, que muy bien nadie me ha podido explicar qué diantres era.

Pero en todos los grupos humanos la simbología existe para diferenciarse del resto, para reconocer a los acólitos, y sobre todo para que al conocer su significado ahorremos tiempo y esfuerzo al querer transmitir una idea.

Y realmente me parto de risa cuando veo que ahora a los símbolos hemos dado en llamarlos emorticones, y nos sirven para lo mismo que cualquier marca de cantero, para decir algo, pero solo a quien pueda entenderlo, que a los demás les importa un pepino la fiesta.

Como me encuentro dentro del grupo de los ignorantes curiosos, me muero por descubrir las vías del saber oculto, que el que se emite en abierto, más o menos, parece estar al alcance de uno. Sin embargo no hay forma, que ni siguiendo los programas de misterio, ni leyendo a Ceram, ni visitando Persépolis, o bajando el Nilo desde Assuan hasta Alejandría, o buscando las construcciones mayas que se esconden en la selva, no soy capaz de ver más allá de construcciones, símbolos de piedra, que hasta cierto punto puedo hasta interpretar, pero realmente no me llevan al conocimiento del saber oculto.

Seguramente me diría mi amigo el filósofo que no me preocupe demasiado, que al final el hombre lo que ha querido siempre ha sido comer todos los días, dormir ocho horas y sobre todo transmitir sus genes, y esas cosas del conocimiento oculto posiblemente no sean más que formas de hacer ese camino del ser humano.

Que las grandes preguntas que nos hacemos los seres humanos siguen sin la respuesta, no sabemos qué hacemos aquí, no sabemos de dónde venimos, no sabemos a dónde vamos, no sabemos quién nos ha fabricado, o qué diablos significa eso que llamamos alma, inteligencia, ni siquiera si ha sido creada con un fin distinto al que creemos.

¿Qué le vamos a hacer?, las cosas son así, y reconozco que me encanta buscar entre los signos que se esconden en el Zohar, o en las páginas de Cretien de Troyes, que me encanta identificar los símbolos de la alquimia o entender el alma de los cátaros.

Pero no hay forma, al final veo el símbolo, veo el mensaje que me envía quien lo dibujó o esculpió, pero sigo sin saber qué diantres hago aquí fuera del devenir cotidiano de acontecimientos, ni a donde voy a ir, y no me parece que en Hermes o en Cagliostro, o en los libros de los muertos egipcios o chinos aparezca realmente la vía de nuestra trascendencia si es que acaso existe.

No voy a marear más, pero si alguno tiene las claves del saber oculto, por favor hagan de mí un gnóstico, que a mí solo no me sale.

Dándole a usted las gracias anticipadamente por su ayuda, aprovecho la ocasión para hacerle legar mi más atento saludo

 

El tiburón toro

Estos calores caniculares me recuerdan a uno de mis paseos por Brasil, tierra compleja donde las haya, tanto que no me atrevo a decir esa bella tierra, ya que el hombre es parte del paisaje y aquí el hombre, el ser humano es, en su mayoría la parte triste del paisaje.

Y quiero rememorar uno de esos momentos que no se le olvidan a uno, paseando por la playa en Recife, una de esas playas integradas en la ciudad, como Copacabana o la Barceloneta, sin ir más lejos, donde la gente estaba disfrutando del día, o de un rato del día.

Que había de todo, como tiene que ser, los que estaban allí en plan “me he escapado una horita a pegarme un baño”, hasta los que parecía que vivían allí. Unos jugando a fútbol ¡Cómo no!, o tostándose, a pesar de tener tonos de piel entre mulato y negro, que la provitamina hay que pillarla, y el cáncer de piel, también.

Otros en el agua, como debe ser en una playa, claro, siempre y cuando no tenga carteles cada diez metros donde te avise de que hay tiburones toro en la zona, y que por lo visto muerden a la que te descuidas.

¡Ya pero no hay problema!, me dice una garota, que aunque no era como la de Vinicius y Antonio Carlos, para la información ya me valía:

-Las autoridades exageran.

Y fue dar una de esas miradas displicentes que tan bien me salen a mi alrededor, para ver en lo que me alcanzó el gesto, no menos de cinco personas con mutilaciones graves, y uno con unos costurones en la espalda que cortaba la respiración.

Y ahí pensé, esto es Brasil. La gente en la playa, jugando y bañándose, ignorando, a pesar de las advertencias del peligro que les acecha si meten un pie en el agua.

Un entorno paradisíaco, que, luego me enteré, la desidia de la administración, la ignorancia, y posiblemente la codicia de algún empresario, había sido uno de los responsables de que ese peligro estuviese acechando a los ciudadanos.

Y es que el tiburón toro, tiene la mala costumbre de poder vivir también en aguas dulces, mire usted, y en un río que desemboca al sur de la ciudad, se construyó un matadero de reses, para las barbacoas de Rodizio, digo yo.

Y como no les venía nada en el libro de procedimientos, decidieron tirar directamente al río sangre, y vísceras sobrantes, con lo que el tiburoncete dijo aquello de “a bodas me convidan”, y sentó una colonia bien alimentada, que se dedica ahora al noble arte de llevarse por delante a cualquier bañista que se descuide.

¡Ah!, y además por error, que a estos toros no les gusta la carne humana. Vamos que los habitantes de Recife son eso que ahora se llama “víctimas colaterales”.

Y el paisaje brasileño, en esa mezcla de política, empresariado no demasiado escrupuloso, sol, juventud, falta de formación en amplias capas de la sociedad, riqueza mal repartida, lo que acaba ofreciendo es un panorama en el que hay que buscar la salida a la vida diaria con la mayor carga de diversión posible, aunque se te lleve por delante un tiburón.

Ya sé, mis queridos lectores, que todos ustedes captan el matiz de que estoy en medio de una generalización apta para que quepa en ella cualquier comentario, crítica o desacuerdo, pero ¡coño!, algo tendré que decir en mi bitácora, que a los de Podemos a lo mejor no les ponéis verdes con el rollo populista, y yo aunque no sea como ellos no soy menos.

Baremboim se me acaba de colar en el aparato de música, y aparece, venida del cielo, esa Manha de carnaval, y de nuevo esa tristeza en medio de la celebración de la fiesta, que parece no hay forma de que la alegría sea completa. Como esa “Tristeza nao te fin felicidade si”. La favela, la vida dura que necesita defenderse del político, del empresario poco escrupuloso, del tiburón toro, al final, que por mucho Cristo de Corcovado que acoja a sus hijos, hay que sobrevivir, y el precio es una pierna menos, un mordisco en la espalda, como tributo al toro, al tiburón toro.

De Sao Luis a Manaos, de Manaos a Brasilia, de Brasilia a Sao Paulo, a Bahía, a Fortaleza, a Os Lençois maranhenses, ese Brasil nos quiere enseñar una lección de vida, que a mí me encantó recibir en su momento, que en Carnaval se baja al infierno a salvar a lo que se ama, y que al final las cosas, los hechos son efímeros como esa semana al año, como esa hora en la playa de tiburones.

Que lo que nos queda fuera de ese escaparate es la lucha por la vida, en toda su crudeza, y a ser posible cerrando los ojos a las aletas que vigilan tus brazadas, porque en caso contrario no se puede vivir.

Lección me llevé de cómo hay que adaptarse al entorno que nos rodea, que el seguir las indicaciones de los protocolos, al final hace que no te arranquen un brazo los tiburones, pero hace que tu vida tome la total conciencia de lo miserable que es, y eso duele más y por más tiempo.

El carpe diem recifeño no se me ha de olvidar, y es que si hay que pagar el precio del ataque del escualo se paga, pero sin correr el riesgo, la vida pierde buena parte del sentido que hace que valga la pena vivirla.

Brasil, del que volveré a hablar en cualquier momento, sigue con su vida política convulsa, con sus listas de corrupciones, con su economía poco segura, con su camino en definitiva que van recogiendo las noticias, con escaso o nulo impacto por nuestra piel de toro, que si Roussef, que si Da Silva, a quién le importa, esos son los tiburones que navajean por el petróleo de Sao Luis, que vacían la Amazonia de sus recursos forestales, y sobre todo con su gente, que viviendo en el manglar, en su favela, en donde, en definitiva hayan caído por aquello del destino.

Y a mí lo que me toca es no olvidar la lección de vida, no olvidar que en el fondo el saber que hay tiburones, pero que no importa, que la vida es siempre un riesgo, es la mejor forma de enfrentarse con el camino que tenemos por delante.

Con su pan se lo coman

La coreana no pare

Me dicen los que saben de estas cosas que nuestro occidente se va quedando poco a poco sin gente, es mas, parece que no solo es nuestro querido occidente, y es que las coreanas han decidido que eso de procrear no va con ellas, y ha salido un estudio en el que se muestra que si las cosas siguen de esta guisa en 2750, el país desaparece, y es que andan con una tasa de nacimientos del 1,15 por mujer. Y eso no hay quien lo aguante.
Quien lo aguante, es la explicación mas plausible, y es que ese becerro de oro que es la sociedad de consumo ultra capitalista en la que nos ha dado por desarrollarnos, tiene sus cosas, mire usted, y eso de la crianza del ciudadano es algo que retrae el ratio de productividad de cualquiera.
Que el otro día una señora encantadora, en uno de esos programas de radio que de vez en cuando escucho le contestaba en términos porcentuales lo que significaba una baja laboral por dos hijos en una carrera profesional de treinta y cinco años….a verraquera, son treinta y cinco meses de vacaciones como todos, mas cuatro meses al año de sábados domingos y festivos….para ocho de baja maternal por dos hijos. Venga, no me jodas, es casi despreciable, pero parece que a ningún empresario le gusta pagar ese pequeño porcentaje, que se pone de los nervios, y el estado, al menos en nuestra España, no compensa a los progenitores convenientemente.
Y es que a lo mejor las cuentas de lo que aporta un ciudadano a las arcas del estado no se ha calculado convenientemente, que treinta y cinco años a treinta mil al año, son un milloncito y medio que va al PIB directamente, y trescientos mil a las arcas de hacienda sin contar el IVA, e impuestos varios de alcoholes, gasolinas, y lo que se le ocurra al pollo presidente del gobierno de turno.
Pero no parece que nos demos cuenta del asuntillo, y no nos decidimos a empujar eso de la natalidad, con lo bien que nos vendría.
Siempre nos quedara la posibilidad de la importación de ciudadanos, que hay zonas del mundo, bien que nada desarrollado, donde se tienen tantos hijos como los campesinos medievales de Castilla, pero aunque desde un punto de vista directo suena la cosa a lógica aplastante, a ningún gobierno del mundo capitalista se le ocurre rellenar el hueco que deja la falta de partos nacionales, con gentes que vengan de fuera.
A los que vienen a vivir a occidente por aquello de los excedentes poblacionales locales, los dejamos que se mueran ahogados en el Mare Nostrum, o permitimos que lo hagan ensartados en concertinas, o como a Manon Lescaut, les dejamos morir de sed en el desierto de Sonora, por ejemplo.
Si las coreanas que van a 1,15 cierran su país por falta de coreanos en 2750, nosotros con nuestro magro 1,24, quizás duremos cien añitos mas, pero la España que tanto amamos estará despoblada de españoles y de otras nacionalidades, que lo que no se quiere es que venga nadie.
Seguro que entre la miriada de mis lectores hay alguno que podría calcular con bastante precisión el numero de migrantes que deberían entrar en España, con todos los derechos, desde luego para cubrir las necesidades poblacionales que tenemos.
Quizas alguien argumente que el hecho de cubrir ese hueco con gentes venidas de otras regiones del mundo, supondría el fin de nuestra cultura, de nuestra forma de vida, de nuestras tradiciones. Y seguramente lleva razón, pero el hecho es que toda esa carga cultural nos esta llevando a la extinción en menos de mil años. Bonito problema, ¡como si tuviese importancia que sociedades en fase de franco declive acabasen como premio a su errores!.
Que ni seriamos la primera ni la ultima sociedad que acaba desapareciendo, al menos de forma ostensible, que al final nada desaparece del todo.
Pero parece que nos aterra el hecho de que los españoles dentro de mil años a lo mejor adoran a Ala, que me han dicho que es grande, o andan bailando ahitos de peyote detrás de su chaman. ¿ A quien le importa seriamente el color que podamos lucir en nuestra piel en ese futuro, o a quien adoramos, o que puñetero sistema de organización social sera el que nos maneje?.
Mas me importa el desastre que se vive cada día en nuestras costas, en nuestras fronteras, en el trapicheo que se organiza por no dejar que gente que quiere desarrollar una vida diferente llegue a este mal entendido edén. Las miradas cortoplacistas siempre me han puesto de los nervios, y las sociedades capitalistas son sobre todo cortoplacistas, con lo que el futuro acaba destruyéndolas. Parece.
Creo, honestamente, que estamos perdiendo una oportunidad de oro, y me saltan lagrimones como garbanzos cuando me cuentan que tantos y tantos pueblos de esta piel de toro se mueren por falta de gente, por falta de iniciativa, y la gente esta llamando a la puerta, todos los días, y lo único que se nos ocurre es provocar su muerte, o dejarlos morir de angustia entre el papeleo de los burócratas que ni siquiera conocen el alcance de lo que hacen, o así me lo parece.
Y es que entre unos y otros tenemos la casa sin barrer, ya que la realidad es que por mucho que digamos esto o aquello, a nosotros, a nuestros gobernantes toda esta pamema de las carencias poblacionales nos importa una higa, que de lo que se trata es de ver si se consigue llegar a fin de mes, que la mayoria de los problemas que nos eñalan como tales no son mas que el que me gusta denominar mercadeo politico, es decir, conseguir mas me gusta que el de enfrente. Y eso es lo que permitira que mis amigos, mi familia, y yo, es decir mi tribu, ande caliente.
Pues mira que bien, que en esa tesitura a final de milenio, de nosotros no queda nadie, ni falta que hace.
¡A la mierda!

Zafio

¡Es que yo digo las cosas a las claras y en voz alta!….

Pues será Doña Clarines, o Don Clarinete, pero me temo que voy a enfrentarme a lo zafio, una vez más, aunque las cochas de galápago me protegen algo aún.

Y como me da la sensación de que nos encontramos en ese período en que la ineducación ha llegado por fin al poder, nos cansaremos de escuchar las cosas claras, o las mentiras claras, o la manipulación clara, pero eso sí, claro, fuerte, en voz muy alta, a gritos si es preciso, ¡que tienes que enterarte!.

Posiblemente ya no soy de este mundo que desde que es, se ha dedicado a fagocitar una tras otra las generaciones que van cumpliendo años de presencia, pero no puedo entender, perdón, sí puedo, y de hecho lo hago que lo zafio nos domine.

Las formas, la maldita educación parece que es algo ya inane, nos está llevando por los derroteros del “eso no importa”, que quiero decirle a gritos y a la cara, señora Merkel, (por ejemplo), que está usted dando dinero a los malos, para estar calentita en invierno, a gritos, como se hacen ahora estas cosas.

Pero no es cosa del Señor Trump, no es solo cosa suya, es también cosa de los que se lo aguantan, que la actitud de matón de barrio, se arregla muchas veces dejando solo al matón. Y de veras, no entiendo la razón de que los europeos ayer siguiesen sentados en la misma mesa que ese presidente americano zafio, mal encarado. No entiendo como con la mayor de las sonrisas no se levantaron todos a una y dejaron a ese tipo con sus zafiedades en la boca.

Y es que a lo mejor deberíamos considerar que la segunda guerra mundial ya acabó, quizás deberíamos considerar que la supuesta protección que nos brinda en Imperio es demasiado cara en términos de educación y de sometimiento.

Que a lo mejor no se necesita esa cosa que se llama NATO, que a lo mejor ya no es necesaria, que quizás Europa debería considerar nuevas alianzas, y aislarse un poco de ese monstruo gritón que ganó la segunda guerra mundial.

Claro que no estoy en los tejemanejes de la estructura militar, que no sé qué quieren los malos de nosotros, de hecho no sé si quieren algo, que no sé si hay amenazas que gracias a los del Imperio, están de alguna forma controladas. No lo sé, y no me importaría saberlo, lo que si sé es que el territorio europeo está lleno de bases militares americanas, y no sé si las necesitamos nosotros, o son ellos en su política agresiva de guerra constante quienes requieren la presencia de su ejército por aquí, de veras no lo sé.

Que estas cosas de la geo-estrategia son complejas en principio pero una vez explicadas relativamente fáciles de comprender.

Y es el caso de que Oriente Medio tiene buena parte de las reservas energéticas mundiales, y al Imperio no le interesa que los chinos tengan un acceso fácil a esas fuentes. Por mar les es muy complicado, y por tierra, si se mantiene una tensión bélica adecuada, se hace todo muy difícil.

De los rusos no hablo, que no tienen salida al mar, mientras no se les deshiele el Ártico, con lo que la salida de sus productos energéticos debe ser mayoritariamente por tierra, y en buena parte hacia Europa. Pero eso al tal Trump no le viene bien, que cree, que cualquier dinero que entre en Rusia se utilizará en contra suya.

No sé, quizás lleve razón, pero si estamos en una decisión tomada libremente por un país libre y en teoría amigo, sus gritos y su prepotencia agresiva, es decir, su mala educación necesita de una respuesta adecuada.

A partir de aquí, viene lo que me pierdo, que entre las noticias falsas que le llegan a uno por todas partes, las verdades que se nos esconden, a lo mejor el tal Trump, lleva razón en su reclamación. Pero lo dudo.

El hecho de solicitar el doble del presupuesto asignado a la NATO por los países europeos, suena a querer llenar los bolsillos de sus empresas de armamento, ¿qué quieren ustedes que les diga?, y en ese punto, lo que me hubiese gustado escuchar son contrapropuestas. Quizás plantear comprar armas en Europa a países fuera de la NATO, a cerrar bases americanas en territorio europeo, y sobre todo dejar de considerar al Imperio como un amigo, que por cierto nos espía.. ¿Recuerda usted Señora Merkel?, que casi le sacan la lista de novios estos de la NSA.

Es la intimidación del chulo del barrio, y quizás haya que echarle del colegio, quizás haya que ignorarlo, quizás haya que reconsiderar qué hacen sus empresas en Europa, quizás haya que repasar la conveniencia o no de relaciones comerciales con los Estados Unidos de Norteamérica. No lo sé, de veras que no lo sé, pero tener un socio zafio, no me parece una buena idea.

Y de la zafiedad que se manifestó en boca del tal Trump, a la zafiedad con la que el tal Gordon Brown, sale del gabinete de la Señora May. Un zafio menos, por el momento en la política activa internacional que el Foreing Office es aún una institución que quizás merezca mejor dirección que la del zafio Brown.

Que zafio es el comportamiento de más de un Rufián de esos que cabalgan a lomos del presupuesto, pero parece que la cosa gusta, que la cosa apetece, que está de moda, que te aparecen en grandes ayuntamientos, que te aparece por todas partes, y a los ciudadanos, que empezamos a cuestionar si el comportamiento en manada es aceptable, nos gusta, o a buena parte de nosotros nos gusta que sean así las cosas, parece.

Y es el punto de que quizás la culpa la tiene mi generación, que en las cosas de educar, confundimos churras con merinas, y conseguimos que las generaciones que nos han seguido, crean que se puede eructar en público y además cabrearse si alguien lo afea. Así que quizás, solo quizás, haya que considerar que el mundo zafio en el que nadamos, sea el conveniente para la obtención de fines que se me escapan por todas partes, que quizás ya no sea este mi mundo, que quizás deba sentarme en mis cuarteles de invierno, y seguir sin ver el telediario, que con escuchar en la radio del taxi, alguna vez, las noticias, es más que suficiente.

Con su pan se lo coman

 

 

Puertas al mar

Parece que no todo el mundo se adapta a eso que hemos dado en llamar las nuevas tecnologías, y es que pasar de andar en burro a reinventar el viaje de Londres a Nueva York en un par de horas no a todo el mundo le resulta cómodo.

Hoy, y durante treinta y seis horas, nos hemos quedado sin Wilkipedia, que los de la tal obra magna del enciclopedismo se han cabreado con los políticos europeos, esos que viven a costa de todos en su cueva de dinosaurios.

Y es que toda esa panda de burócratas paniaguados, no se han dado cuenta que el tan manido tema de la propiedad intelectual necesita adaptarse de forma inmediata a los nuevos tiempos, y eso de esperar a que te caiga el cuponcito cada vez que sale tu cancioncilla en la radio, o en el pub de la esquina ha pasado a mejor vida.

Pero hay nueva vida a la que adaptarse, y yo muy bien no sé cómo funciona, pero eso de vender un puñado de discos, a tanto el disco, no tiene parangón posible con los millones de descargas que se producen, si la obra cae en gracia…(lo de ser buena lo dejaremos para otro momento). Lo fácil era contar discos, a perra cada no vendido, pues a vivir, y no lo que parece que se busca hoy es gestionar de forma adecuada las descargar de este o aquel producto “cultural”.

Porque, la verdad, ¿quién se compra hoy un periódico?, yo desde luego ni me acuerdo de la última vez que lo hice, y leo hoy más periódicos que nunca, sin pagar el eurito y pico que cuesta arruinar bosques y llenar los dedos de tinta, cierto que a base de vender mi alma al diablo de los chicos de márketing, pero de todo nos vamos defendiendo, poco a poco, pero lo hacemos.

Wilkipedia se ha cabreado, y yo con ellos, y es que me he dado cuenta del hecho de que tener una discoteca de la que siempre me he sentido orgulloso, no tiene sentido hoy en día, ningún sentido.

Que por los veinte chufos que me soplan por un CD, de esos de diez canciones, tengo algo más de dos meses de cualquier plataforma llena de millones de canciones.

Vale que los frikis me dirán que como el soporte de vinilo, no hay nada, que la profundidad del sonido, que la zarandaja tal, y la zarandaja cual, y me parece muy bien, pero con el sentido del oído como lo tengo, y no soy excepción no me siento capacitado para detectar ciertos matices, ¿Qué quiere usted que le diga?.

Así, que como decía Don Ramón Tamames esta mañana, que se alegren los poseedores de medios de comunicación, que sus noticias, ahora se replican por todo el orbe a lomos de las redes sociales esas. Y si no saben sacarle los duros a la cosa, pues ¿qué le vamos a hacer?, desaparecen como un dinosaurio cualquiera, y a otra cosa.

Pero nos cuesta desprendernos de esas cargas que los soportes antiguos que prestábamos a las ideas para su difusión. Que si no llevas la baguette envuelta en el ABC, parece que no te gusta estar informado. Pero hay que ir poco a poco, o deprisa deprisa, abandonando los viejos soportes, afinando la calidad de las ideas, y sobre todo no olvidando que buena parte del mundo está conectado, lo que conlleva una difusión de la obra, sea literaria, musical, o simplemente de difusión del conocimiento, sea cual sea su naturaleza hasta cotas que hace un par o tres de décadas eran simplemente impensables.

Habrá que aprender a rentabilizar el asunto de forma que no se escape un duro, pero sin poner barreras al mar, que se las llevan el viento y las olas. Pero nuestros políticos de Estrasburgo parece que no se han enterado aún que estamos en medio de una revolución sin control, por mucho que quieran establecer la tasa “A” o el impuesto “B”, así que de entrada se detiene la Wilkipedia, que parece roza los derechos intelectuales de ciertos colectivos a los que como mucho les almacenan las obras en la última planta de La casa del libro. Gente al final que no sabe hacer llegar su pensamiento a los más de los mortales.

Y entre ellos, aquel Beatle conocido como Paul, que llora porque a lo mejor le despistan el eurillo de comisión, perdón de derechos de autor que espera recaudar por su Sargent Peepers. Él sabrá, que para eso lleva muchas décadas en el negocio, y yo no lo conozco apenas, pero deberá aprender a obtener los rendimientos de su trabajo intelectual de otra manera, a los dinosaurios ya no les queda aire que respirar, o les queda muy poquito.

 

Pero lo cortés no debe quitar lo valiente, y reconozco, que en primera persona del presente de indicativo, me gusta vivir rodeado de aquellos libros que a lo largo de mi vida han ido cayendo en mis manos, de una forma u otra, que tengo cajones llenos de CD’s que hace demasiado tiempo que no toco.

Es mi área dinosauria, ¿qué le voy a hacer?, errores admitidos por mi conciencia laxa, pero al fin y al cabo son los testigos de toda una vida, y ahora me dicen que son soportes obsoletos.

Y admito que es cierto, y admito que es un error andar con cincuenta libros en una maleta cuando te vas de vacaciones, y crees que vas a tener tiempo para leer, y es un error andar por la estanterías de las casas del libro de turno en busca del último éxito editorial, y es un error dilapidar energía en producir un libro que ha talado un árbol para empezar, que quemará petróleo para hacerse objeto de tacto, que gastará más petróleo para ser distribuído.

Son errores, todo son errores, que acaban llenando de polvo tus estanterías, tu vida al fin y al cabo.

Espero que los señores eurodiputados confirmen hoy la inutilidad de su existencia, ya que me consta, y ojalá me equivoque, que intentarán dar un poco de oxígeno a un enfermo terminal que lleva la remuneración del intelecto por caminos que ya el polvo ha ocultado.

Buenas noches, y buena suerte