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Los sueños del faraón

Al “Casto José” el faraón le contaba que soñaba con siete vacas gordas y siete vacas flacas, que aparecían y se comían a las primeras.

El “Casto José”, ya sabéis, le interpretó el sueño, con los famosos ciclos de riqueza y pobreza, y con eso, me dicen han ido los economistas haciendo sus duros, comprando vacas flacas y vendiendo vacas gordas.

No está mal, la cosa, por lo visto, que darse cuenta de cuando las vacas empiezan a adelgazar, vamos que la cosa ha llegado al punto ese que llaman de recoger los beneficios del engorde de los siete años de pastos abundantes, es la clave del asunto, su enjundia.

La gente parece que piensa que aún queda partido, que la vaca puede crecer aún unos cuantos kilos, y yo comienzo a tener mis dudas, que están con las ubres llenas, y los solomillos a punto, que son ya vacas viejas, que nos vienen desde hace ya diez años, y eso para el “Casto José” es mucho tiempo, me temo, aunque aún nadie ha visto las vacas flacas y devoradoras de lustre.

El otro día me decía un no sé quién que ya todo el mundo tiene su móvil, y que aunque lleven el chip de obsolescencia ese que dicen que no lleva, la peña, que es muy suya, prefiere estirar el chirimbolo un poquito más, llevándolo a la tienda esa del indio del barrio, que lo repara todo, o casi todo, que comprarse un “Galphone mark 33”, que sacarán los coreanos y los yanquis al mercado para estas Navidades, que te permite hacer flipar a Chuchita, que es lo único que te interesa.

Pero, ni aún subiendo los precios quieren decirnos cuántos cacharrines de esos quieren vendernos, y es que parece que esa vaca ya está gorda, muy gorda, y vienen, me dicen vacas chinas muy flacas hacia los “pier” de San Francisco, con mucha hambre

La vaca de los coches se está llenando, vaya, que está llena, esta tan gorda que no cabe uno más, así que nos empiezan a decir que tiremos el diésel de toda la vida, ese que tiene motor de tractor, que parece una barca menorquina volviendo a puerto cargada de sardinas, y nos compremos uno de esos eléctricos tan bonitos, y que tanto bien han de traer a nuestros pulmones. (Digo a nuestros pulmones, que nadie me ha explicado aún qué coño vamos a hacer con las baterías que ya no sirvan.

Ya veis, lo mío son ganas de tocar los huevos a la gente, que si nadie me lo ha dicho, es que no tengo que preocuparme más que deshacerme del viejo diésel y comprarme uno eléctrico a la mayor brevedad posible.

Es la sociedad de consumo, que cuando no puede crecer más por algún lado, nos deriva hacia otro que anda por ahí a la espera.

Y es que la vaca del turismo, parece que también tiene los días contados, que con el cambio climático, los daneses se van a las playas de Jutlandia, los noruegos se quedan en el fiordo de Oslo, y no vienen a estos pagos mediterráneos que tanto les necesitan y que tanto abominan de ellos.

Una a una las vacas van llegando a su capacidad máxima de engorde, que parece que el pienso disponible comienza a escasear, y una muy “divertida” que se nos viene encima es la de los taxis, que me dicen, y me lo creo, que el negocio de Uber no está aún consolidado en su estructura soñada, que lo que están haciendo es una toma de datos acerca de los hábitos de sus clientes, qué trayectos son los más comunes en cada franja horaria, y entre ese y otros datos, como la forma de pago preferida, o los tramos más rentables, estarán preparados para eliminar a los conductores cuando esté disponible el coche sin conductor.

Bonita historia para los taxistas, pero son los problemas de la inteligencia artificial IA para los amigos, que desviste diez santos para vestir a uno solo. Veremos cómo se gestiona el excedente de seres humanos que se queden sin empleo, que me temo por estos lares ni los falsos autónomos van a poder facturar lo suficiente para pagar las magras contribuciones que deben hacer a los presupuestos generales del estado.

Las vacas van llegando a sus límites, hay que empezar a venderlas deprisa, mientras aún parezca que están lustrosas, porque en cuanto empiezan a perder prestancia, ya se sabe, los precios se van en tres días por el sumidero a la espera de que salga otro gurú y descubra que lo que realmente necesitamos los humanos, hartos ya de las malditas redes sociales, es otro huevo de Colón que haga fluir el dinero hacia donde tiene que estar, en el bolsón de los ricos, de los más ricos, de los amos del universo.

Tengo que revisar los sueños del faraón, y buscarme un “Casto José” de confianza, que a lo mejor me dicen en voz bajita hacia dónde va a soplar el viento en el próximo ciclo para que no me coja con el pié cambiado, aunque dudo mucho de que lo vea venir con claridad.

Por el momento, seguiré buscando vacas, a ver cómo andan de kilos, que la vaca de los bancos anda aún muy flacucha, la de la industria europea, ni te cuento, que andan como hace diez años, si me aprietas.

La vaca de los pisos, parece que ha comido demasiado, otra vez, y muy deprisa, aunque la cosa va por barrios, que uno no sabe si ha de comprarse ese apartamento curioso en Canalejas a precio de Park Avenue, o quedarse quieto en el pisito de Chamberí que nos dejó la abuela.

Son dilemas dignos del Príncipe de Dinamarca, de ese Hamlet, a quien su tierra le olía a podrido, como les ha olido a los andaluces, que andan a ver si cambian el servicio de limpieza doméstica, que esa vaca estaba demasiado gorda, aunque, la verdad es que ya había empezado a adelgazar.

Con su pan se lo coman, mientras haya, claro.

 

Don Carlos

Aquí parece que todo el mundo roba, que nos despertamos esta mañana con la noticia de que el jefazo más gordo de la primera compañía mundial en el sector del automóvil, Renault-Nissan-Mitsubishi, que vende alrededor de doscientos mil millones de dólares, y emplea a más de medio millón de personas, ha sido pillado metiendo la mano en la caja. Vaaaayyyyaaaa.

Dicen que se ha comprado unas casas por ahí, en su Brasil querido, en Paris, no sé, por ahí, que D. Carlos Ghosn, se ha gastado en inmuebles no sé cuanta pasta del grupo, nos quince millones dicen algunos, y que además dejó de pagar al fisco otros treinta y ocho. Pues nada, que todo es presunto, como el jamón en Portugal, y ya veremos si hay algo o hay más, que por el momento hoy lo botan, que diría un argentino.

Así, que, Don Carlos ha metido las manos en unas decenas de millones de dólares, pero la reacción ayer del mercado bursátil fue el de penalizar a la compañía con una caída del catorce por ciento, más un dos por ciento que lleva de caída esta mañana. No está mal, que en capitalización bursátil, los mercados han castigado al grupo con dos mil millones de dólares.

Pero lo más divertido es que leyendo los periódicos económicos esta mañana, resulta que están poniendo en duda el que se mantenga la alianza entre Nissan, Mitsubishi y Renault, vamos que el primer grupo automovilístico del mundo, iba a dejar de serlo. ¡Vaya palo!.

Desde luego, y no pienso salir a la calle a preguntar, si alguien iba a comprarse un coche de estas marcas no creo que deje de hacerlo por las supuestas tropelías de D. Carlos, ni el obreramen va a ponerse en huelga por el tal asunto.

Consecuentemente no creo que los beneficios por acción, que la compañía, en definitiva vaya a sufrir pérdidas de algún tipo por el hecho de tener un presunto chorizo como chairman, bueno, de haberlo tenido, que hoy lo mandan a casa, o a casas, de esas de Brasil, Paris, o Beirut.

Dicen que hacían trampas con la historia de la emisiones de gases nocivos, como lo de sus primos europeos, y no sé cuántas maldades más. Ya lo siento.

Los detectives esos de las novelas negras, desde mis admirados Mascarell, Montalbano, Carvalho, y hasta Perry Mason, cuando veían al viejecito mal asesinado, lo primero que preguntaban era por los herederos. Lo del mayordomo ha sido siempre más británico, más victoriano, incluso.

Es decir, a quién beneficiaba el crimen, y ciertamente valga como simil, pero no es casualidad, poniéndome conspiranoico, claro, que la industria del automóvil americana esté libre de todos estos pecados, que desde que Iacocca no anda dando la lata, Detroit está cerrando por derribo.

No quiero, ya digo, no quiero ponerme conspiranoico, pero cualquier patada en el culo que se le dé a la industria no americana del automóvil, aparentemente le viene bien al simplismo de Tito Trump, y a su agresividad, también comercial y Dios quiera que ahí se quede.

Si estas teorías conspiranoicas son ciertas, y ya me gustaría, por aquello de que dan mucho que hablar, y son entretenidas, seguro que tras las ventas masivas de acciones de Renault por parte de los grandes fondos, supongo, que hay indicaciones muy precisas de la Casa Blanca. Tela marinera, y argumento de Best seller, de esos del amigo Clancy, con peli misión imposible “doscientos quince”, a continuación por mucho que el bueno de Tom Cruise se nos está poniendo camastrón.

Sea o no cierto todo esto, que seguro no lo es, me pongo a pensar que siempre ha sido mejor superar a la competencia a base de investigación, inversiones correctas, análisis de futuro acertado (no hablo de visionarios, que ya no se lleva), y mucho, mucho trabajo y esfuerzo cotidiano, lejos de pelotazos, de atajos, y de “esa normativa es para otros”.

Y es por eso que en el supuesto que nos ocupa, Tito Trump

Se esté equivocando a medio y largo plazo, que a corto, a lo mejor consigue que este trimestre, y al abrigo del ruido mediático, de las caídas en bolsa, y alguna mandanga más unos cientos de coches no sean vendidos por Renault-Nissan-Mitsubishi, y pasen a su competencia, pero desgraciadamente, la General Motors, la Ford, no recuperarán demasiados de esos coches, me temo.

Como tampoco parece que les haya hecho sacar la cabeza el escándalo de Wolksvagen, que Detroit parece que cierra por derribo.

Y vuelvo al tal Don Carlos, el de las varias decenas de millones distraídos, que me lo van a crucificar, y me parece bien, vamos muy bien si todo se demuestra, que ya veremos, pero si escuchamos los trampantojos de Tito Trump, o de tantos y tantos CEO’s o políticos que son y han sido, desde Craso, por lo menos hasta nuestros días, pasando por nuestro Duque de Lerma, nuestros Momentines, Ruiz Mateos, y así sin parar, yo me parto el pecho cuando me salen esas pérdidas de más de dos mil millones de euros en capitalización bursátil que le ha caído al grupo automovilístico. Ya me gustaría saber quién abrió puts antes de ayer. Que el dinero es como la energía, que ni se crea ni se destruye, solo cambia de manos.

Seguiremos controlando, más o menos, que tampoco nos dejan ver mucho más que sombras en el fondo de la cueva, a ver como se van desarrollando las diferentes batallas que en este nuestro mundo se van librando a cuentas del control del poder económico, que llevan a cabo el Imperio, y claro, los chinos.

Ya veremos, que por estos lares ya sabéis que las cosas andan a trancas y barrancas, que ni la economía, ni la política son capaces de servir a los ciudadanos, como ha pasado siempre, y por consiguiente, vemos todo esto como si fueran historias de platillos volantes.

Por el momento yo no necesito cambiar de coche, pero veremos cuantos Renault se convierten en Peugeot, y cuantos Nissan se transforman en Toyota, porque no veo a la peña muy animada para comprarse un utilitario americano.

Con su pan se lo coman

Puertas al mar

Parece que no todo el mundo se adapta a eso que hemos dado en llamar las nuevas tecnologías, y es que pasar de andar en burro a reinventar el viaje de Londres a Nueva York en un par de horas no a todo el mundo le resulta cómodo.

Hoy, y durante treinta y seis horas, nos hemos quedado sin Wilkipedia, que los de la tal obra magna del enciclopedismo se han cabreado con los políticos europeos, esos que viven a costa de todos en su cueva de dinosaurios.

Y es que toda esa panda de burócratas paniaguados, no se han dado cuenta que el tan manido tema de la propiedad intelectual necesita adaptarse de forma inmediata a los nuevos tiempos, y eso de esperar a que te caiga el cuponcito cada vez que sale tu cancioncilla en la radio, o en el pub de la esquina ha pasado a mejor vida.

Pero hay nueva vida a la que adaptarse, y yo muy bien no sé cómo funciona, pero eso de vender un puñado de discos, a tanto el disco, no tiene parangón posible con los millones de descargas que se producen, si la obra cae en gracia…(lo de ser buena lo dejaremos para otro momento). Lo fácil era contar discos, a perra cada no vendido, pues a vivir, y no lo que parece que se busca hoy es gestionar de forma adecuada las descargar de este o aquel producto “cultural”.

Porque, la verdad, ¿quién se compra hoy un periódico?, yo desde luego ni me acuerdo de la última vez que lo hice, y leo hoy más periódicos que nunca, sin pagar el eurito y pico que cuesta arruinar bosques y llenar los dedos de tinta, cierto que a base de vender mi alma al diablo de los chicos de márketing, pero de todo nos vamos defendiendo, poco a poco, pero lo hacemos.

Wilkipedia se ha cabreado, y yo con ellos, y es que me he dado cuenta del hecho de que tener una discoteca de la que siempre me he sentido orgulloso, no tiene sentido hoy en día, ningún sentido.

Que por los veinte chufos que me soplan por un CD, de esos de diez canciones, tengo algo más de dos meses de cualquier plataforma llena de millones de canciones.

Vale que los frikis me dirán que como el soporte de vinilo, no hay nada, que la profundidad del sonido, que la zarandaja tal, y la zarandaja cual, y me parece muy bien, pero con el sentido del oído como lo tengo, y no soy excepción no me siento capacitado para detectar ciertos matices, ¿Qué quiere usted que le diga?.

Así, que como decía Don Ramón Tamames esta mañana, que se alegren los poseedores de medios de comunicación, que sus noticias, ahora se replican por todo el orbe a lomos de las redes sociales esas. Y si no saben sacarle los duros a la cosa, pues ¿qué le vamos a hacer?, desaparecen como un dinosaurio cualquiera, y a otra cosa.

Pero nos cuesta desprendernos de esas cargas que los soportes antiguos que prestábamos a las ideas para su difusión. Que si no llevas la baguette envuelta en el ABC, parece que no te gusta estar informado. Pero hay que ir poco a poco, o deprisa deprisa, abandonando los viejos soportes, afinando la calidad de las ideas, y sobre todo no olvidando que buena parte del mundo está conectado, lo que conlleva una difusión de la obra, sea literaria, musical, o simplemente de difusión del conocimiento, sea cual sea su naturaleza hasta cotas que hace un par o tres de décadas eran simplemente impensables.

Habrá que aprender a rentabilizar el asunto de forma que no se escape un duro, pero sin poner barreras al mar, que se las llevan el viento y las olas. Pero nuestros políticos de Estrasburgo parece que no se han enterado aún que estamos en medio de una revolución sin control, por mucho que quieran establecer la tasa “A” o el impuesto “B”, así que de entrada se detiene la Wilkipedia, que parece roza los derechos intelectuales de ciertos colectivos a los que como mucho les almacenan las obras en la última planta de La casa del libro. Gente al final que no sabe hacer llegar su pensamiento a los más de los mortales.

Y entre ellos, aquel Beatle conocido como Paul, que llora porque a lo mejor le despistan el eurillo de comisión, perdón de derechos de autor que espera recaudar por su Sargent Peepers. Él sabrá, que para eso lleva muchas décadas en el negocio, y yo no lo conozco apenas, pero deberá aprender a obtener los rendimientos de su trabajo intelectual de otra manera, a los dinosaurios ya no les queda aire que respirar, o les queda muy poquito.

 

Pero lo cortés no debe quitar lo valiente, y reconozco, que en primera persona del presente de indicativo, me gusta vivir rodeado de aquellos libros que a lo largo de mi vida han ido cayendo en mis manos, de una forma u otra, que tengo cajones llenos de CD’s que hace demasiado tiempo que no toco.

Es mi área dinosauria, ¿qué le voy a hacer?, errores admitidos por mi conciencia laxa, pero al fin y al cabo son los testigos de toda una vida, y ahora me dicen que son soportes obsoletos.

Y admito que es cierto, y admito que es un error andar con cincuenta libros en una maleta cuando te vas de vacaciones, y crees que vas a tener tiempo para leer, y es un error andar por la estanterías de las casas del libro de turno en busca del último éxito editorial, y es un error dilapidar energía en producir un libro que ha talado un árbol para empezar, que quemará petróleo para hacerse objeto de tacto, que gastará más petróleo para ser distribuído.

Son errores, todo son errores, que acaban llenando de polvo tus estanterías, tu vida al fin y al cabo.

Espero que los señores eurodiputados confirmen hoy la inutilidad de su existencia, ya que me consta, y ojalá me equivoque, que intentarán dar un poco de oxígeno a un enfermo terminal que lleva la remuneración del intelecto por caminos que ya el polvo ha ocultado.

Buenas noches, y buena suerte

Gratis total

Permítame que le recuerde, mi querido Señor Don Gratis Total, que usted es el producto, que no hay duda, y además con esas leyes maravillosas que emanan de quienes tienen  a su cargo la sociedad, los proveedores de cuentas de colores y espejitos, se dedican a insistir que la única forma de que siga usted usando esa ventanita tan mona que le dice la temperatura de su sobaco, o del barrio donde usted o Chuchita vive, es o le vendo a usted, mi querido señor, o pasa usted por caja.

Bonito dilema el que los responsables de emitir leyes nos han plantado en nuestros correos electrónicos (gratuitos), que no es más que insistir en que nos hemos prostituído a bajo precio, y además ahora ni el derecho al pataleo, que les decimos a todos que sí, que queremos saber si Chuchita se pondrá la minifalda por mor de la elevación de la temperatura en su barrio.

Nos han vuelto a ganar, y es que somos entre tontos y muy tontos, que no tenemos remedio, y ahora con todas las de la ley, van a seguir sabiendo hasta el tamaño de los lunares de nuestros gayumbos, sin olvidar por donde han circulado.

Cada día ponen más difícil eso de negar venéreas, y es que esto parece lo de aquella inolvidable (lo que tiene el lenguaje, que de la película no se acuerda ni el que la escribió) película de La vida en un bloc, sí, hombre, la que salió de la novela de Carlos Llopis.

Lo que pasa ahora es que aquel bloc de Alberto Closas no está solamente en nuestro bolsillo, que ahora me lo han ciclostilado, y lo lee hasta el Señor Obispo de la diócesis.

Yo estoy en eso de que de esta agua no he de beber y ese cura no es mi padre, vamos, que no aseguro ni una ni otra, y no quiero volar en Rian Aire, que me han dicho que no te dejan dormir la siesta a bordo, y es que como casi no has pagado por volar, por lo visto, en cortos intervalos de tiempo te están ametrallando con el “Cómpreme usted señorito, cómpreme usted este ramito, pa lucirlo en el ojal”.

Y sí, el cuplé lo soportaba, y a Doña Sara más aún, pero que el azafato de turno quiera redondear la cuanta de resultados de su señorito, a costa de mi siesta, lo llevo fatal, oiga, fatal.

Así, que por el momento que no me esperen, que la Visa está aburrida, que no quiero comida de plástico, que no quiero Poca Loca, que quiero que me dejen vivir mi vida en paz, que tampoco da para demasiado.

A lo mejor estas cosas de la inteligencia artificial son las que acaban resolviendo el problema, que en vez de uno mismo, manda a su robot clonado a que le puteen en la Rian Aire, y tu te descojonas desde casa viendo con tus gafas de realidad virtual la escena.

Por cierto, no sé si el cabreo, inducido o no, de un robot puede ser objeto de querella por parte del sujeto pasivo del cabreo. Se lo preguntaré a mis amigos letrados, que de estas cosas saben mucho.

En el intermedio, me dicen que están pasando cosas entre los políticos, pero ya he decidido poner a la hora del telediario un documental de esos de fauna salvaje yendo al supermercado. Resulta, normalmente menos violento, y ayuda a la siesta de forma desmesurada.

Y si lo que está pasando es que les aprieta el cinturón, ya saben, a dieta una semanita, si hay cojones.

La cosa no da para mucho más, a vosotros no sé, pero estoy aburrido, que lo único que me compensa es que ha bajado la lira turca ahora que me voy a Estambul, aunque seguro que se inventarán algo para sacarme las perras, inflación incluida. Pero habrá que mirar a otro lado, y tratar de tomarse las cosas con esa calma que me dijeron iba a ser el regalo de mi vejez, que no está el patio para machacar la víscera más de lo normal.

Por lo demás sin novedad en el frente, que parece que cuando dicen eso de que hay políticos presos, a uno se le llena la cara de asombros, que la cosa nos viene de antes de Julio César, y es que cuando dicen que el dinero ese que recauda el Estado es de todos,  nunca se especifica ni lo que se entiende por “todos”, y mucho menos las proporciones en que hay que repartirlo, así que nadie se preocupe, que cambiarán los sujetos, pero no cambiará el sistema, no lo ha hecho nunca.

Y menos mal que la soberbia adorna a estos pollos, que jamás podrían imaginar que el populacho les exigiera cuentas, es más que intentase llevarlos a “presó”, esa si que es una buena sorpresa.

Por cierto, y aprovechando que eso de la protección de datos está ahora de moda, aprovecharé para deciros que los que entráis en mi bitácora, no sufriréis por parte de la misma  ninguna invasión de cookies de esos, que me importa muy poco que hacéis con vuestras vidas, por donde andáis, que como es él, que en qué lugar se enamoró de ti, y todas esas cosas, con lo que podéis seguir tan tranquilos o intranquilos como os venga en gana.

Y poco más por hoy, que suena en mi tableta ese precioso tema de amor de Cinema Paradiso, hoy que los cines han pasado casi a mejor vida, que se ven las pelis mucho mejor en casa, que si el baño está sucio es mierda de casa, y puedes encender un buen puro como en los cines ingleses no hace tanto tiempo.

Que no tienes que comprar palomitas a millón, por aquello de la cuenta de resultados ajena, y aguantar al vecino de butaca y al móvil de su pastelera madre. Nuestra individualidad de sociedad vieja en retroceso, ha de salir siempre adelante.

A lo mejor, y ya que hoy se conmemora el día de África, en recuerdo de la fundación de la Organización de Estados Africanos, me animo y pongo cuatro letras sobre el tema.

Hasta la vuelta queridos

De clics y me gusta.

Hoy, mientras me iba con paciencia, arrancando una a una las legañas, escuchaba en la radio esas cosas que pasan, o que nos dicen que pasan, y alguien mencionó el tema de los biga data, ¡de nuevo!, y lo que al parecer, y gracias a nuestra, iba a decir estupidez, y no, es gracias a nuestra forma de ser, que hemos dado tantos datos nuestros y de nuestros contactos, sin quererlo, desde luego, que las posibilidades de ser dirigidos hasta en la forma en que nos limpiamos el culo, están alcanzando niveles estratosféricos.

En el momento, parece, en que nos hacemos miembros de tan prestigiosas comunidades, como las de Twitter, como las de Facebook, quizás si compramos pañales por Amazon o por Alibabá (por lo menos este en su nombre deja claras sus inteciones), los me gusta, las páginas que visitamos nosotros, o nuestros amigos, pasan a ser un activo de venta publicitaria de gran valor, ya que los tales poseedores de esa información venden nuestros perfiles a quien necesite cosas como:

“Varón entre cuarenta y cincenta años, de posición económica desahogada, de ideas conservadoras, al quien le gusta el jazz, la ópera, y los Rolling Stones, que se va de viaje tantas veces al año, que se gasta tanto y cuanto dinero en sus tarjetas de crédito, que tiene un teléfono móvil que ha de morir por eso de la obsolescencia programada dentro de unos seis meses”.

“Que le gustan las series de ciencia ficción, los libros antiguos, que visita regularmente los oficios de la Iglesia Ortodoxa del barrio tal, que se mueve usando tal coche de tantos años de antigüedad, que se gasta en transporte público tanto y cuanto, que sus amigos son de esta o aquella tendencia, que va a hoteles de esa o aquella categoría…y”.

Cuánto más saben de nosotros, de cada uno de nosotros, que incluso cuando enciendo esa puñetera televisión inteligente, me sale el listado de lo que según el análisis correspondiente que ha hecho el algoritmo, debería ver, que es la selección personalizada que me han preparado, así que hay que merendarse la última de ciencia ficción, sin posibilidad alguna de revisitar “Lo que el viento se llevó”, que en tu lista personalizada, que con tanto cariño hemos preparado para ti, ni aparece, ni falta que hace.

Los anuncios que aparecen de forma subrepticia cuando estoy leyendo el correo de amor que me manda Chuchita, me recuerdan el tiempo que hace que no visito tal o cual ciudad, que el nuevo montaje de Aida está en el Real, y que no debo perdérmelo, que hay unos nuevos auriculares de la marca Pepe, que están diseñados para mí…(a veces me dan ganas de visitar páginas de audífonos, para que no me recuerden lo de los auriculares), que el nuevo Iphone estará disponible el día que mi viejo Sony empiece la agonía que habrá de llevarle a la tumba.

Mis datos médicos, seguramente estarán en manos de alguien, pero como estoy, por el momento, bastante sano, no me aparecen anuncios de paracetamol, ni siquiera de Viagra, que ya uno se lo toma hasta como un piropo. Pero estoy seguro que conocen mi forma de acercarme a la política, y cuando lleguen las elecciones, bien se preocupará alguien de que vea aquella peli del “Vota a Gundisalvo”, o “El disputado voto del señor Cayo”. Que los rusos ya saben qué tienen que hacer para que vote su conveniencia, y a mí no me toca más que hacerlo, y ya está.

Lo malo de todo esto, es que uno que de natural es curioso, no va a tener a su disposición alternativas fuera de las relacionadas con los “me gusta”, que de forma casi inconsciente uno pulsa sin ser consciente de las consecuencias, incluso, ahora que ya no ando por esas redes. Pero es lo mismo, me compro un pito en Amazon y me mandan anuncios de disfraz de árbitro de segunda división, cuando estoy leyendo desde el ABC al Público, que en eso de leer uno es muy plural.

Porque estos amables clicks, demuestran deseos, tendencias, sueños, olvidos, alegrías tristezas, y sobre todo son una información de un valor incalculable para quien me recuerda que Le Meurice, sigue estando en la calle Rivoli de forma machacona, aunque el médico me haya prohibido cenar en Ducasse, por aquello de los colesteroles. Y no son ya solo míos, que al compartirlos como si fuera una encíclica papal, “urbi et orbe”, lo mismo traen asociada la consecuencia de que solo sabré que están a la venta los vinos de Borgoña, que como no me intereso por otras denominaciones, para qué perder el tiempo con publicidad que no me interesa, piensa el algoritmo, digo yo.

Y en este mundo sutil y grosero de los clicks y los me gusta, vienen y me dicen los que saben de esto, que los humanos tomamos sin pensar, es decir, de forma automática, o por influencia del último vocero, el ochenta por ciento de nuestras decisiones, así, que no hay más que ir descubriendo los instintos de todos y cada uno de nosotros, guisarlos convenientemente en la marmita de los “big data” y a vender tejanos, Ugly sneakers, y paellas del Paellador, de esas que te manda Amazon o Deliveroo, que uno se hace bola con estas cosas.

La cosa es terrible, porque me veo votando a quien no quiero por error si en el último anuncio colado por debajo del sobaco, me lanzan el día de echar a Rajoy las bondades del PP valenciano, y acabo votando a Zaplana, aunque vaya el número tropecientos de la lista, y a saber en qué queda la cosa.

Estoy preocupado, porque a lo mejor las informaciones que recibo, no son realmente lo que está pasando, que cuando leía el Caso y el Marca, más o menos me hacía a la idea de que Kubala jugaba muy bien al futbol, y que el Lute era, por aquel entonces un pájaro de cuidado.

Y ahora a lo mejor me mandan las noticias feas de Trump, porque saben que no me cae bien, y necesitan mis clicks, o me cuentan esto o aquello de los indepes, porque así mantengo el espíritu despierto, y me tienen satisfecho con la versión que me mandan. Que a lo mejor hasta las noticias van personalizadas, y yo me gusta tras me gusta, como un carnero bien disciplinado, que por mi culpa no se me cabreen ni los algoritmos, ni sus señoritos.

Espero por mi bien, no cabrear al algoritmo, que en 2001, Una Odisea del espacio, ya nos enseñaron que los cabreos de los Inteligentes artificiales tienen muy mal arreglo.

Con su pan se lo coman

La donna è mobile

La donna è mobile, qual piuma al vento, canta el Duque de Mantua, mientras el puñetero jorobado, trama su venganza que acaba con la vida de su cursilísima hija, fruto de la educación recibida por el retorcido Rigoletto.

Con esa música en los oídos, que hay cosas que uno tiene ancladas en el productor de endorfinas, escucho esta mañana que hay un grupo de abogados muy seriecitos ellos buscando ubicación para el congreso mundial de móviles del año que viene.

Que lo de los móviles y Barcelona, va a ser lo del Rigoletto, que se lo va a llevar el aire, como una pluma, y las quinielas están abiertas.

Y ya sé que hasta 2023 hay cosas firmadas, y que si cancelan algo habrá que pagar, que para eso están los contratos, pero quien va a pagar, pero de verdad, es la ciudad, es la industria española, los trece mil cristianos que estos días tendrán su contrato eventual, los hoteles, los restaurantes, los comercios.

Si van a llevar razón los de Tabarnia, que me da no es mala solución dejar a los segadors segando en las comarcas del interior para que sigan mirándose con amor el ombligo impasible, mientras arrancan los terrones de la tierra recibiendo las subvenciones europeas o españolas, que me da lo mismo.

Demasiadas veces he dicho el dolor que siento por lo que está pasando en mi tierra, por el espectáculo que ese tipo de catalán, el histérico nacionalista, en contraposición al catalán universal que es lo que quiero ser cuando sea mayor, está dando como una bendición papal, “urbi et orbe”.

Llevo desde que me conozco con esa apreciación, con esa división de la población de mi tierra, el histérico nacionalista, y el universal.

Del primero, ya vemos de lo que es capaz, que si arrasan con el congreso mundial de móviles, les importa muy poco, que ellos viven de criar cerdos, de coger peras de los árboles, y esas modernidades no les van, vaya no les van, no las entienden, no les gustan, y si se tienen que fastidiar los de Barcelona, que se fastidien, que no pasa nada, que la Unión Europea ya les mandará los euros de la subvención al peral, o a lo que sea que crían.

Cosas de payeses, de masías, del calçot con vino del Priorato en porrón, del que si se caía na gota en la camisa, te hacía un agujero, vamos como la sangre de Alien, esos payeses que alguien diría que se están pegando un tiro en el pié, quizás sí, pero de entrada se lo están pegando en la cabeza a mis conciudadanos barceloneses.

Posiblemente, si esta deriva acaba en la separación de lo que sea, de La Vall d’Arán de Catalunya, de la tal Tabarnia de lo que quede de nuestra tierra, y se quedan los payeses, los segadors ahí metidos en su terruño destripado o por destripar, si se acabarán pegando el tiro en el pié, que en Barcelona no pasa nada si la fruta viene de Aragón, los pimientos de Murcia, la carne de Galicia, y el vino, ¡ay el vino!, de Rioja o de donde sea, (evitad, con perdón, la Ribeira Sacra), y tendrán que tirar de pasaporte para moverse, aunque no creo que se muevan.

Quiera el diablo que no se vaya el congreso ese de los móviles que te hacen la compra, que te llevan el coche con solo guiñarle el ojo, y que te hacen el suizo de Petrixol, sin colas, a las tres de la mañana, si te pones tontorrón. Que no se vaya el congreso, que alguien le diga a la alcaldesa, (que me perdone, pero lo de señora alcaldesa se me atranca), que quiera o no, sus ciudadanos, los que pagan su salario, necesitan esos quinientos millones de euros que se quedan en la ciudad, y aunque vengan de la mano de ese capitalismo execrable que a ella le da de comer, porque lo que está claro es que al presidente del parlamento catalán no le importa un comino, los suyos son los payeses, son los segadores, y esos no necesitan (aún) tanta pollada de teléfono inteligente, que lo de los robots lo arreglan ellos haciendo parir a sus hembras, que no hay mano de obra más fiel y más barata que la que va pariendo la parienta.

Y me estoy temiendo que el soterrado concurso para la nueva ubicación del evento, una vez desechadas las grandes ciudades europeas que te piden un pico por un tres estrellas en el extrarradio, y una pasta por un frankfurt industrial, intentarán cosas como Málaga, como Niza, pero, al final la cosa va a acabar en Dubai, seguro, que esos con tal de que le llamen europeos, serán capaces de sobornar a cualquiera con poder, y que quiera cambiar el yate.

Año tras año, se ha aprovechado el evento para joder la marrana, un año, huelga de metro, otro año, los taxistas, este los indepes jodiendo la marrana, y el chino de Samsung, con cara de que os vayan dando por el orto, que aquí vengo a vender “telefoninos”, y los sueños de los payeses bien poco me importan.

Así, que quizás deberíamos pensar en el caso de que el tal evento acabe un tierras del moro infiel, desviar de los fondos de ayuda a la agricultura leridana, a la ganadería gerundense, y gastarlos en la ciudad a la que el odio de todos estos le privará, con seguridad.

Ya sé que no es posible, pero apetece, que las peras aragonesas, las manzanas asturianas, los melocotones de Calanda, y el aceite de cualquier otro sitio.

No voy a ahondar más en el comentario, deseo con todas mis fuerzas que el World Mobil Congress, siga hospedándose en Barcelona, y obviamente deseo también que se restablezcan las condiciones que permitan al evento desarrollarse con la paz y el sosiego que necesita el mundo de los negocios para florecer.

Mientras tanto, recordaré a quien me quiera escuchar, que el peor boicot al mejor producto de Barcelona, que es el de recibir visitantes, lo está realizando la mugre independentista, desde su pocilga de tierra adentro.

Con su pan se lo coman

 

¿Quién me compra el Elixir?

Mi amigo Abe está que se sale, que empezó el hombre con el asunto de los Abenomics, que se le están haciendo los japos más viejos de lo que él se podía imaginar, con lo que ello acarrea.

Y es que en cuanto cumplimos años, nos damos cuenta de que la tele que tenemos en el salón es de toda la vida, es de casa, que no la vamos a cambiar por una Mark 3 estratosférica, que para lo que se ve por la lámina tonta ya vale nuestra vieja amiga, y claro no hay demanda de teles, ni de coches, que por mucho que ahora digan que el viejo diésel contamina, nos hemos aprendido la lección, y el nuevo híbrido con retroalimentación crepuscular, pues va a ser de quien la mar no teme airada.

Encima, los chavales con tanto móvil, con tanta electrónica, andan todos enamoriscados de una imagen en tres D, suministrada hábilmente a través de sus maravillosas gafas de realidad virtual, y a Chuchita me la tienen abandonada.

Claro que Chuchita tampoco ayuda, que los japos desde lo de Manchuria tienen fama de rijosos, y eso no añade incentivos a la hembra local, que parece se nos queda con cualquier héroe del manga que le gusta lo mismo y no le mancha la entrepierna.

Así que no hay nuevos japonesitos suficientes para que los amigos de Sony coloquen teles nuevas en los hogares de los jóvenes llenos de esperanza en el futuro, y la inflación, pues nada, que lleva yendo hacia atrás demasiadas décadas, vaya desde que la bolsa llegó a los cuarenta mil y pico, y hoy por los veintipocos mil.

Don Abe ya no sabe que hacer, que las soluciones imaginativas no parece que le consigan cuadrar el balance. Es más, que se le va todo el humo en pensiones, que encima los viejecitos, con tanto comer algas, sushi y sashimi, resulta que no los matan ni a tiros, que no me los suben a lomos de hijo a las cumbres del Muruyama, para qe acaben sus días con la sonrisa del deber cumplido.

Y piensa el hombre, que a lo mejor la cosa es que con eso de la globalización se nos ha ido la mano a la hora de compensar el trabajo por cuenta ajena, y como un añadido más a la vejez, a la falta de interés en la reproducción de la juventud, se une el salario de miseria que dice el señor de Sony, o de Nissan, que me da lo mismo, hay que pagar para dar algún beneficio, y no nos metan por donde amargan los pepinos una OPA hostil, y se queda el señor Consejero Delegado sin pasta para el amarre del treinta metros en Osaka.

Por lo menos piensa el hombre como muchos dirigentes occidentales en eso de que se les ha ido la mano a la hora de permitir que tanto y tanto dinero y esfuerzo haya cambiado a zonas donde se trabaja en régimen de semiesclavitud, y desde luego lejos de las condiciones que los movimientos obreros han conseguido en Occidente.

Así que se ha conseguido quitar el dinero a los clientes, y nos empezamos a quejar de que no compran el último cacharro, el último coche, el último trapo, y es que han conseguido crear una clase de indigentes con trabajo, a la que se le ha venido en llamar de la forma que ustedes quieran, pero que en USA, en Alemania, en España, y pronto en Francia, por no hacer exhaustiva la lista, hay millones de personas, entre el veinte y el veinticinco por ciento de la población, estén en riesgo de pobreza, teniendo trabajo.

Con salarios de 8 euros hora, es muy difícil, siendo además el trabajo precario pagar en Alemania una habitación de cuatrocientos euros al mes, y el caso afecta a diecisiete millones de trabajadores, no lo olvide nadie, y las cifras son similares en todo Occidente.

Así que al bueno de Abe, que ve además como le vuelan los misiles norcoreanos, tiene que gastarse una pasta en el ejército que le desmanteló Eisenhower, y que empieza a necesitar, y el consumo no tira, sus multinacionales hacen más trampas de las que pueden soportar sin sonrojarse, más o menos como todas las multinacionales, que con tanta regulación para proteger al consumidor, no hay quien haga un duro de beneficio a fin de mes, y encima los chinos al lado copiándole hasta el color de los trenes.

Solo se le ocurre, pedir a sus grandes empresas que suban los salarios a sus empleados, por favor, a cambio, claro de una bajada en el impuesto de sociedades. Y es que a lo mejor el señor Abe, y no voy a discutirle demasiado, que de estas cosas no entiendo, persigue dos objetivos para que compren sus conciudadanos el nuevo televisor curvo de Sony, con función masturbatoria incluida.

El primero podría ser el devolver parte de los impuestos a la sociedad laboral, y mira que curran estos japos, que se mosquean con ellos mismos cuando se van de vacaciones, ya que consideran que sus compañeros harán su trabajo y les parece injusto. Bueno, pero es una forma de reconocer por parte del estado que el nivel de depredación fiscal ha llegado al punto de que no es útil para nadie, que la gente se adapta al entorno más rápido que las instituciones, y las cuentas no salen a la hora de montar los escudos antimisiles que quiere venderle Tito Trump.

Y la segunda, quizás esté relacionada con el hecho de que en los paraísos fiscales se vive muy bien, y con impuestos bajos, a lo mejor montan un país “low cost”, y se le montan las multinacionales en Kioto o en Osaka, que siempre acaban dejando unas perrillas, y no te digo si nos hacemos opacos del todo, y empezamos a recoger el dinerito de los tráficos legales, de los sobornos, de las mordidas, y de todas esas cosas tan productivas y tan lejanas al currito de ocho euros la hora, menos de cuarenta horas a la semana, y con menos de un mes de duración de contrato.

Él verá, pero que se ande con cuidado, que anda el comisario europeo Moscovici, alardeando de que va a preparar una lista negra de países a considerar como paraísos fiscales, no sea que lo incluyan, y entonces no sé yo.

Claro, que me he enterado que en esa lista no está Luxemburgo, ni Suiza, ni El Vaticano, ni las Islas de Canal, con Jersey a la cabeza, así, que por favor dejen todos ustedes de tocar las pelotas, que no está ya muy mayor para estos farolillos.

Con su pan se lo coman, (menos el 40% de I.R.P.F., claro)

Todo por la pasta

Esta mañana me he levantado, como siempre, mucho después de haberme despertado,  sin un maldito bitcoin en el bolsillo, y no me ha entrado la depre, que estoy ya muy mayor para esos farolillos.

Y es que de pronto me he dado cuenta que lo de estas cosas es como lo de aquella estafa que el amigo de Ansar nos hizo con el globo terráqueo, que todo el mundo vendió a ciento cincuenta y compró a catorce, con permiso del amigo, claro.

Y es que estas cosas de las especulaciones son siempre lo mismo, vaya como en las partidas de póker, o en las de billar de garito, que hay que calentar al primo para que se deje los higadillos en la mesa, que de eso vive el tahúr, que también tiene hijitos.

Y por las singladuras que esta bitácora ha navegado, más de una vez se han hecho reflexiones sobre esos pecadillos, que la Iglesia llama capitales, y lo que hacen es eso exactamente, inflar los capitales de otros.

Y escucho que en estas cosas del dinero sin control, quienes parece que se ponen nerviosos son los que controlan el dinero, aunque estoy seguro que con la otra mano se benefician del asunto.

Que oyes a los Bancos Centrales con ese reconcome de preparar sus propias criptomonedas, aunque como lo hagan dejaran de ser cripto, claro, que aquí la gracia en que la cosa se hace debajo de la camilla. También altos ejecutivos de la gran banca mundial andan con la cosa, que un pollo de J.P. Morgan, anda diciendo que como uno de sus ejecutivos negocie criptomonedas lo cuelga de los pulgares, y desde luego me lo creo, claro, siempre que no obtenga unos beneficios para el banco que considere sustanciosos, o que le dejen a un lado a la hora de cobrar sus compensaciones por el movimiento de la acción de su entidad.

Y con la otra mano, parece que hasta esa cuna del liberalismo económico que siempre ha sido Chicago, anda estudiando en su mercado de valores una forma de diseñar estructurados teniendo como subyacente una o varias de estas criptomonedas. Quiere decir la cosa, que podremos apostar todo nuestro dinero a las subidas o a las bajadas del tal bitcoin o de quién se trate, dejando entonces un papel secundario a la criptomoneda en esa operación que lo que importará será el valor de la papeleta que compraré o venderé a crédito.

Telita de la buena, que quien no perderá será quien cobre las comisiones de gestión sobre el estructurado, y lo que pase luego, a mí Prim diecisiete batallón de infantería.

Claro, antes con eso de que el Banco de España pagaba al portador la cantidad de cien pesetas en oro, de ese que se guardaba junto al arroyo Abroñigal, no había quién pudiera montar estos numeritos, que la cosa empezó cuando alguien dijo aquello de ¡Yo soy más valioso que el oro!, y la peña dijo ¡vale, si tú lo dices!, y a partir de ahí en vez de usar pepitas de metal para comprar el pan empezamos a usar papelitos de colores, que son mucho más monos.

Claro que el poder que da el diseño de las monedas a quienes las manejan es extraordinario, y nos han vendido que las regulaciones a que están sometidos esos papelitos que no están sustentados por ningún subyacente que no sea la confianza en ¡políticos!, para que nosotros, que no somos más que pardillos entregados a lo que nos echen, nos lo merendemos con patatas, incluso en el caso de que todo ese sistema monetario permita que perdamos la libertad de que nadie se entere en qué coño nos gastamos lo que tenemos.

Y estos bitcoins y compañía, tienen ese aire de libertad, que no están sujetos a regulaciones, a garantías, a decisiones de banqueros centrales que le dan o no a la maquinita de hacer billetes a su capricho, y da a la cosa un aire nuevo, refrescante, diría yo, pero por el momento el dueño del quiosco me ha dicho, que por no aceptar no acepta ni a Santa Visa, que además no tiene cambio de más de cinco euros, y que no ande jodiéndole con modernidades.

Un sin vivir, que me he enterado que hay alrededor de trescientos mil millones de dólares sueltos por el mundo en criptomonedas, lo que ni es mucho ni es poco, sino todo lo contrario, mucho para mi bolsillo, poco para que en caso de desastre o reventón de la supuesta burbuja, cause un estrago en el sistema económico mundial.

Ahora que con la iniciativa de los chicos de Chicago, las posibilidades de compra y venta no solo ya de las criptomonedas, sino de los estructurados que puedan hacerse sobre ellas, van a hacer que en menos que canta un gallo esos trescientos mil millones que representan a precio de mercado, se multiplique por un no sé cuánto, y a lo mejor sí que la cosa puede dar para un tembleque mundial.

No tengo ninguna duda de que hay miles de personas trabajando de forma muy activa en este nuevo mundo de las monedas no sujetas a países, no sujetas a bancos centrales, no sujetas a ningún tipo de regulación, lo que las hace idóneas, si se las cree la masa, para ser el nuevo sistema mundial de intercambio comercial, que estas cosas no hay forma de pararlas.

Como he dicho ya, estoy muy mayor, y no sé si nuestro Señor Montoro, estará preparado para pagarme la pensión en bitcoins o en algo parecido, y es que al final a él se le da una higa, que desde que nos pulimos el oro del Abroñigal, todo son papelitos de colores, y el camino hacia el apunte contable electrónico es muy corto.

Así que ya veremos lo que hago, que mi asesor financiero no hace más que decir que compre bitcoins con la extra de Navidad, esa que le ha costado a mi gobierno, el tener que pedir un crédito para pagarla, y yo no sé qué hacer, que en el fondo siempre me gustó llevar los doblones en el canut colgado al cinto, que no necesitaba software, ni mirar las cotizaciones internacionales si tenía que comprar una carga de trigo.

Así que, con su pan se lo coman

 

Nicómaco el acratón

Tengo un amigo que es un acratón, si se lo digo, y además añado que le intuyo aburguesado, se me pone hecho un basilisco, así que me guardo mucho de decírselo, a no ser que quiera echar unas risas, que se me altera el muchacho, pero no se me cabrea.
Hoy se descuelga con que eso de la política no va con él, (claro, el mejor Estado es el que no existe) que se me define disfrutando en un entorno de tipo ético y pro-ético, humanista, (que no transhumanista), e idealista.
Me ha dejado de una pieza, pero el muy puñetero lleva razón cuando dice aquello, que él propone y hace proselitismo para que la gente vote en las elecciones, pudiendo así permitirse el lujo de no hacerlo, ¡menudo está hecho!.
Ahora que viéndolo desde su punto de vista el amigo lleva su razón, que esto de la política tal y como nos llega al común de los mortales no es más que un juego siniestro en el que generalmente navegan gentes ineptas, con poca formación, deshechos de tienta de las universidades, o incluso penenes que no han tenido la capacidad o el esfuerzo necesario para sentar cátedra.
Y más digo, que la cosa, evidentemente no es local, que allá donde se vaya, sea cual sea el país, las pandas que te saltan al ruedo político parecen todas cortadas por el mismo patrón. Y es lo que hay. Que son como los ingenieros de caminos canales y puentes, pero con distinta moral.
Así que a la hora de seguir sus campañas de mercadeo, sus lemas, sean electorales o de simple discusión, sus trifulcas que siempre o casi siempre están montadas por que el oponente les ha birlado pasta o prebenda, con métodos que en partido ajeno suenan a cosa execrable, aunque si en partido propio tienen consideración de cosa bien noble.
Lleva razón mi amigo, que mejor nos iría si nos dedicásemos a cosas más relacionadas con la ética y el humanismo, en vez de plantearnos que si el señor Correa está enfadado con su sucesor, que por el momento es su presidente, por cierto, o que el señor Maduro haga lo que le dé la gana, que por cierto no es ayudar a sus conciudadanos.
Pero señores, ¡es que no hablan de nosotros cuando dicen hablar en nuestro nombre!, y ese es un hecho que conocemos todos, con mayor o menor fuerza, que ni siquiera somos los clientes, que somos simplemente los pagafantas. Que no se nos olvide.
Así, que no sé yo si ser tan cabrón como mi envidiado amigo, que ya lo tiene claro, y que me recomienda que vaya a votar, que él, ni de coña, y empezar a decir lo mismo, como en las cadenas esas de los internetes, a ver si cuela.
Pero no, no es suficiente, que es que no hay que ver los telediarios, ni las entrevistas a los políticos, y mucho menos las tertulias esas tan monas que acaban en cinco de un partido contra uno de otro diferente, y me lo pelan, y es que así, con bajos porcentajes de audiencia, a lo mejor llegaban a no sacar pasta ni para chicles de gasolineras, y se dedicaban los muchachos a otra cosa diferente a su actual cometido de meter las manos en nuestros bolsillos, y en el intermedio a tocarnos las pelotas.
Ya veremos dentro de nada a la maquinaria de propaganda, con eso de las elecciones en mi pueblo, haciendo de las suyas, eso sí, que a mí no me esperen, que no mamo de esa teta, y desgraciadamente la teta la van a llenar los que jamás beberán de ella, que al final es lo que tienen las religiones, que a cambio de la salvación eterna, llevan, como el flautista de Hamelín, a todas las ratas a morir al mismo río.
A mi amigo no, claro, que él se sienta a ver el espectáculo de quién la tiene más gorda, o más larga, que todo puede valer, lo que al final resulta que es la opción del inteligente, porque a la que se descuide le van a sacudir igual, y por lo menos se ha ahorrado el esfuerzo de seguir al santón, (leader le llaman ahora), el esfuerzo de poner a su servicio la fe ciega, y desde luego el de disculpar la cagada de tu admirado.
Pero algo habrá que hacer, y quizás por eso a mi amigo le da por la ética humanista, incluso por la pro-ética, (que sí, que también estoy a favor de eso), y lleva razón, aunque tendrá que explicar qué es para él eso de la ética, que habría a lo mejor que preguntarle a Nicómaco, o a López Aranguren, que estas cosas también van por barrios, y es que a lo mejor Aristóteles no se lo explicó bien al muchacho.
Pero es que al final, y ahí le alabo la posición a mi amigo, de lo que debería tratarse es de la felicidad del ser humano, y nada más lejos de tal fin esa cosa de la que se han adueñado los políticos.
Yo me hago cruces, porque como a mí eso de la economía me entretiene, resulta que mi amiga la presidente de la reserva federal americana, va y suelta hoy, o ayer, o hace unas semanas, que para el caso es lo mismo, la preocupación que le recorta el sueño, una vez que ha conseguido que los índices bursátiles americanos estén en máximos históricos, que los beneficios de las compañías americanas anden en cotas de cortar la respiración, y además con la inflación controlada.
Y es que a doña Yellen le viene el aquel de que los salarios del yanquie no se hayan revalorizado como todo lo demás, y que, para más I.N.R.I., los trabajos a tiempo parcial se hayan disparado, que la gente que quiere currar, no puede, y que los que quieren currar a tiempo completo, tampoco. Eso sí, dice lo que hay, y a continuación sigue proponiendo subidas de los tipos de interés, que acabará de hundir a los curritos que llenan la teta de la que ella mama.
Es decir, otra vez, como en la crisis de los noventa, ese sistema creado por la política y la economía, lo primero que hace es sacrificar al ser humano.
Lejos pues de los principios éticos, pro-éticos y humanistas de mi amigo, acratón él, pero con esa clarividencia que da el haber corrido delante de los grises por Moncloa, o saltando las vallas del Real Club de Polo de la Diagonal en mi pueblo.
Así, pues, queridos conciudadanos, vayan sus gracias a votar en buena hora, que yo abriré una botellita de un viejo Clos du Mesnil, si me la cambian por seis docenas de ostras de Arcade.
Y que Dios reparta suerte

El plan de pensiones

Los jubilatas tenemos algunos inconvenientes, por ejemplo que con esas cosas de la edad dormimos poco, ¡qué le vamos a hacer!, pero como contrapartida, ya se sabe ying-yang, nos podemos bajar de la cama cuando nos de la gana o cuando la mucama nos ponga la mopa en los hocicos, que de todo hay en la viña del señor.
Así, que esta mañana, como siempre, me he despertado prontito, pero con eso de que no me ponen la mopa en los hocicos, he decidido poner una de esas emisoras que no hablan del ¿problema? catalán, y mire usted, que me sale un pollo de esos que hablan de dineros, de banqueros, de inversiones, de fondos de pensiones, y todas esas cosas, soltando, sin inmutarse que:
-Pues sí, el puerto está lleno con los yates de los gestores, pero no hay ninguno de los clientes.
Y me da en la nariz que el muchacho ha puesto el dedo en la llaga, y es que como estamos en una de las campañas más pútridas y falaces de las que nos atacan en fin de año, se trata de acercar el ascua a la sardina de cada cuyo.
Y en esta ocasión, parece que nos enfrentamos a una acción coordinada entre el Ministerio de Hacienda, y sus aliados, que moran en instituciones bancarias, en compañías de seguros, y en definitiva en poseedores de yates.
Nos están, año tras año, proponiéndonos el siguiente negocio:
-Premisa uno, el miedo a tener una vejez sin recursos económicos.¡Uuuuhhhh!.
-Premisa dos, ¡Ahorre usted que es cosa cojonuda!
-Premisa tres, los intereses en depósitos bancarios son negativos….¡Porco Banco central europeo!
-Premisa cuatro, hay que tomar riesgos, (usted, señor cliente, ¡claro!) si quiere que sus perras no se las coma la subida del precio del petróleo o la factura de la luz.
Así, que una de las soluciones es ¡Tachíiiinnn!, lo de siempre, ¡deme usted su dinero, y lo ponemos en un fondo de pensiones!.
El Ministerio de Hacienda, dice que este año te ahorras una pequeña parte de tus impuestos, si das tu dinerito a una de esas instituciones, que si mal no recuerdo, consiste en una deducción de la base imponible del IRPF de un máximo de 8.000 eurillos, que a los tipos medios supone, más o menos un aplazamiento fiscal de cien eurillos al mes.
Por supuesto si eres capaz de quitar todos los meses de tu magro salario quinientos chufos, que se dice pronto, sobre todo si ganas entre seiscientos y mil quinientos, que es lo que un cristiano ingresa de media en este país.
Hablaba de aplazamiento fiscal, que en el momento del rescate todo tu ahorro en ese instrumento financiero, pagará los tipos marginales del impuesto, y eso puede ser más del treinta por ciento, sin correr mucho.
Eso sí, el Ministerio sale diciendo que hay que bajar las comisiones de gestión de esos fondos, y deja los tipos máximos en algo más del doble de lo que se paga por esa gestión en los países europeos. Bueeenoooo, y además te deja que te pulas lo ahorrado, (pasando por caja, desde luego) si necesitas esas perrillas un poco antes por cualquier “mire usted” que le aparezca.
Ya sabemos quién tiene pues lo suyo asegurado, su amarre en Puerto Banús, y es Hacienda, que cobrará más cuando recojas tu dinerito, y el banco que te soplará su 1,5% sobre todo el capital que vayas acumulando en tu plan.
¿Y tú?, no, mira, tú eres el imbécil que paga el yate de otros, porque si miras un poco como va la cosa de esos planazos en términos de rentabilidad para ti, verás que son negativos, que no se puede pedir todo, ¡hombre!. Pocos muy pocos de esos planes han dado rentabilidades brutas positivas acumuladas los diez últimos años, y seguro que ninguno si deflactamos el valor de los activos.
Una vez se me ocurrió decir a un gestor de estos que ya casi tenían el treinta metros (de eslora) en Puerto Portals, que yo estaba dispuesto a pagar el triple de comisión sobre los rendimientos netos una vez descontada la inflación y no me puso la Smith and Wesson en los huevos de puro milagro, o porque no tenía una a mano.
Y es que la cosa va como va, que nadie es experto, o nadie trabaja por la rentabilidad de los fondos esos que se pierden, que se muere el pollo, que cuando vayan a ver qué hay será dentro de treinta años, y todos calvos, y que al final es dinero de los esclavos, y no está bien que manejen demasiado.
Así, que escucharán ustedes estos días los cantos de sirenas del asalto a mano armada que planean contra sus bolsillos toda esta panda de cuatreros legales, y ya sabe, si usted no paga el 1,5%, y no difiere impuestos, por mucho que detraiga de su salario miserable el tropecientos por cien está usted en un error.
Pero sigamos, imagine usted que ha podido durante treinta años poner esos 8000 eurillos, que se habrán convertido en doscientos cuarenta mil. No está mal.
Tiene usted sesenta y siete años, es usted un privilegiado, y cree que puede tirar de esa pastizara, que ya le han advertido que su pensión es una porquería y que apenas cubrirá el sesenta por ciento de sus ingresos en el momento de la jubilación. Espere pues una pensión máxima estatal de mil seiscientos euros….vale.
Y del plan, ¿qué le van a dejar a usted?. Si lo retira de golpe, quite más del cuarenta por ciento, así que de esos doscientos cuarenta mil le quedan unos ciento cincuenta mil, ya pagados los impuestos, es decir ochocientos chufitos al mes si tiene usted la elegancia de morirse como dicen las estadísticas, a los quince años del momento de la jubilación.
Si lo retira poco a poco, podrá usted aguantar cuatro o cinco años más, pero, seguirá pagando comisiones al gestor que no gestiona, y correrá el riesgo de perder por la ineficacia de ese personaje, otra pastita indeterminada.
Usted sabrá, que además no puede usted de ninguna manera controlar donde se invierte su dinero, que va a fondos opacos, y si usted no entiende de estos, va a pozos muy oscuros.
Por supuesto, ni se le ocurra mover a otros activos ese ahorro, que entre Hacienda y esa industria financiera le estrujan a usted las criadillas, y además ponen su cabeza en una pica, para que sirva de ejemplo.
Que si hay beneficios no tenga muy por seguro que se anoten en su cuenta, que lo suyo es a largo plazo, y lo del yate en Montecarlo es a corto plazo.
Así que mírenlo sus gracias con tiento, que mientras con más énfasis les alaben el burro, más mataduras tiene. Usted mire bien debajo de la manta, y no olvide ni los incisivos, ni los molares, asegúrese que ve bien y oye mejor, y cuando lo haya hecho, corra, corra usted con todas sus fuerza, que esto es un atraco.
¡Ah, y el Estado no le garantiza una vejez con un salario digno!, ¡Invierta en un Plan de Pensiones, antes de fin de año!
Con su pan se lo coman