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Las elecciones que vienen

Parece que nos metemos de lleno en esos períodos electorales que tanto me giban, y que hace unos años, aún me ilusionaban….pero hoy…. Me dicen que los expertos en conductismo social son los que se van a poner las botas apelando a nuestro cerebro reptiliano a través de las redes sociales y no sé cuantas cosas más, es decir, van a buscar como excitar nuestras reacciones más primarias, la de satisfacer el hambre a cualquier precio, reaccionar al miedo con la huida o con el ataque desesperado, o el sexo.

De esta forma, empezarán, si no han empezado ya los mensajes tendentes a llevarnos como manada hacia el interés de quien sea más hábil en el manejo de estas técnicas tremendas, bien ensayadas en el Brexit, en las elecciones americanas, o por estos lares con la irrupción de Podemos o de Vox, sin ir más lejos.

Y es que ya nos movemos por instinto, el pensamiento queda como último reducto de aquellos que memorizaban los grandes clásicos en Farenheit 451, o por quienes quieren manipularnos a través de los malditos algoritmos que nos manejan a través de nuestros espejitos de colores. Tremendo, como decía un señor en la radio hablando de estas cosas. Contaba cómo una compañía tabaquera lanzó su producto para que fuese consumido por adolescentes.

Muy fácil, “Manténgase fuera del alcance de los niños” bien claro en el paquete, bien claro en la publicidad. Al final el adolescente acababa considerando el uso del tabaco como una prueba de hombría, una forma de salir del círculo de los niños, – Anda sal de la habitación y ve a jugar que los mayores tenemos que hablar- (y fumar). Así que es como una prueba de iniciación, una llamada a ser reconocido en la manada como uno de los que ya son miembros de pleno derecho.

Es como nos tratan las falsas noticias que empezarán a difundirse por las redes sociales, a golpe de click, a golpe de me gusta, deditos levantados, deditos mirando al suelo. No pienses, deja que tu instinto te lleve, no sigas las discusiones sobre las propuestas electorales. Son como las del marujeo de las televisiones generalistas, todo gritos, todos a intentar dejar su mensaje, a intentar vender su libro.

Deja que tu instinto te lleve, que yo dirigiré tu instinto, no te preocupes, que lo dice Facebook, que lo dice Twitter, que lo sé de buena tinta, que ese ha dicho que me lo da todo, y mi grupo de amigos está vibrando al unísono mirando el último banner a la vez.

Decía no sé quién que quizás deberíamos desconectarnos de todas esas redes, pero deberíamos añadir a los demás medios de comunicación, y ¿por qué no? a las series esas de Lannister y Stark, que nos llevan de paseo por mundos de buenos y malos, nunca de personas multifacéticas, y en esos dualismos me dicen que van las instrucciones de lo que tengo que hacer delante de una urna.

Y a todo esto, parece que los ricos de siempre siguen siendo los mismos, que Forbes o Fortune pasan ejercicio con un corta y pega, que Bezos, Gates, Ortega, y sus primitos siguen en su sitio, discutiendo en Davos, en el Bildenberg, en la trilateral, en el Club de Roma, cómo hacer que sigamos consumiendo lo que no necesitamos, más intensamente, con más inmediatez, con ninguna reflexión. ¡Todo al alcance de un click!, ¡No sueñes, compra!, no analices, simplemente vota, no escuches, simplemente oye.

Y así nos enfrentaremos a las urnas, y nos avisa un jefazo de nuestra EU, de los peligros que nos acechan en estas elecciones, que hay malutos que no quieren a Europa, que a saber que mensajes subliminales, o no tanto van a colarnos. Que por favor mantengamos la guardia bien alta…..y por favor votaaaadmmeeee. Gracias.

Pero es lo mismo, ya se ha decidido por aquellos que pueden hacerlo, por donde nos van a llevar, sin duda, sin la menor posibilidad de error, y lo demás es seguir el juego, ese al que juegan nuestros políticos y los que no son tan nuestros, que al final no son más que marionetas de quienes manejan el engranaje.

Pelean por un sueldo, y no sé si les dan bonus por objetivos. No, no voy a estar a gusto estos meses que se nos vienen, por mucho que intente separarme de la vorágine que se nos viene encima, porque ni dentro de mi concha de galápago ecuatoriano voy a ser capaz de sustraerme al maldito influjo. ¡Vota a Gundisalvo!.

Espero que la sangre no llegue al río, no interesa, que a alguien le viene de perlas que se exprima al máximo las posibilidades del ciudadano, las grandes fortunas nos necesitan para seguir creciendo, como debe ser en esta nuestra tan bien diseñada sociedad de consumo.

Y que nadie se me altere, que no pienso ponerme más conspiranoico de lo razonable, que tampoco voy a ponerme populista, a lo Trump o a lo Iglesias, y mucho menos voy a presentarme a las elecciones, no ando buscando el sueldecito de diputado, aunque no me vendría mal.

Espera, que me lo quitan de la pensión de jubilata, o quizás no, que lo de los políticos a lo mejor va por otro lado. Le preguntaré a Don Josep Borrell, (cuidado con ell) . Así que nos seguiremos viendo en nuestras rutinas diarias, en nuestras pequeñas tareas, esas que tanto ayudan al crecimiento de las grandes fortunas, sin problema, que soy muy solidario, mientras los malditos algoritmos nos van arrebatando uno a uno los pocos resquicios de libertad de pensamiento que nos quedan.

Y lo peor de todo es que se ha puesto a llover y no he podido ir a jugar al golf, que no nací en esa parte de Gran Bretaña que quiere separarse de Inglaterra, pero quiere seguir en esa Europa con elecciones un día de estos. Ya ves, miraré en Twitter, por ejemplo, si hay instrucciones de qué debo hacer, y lo más importante, cómo tengo que sentir, y lo esencial ¿cómo lo comparto?, que emorticones hay de sobras.

¡Que nos den!

La cuesta

Ya han pasado las saturnales, y lo que nos queda, apenas, es contemplar los restos del naufragio. Restos, por otra parte que piensan recoger, a poco que nos descuidemos las rebajas de enero, el roscón de reyes, y su pastelera madre.

Es una pena como queda uno, hecho unos zorros, deshilachado, con los hepatocitos negociando una tregua, apoyándose en una muy visible bandera blanca, y con menos guita en los bolsillos que el Rodolfo de la Bohème. Cosas veredes Sancho…

Y por si todo esto fuera poco, ya nos están amenazando con eso del día de los enamorados, que a más de uno le va a costar una cenita romántica y un pedazo de oro, o mucho peor, uno de esos mejores amigos de las mujeres, que nos recordaba la inefable Marilyn Monroe en alguna de sus inolvidables películas de cuyo título no me acuerdo, ni falta que hace.

No hacemos carrera, ni de broma, y como el tiempo va pasando, la crueldad de la vida se te asoma a la que te descuidas, que uno se cree Richard Gere, y no llega a Mario Moreno, ¿qué le vamos a hacer?.

Y es que andaba el otro día en el autobús, en el metro, en el tren ¡¿Yo qué coño sé!?, mirando de reojo el escote de una veinteañera de buen ver, bien parapetado tras mis gafas de sol, como cumple, y de pronto la muchacha levanta la mirada de su espejito negro, y con su mejor sonrisa se dirige a mí:

  • Señor, tome usted mi asiento.

El mundo se le viene a uno encima, que debería ser yo el que anduviese cediendo el sitio a las personas de edad, y va la mocosa esta, y de repente me recuerda una de esas realidades que intentamos, al menos yo, dejar para mañana.

Claro que mi venganza fue terrible, que para eso ya voy teniendo más conchas que los galápagos ecuatorianos:

  • Muchas gracias, “SEÑORA”, le espeté, las damas son las que deben ocupar los asientos, y jamás aceptaría ocupar su puesto.

Y a otra cosa, que recuerdo la primera vez que me llamaron señor, obviando lo de chico, muchacho, chaval, colega incluso, también me lleve una buena impresión, y dosis terribles de meditación posterior.

Reconozco que me porté como un cabrón, y siento, que esa ya, “SEÑORA” para el resto de su vida no va a volver a ceder a nadie su asiento, vaya donde vaya. Pero es que hay cosas, en fin.

Como siempre hay que aprender de los mayores, y recuerdo a mi madre cuando se vio en esa misma tesitura, decidió no volverse a teñir sus canas, y disfrutar de la buena educación ajena.

Mala cosa la mía, que aún me creo un rompecorazones, y voy más a Vittorio de Sica o a Charles Boyer, que al Delon o al Belmondo de los sesenta, y es que la vida anda de esas formas, nos pongamos como nos pongamos.

Y si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura, os habréis dado cuenta del hecho que actué como un viejo verde en eso de asomarme a escotes en donde nada se me había perdido, aunque la cosa pasase desapercibida, ¡Deo gratias!, y que las referencias que hago a terceras personas son todas ya dignísimos cadáveres, o provectos ancianos, así que algo de agua debe llevar el río.

Que me pongo a pensar en la farándula, y menos Penélope, que anda por la mitad de su cuarentena, todo lo que se me viene al coleto son mitos sesentones, por lo menos, la Pfeiffer, doña Basinger, Jessica Lange….y hasta aquella rubia que le cruzaba las piernas al poli gordito de L.A., la inolvidable Sharon Stone.

Y es que la “Señora” que me intentó ceder el sitio, a lo mejor llevaba razón, y yo, animal de bellota que soy, en vez de coger el canasto de las chufas, debería haber sonreído, y aceptado el gesto de la gentil dama.

Pero eso como aditivo de la cuesta de enero me superó, lo reconozco, y dejé a la buena muchacha de vuelta a su espejo negro, rompiéndose los pulgares enviando mensajes a sus Chuchitos, eso sí estirándome como un viejo coronel, cuando debía haberlo hecho como un teniente del aire.

Pero la vida es así, y nosotros “asá”, y así nos va, que al menos yo, no aprendo ni siquiera a caballo de los preceptivos buenos propósitos qua acompañan a la tal cuesta de enero. Será que lo de genio y figura hasta la sepultura es más cierto de lo que me podría creer.

Con lo que visto lo visto, no pienso, ni por un momento hacer buenos propósitos con esto del nuevo año, total….con lo que seguiré con mis cosas, o no, que seguir con ellas ya es un propósito. Dejaremos al destino que nos guíe, aceptaremos lo que nos llegue, si conviene, y prometo sentarme sea quien sea quien me ceda el asiento.

Por lo demás, seguiré sentado a mirar qué es lo que pasa por delante, como casi siempre he hecho, que no tengo necesidad de enfrentarme a nada ni a nadie por una nadería, que los de mi generación empiezan a sentir como se nos ensancha la manga, y como las cosas cada vez tienen menos transcendencia, que al final no sabemos ni por qué mataron a Cánovas, ni a Kennedy, y la verdad es que no son nuestras guerras, como no lo es que el tal Jeff Bezos se separe de su santa. Ellos sabrán.

Y me dicen que está haciendo frío, y a lo mejor es verdad, pero, tampoco es que importe demasiado, quizás al Señor Gore por aquello de sus campañas contra el calentamiento, ese que sin ser verdad ni mentira, ya me tiene caliente. Tomaremos unas buenas sopas de ajo calentitas, y a la cama prontito, que mañana no hay (tampoco) que madrugar.

Con su pan se lo coman

De pensionistas y jubilatas


Parece que los pensionistas andamos revueltos, y es que eso de que la poblacion envejece, y que tan bien le viene al gran capital y a la modernisima empresa española (para los tiempos de Lopez Rodo, se entiende), que falta tiempo para prejubilar a la peña, nos ha dado un importante numero de votos, que votamos todos, no como los jovenzuelos, que hasta que no se les consolida el vello pubico, andan los pobres a verlas venir. Cosas de los tiempos, mire usted.
Y hasta esas organizaciones casi franquistas que son los famosos sindicatos, han olido sangre en la cosa, que en el tajo pasan de ellos en el mejor de los casos, o huyen en el m´as sensato.
Y es que somos muchos, ademas tenemos tiempo, todo el que queramos, y encima aunque, como yo, hayamos sido unos zotes toda la vida, la experiencia nos ha enseñado por donde van los tiros, y si hay que tumbar este o aquel gobierno, se siente.
Los peperos estan que no les llega la camisa al cuerpo, los de ciudadanos se estan oliendo la tostada, y empiezan a navegar entre dos aguas, que me recuerdan al extinto Paco de Lucia, los sociatas a su bocata, y discutiendo si vamos por la quinta o la sexta Internacional.
Los perro flautas, no han conseguido demasiados yayos flauta, y es que los jubilatas tenemos, aunque no seamos catalanes, nuestra buena dosis de seny, y en ciertas cosas nos es dificil entrar, que ya demasiadas ruedas de molino debimos trasegar en su momento.
Asi, que a lo que se me parece, buena parte de esos ocho millones de ciudadanos “in pensione”, estamos intentando ver que es lo que va a pasar con nuestro salario, que no es cosa menor, y claro como se da la circunstancia de que quien tiene que decidirlo, es tambien empleado nuestro, que con nuestros impuestos se paga su salario, y hasta de ellos salen las comisiones iliicitas que engordan sus bolsillos cuando hacen el nuevo aeropuerto de Tricanillas del Meloquedoyo, a lo mejor ha llegado el momento de arrimar el ascua a nuestra sardina, mire usted.
No lo se, pero si lo que acontece es que hemos formado mal a las generaciones que nos siguen, quizas sea el momento de recordar las viejas histtorias de la transicion, cuando teniamos aquel maravilloso enemigo comun, el tio Paco, el de las paredes, y era facil no solo sacudirle fuerte, sino intentar construir algo que sirviese, no solo para nuestra generacion, que en estas cosas hemos sido siempre muy mirados.
Pero hoy los jubilatas vemos que aquellos pollos quieren quitarnos (y hay muchas formas de hacerlo) lo que ha sido desde siempre un derecho indiscutible en nuestro sistema politico, y es la famosa pension de jubilacion, que dicen es muy generosa. No se yo que pensar.
Lo mas divertido del caso, es que las nuevas generaciones han sido literalmente abducidas por los telefonos inteligentes, por la mal llamada inteligencia artificial, por los contenidos que llenan las redes esas del 4G, y no estan para muchas gaitas, que no saben que coño era eso de Cuadernos para el Dialogo, ni que se escribia en Triunfo, apenas algo sonaba en su memoria, no seguro que no, si le hablaban de cambio 16.
Y estos muchachos estan dejando a los politicos que hagan verdaderas barbaridades contra sus vidas y contra sus bolsillos, no pasa nada, cruzo la calle mirando el movil, que el paso cebra me proteje. Algunos creen que a base de oir las propuestas de los perro flautas, hay grandes verdades ahi escondidas, o que lo que la derechona tradicional les cuenta es lo mas conveniente, que los de derechas han sido siempre gente de bien, gente amarradas a las tradiciones, sean las que sean, que caben desde los meapilas, hasta los que te roban directa o indirectamente.
Lo malo es que como estas nuevas gentes que estan abducidas han dejado de pensar, que todo lo que no sea eso de estar en contacto, o de cumplir con lo que de diga facebook o twitter, o su pastelera señora progenitora, y que no genere un me gusta productor de endorfinas no les mueve, aceptan que tras dos inutiles masters de esos que se inventaron para que las listas del paro no fueran tan escandalosas, si tienes suerte o te vas del pais o sirves copas multilingues en los chiringos de turno a seiscientos chufos al mes.
Me temo que en estas condiciones, lo que nos queda es de nuevo tomar la iniciativa a los que en caso de que nos quede algun pelo, este sea blanco, y volver a poner las cosas en su sitio.
Que pocas cosas mas vergonzosas hay que el mismo pollo que nos dice desde su escaño que la pension de alguien que haya trabajado y cotizado por ello, lo mas probable es que nunca se pague, haya garantizado la suya de por vida a niveles por encima de las maximas del sistema general, con unos pocos meses de asistencia a cualquier camara de esas que pueblan nuestro viejo pais.
Me alegra constatar que los jubilatas salgamos a la calle, pero deberiamos tambien recordar que somos ocho millones, y si hay que echar a patadas al ppero, al perro flauta, al indepe, al ciudadano, (al sociata/bocata no lo pongo, que no necesitan ayuda para dejar de ser), se les echa en las urnas.
Y solo hay que recordar, queridos coetaneos, que conseguimos en su momento que unas cortes se hiciesen el harakiri, que fuimos capaces de crear una constitucion que esta durando mas, mucho mas que cualquier otra, que creamos un sistema que todo lo que necesita es una revision y una limpieza de bajos, que no es tanto.
Lo voy a tener en cuenta en las proximas elecciones, de lo que sea, que esto necesita pasar la revision de los cien mil kilometros, que no es casualidad que el bueno de Puchi, se aferre a la posibilidad de seguir, con sus conmilitones, chupando del presupuesto, y si una nueva estructura le faciita las cosas mejor que mejor,que la vida esta muy cara.
Asi que a pelear, por la pension de hoy, y sobre todo por la pension de la generacion que tiene la cabeza atascada en el teclado virtual de su smart phone, y solo reacciona cuando se siente fuera de cobertura.
Con su pan se lo coman

En la playa de Barcino, junto al mar.

 

Allá, en esa playa del que fue archivo de cortesía, es donde nuestro último hidalgo se cae del caballo, es donde el Caballero de la Blanca Luna devuelve a la realidad, que no a la cordura al gran Don Quijote.

Archivo de cortesía que solamente pone en la escena el decorado, con, seguramente esa Catedral del Mar a las espaldas, esperando que algún menestral o algún aprendiz, o algún judío de la calle Moncada se asome al templo, pase de largo, o simplemente disfrute de la arquitectura, es lo mismo.

Que al final en la playa de Barcino, el Bachiller se enfrenta a la ilusión, la ley natural se enfrenta al sueño, derriba al sueño, y devuelve al Bachiller y al bueno de Alonso Quijano a esa realidad de la que quizás, sin saberlo, habían pretendido escapar.

Y es que el sueño de Don Quijote, no es más que religión y fanatismo, ya que todo se concentra en mantener que su bella Dulcinea es la más bella mujer del mundo, y en esa defensa pone su vida, su honra, sus anhelos. Es esa imagen idolatrada, (por favor dadle el peso correcto a la palabra idolatrada, y relacionadla con lo que de fanatismo encierra), quien le lanza a los caminos, quien le lleva a intentar deshacer entuertos, contrafueros, ayudar al débil, defender honras, y por supuesto a confundir la realidad, una vez construida la propia que no debe ser puesta en duda.

El Caballero de la Blanca Luna, no hace más que oponer a la sinrazón del caballero de la Triste Figura, otra supuesta sinrazón, y el enfrentamiento no tarda en dar la solución, solución que es solo aparente.

Y es que cuando leo esa parte de la historia de nuestro Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha, no puedo por menos que leer en ella el paralelismo de la situación que se da en esa mi tierra, en donde un Don Quijote tiene el seso sorbido por la obsesión religiosa de la defensa irracional de su dama, y como consecuencia define su vida, y la de muchas de las personas.

El Bachiller, lleno de racionalidad, es quien acaba provocando la caída de Don Quijote, pero lo hace por la fuerza, como el rayo divino o lo que fuera hizo a las puertas de Damasco caer a Saulo de Tarso.

Pero cuando la irracionalidad es religión, el Caballero de la Triste Figura ofrece su cuello a la lanza, que prefiere la muerte a renunciar a reconocer la realidad de que su dama no es más que una mujer más del pueblo, que el ideal, la fe es lo importante, lo demás es terrenal, es para el villano.

Y sí, parece que la condena que se impuso a la irracionalidad del Ingenioso Hidalgo, de volver por un año a su casa, a su pueblo, a la, digamos legalidad, para que de esa forma se volviese a la cordura, lo que conlleva es la muerte.

Y a lo mejor, el intento de llevar a la cordura a los independentistas, a lo que conduce es a la cordura lo que inevitablemente conlleva la muerte.

Darte cuenta que tu dama es una dama más, que a lo mejor ni siquiera es tu dama, que ella no se ha enterado de tu pretensión posiblemente, puede tener como consecuencia la pérdida total de motivación para seguir viviendo. Y eso es lo que yo estoy viendo en ese sueño imposible que ha sido compartido en mi tierra, aunque el caballero de la Blanca Luna aún no haya derribado al caballero y le haya puesto una lanza debajo de la celada.

Y es lo que esperamos le ocurra a nuestro Triste Caballero Independentista, que alguien lo derribe con el amor con el que el Bachiller Sansón Carrasco lo hace, y que en el suelo, donde se despiertan los humanos de sus sueños, se le pida la promesa de reconocer la penitencia que se le impusiere, siempre sabiendo que en lo más recóndito de su ser eran gigantes y no molinos, que los galeotes eran gente honrada, y que quedan muchas ínsulas que gobernar.

Pero la literatura es lo que es, y la penitencia impuesta ha sido menor de un año, y no es suficiente, hay que hacer que nuestro Don Quijote reflexione, con ayuda, de lo que significa el transitar por caminos de ensoñación y arrastrar a la gente que te quiere. No sé si será posible, no lo parece, que la luz o el caballero que te desmonta como a Don Quijote, como a Saulo de Tarso, solo se le reconoce eficacia en las páginas de los libros.

Y parece que tendremos una segunda parte, que escucharemos el rebuzno de Sancho, que veremos pasar ese cortejo de sabios en procesión estrafalaria, que escucharemos los lamentos por los encantamientos que justificarán los errores que en los choques de realidad y locura acontecen.

Y recordaremos que el Bachiller necesitó dos batallas para devolver a Alonso Quijano el Bueno a la tierra de la cordura, que cuando fue Caballero de los Espejos, salió por las ancas de su montura al recibir el lanzazo de Don Quijote.

Y en las playas de Barcino, junto al mar, es donde se acabarán un día las batallas de esa ilusión quimérica que hace que se muevan las montañas…en los sueños, que en la realidad, para moverlas se necesita maquinaria pesada, dinamita, dinero.

Así que na vez vencido el Caballero de los Espejos, solo habrá que esperar que llegue el caballero de la Blanca Luna, y quedan aún muchos capítulos, muchas aventuras, muchas sinrazones, muchos esperpentos, muchos encantamientos, que veremos ir pasando poco a poco, mientras la economía de nuestro aseado Hidalgo merma a pesar de los buenos oficios de sus vecinos, mientras la belleza de la sin par Dulcinea del Toboso, va poco a poco trocando en Aldonza Lorenzo, con su bigote, con sus caderas anchas listas a parir lo necesario para llevar las tierras.

Dejar Barcino a pié, volver a sentir el contacto con lo cotidiano es lo que deberemos esperar en su momento, y habrá que echar las culpas a los magos que ejercen sus maleficios contra los sueños de nuestro Don Quijote, de nuestros inedepes.

Vale.

La cosecha del cincuenta

 

Que le digo yo a mi amigo, que en Rioja no fue de las mejores, la dieron “normal”, pero en otras cosas no estuvo mal la cosa, desde luego que no.

Y hoy mi amigo me ha hecho repensar la cosa, que no está nada mal eso de reconsiderar como se fue puliendo esa piedra bruta que somos todos y cada uno de nosotros.

Y es que le ha dado nostálgica al hombre, y mira que es leído, así que se ha puesto a pensar en cómo llegó hasta aquí, haciendo un repaso a sus lecturas de juventud. Y dice bien de juventud, que a estas alturas de la película no hay quien se meta ni con Balzac ni con Roa Bastos, que para pillar el nuevo matiz que se te escapó en su momento, casi prefieres cambiarlo por una buena siesta.

Dice mi amigo, y eso explica muchas cosas, que cuando Dany el rojo estaba por el “quartier latin” intentando desarrollar su carrera política mediocre e insulsa, el andaba a florete con Zola y su bestia humana.

Reconoce el shock que le produjo su lectura, y yo no puedo decir ni pío, que Zola nunca fue santo de mi devoción, pero si Stendal, o aquella Nôtre Dame de Paris, o los grandes rusos cuento a cuento o con un Guerra y paz o unos Karamazov para dejarte seco.

Y sí, nos llamó la atención y nos levantó la hormona aquellos Trópicos de Miller, o la buena de Anais Nin, sin olvidar que don Ernesto nos enseñó poesía con su viejo y el mar, o que como no había con qué para ir a San Fermín, nos creíamos que lo que nos contaba era más o menos la verdad.

Sí, los sueños del viejo suicida, nos enseñaron a soñar, como nos metió el viejo maño Sender en el mundo de Cagliostro, o de Roger de Flor, que lo de la guerra civil estaba muy cerca aún y las heridas todavía sangraban en casa.

El pensamiento elevado fuera del Ripalda nos lo ofreció Hesse, que Mann y su sanatorio antituberculoso, no me venía, que se me habían muerto un amigo y una amiga de esa cosa, y recuerdo ir a visitarlos a Torrebonica….pero eso es arena de otro costal.

No sé si mi amigo, ya se lo preguntaré, o no, que tampoco nos moriremos por ello, era de los que a la ciencia le llevaron Powells y Bergier, que a mí aquel Retorno de los brujos, o las historias de Lobsang Rampa, fuera o no un mecánico inglés, me animaron también por la senda del misterio, de lo oculto, de los símbolos, pero sin exagerar que uno siempre ha sido muy superficial, y tirando a frívolo.

Que si no hubiera tenido esa pizca en mi carácter hubiese acabado de catedrático de instituto, terror de los chicos brutos, y eso sí que no.

Pero a lo que iba, que a mi amigo parece que le enternecía eso de hacer una buena escudella en la chimenea, a fuego lento, con brasas de Zola, y mano de Biscuter, y a mí también, que siempre he respetado a las rabizas de Raval, que siempre han sido honestas y grandes pajilleras, oficio que tuvieron que desarrollar para calmar la marinería de la Quinta flota americana del Mediterráneo, pero es otra historia.

No recuerda mi amigo lo que significó para nosotros un poquito más mayores la llegada a los teatros de Sartre, con aquella Puta respetuosa o a puerta cerrada, o las luces de bohemia que Alonso nos llevó a las tablas.

Y es que fue también una forma de forjar nuestra personalidad, como lo fue aquel Novecento de Bertolucci, o en otro plano aquel tango en París que a los españolitos provincianos, y a mí nos dejaron con la boca abierta, y es  que el Ripalda habitaba aún en nuestros corazones.

Y dice mi amigo que lleva treinta años, desde que se separó de Gabo, de Borges, de Paz, de Asturias, de Roa Bastos, sin casi una oportunidad de llevarse un buen nuevo libro a la boca, un libro que le cuente la historia de la humanidad, sea cual sea el punto de vista del autor, y lleva razón, o casi, que en estas épocas de populismo lo fácil es sentar cátedra, y es que sueltas una, nadie la contrasta, se repite por las redes sociales un millón de veces, y ya tenemos una nueva verdad.

Bueno, cierto que hay excepciones, pero pienso que a lo mejor también fueron excepciones esos grandes autores que forjaron a estos rebeldes que somos hoy, aburguesados, sí, pero rebeldes, ¡qué coño!, que nadie se acuerda ni del Caballero audaz, ni de Pérez y Pérez por poner un ejemplo, que lo de José Mallorquí, o Marcial Lafuente Estefanía, lo discutiremos otro día, cuando hagamos la crítica a Corín Tellado.

Y yo le decía:

-Mira, me preocupa lo de mis nietos, que están abducidos por los juegos de ordenador, por la tele, por las redes sociales. Que para que lean algo, no sé qué nueva versión de Moby Dick voy a encontrar para ellos, que a los niños hoy no les atrae Huckleberry Find, que no les apetece cazar lagartijas, y si se manchan de barro les da la alergia a no sé qué.

En ello estamos, que el nuevo Pepe Carvalho es hoy el Inspector Mascarell, que Hercules Poirot no tiene nada que hacer frente al C.S.I. de turno, que Poe ya no inquieta, que Lowecraft no se entiende, no mola, no renta, que te diría un chaval de instituto.

Y como le he dicho a mi amigo, que debía estar cansado porque me ha dado la razón sin discutir, estamos creando, están creando la generación de humanos más manipulables de la historia.

¿Y qué?, ya saldrá un Mulo, como en la Fundación de Asimov (mi amigo no mencionó la ciencia ficción, aunque se lo disculpo) para destrozar en plan Sheldon.

Desde el pesimismo generacional, a lo mejor lo que intuimos los de la cosecha del cincuenta, es que como nuestros abuelos, no hemos sido capaces de descubrir como se va a pulir la piedra bruta a las generaciones hoy en formación, pero seguro que dentro de cincuenta o sesenta años, de alguna forma alguien exprese con cierta carga de nostalgia, que a las generaciones nuevas no es posible hacerles entender la simbología oculta en Star Wars, o en lo que significó el Caralibro, el Silbidito, o QuéApp, y no sabe como hacerles vibrar como sus abuelos vibraron leyendo a Conrad, a Stephen Wolf, o incluso a Umberto Eco.

Pero eso, si os empeñáis, lo discutiremos otro día.

Por el Tibet

Llegar al Tibet era uno de esos sueños que uno no puede dejar de cumplir, siempre que tus condiciones vitales lo permitan.
Y a mí me lo permitieron una vez que dejé atrás los valles del Buthan, volví a encharcarme en el valle de Kathmandu, con tiempo apenas de despedirme, no sabía yo que para siempre, de algunos de los espacios monumentales que me subyugaron en su momento, y que el terremoto que nos robó tanta y tanta maravilla, destrozó apenas cinco meses después de aquellos días.
Los chinos me llevaron a través de los Himalayas, que esta vez se mostraron esquivos, hasta un aeropuerto nuevo bastante alejado de Lhasa, que era donde confiaba en pasar unos días, sobre todo para comprender qué estaba pasando ¡más de cincuenta años después de la invasión china!.
Y como estoy muy mayor, no pienso entrar en esas cosas que son las guerras de cifras, la destrucción de culturas autóctonas ancestrales, se lo dejo a más doctos geoestrategas, de forma que solo diré que mi primera impresión fue la del disgusto que siempre me ha producido el choque con la cultura china.
Y es que donde me encontraba, en ese Lhasa mítico, el del Potala, el centro de la meditación budista, el templo de los templos, el “Palacio real”, de alguna forma, donde el poder religioso y el poder político y administrativo del Tibet, todo eso ya no estaba, quiero decir que lo que quedaba era la carcasa, que el espíritu de la cosa había pasado a mejor vida hacía ya demasiado tiempo.
Decir en China que algo se ha occidentalizado parece que suena a cuento “chino”, pero realmente es así, que llegué a un aeropuerto de provincias muy occidental, viajé por autopistas muy occidentales, crucé una frontera muy occidental, cambié yuanes en un cajero muy occidental, vi líneas férreas muy occidentales, y finalmente me metieron en un hotel chino, regido por chinos guarros como solo ellos saben serlo, pero a precios muy occidentales.
Es creo una de las consecuencias del siglo XXI, estamos rodeados de carcasas vacías del espíritu con que fueron construidas, y nosotros seres vacíos visitamos esos espacios sin la más mínima posibilidad de entender absolutamente nada de lo que realmente quiso significar el Potala, o la catedral de Reims, o incluso el Palacio de invierno de San Petesburgo. Hoy no son más que espacios vacíos llenos de turistas haciéndose auto retratos.

Hasta las interminables colas de peregrinos que llegan al Potala creo que llegan por una inercia de siglos, pero sin saber a qué van, quizás a un lugar de poder, quizás en busca de un consuelo espiritual que esperan encontrar entre las paredes, entre las paredes donde nos mezclamos turistas de todo el mundo, chinos que quieren desarrollarse también como turistas de los de móvil con cámara, auto retratos, cuenco de fideos o de arroz y cerveza, y los peregrinos que serpentean por toda la ciudad en colas kilométricas.
Y el Potala, la parte de la carcasa que me dejaron ver, me emocionó, ya que iba predispuesto a ello, no me había puesto aún el sombrero del escéptico ni del agnóstico, que fue creciendo poco a poco durante la visita.
Y es que como en tantos y tantos centros de poder que he visitado, sobre todo cuando se mezclan ambos, el poder religioso y el administrativo, se crea el espacio idóneo para la esclavización del ser humano.
Y junto al Potala el palacio de verano del Dalai Lama, más poder, más lujo, más oro. En fin, la historia del mundo, así que me quedo con la carcasa, recuerdo las historias del cambio de dueño sangriento que tuvieron los tibetanos, los coches occidentales que circulan por sus calles, con poco orden y menos concierto, así que ya que estoy en medio de una ciudad nueva del siglo XXI, pienso que lo mejor es cruzar la calle, visitar un par de templos “carcasa”, que andan por la ciudad, mirar el mercado, ya occidentalizado, y marchar tranquilamente a cenar a una especie de pub regentado por un holandés que vive aquí desde hace más de cuarenta años, y a saber qué tendría en la cabeza cuando se trasladó.
No pasa nada, te tomas tu hamburguesa de yak, una Heineken, pagas con Santa Visa, procuras que no te escupan por la calle mientras vuelves al hotel, y a otra cosa.
Pues no, técnicamente no está prohibida la religión en el Tibet, no pero su peso se ha reducido enormemente, y ha dejado de ser una forma de vida para muchos tibetanos que pasaban a formar parte de las “nóminas” de los monasterios, esos monasterios que hoy son carcasas vacías, repletas de libros, que posiblemente encierren un saber ancestral, que dudo mucho acabe siendo publicado, no apetece, no hay voluntad en el gobierno chino.
Y lo que se ha hecho desde Beigin, al final, es construir otra sociedad sobre la que existía, y no sé si el nuevo régimen occidentalizado, con valores diferentes mejorará la vida de alguien, la verdad es que tampoco me importa demasiado, salvo por el hecho de que ha sido realizado, al parecer derramando demasiada sangre.
Y hay un progreso material evidente. Nuevas gentes, que quizás puedan ser tachadas de invasoras, quizás nuevas hordas de funcionarios, quizás ratios relativos al bienestar de la ciudadanía se hayan mejorado, quizás formas ancestrales de vida estén llamadas a desaparecer. No voy a juzgarlo, veo una realidad que ni me gusta ni me disgusta, no es para mí, no voy a vivir allí, ni siquiera puedo decir honestamente que me importa, pues al final es cosa de individuos, y los pensamientos individuales se forman en función de la educación, o del adoctrinamiento que reciben, y al final la felicidad es cosa de cada uno.
Ellos verán, lo que yo he visto es un país invadido, una ciudad nueva, un palacio que es como tantos y tantos palacios que he visitado por todo el mundo, carcasas del pasado de las que ignoramos los más de los ciudadanos la razón de ser que tuvieron en su momento, ignoramos los símbolos que querían transmitir, ignoramos si esos símbolos estaban para mejorar las vidas de los más o para que los menos conservaran el poder.
sé si hoy son más felices que ayer, no sé más que si hubo una invasión esta fue cruenta, y eso es inaceptable, como lo fue la revolución de Mao, si hablamos de China, pero como lo han sido las invasiones europeas en América, o las otomanas sobre el imperio romano de oriente.
Hablamos de la historia de la Humanidad, y yo no sé qué decir.
Seguiremos en el Tibet, hablando de montañas, que también existen.

Lento regreso desde ninguna parte

De repente decides salir de tu tierra por aquello de que el viaje es lo que de verdad abre el espíritu, que lo que importa es el camino, que el a dónde se llega no tiene ningún valor, que esto es el juego de la oca, que si se cae en la muerte, no importa, el ciclo empieza de nuevo.
Lo de siempre, que la posada es la compensación del epicúreo, que en el pozo está Circe, y no siempre apetece salir de él, que hay charcos con ocas, que hay atajos, laberintos, alegrías y tristezas, todo evidentemente en función de nuestras expectativas y en función de lo que nuestro entorno nos depare.
Así que cuando coges la mochila y decides salir hacia no sé dónde para hacer no sé qué, parece, a poco que medites, que entras en el laberinto pero sin el hilo de Ariadna, que uno no es ningún Teseo, ¡diantres!, se te debería empezar a limpiar el alma de tantas y tantas cosas que de alguna forma te tienen apegado a esta maldita rueda de la fortuna y de la que creemos depender.
Pero empiezo a pensar que el viaje ya no existe, que todos estamos viviendo en el mismo entorno indiferentemente del punto geográfico en el que te encuentres, que es lo mismo estar en Mongat, que dicho sea de paso es mi pueblo, que estar en Katmandú, que no lo es, pero como si lo fuese, no dejas de estar abrazado a los detalles que te rodean, que te persiguen de Wi-Fi en Wi-Fi por todo el planeta.
Y es que uno no sabe como quitarse de encima esa cadena maldita que nos hemos colgado al cuello sin padecer un síndrome de abstinencia descomunal, que estar conectado es una forma de estar preso, de estar controlado, vigilado, escudriñado cada segundo de tu vida, y a cambio de que seas únicamente un contacto, un elemento pasivo de la publicidad y el márketing mundial que se compra y se vende a muy bajo precio. Pero tacita a tacita…. .
Y como consecuencia de ello, ya no viajas, vas de un sitio a otro, de déjà vu en déjà vu, y a cada vuelta de cada esquina sabes lo que te vas a encontrar, te lo ha enseñado el folleto turístico de turno, que te lo enseñó la tele aquel día, que el mundo es ya una puñetera balsa de agua contaminada donde la sorpresa, el aprendizaje está manipulado y dirigido por no sé quién, ni para qué. Pero poco importa porque a esta bitácora debe llegar uno llorado, que no estamos para amargar a la peña más de lo necesario.
Así, que a uno, cuando le venga el asunto ese de viajar, lo mejor será hacer un poco de introspección, que me han dicho que en esa zona no hay Wi-Fi, y que siempre puedes descubrir cosas que no estén a la venta en los folletos turísticos. Que en lo demás solo hay manadas de gente dirigidas por páginas de internet iguales, por guías turísticos iguales, o incluso por ti mismo, que no dejas de ser ya otro producto de este siglo veintiuno en donde los reductos en los que aún viven seres humanos son cada vez más escasos.
Y la cosa es que nos han modificado tanto que a lo mejor ya ni siquiera somos eso, seres humanos, que somos otra cosa y aún no nos hemos dado cuenta, porque a lo mejor aún no nos han implantado la sensación de que no sentimos, de que no soñamos como seres humanos sino como elementos controlados por a saber qué o a saber quién. Y si no controlados, al menos dirigidos, que la individualidad ya no está, ya no existe, ya no se lleva.
Y lo que decía, quieres ver la cuna de tu civilización y a lo mejor quieres también intentar sentir el aire que se respira en la colina de la Acrópolis, pero la sensación es de que ya no existe, se ha convertido en parte del gran parque temático que es este mundo, en el que hacerse un auto retrato parece ser lo único importante.
Sé que quedan aún muchos sitios en este mundo en los que simplemente late esta vulgarización de los caminos, ese poco interés de la masa en dejar de serlo, en buscar la individualidad, pero me temo que ese latido no es más que el preludio a su futura inclusión, que las cosas hay que hacerlas de forma escalonada.
Así me parece que va esta historia en la que todos nos subimos a los aviones baratos, con el móvil en ristre, que hay que decir a todo el mundo donde estamos, qué hacemos, qué comemos, qué….qué, nada, que al final están las cosas cada vez más vacías de significados trascendentes, de los que nos permiten ser realmente ser felices si no nos hubiesen implantado que la acumulación es lo único válido, y que debemos estar atados a la posesión de cosas que tienen los demás para que los balances sigan creciendo.
Parece que a la vuelta debemos ser indepes, o no serlo, y defender la posición con la violencia requerida, que los argumentos no tienen valor cuando se ha conseguido que uno a uno, los individuos que forman la masa, no sean capaces de razonar, de analizar, de deducir. Así que si aparece en Alemania un nuevo partido nazi, sea bienvenido, que es lo mismo, que nadie va a analizar nada, y las consecuencias están demasiado lejos.
Votaremos al Barça, votaremos al Bayer de Münich, o nos quedaremos en casa, que al final la cosa nos importa poco uno a uno, si lo analizamos, si lo estudiamos, cosa imposible por otra parte imposible para los pueblos occidentales que ya han sido intelectualmente abducidos.
Todo esto, al final hace que un viaje sea huero, al caminar por las vías que emanan de los teléfonos móviles que han sido llamados “Smart”, cuya traducción incluye “listo”, “astuto”, pícaro al fin y al cabo, y que nadie se llame a engaño, no son inteligentes, quienes lo son, son sus diseñadores, y los imbéciles, nosotros, que hemos puesto nuestras vidas en sus manos.
Con su pan se lo coman

Ilusión

A veces las cosas no son como parecen, y esa es la oportunidad que esperan aquellos que creen en la ilusión de crear realidades de las que valen para todo. Y a eso a veces le llamamos magia, a veces nos permite soñar, y también, a veces nos decepciona.
Pero eso es parte de la´vida, que la pasamos creyendo que es real lo que nos rodea, que es verdad lo que nuestros sentidos nos comunican y lo que nuestro cerebro procesa, pero me temo´que nada hay más lejos de la realidad, de esa realidad que normalmente es esquiva a nuestro entender.
Las lecciones más obvias y enriquecedoras las he recibido de los ilusionistas de escenario empeñados en hacer que nuestra percepción de lo que nos rodea esté tan lejos como se pueda de lo que en realidad está pasando. Mucho, mucho he aprendido de los corta modelos, de los micro magos, y de tantos y tantos profesionales que nos enseñan lecciones que luego no somos capaces de aplicar a nuestra cotidianeidad.
Y es que parece que todo lo que nos rodea es simulado, que está diseñado y presentado para que ese asombro y esa sonrisa que nos provoca el mago en el escenario, se transforme en actuaciones propias, que basadas en la ilusión, produzcan beneicios a terceros, y muy posiblemente perjuicios propios.
Pero no pasa nada, se diseña a poco un nuevo escenario que ilusione o engañe, y ya tenemos la siguiente fase en marcha.
Hoy escuchaba a María Teresa Esteban Bolea hablar sobre lo que significa, según ella, el reto de Corea del Norte a eso que hemos dado en llamar “la comunidad inernacional”, y ella pensaba que detrás de todo este follón no hay más que ilusionismo, que al líder coreano le ilusiona ser reconocido como un miembro de la comunidad nuclear, que así le dejan hacer cositas que hoy no puede.
Que a los chinos no les vine nada mal que sus ensayos los haga este pollo, que si no se le echan todos encima, que esto de proliferar armas nucleares es muy feo, y los rusos, ¡ay los rusos!, con sus ilusiones intactas de dar la sensación de un poderío que no sé si tienen, pero que el ilusionismo emitido desde Moscú´hace que veamos lo que unos y otros quieren que veamos. Una ilusión más, es como el mito de la caverna, no vemos siquiera las sombras en el fondo. Solo vemos las ilusiones que han sido implantadas por los ilusionistas.
Y a veces la ilusión es tan fuerte, que parece que es un sueño, como la vida, quizás, como la vida de esos niños que llegaron al Imperio de la mano de sus padres, a soñar con las ilusiones que la generación anterior, y ahora no son nada, o no serán más que un despertar amargo, después de décadas de no ser de donde son ni de donde quieren ser, y en tantas y tantas décadas nadie les ha hecho caso. Tito Trump corta por lo sano, o por lo menos eso cree él, quee a lo mejor no puede, que su deseo es una ilusión, que ve lo que no ve, que alguien le ha dicho que lo que es no es o es de diferente forma.
Y es que las ilusiones deben ser multifacéticas, las ilusiones deben moverse, deben ser inquietas, deben renovarse, van vienen. De hecho no existen.
Como no existe la ilusión de unos patanes cantando Els Segadors, y quitando la bandera de su país del hemiciclo donde se dirimen las ilusiones locales.
¿Qué hemos visto? La ilusión del que propone un juego, que te escamotea la sotica de bastos, la ilusión del Sastrecillo valiente, del matasiete, del que se cree lo que no es, el conejo que asoma las orejas desde el borde de la chistera.
La ilusión de que quizás algunos gobernantes hacen su trabajo, ese trabajo que consiste en apoyar a quienes les han elegido,´a quienes han cedido la administración del poder individual que ostenta cada uno de los ciudadanos a quienes deberían representar.
La ilusión que tenemos todos de entender el juego de manos, que es micromagia, ¿no te das cuenta de lo cerca que está la cámara de televisión. Míralo bien, fija tu atención en esa imagen, en esa secuencia de imágenes, que crees que es la realidad, pero no, es una ilusión, nada existe como lo sentimos.
Al final no hay nada, los sueños de los dreamers, no es más que una ilusión. Nada existe, una palabra en el Congreso o en el Senado´del Imperio, y la ilusión cambia de color. Ya no es San Francisco, es Puebla, es Guadalajara, es lo mismo. Que nada es real, que todo es lo mismo, que nada es, al final el sueño de los soñadores es otra ilusión.
Y en el Parque de la Ciudadela cantaban Els Segadors, con ilusión, con lágrimas los soñadores, con sonrisas veladas los astutos, y la´gente viendo el juego de manos, de las lecciones no aprendidas, de las lecciones olvidadas, aquellas de 1934, o aquellas que empezaban en Ellis Island, vales o no vales para ser parte del Imperio, que necesitaba policías irlandeses, que necesitaba maffiosi italliani, que alguien tenía que vivir el sueño americano, el de los “haigas”, el de la brillantina, el de la casita en la urbbanización essa tan mona desde que se ven en primera fila las explosionnes nucleares, con la ilusón de unas gafas de papel coloreado.
Iremos esta noche al autocine, y dejaremos que la película nos ilusione, o los brazos de la amiga, o hasta el helado, la´hamburguesa, el refresco de cola.
La ilusión que empezó en Cork, en Gdanks, en Brindisi acabó en las fábricas de Detroit, en las patrullas de policía de aquí y allá, en los cabs de la Gran Manzana. Los ojos cerrados. Que si empieza la ilusión en Puebla, en San José, en Ponce, hoy quizás el sueño acabe en Siicon Valley, de regreso al sur, con la ilusión de que algo sabes, de que sabes crear cosas, pero no existe la ilusión de que ouedas hacerlo tan al sur.
Y sigue la ilusión de acabar como Companys, abandonado a su suerte por los suyos, con el sueño intacto que nadie conoce , que lo que se vé es micromagia, que el fuego de la caverna nos lo distorsiona todo, pero la ilusión no te llena el estómago, y hoy a lo mejor se han roto ilusiones, y es que alguien, quizás, ha levantado el secreto del ilusionista.
De ilusión, no se vive, por mucho que nos lo digan los magos

La madre del cordero

La madre del cordero, que todo el mundo se niega a reconocer, es la que de verdad mueve los hilos. Puñetera obviedad, pero a veces de lo más obvio se destila la esencia de las cosas.
Y vamos allá, que todo esto viene a cuento de la visión que los paniaguados comentaristas de las emisoras de radio, a través de sus becarios sesentones de este veranillo te sueltan de cualquiera de los conflictos que están apareciendo por el solar patrio estos días.
No pienso ni mencionar nombres de ilustres habladores, ni de las organizaciones que los sustentan, que los que aguantamos somos los ciudadanos, y encima van y se te ofenden, que de pieles finas está el territorio lleno.
En la frontera del Tarajal, a la carrera se cuelan tropecientas personas que están dispuestas a darlo todo para ser encarcelados en Europa. Al parecer, hay cuatro o cinco policías de fronteras, de esos que están especializados en sellar pasaportes que de pronto deben hacer frente a la avalancha.
Sin formación específica, y muy a la española, intentan pararlos casi a empujones, y viene la organización supuestamente humanitaria y los tilda poco menos que de asesinos brutales, que usan técnicas dignas de las satrapías de las que los “invasores” andan huyendo.
Dejando a un lado las alegaciones de los sindicatos policiales, a esos pobres guardias se les va a caer muy posiblemente el pelo, que al Señor Ministro de la cosa Interior, no le revienta las vacaciones ni el Obispo de la Diócesis.
¿Y dónde está la madre del cordero?, aquí hay varias madres, a saber:
Una frontera con Marruecos con un paso de cerca de cuarenta mil personas diarias cruzándolo, simplemente para hacer contrabando, modesto, que lo necesitan los más para la humilde subsistencia que llevan en sus pueblos de origen en los alrededores de Ceuta, requiere algo más que cuatro o cinco guardias a turnos que a saber cómo son y con salarios que no creo que lleguen a los mil euros, trabajando en unas instalaciones casi tercermundistas.
Así que esta madre del cordero, que la alimente quien corresponda.
Que la siguiente se refiere a que el tal paso fronterizo es a la vez la frontera sur de Europa, y algo tendrían que hacer los socios para evitar que esta situación se diese año tras año, pero no es así, y a uno que después de mucho tiempo en este mundo, cuando le hablan de Blancanieves, siempre cree que le hablan de unos polvos para lavar la ropa. Una solución sería, quizás, enviar a todos los que nos llegan con un billete de avión a Bruselas, a Copenhagen, a Estocolmo, a Köln, a Normandie, y listo, que por esos pagos sí que atan los perros con longanizas.
Pero hay más madres del cordero, y es que al parecer al reino alauita, le soltamos una pasta gansa para que estas cosas no sucedan, pero también les deben soltar a una minoría de funcionarios corruptos los transportadores de migrantes.
A saber quién paga más, que el caso es que esa pobre gente, que se ve impelida a viajar por tener en sus lugares de origen vidas que ninguno de nosotros aguantaría más de diez minutos, son los que menos culpa tienen del tinglado siniestro alrededor de todo este asqueroso tráfico.
Y luego están las organizaciones que se dedican a “facilitar” esos tránsitos, y no hay más que ver los precios que se dicen requieren a los que posteriormente serán esclavizados, violados, asesinados, siempre según las informaciones que nos llegan, y a las que nadie al parecer pone coto, que es más fácil dejarles abrir cuentas en Gibraltar, Jersey, Ginebra, o donde sea, que utilizar recursos de occidente para perseguirlos de forma eficaz, que por cierto, se puede, seguro que en esta época de tecnología desbordada, se puede.
Pero sigue habiendo madres del cordero por ahí ocultas, algunas con siglos de existencia, que se remontan a cuando los europeos decidimos repartirnos África, esto pa ti, esto pa mí.
Y cuando la cosa de la soberanía en forma de provincia, de territoire d’outre mer, o cualquier fórmula de mierda que justificase el expolio, nos pareció poco vendible, pues se retira uno del poder ejecutivo, para transformarse en el poder fáctico.
Que a ver si los gabachos van a renunciar a las condiciones comerciales de expolio que mantienen con su Afrique francophone, o los belgas, o los alemanes, o hasta nosotros los iberos, sea en versión española o portuguesa.
Y me dicen las organizaciones humanitarias, que los cinco aduaneros españoles son poco menos que la policía de Idi Amin, que actúan con una ilimitada e inusitada violencia contra los doscientos que se les vienen encima.
Y me pregunto yo, por qué los comentaristas no claman una a una y por su orden con todas las madres del cordero, incluídas las organizaciones humanitarias esas, que sin el tráfico humano del que se quejan no sobrevivirían, que nadie les haría donaciones, ni en las colectas callejeras, ni los países que quieren lavar su cara, ni los bancos que más aún, ni siquiera las grandes compañías, multinacionales que prefieren se hable de lo brutos que son los guardias españoles, y no de los muertos del día de la explotación de Koltán, o del dinero que lavan gracias al comercio de lo que quieran, oro, diamantes, petróleo, Ferraris.
Así que no me mareen unos y otros con estas campañas hueras, que no son más que cortinas de humo para tapar los más innobles comercios que este fenómeno da en el mundo africano.
Así, que propongo, en primer lugar educar a la gente en origen, organizar de forma adecuada el reparto de la riqueza en origen, de nuevo, recordar a los países que toda esta gente atraviesa que está en sus manos evitar que esto ocurra, y si no lo hacen, es por razones económicas, ninguna otra. Ni religiosas, ni políticas, solo económicas para enriquecimiento de unos pocos que además, en demasiados casos, actúan de representantes o delegados de intereses occidentales.
Propongo también las inversiones necesarias para evitar que esto ocurra, pero no hablo de instalaciones aduaneras más sofisticadas o desplazar a la Legión al Tarajal, si no, de nuevo en origen, que no conozco a nadie que de alguna forma haya venido de esas tierras, y que no esté soñando en volver a su amado país de origen, claro que en condiciones dignas.
Así, que por favor, dejen ya de joder con la pelota, manden a esta gente en bussines a Estocolmo, y que les den allí lo necesario para llevar una vida digna, o en Marbella, que aquí también se está bien, aunque ese año muchos de los que están metidos en el negocio, no puedan cambiar el Ferrari.
¡A tomar por culo!

In memoriam de Don Antonio

Puestos a fastidiar, voy y leo en no sé dónde, un comentario, entre real y con mala leche, pero que realmente me ha gustado.
Y me ha gustado, porque trata sobre una de mis aficiones, a las que quizás debería llamar de otra forma, y se trata de la lectura.
Os puedo jurar que he leído mucho en mi vida, lo que evidentemente es poco, ya que me hubiese gustado leer diez o quince veces más, pero como ya comentaba el otro día, soy un niño disperso, que le gusta el vuelo de las moscas, y ver pasar por la calle, mientras me tomo mi cervecita, a las chicas de pollera corta, a los ganapanes encorbatados, o incluso a los seres anodinos, sea dicho y hecho todo en su orden, que estas cosas deben ser así, que con que se muevan ya tienen mi atención.
Y comentaba el pollo de mi lectura matutina cuales eran sus preferencias de estilo, y además el muy puñetero daba sus razones, con mala leche, pero las daba, que es cosa que, últimamente con eso de los ciento cuarenta caracteres, la peña suelta la parida, y te quedas “in albis” acerca de las motivaciones del aserto.
Vamos que el hombre mantenía que su pasión eran las obras cortas, esas en las que el escritor se esmeraba tanto, hacía todo con tanta delicadeza, que el solo hecho de imaginar que un lector se había saltado un párrafo, podría conducirle al suicidio, o a la febril corrección de todo el texto, ya que para el autor sería inconcebible que alguien no dejara de pasar sus ojos por ese trozo de su obra que le llevó días componer, y eran sólo tres o cuatro frases.
Yo recuerdo, en mi loca adolescencia, que pasé por el ejercicio más duro que un chaval puede pasar, y fue tragarme sin despeinarme aquella obra de Mijail Sholojov, “El Don apacible”, con sus cuatro tomos de cuatrocientas páginas, uno de los cuales se dedicaba a la descripción detallada de un batallón del ejército ruso que luchó en una de las guerras en Polonia.
O haberme tragado sin pestañear, la visión de Flaubert sobre el vestido de la señora Bovary, con la lógica consecuencia de la pérdida de algún empaste, que todo tiene sus consecuencias. Don Gustavo era así.
Y ahí sale la mala leche del comentarista de esta mañana, que este tipo de escritores lo hacen al peso, que si le compras “Los Campesinos” a Lazlo Raymond, estas pagando la descripción detallada de los campos de cereales polacos en otoño, o en verano, que a todos, menos al tal don Ladislao y a su editor se nos da una higa. Y si te lo saltas, te aguantas, que lo has comprado, te lo han vendido, han cobrado, y tú te llevas el detalle de las casacas del húsar invadiendo Polonia, los encajes del vestido de la Bovary, o el centeno polaco.
¡Haber escogido la muerte!, que diría mi hija.
Y lleva razón este muchacho, que parece que los éxitos de ventas, se cotizan al peso, que con menos de mil páginas te arrinconan en las editoriales, y no te digo en las estanterías, que los expertos en mercadotecnia, rápidamente te comentan que no se ven, que no son atractivos para el consumidor, que aunque nunca se lean quedan muy aparentes en “mueble” del salón.
Además sé de buena tinta, que para que te den el premio Nobel, salvo honrosas excepciones, o llevas en tu curriculum tochos en donde se describe con todo lujo de detalles y precisión lingüística el escroto del protagonista, en sesenta o setenta páginas como poco, o no te dan ni el Nadal, por decir algo.
Así que le daré la razón al comentarista que me ha dado luz en este asunto, mientras me quitaba la legaña, con paciencia, a la espera del desayuno y mi forzada presencia en el tee del uno.
La tiene, que el secreto de la literatura a lo mejor está en esa novela corta, en ese cuento largo, o en ese cuento exiguo, en, como decía Mozart, no falta ni sobra ninguna nota, majestad.
Así, que a pasear mi tiempo de lectura por esos partos de Juan Rulfo, extenuantes para el escritor, o por esos cuentos de Poe, de Bradbury, de Borges, o de Paz, que me es lo mismo.
Que en esas historias no puedes saltarte una letra, porque la necesitas para tu placer, que Chejov te lo recuerda, y hasta Cervantes te compone su gran obra como suma de cuentos, de aventuras independientes.
Y como las cosas son así, a veces, tendré que pensar en releer esas cartas desde mi molino, que nos dejó Daudet, o repasar los Cuentos de Canterbury, o el mismísimo Decamerón, evitando, siempre caer en las garras de Alessandro Manzoni, que lo de “Promessi Spossi”, parece que se escribió para que los estudiantes de seconda liceo, aprendiesen a sufrir.
En estos últimos meses, alguien que se cree que soy un erudito, me pidió consejo para iniciarse en la literatura, y mi decisión ha sido encaminar a la persona a la novela corta, al cuento, a que se lea el diablo en los infiernos, que se esconde en el Decamerón, que busque cuentos de Las Mil y una Noches, que descubra a Chejov, que sienta lo que hay detrás de esas piezas perfectas de Gogol, que se enamore de la leyendas de Bécquer, o que incluso navegue en esa pieza casi de ensueño que es “Toutes les matins du monde”.
Porque ahí, estoy seguro que descubrirá lo que significa el esfuerzo creador del escritor que quiere transmitir un mensaje a través de una obra de arte, no del pollo “llena páginas” que espera el Nobel, o el Nadal.
Y lo que digo, vale también para la poesía, ese arte que debe transmitir la música de la palabra junto al sentimiento que forzosamente ha de despertar en el lector, y ahí tengo que reconocer en los japoneses con sus Haikos son capaces de llegar a límites de sensibilidad increíbles, pero ¡cómo no!, y para reventar el artículo, diré que el poema que más me ha emocionado, ha sido el de un premio Nobel, que escribió la novela corta más bella que haya jamás leído, Platero y yo, más incluso que Le petit prince, que ya es decir.
Así que acabaremos con esa, para mí joya de la expresión poética, que el calificativo no es importante.
“No le toques más, que así es la rosa”
Brillante sumario de la oda de Horacio
Persicos odi, puer, apparatus,
displicent nexae philyra coronae;
mitte sectari, rosa quo locorum
sera moretur.

simplici myrto nihil allabores
sedulus, curo: neque te ministrum
dedecet myrtus neque me sub arta
uite bibentem.
Y vaya todo esto como homenaje a un gran hombre que nos dejó las más bellas estrofas escritas en el siglo XX, en el ciento veinticinco aniversario del nacimiento de Don Antonio Machado.
Por él.