La India moderna

Esa India que sobrepasará en población a China a la vuelta de menos de una década, se enfrenta hoy a retos en los que se juega su futuro como posible potencia mundial.

El crecimiento sostenido entorno al 7% de su PIB parece insuficiente para poder generar los recursos necesarios que permitan una renta per cápita que supere los menos de mil cien dólares que muestra actualmente.

El país que al día de hoy carece de una clase media con unas dimensiones que puedan resultar significativas, sigue arrastrando las secuelas del colonialismo que sufrió a manos de Gran Bretaña, y que sumió al territorio en una situación de la que posiblemente le cueste salir varias décadas más.

Narendra Mori, su actual primer ministro, intenta llevar parte de la producción occidental hacia su tierra, con el bonito slogan de “Hazlo en India” (Make in India, en vez del Made in India), pero para conseguir que eso ocurra y que sea significativo en las cuentas del país se deben abordar inversiones muy altas para que las infraestructuras del sub continente no destrocen el ahorro que ofrecen los salarios de miseria que puedan percibir los ciudadanos, en general poco formados siempre hablando en términos porcentuales.

Y es que no hay que olvidar el continuo flujo de indios con formación universitaria que abandonan el país, cosa que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, o bien que son enviados por sus familias a estudiar en universidades extranjeras, y si vuelven es de vacaciones y las tasas de emprendimiento que se producen no indican un giro importante de la situación.

Por otra parte, este deseo loable de progreso se hace con un panorama en los próximos diez años de conseguir que alrededor de un veinte por ciento de la población, es decir alrededor de doscientos millones de personas alcancen unas rentas entre cuatro y veintidós mil dólares al año.

Lo más probable, es que en el eje económico Delhi-Mumbay si pueda alcanzarse unas metas de ese nivel, pero tengo muy serias dudas que sea extrapolable al resto del país que muestra tasas de analfabetismo y pobreza cercanas al sesenta por ciento de la población, y con el terrible dato de que el uno por ciento de la población ostenta el treinta por ciento de la riqueza.

Es cierto que en algunos sectores se están produciendo avances significativos, que multitud de compañías occidentales están confiando sus centrales de datos a la India, con resultados muy positivos, y que la industria cinematográfica, el famoso “Bolliwood” tiene una importancia interesante en la población urbana local, por supuesto, ya que fuera del país su impacto es puramente anecdótico.

No tiene la India un potencial en materias primas suficiente para que su explotación pueda ser considerada como una fuente de futuro sostenible, y por otra parte cuenta con el aspecto negativo de poseer unos índices de deterioro ambiental terroríficos, contando sus grandes urbes los records de ciudades más contaminadas del mundo, estando Delhi a la cabeza mundial, y contando en el ranking de la WHO con seis ciudades entre las más contaminadas del mundo, contando solamente con la calidad del aire.

  1. Nueva Delhi

2) Patna

3) Gwailor

4) Raipur

9) Ahmeddabad

10) Lucknow

No quiero pasar de largo sin considerar, que dejando a un lado la contaminación por partículas atmosféricas a la que se refiere el ranking de la WHO, la suciedad por otros motivos que se vive en las ciudades indias, especialmente en las más pobladas, y lo que significa para la calidad de sus ríos el poco o nulo cuidado que una población analfabeta en su mayoría, y carente de recursos económicos tiene de su entorno.

La religiosidad, que desde mi punto de vista va unida siempre a la pobreza, y que me perdonen los religiosos por la generalización, es otro de los elementos que los gobernantes indios tendrán que considerar muy seriamente a la hora de impulsar el progreso del país. Y es que varios millones de ciudadanos están continuamente en peregrinación, con lo que el perjuicio que puede causarse a la productividad sería notable, si de contabilizar esos recursos se tratase.

Pero es mucho más importante para el progreso de una India moderna, las tensiones que entre diferentes comunidades religiosas existen, ya que hacen que la tarea de los legisladores sea tremendamente ardua, ya que las costumbres de unos grupos religiosos son normalmente opuestos a los de otros, y siempre todos están enfrentados a legislaciones modernas, que en definitiva sustraerían un poder en manos de los religiosos, en favor del poder civil.

La democracia, existe en la India, pero es muy difícil hablar de democracia en una tierra con los niveles de analfabetismo que ostentan al día de hoy. Teniendo en cuenta que en las zonas rurales en las que se asienta una mayoría de la población, los regímenes locales cercanos al feudalismo, hacen que el clientelismo político, y consecuentemente la corrupción colocan a la India en el lugar setenta y nueve de ciento setenta y seis (datos de Transparencia Internacional).

Siempre he dicho que solo hay una cosa peor que adentrarse en una carretera india, y es coger el tren. Las dos son formas fáciles de morir. El país carece de infraestructuras al nivel que se requieren para conseguir que la población alcance las cotas de renta per cápita marcadas, más como sueño que como objetivo realista, desde mi punto de vista.

Nunca he dudado de la importancia de la espiritualidad de la India, pero si he dudado de que sea algo general. Creo que el fenómeno de los gurús fue potenciado en la segunda mitad del siglo pasado por el hecho de que gente famosa, como los Beatles, por ejemplo, buscasen, y quizás encontrasen enseñanzas útiles para reconducir sus vidas, pero ni los Beatles son todo el mundo, ni los gurus están por todas partes.

Hablaré con más detenimiento en próximas entregas, pero en pocos países del mundo de los que he visitado (alrededor de cien), he encontrado no en donde la vida humana tenga menor valor, en donde por nacimiento se te incluye en una casta que habrá de marcar de forma indeleble el resto de tu existencia, y con ello vengo a referirme al conflicto en el Hampshire entre dos reputados técnicos indios de diferentes castas.

Yo espero que las cosas vayan cambiando, que los crecimientos que las estadísticas gubernamentales se cumplan y sobre todo que sean ciertos. Espero que la industria que llegue a la India, con el “Make in India” del presidente Mori, no se circunscriba a las transformaciones agrícolas, o a la industria textil.

Espero que no haya más “Bhopal”(busquen, por favor “desastre de Bhopal”, en caso de que no sepan lo que ocurrió en 1984 en esa localidad), que la India no sea el reservorio de la industria sucia occidental, que puedan tener acceso a energías limpias a precios competitivos.

Pero también espero que el ser mujer en la India no represente el papel degradante que hoy se le ha adjudicado, que cesen los maltratos por contrato, las mutilaciones, las violaciones como forma habitual de comportamiento de parte importante de la población masculina.

Confío en que esa república casi federal de veintinueve estados y siete territorios de la unión que provienen de antiguos sultanatos, transformados en virreinatos durante el dominio colonial inglés, pueda superar sus altos niveles de analfabetismo, de pobreza, de malnutrición, de violaciones constantes de los derechos de las mujeres, de pandemias, de deterioro de su medio ambiente, pueda superar su situación y colocarla, una vez desarrollado su potencial, en el lugar que por su población y su posición geográfica merece.

Como colofón, quisiera remarcar que el brutal colonialismo británico, ha dejado una herencia miserable, ya que consiguió entre otras lindezas, que se rompiese el país al separarse Pakistán (oriental y occidental), formándose el actual Pakistán y Bangla Desh, creando una zona de tensión a escala local, con la guerra soterrada de Cachemira, que ha conducido a dejar en manos nada seguras un arsenal nuclear nada desdeñable, y que confío esté no solo bien protegido, si no que no se use jamás.

Seguiré si se me permite.

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