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Pepinos en el cielo

Esto de salir a cenar con amigotes siempre tiene su aquel, y además en mi caso, los mis amigotes no son como los de Serrat, unos atorrantes, que se puede, si uno sabe escuchar, incluso aprender cosas, o por lo menos obtener ideas para una reflexión.

No sé muy bien por qué salió a colación el tema de esas cosas que andan dando la lata por los cielos, y que no sabemos lo que son, los OVNIS, vamos, por usar el acrónimo castellano.

Si, claro, la cosa venía del pepino ese que anda dando vueltas por los cielos y unos dicen que galgos y otro que podencos, que si acelera de forma inusitada, que no tiene forma de asteroide, que su comportamiento no se ajusta a lo conocido. Yo siempre espero a ver qué dice Iker, que de estas cosas sabe un huevo, y lo explica muy bien.

Claro, que a partir de ahí la cosa empezó a complicarse, porque nos encanta suponer que cuando vemos una cosa por los cielos y no es el vuelo de Iberia, nos encanta suponer que viene repleto de seres de otras galaxias que han conseguido cruzar agujeros de gusano, o dominan la técnica del Halcón milenario, saltando con alegría al hiperespacio en cuanto siente el aliento de Dart Warder en el pescuezo.

Y la discusión que parece sacada del “Cosmos” de Sagan empieza pronto, que si existen, que si hay vida fuera de la tierra, que si es inteligente, que en caso contrario cuanto espacio desperdiciado.

Vaya, que nos ponemos rápidamente a considerar si, en caso de que sean inteligentes su tecnología nos destruiría, que si vienen del universo paralelo que tenemos aquí al lado. Bueno, nada nuevo, cosas de los amigotes, con alguna deriva, incluso, hacia temas metafísicos relacionados con la existencia de un Gran Arquitecto que construye, y quizás controla el tinglado.

Hay incluso algún acercamiento de física teórica, (mis amigotes son muy leídos), que si eso del big-bang es un fenómeno único, o si es algo que se repite de forma infinita. Por ahí yo ya me pierdo, pero escucho.

De pronto y directamente del cerebro del más joven de entre nosotros surge un comentario que me deja enormemente preocupado.

En caso de que existan los hombrecillos verdes, dice mi amigote, mejor haremos guardándonos de ellos, ya que habrán ocupado un puesto en la cima de la escala evolutiva, y eso solo se consigue siendo un gran depredador.

Pues sí chaval, comulgo con tu visión, y por supuesto con la de Hawking, que lo mejor que puede hacer el diablo es impedir que se pongan en contacto con nosotros, es decir, impedir directamente que nos encuentren, porque nos arrasan en un plis.

Hay ciertas derivas en la conversación acerca de la ingestión de proteínas animales (por cierto estábamos dando cuenta de un vacío de ternera muy digno), que son imprescindibles para que en nuestro cerebro se activen las dotes de cazador que han hecho que estemos sentados en la cima de la pirámide evolutiva.

Pero lleva razón, a falta, claro, de mejores argumentos, que el ser humano necesita espacios que conquistar, espacios que descubrir, es nuestra naturaleza, y eso que una vez descubierto y conquistado, utilizamos lo que haya en el ecosistema hasta su destrucción.

Y luego a por más.

Pero la expansión del Género Humano, está llegando a los límites que el planeta nos concede, de forma que toma una importancia fundamental el hecho de salir al espacio o a donde sea a buscar territorios para cumplir esa necesidad de la especie.

No quiero ni pensar lo que le sucederá al planeta que nos reciba como colonos, pero todos lo sabemos perfectamente. Utilizaremos todos los recursos disponibles hasta su agotamiento, incluidos, obviamente, los seres vivos que puedan poblar el mundo que nos reciba.

Por cierto, que nadie olvide lo que le costó, nos costó a los puñeteros blancos conceder alma a los indígenas americanos, o a los negros africanos. Era un buen negocio pensar que tenían el nivel de un perro, un asno o una vaca, de forma que pudiesen ser utilizados como cosas.

Y eso está en nuestros genes, que estamos programados como los grandes depredadores, que a lomos de esa ambición de seguir dominando llevaremos la destrucción aparejada allá donde pongamos nuestro pie. Que lo que ocurra sea de esta guisa, será solo cuestión de tiempo.

Y de ahí la preocupación de mis amigotes, esos que no son atorrantes, que si salimos fuera de nuestro planeta destrozaremos lo que encontremos, con el añadido de que no es nuestra “casa”, y siempre en aras de la expansión del crecimiento, de seguir buscando y encontrando nuevos límites, nuevos retos. Total nada.

Pero quizás debamos plantearnos la cosa al revés, que si alguien nos visita, posiblemente, si nos encuentra, lo primero que hará será pensar que somos cosas a ser utilizadas, y nuestras civilizaciones, y nuestra especie, solo se mantendrá mientras seamos útiles para los fines que potencialmente persiga esa posible civilización.

Vamos, que lo mejor es que el pepino ese que anda dando vueltas por los cielos con movimientos fuera de una explicación lógica a la luz de nuestros conocimientos, es que no lleve na carga de seres civilizados, porque como les guste el planeta azul nos desaparecen, como a los chicos de Toro Sentado, que si queda alguno es dentro de una miserable reserva, confiando en que el asco le lleve a la muerte lo antes posible.

Y cuando me cuentan que esos seres ya están aquí, y que se paseaban con Juan XXIII por los jardines de Castelgandolfo, solo le pido a Quién Sea, que fuesen sus primos de Calabria, o cualquier otra cosa, que nuestra visión antropocéntrica de las cosas, es eso demasiado nuestra, para que nos permita ver que el posible primo de Zumosol, que vive en las estrellas, a lo mejor no llega aquí a mejorarnos con técnicas de desarrollo espiritual, a evitar que sigamos haciéndonos daño los unos a los otros, y a quitarnos los trabajos y las preocupaciones, sino para darnos un ben “quitapallá”, y ocupar nuestro espacio en la escala evolutiva.

Ya veremos….o no

Doctor Professor Sir Stephen Hawking

Me dice la Wilkipedia que Stephen Hawking nos ha dejado, y cómo no, en su nota nos adjunta una extensa biografía con el listado de los premios y honores recibidos durante su vida académica, en el que no falta nada a excepción de un premio Nobel, como Dios manda, lo que dice muy poco de la institución sueca, y de las academias que deciden a quién otorgárselo. Pero eso es algo con lo que deben lidiar en esas tierras del Norte, que a mí se me da una higa esa institución fatua y anquilosada como pocas al socaire de la imagen que me han transmitido .

Como no soy Wilkipedia, ni siquiera la British Enciclopedia, no voy a entrar en los temas biográficos, ni siquiera en los científicos, que siendo honesto, me cuesta entender entre mucho y muchísimo, a pesar de los esfuerzos de divulgación realizados por el Dr. Hawking, (por cierto, y perdiendo una K, su apellido significa Rey Halcón, lo que cuadra perfectamente con su visión del Cosmos).

Dejando a un lado su discapacidad física, siempre he admirado de esta persona su capacidad intelectual y su sentido del humor, por otra parte imprescindible a la hora de tratar los temas en los que era especialista con el cúmulo de ignorantes que a buen seguro se acercaron al profesor, en busca de un titular epatante que hiciese vender muchos periódicos, o produjese muchos clicks, que todo es dinero.

A ese respecto, la cantidad de titulares catastrofistas que se le han atribuido es enorme: que dentro de cien años este mundo se habrá ido al garete con la Humanidad en primera fila, que si para sobrevivir la especie necesitamos escapar a otros mundos, que en cualquier momento un cataclismo, que hay vida en el universo, (nada nuevo), pero que el encontrar una forma de vida inteligente es muy difícil, ya que ese tipo de vida tiende a la autodestrucción, que si existiese ya se habría puesto en contacto con nosotros, y así, “ad nauseam”, que la venta de titulares es muy voraz.

Honestamente, todo esto más parece parte de un espectáculo mediático más que el fruto de la reflexión de una mente privilegiada como la suya, y desgraciadamente, el conocer realmente lo que su aportación a la ciencia ha significado, me temo está fuera de mi alcance, que eso de la divulgación científica, acaba, salvo excepciones magníficas, en series de televisión para la 2, a la hora de la siesta.

Quiero decir, que el mensaje de este Rey Halcón de nuestro Universo, no ha sido realmente comprendido por la humanidad, de la misma forma que al definir sus creencias religiosas, la Wilkipedia lo alivie con un “ateo”, sin matizar si lo que quiere decir es que no está adscrito a ninguna religión, o que ninguno de los dioses que se nos ofrecen es el suyo, o lo que es peor, confunden el no saber cómo diantres funciona esto de las deidades (agnosticismo, es decir falta de conocimiento), con el hecho de ser ateo.

Que para un científico, la falta de una demostración concluyente, deja a las cosas, las que sean, en pura hipótesis.

Quiero, desde estas humildes páginas, agradecer a Sir Stephen su trabajo, y hasta donde llega mi conocimiento de su figura, a su coraje frente al problema físico que le atenazó durante cincuenta años.

De los titulares descontextualizados que han llegado hasta mí, quiero destacar y comentar algunos, como el que las sociedades inteligentes tienden a la autodestrucción.

Y es que me recuerda a lo que dice no sé quién, que el problema de la inteligencia es que su cantidad permanece constante, por mucho que aumente la población.

No sé a quién ni cuando diría la tal cosa Sir Stephen, pero me temo que me resulta cómodo comulgar con la tal afirmación, siempre desde el punto de vista antropocéntrico desde el que los humanos inteligentes nos movemos con tanta fluidez, (aparente). Y es que la sensación de que la inteligencia produce, como el sueño de la razón, monstruos, es algo que se nos ofrece día a día en cualquier entorno en el que nos movamos.

O quizás sea que uno confunde la inteligencia con la picaresca, y ese ya es otro cantar, que como siempre, a la hora de matizar las ideas con palabras acabamos cayendo en la imprecisión. Si ese es el caso, posiblemente lleve razón “il fu”, que la inteligencia supuesta de nuestra especie, en términos generales no ha sido utilizada más que para crear desigualdades entre los miembros de este club que llamamos Humanidad, y de paso hacer que la vida, en el planeta que nos sustenta, sea cada vez más difícil para nosotros y para aquellas especies más próximas a nosotros.

Ignoro si en la cosmovisión del Profesor Hawking, el hecho de que haya microorganismos únicamente en este o aquel corpúsculo del Cosmos, significa que hubo antes una llamemos especie inteligente. No lo sé, y tampoco sé muy bien, por mucho que use la palabra el significado de inteligencia, ya que cada vez que me acerco al concepto, más procesos químicos desconocidos para mí, se me cruzan en el camino.

Cuando me hablan de seres inteligentes, desgraciadamente entiendo poco el concepto, ya que sin un fin determinado que conseguir soy incapaz de valorar las posibilidades de redireccionar que pueda tener un organismo, por muy complejo que se nos presente.

Así, que soy capaz de pensar en la inteligencia bacteriana, de la misma forma que en la inteligencia de un mamífero superior, y claro, en el concepto antropocéntrico del ser humano. Pero del habitante de las galaxias me cuesta encuadrar sus características en una representación que pueda ser inteligible.

Intentaré revisar, a ver hasta donde llego, algunos de los trabajos más sencillos y asequibles del Profesor Hawking, para intentar comprender su mensaje, su concepto del tiempo, su concepto del Cosmos, de las colonizaciones de otros mundos, a pesar del manido dicho que reza más o menos: “hay muchos mundos pero todos están en este”, y como buen sabio que ha sido, intentar aprender dentro de la extensión de su obra algo que me acerque un poco más al conocimiento.

Que descanse en paz