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Saber oculto

Hay veces que me planteo si esa afición mía, modesta desde luego por conocer los secretos que esconden los arcanos es algo que realmente tiene sentido o no.

Y verán ustedes cual es la cosa, que no es otra que esa necesidad de saber, de conocer que es lo que hay a mi alrededor, pero no solo lo que me enseñan, que eso es siempre una información interesada, bueno, casi siempre, sino aquello que forma parte de lo que hemos dado en llamar saber oculto.

Que tampoco sé muy bien que quiere decir eso, pero para empezar nos entendemos, o al menos lo creo, que cuando uno empieza a navegar por los secretos del universo, al final se encuentra con más preguntas que cuando empezó, y desde luego al ser un terreno tan resbaladizo las puertas de la especulación y de la “boutade” se abren de par en par.

Porque los hay que me cuentan que la Esfinge de Gizah a lo mejor no es egipcia, que es anterior a la formación del pueblo de los faraones, que me hablan de hace diez o doce mil años, y seguramente es cierto.

Lo que ya me empieza a preocupar es que esa tecnología que dió para levantar al león con cara humana, seguro que permitió otras muchas cosas que desconocemos. Que también me dicen que llovió mucho aquellos días, y a lo mejor es cierto, que en la mayoría de las culturas de las que tenemos alguna noticia, siempre se habla de agua anegándolo todo.

Pero no sabemos qué pasó, y como los habitantes de la caverna andamos como locos mirando las huellas de las sombras para discernir si detrás de este o aquel símbolo hay un significado que esconde un hecho que solo pueden entender los iniciados.

Que tampoco crean ustedes que entiendo muy bien esa historia de los iniciados, fuera de diferenciarlos algo de los lerdos, aunque como las cosas van ahora por especialidades, uno es un lerdo en latín, pero conoce como nadie los secretos de la formación de los Continentes, por ejemplo.

Y sí, los iniciados parece que requieren superar una ceremonia, como la Reina de Inglaterra, que siguió un rito iniciático ancestral como sus antecesores, sin ir más lejos, o cualquiera que entre en la carrera eclesiástica, o supere el examen para catedrático de instituto, terror de los chicos brutos.

Lo que ya se me escapa, es si existe tras las ceremonias de iniciación, con toda su simbología colgante, un acceso al conocimiento de todo aquello que formando parte de nuestro mundo se nos oculta.

Me temo que no, me temo que es el disfraz de la mona, que aunque se vista de seda, mona se queda, y eso que no cesan de recordarme que existieron, personajes que sí alcanzaron esa luz con la que iluminaron, para ellos claro, lo oculto.

Que si Hermes Trimegisto, que si Cagliostro, que si Newton, bueno la lista no es muy larga, y la verdad es que en mi ignorancia no entiendo si realmente la iluminación que les llegaba daba para conocer todo el entorno de sus vidas, o eran otros habitantes de la caverna quizás un pelín más espabilados.

Y luego los símbolos, los gestos simbólicos que hasta donde vengo sabiendo para poco más que reconocer si alguien es miembro de este o aquel club de poco más sirve.

Que los Templarios tenían sus símbolos, claro que sí, arquitectónicos, de uniforme, de pensamiento, y hasta ese supuesto Bafumet, que muy bien nadie me ha podido explicar qué diantres era.

Pero en todos los grupos humanos la simbología existe para diferenciarse del resto, para reconocer a los acólitos, y sobre todo para que al conocer su significado ahorremos tiempo y esfuerzo al querer transmitir una idea.

Y realmente me parto de risa cuando veo que ahora a los símbolos hemos dado en llamarlos emorticones, y nos sirven para lo mismo que cualquier marca de cantero, para decir algo, pero solo a quien pueda entenderlo, que a los demás les importa un pepino la fiesta.

Como me encuentro dentro del grupo de los ignorantes curiosos, me muero por descubrir las vías del saber oculto, que el que se emite en abierto, más o menos, parece estar al alcance de uno. Sin embargo no hay forma, que ni siguiendo los programas de misterio, ni leyendo a Ceram, ni visitando Persépolis, o bajando el Nilo desde Assuan hasta Alejandría, o buscando las construcciones mayas que se esconden en la selva, no soy capaz de ver más allá de construcciones, símbolos de piedra, que hasta cierto punto puedo hasta interpretar, pero realmente no me llevan al conocimiento del saber oculto.

Seguramente me diría mi amigo el filósofo que no me preocupe demasiado, que al final el hombre lo que ha querido siempre ha sido comer todos los días, dormir ocho horas y sobre todo transmitir sus genes, y esas cosas del conocimiento oculto posiblemente no sean más que formas de hacer ese camino del ser humano.

Que las grandes preguntas que nos hacemos los seres humanos siguen sin la respuesta, no sabemos qué hacemos aquí, no sabemos de dónde venimos, no sabemos a dónde vamos, no sabemos quién nos ha fabricado, o qué diablos significa eso que llamamos alma, inteligencia, ni siquiera si ha sido creada con un fin distinto al que creemos.

¿Qué le vamos a hacer?, las cosas son así, y reconozco que me encanta buscar entre los signos que se esconden en el Zohar, o en las páginas de Cretien de Troyes, que me encanta identificar los símbolos de la alquimia o entender el alma de los cátaros.

Pero no hay forma, al final veo el símbolo, veo el mensaje que me envía quien lo dibujó o esculpió, pero sigo sin saber qué diantres hago aquí fuera del devenir cotidiano de acontecimientos, ni a donde voy a ir, y no me parece que en Hermes o en Cagliostro, o en los libros de los muertos egipcios o chinos aparezca realmente la vía de nuestra trascendencia si es que acaso existe.

No voy a marear más, pero si alguno tiene las claves del saber oculto, por favor hagan de mí un gnóstico, que a mí solo no me sale.

Dándole a usted las gracias anticipadamente por su ayuda, aprovecho la ocasión para hacerle legar mi más atento saludo

 

El tiburón toro

Estos calores caniculares me recuerdan a uno de mis paseos por Brasil, tierra compleja donde las haya, tanto que no me atrevo a decir esa bella tierra, ya que el hombre es parte del paisaje y aquí el hombre, el ser humano es, en su mayoría la parte triste del paisaje.

Y quiero rememorar uno de esos momentos que no se le olvidan a uno, paseando por la playa en Recife, una de esas playas integradas en la ciudad, como Copacabana o la Barceloneta, sin ir más lejos, donde la gente estaba disfrutando del día, o de un rato del día.

Que había de todo, como tiene que ser, los que estaban allí en plan “me he escapado una horita a pegarme un baño”, hasta los que parecía que vivían allí. Unos jugando a fútbol ¡Cómo no!, o tostándose, a pesar de tener tonos de piel entre mulato y negro, que la provitamina hay que pillarla, y el cáncer de piel, también.

Otros en el agua, como debe ser en una playa, claro, siempre y cuando no tenga carteles cada diez metros donde te avise de que hay tiburones toro en la zona, y que por lo visto muerden a la que te descuidas.

¡Ya pero no hay problema!, me dice una garota, que aunque no era como la de Vinicius y Antonio Carlos, para la información ya me valía:

-Las autoridades exageran.

Y fue dar una de esas miradas displicentes que tan bien me salen a mi alrededor, para ver en lo que me alcanzó el gesto, no menos de cinco personas con mutilaciones graves, y uno con unos costurones en la espalda que cortaba la respiración.

Y ahí pensé, esto es Brasil. La gente en la playa, jugando y bañándose, ignorando, a pesar de las advertencias del peligro que les acecha si meten un pie en el agua.

Un entorno paradisíaco, que, luego me enteré, la desidia de la administración, la ignorancia, y posiblemente la codicia de algún empresario, había sido uno de los responsables de que ese peligro estuviese acechando a los ciudadanos.

Y es que el tiburón toro, tiene la mala costumbre de poder vivir también en aguas dulces, mire usted, y en un río que desemboca al sur de la ciudad, se construyó un matadero de reses, para las barbacoas de Rodizio, digo yo.

Y como no les venía nada en el libro de procedimientos, decidieron tirar directamente al río sangre, y vísceras sobrantes, con lo que el tiburoncete dijo aquello de “a bodas me convidan”, y sentó una colonia bien alimentada, que se dedica ahora al noble arte de llevarse por delante a cualquier bañista que se descuide.

¡Ah!, y además por error, que a estos toros no les gusta la carne humana. Vamos que los habitantes de Recife son eso que ahora se llama “víctimas colaterales”.

Y el paisaje brasileño, en esa mezcla de política, empresariado no demasiado escrupuloso, sol, juventud, falta de formación en amplias capas de la sociedad, riqueza mal repartida, lo que acaba ofreciendo es un panorama en el que hay que buscar la salida a la vida diaria con la mayor carga de diversión posible, aunque se te lleve por delante un tiburón.

Ya sé, mis queridos lectores, que todos ustedes captan el matiz de que estoy en medio de una generalización apta para que quepa en ella cualquier comentario, crítica o desacuerdo, pero ¡coño!, algo tendré que decir en mi bitácora, que a los de Podemos a lo mejor no les ponéis verdes con el rollo populista, y yo aunque no sea como ellos no soy menos.

Baremboim se me acaba de colar en el aparato de música, y aparece, venida del cielo, esa Manha de carnaval, y de nuevo esa tristeza en medio de la celebración de la fiesta, que parece no hay forma de que la alegría sea completa. Como esa “Tristeza nao te fin felicidade si”. La favela, la vida dura que necesita defenderse del político, del empresario poco escrupuloso, del tiburón toro, al final, que por mucho Cristo de Corcovado que acoja a sus hijos, hay que sobrevivir, y el precio es una pierna menos, un mordisco en la espalda, como tributo al toro, al tiburón toro.

De Sao Luis a Manaos, de Manaos a Brasilia, de Brasilia a Sao Paulo, a Bahía, a Fortaleza, a Os Lençois maranhenses, ese Brasil nos quiere enseñar una lección de vida, que a mí me encantó recibir en su momento, que en Carnaval se baja al infierno a salvar a lo que se ama, y que al final las cosas, los hechos son efímeros como esa semana al año, como esa hora en la playa de tiburones.

Que lo que nos queda fuera de ese escaparate es la lucha por la vida, en toda su crudeza, y a ser posible cerrando los ojos a las aletas que vigilan tus brazadas, porque en caso contrario no se puede vivir.

Lección me llevé de cómo hay que adaptarse al entorno que nos rodea, que el seguir las indicaciones de los protocolos, al final hace que no te arranquen un brazo los tiburones, pero hace que tu vida tome la total conciencia de lo miserable que es, y eso duele más y por más tiempo.

El carpe diem recifeño no se me ha de olvidar, y es que si hay que pagar el precio del ataque del escualo se paga, pero sin correr el riesgo, la vida pierde buena parte del sentido que hace que valga la pena vivirla.

Brasil, del que volveré a hablar en cualquier momento, sigue con su vida política convulsa, con sus listas de corrupciones, con su economía poco segura, con su camino en definitiva que van recogiendo las noticias, con escaso o nulo impacto por nuestra piel de toro, que si Roussef, que si Da Silva, a quién le importa, esos son los tiburones que navajean por el petróleo de Sao Luis, que vacían la Amazonia de sus recursos forestales, y sobre todo con su gente, que viviendo en el manglar, en su favela, en donde, en definitiva hayan caído por aquello del destino.

Y a mí lo que me toca es no olvidar la lección de vida, no olvidar que en el fondo el saber que hay tiburones, pero que no importa, que la vida es siempre un riesgo, es la mejor forma de enfrentarse con el camino que tenemos por delante.

Con su pan se lo coman

El clon humano

Mi amigo Pepe es un clon, y no sé si lo sabe, aunque eso tampoco importa demasiado, ya que si lo es y está bien diseñado la felicidad la tiene asegurada.

Y es que uno de mis amigos, de esos que no son unos atorrantes me hace llegar un trabajo de la revista del MIT, “Technology review” en donde parece que se afirma sin destellos de rubor que la tecnología capaz de clonar humanos está cada día más cerca.

El artículo, de forma muy hábil en mi modesta opinión, se lanza al corazón del lector afirmando que el hecho de clonar la mascota de Barbara Streissand (40.000$ la broma), hizo feliz al personaje, o que la señora que clona al perro de su hija suicidada de forma que los primeros latidos del clon coincidan con el nacimiento de su hija y el alumbramiento del perro sea en el mes en el que la muchacha se suicidó. Todo muy americano ahíto de dinero, y que pone sus sentimientos en la búsqueda de señales que le indiquen que la nena suicidada sigue viva.

Claro, todo antes que intentar el necesario ejercicio de introspección y acotar la culpa que unos padres puedan tener en el suicidio de una hija. Pero dejemos eso a un lado, que a la pregunta de que si volvemos a preocuparnos por el tema de la clonación humana es adecuada a nuestros tiempos, desgraciadamente tenemos que contestar de forma afirmativa.

Si la técnica ya disponible puede hacerse realmente eficaz, y para ese viaje no se necesitan demasiadas alforjas, el hecho de que empiecen a clonarse humanos es cuestión de tiempo, solo cuestión de tiempo.

Mi amigo Pepe, es un clon, y no sé si es consciente de ello, a lo mejor si lo fuese aparecería con esa cara de miedo y sorpresa de los monos clonados por la Academia de Ciencias Chinas, Qiang Sun y Mu-Ming Poo, que recomiendo busquéis. Y digo que no lo sabe porque es mil millonario, y viviendo esa vida de poder y lujo quiere repetirla, quiere repetirla con la esperanza de que seguirá siendo él, cuando se haya ido, y su él será eterno. No sé si se habrá dado cuenta que en la formación de las personas, no solo influye la definición que nos dan los genes, sino que existe una expresión de los mismos condicionada por el medio en el que los desarrollemos, que los gemelos univitelinos, son dos personas, no una sola con dos cuerpos, aunque muy cercanas, desde luego.

Mi amigo Pepe es un clon, eso sí, es un clon con suerte, es un clon milmillonario, y está pensando seriamente en utilizar las ventajas que le da la tecnología para clonar a los obreros de sus minas africanas al aire libre, o a mil metros bajo tierra, que no me acuerdo, y que tampoco importa.

Porque mi amigo Pepe, que es un clon, es todo corazón, y se ha dado cuenta del hecho de que sus trabajadores sufren, y su amigo el genetista le ha dicho que está en su mano eliminar ese sufrimiento, que la tecnología se lo va a permitir si no lo ha hecho ya.

Y manos a la obra, que a la hora de diseñar casi todo es posible, y eso del win-win, es estupendo.

-Lo más importante es diseñar un obrero con las modificaciones genéticas adecuadas, como se hace con los tomates, como se hace con el maíz, y el obrero debe ser fuerte.

-Además si reducimos genéticamente su necesidad de ingesta de alimentos, o reconducimos su aparato digestivo para que pueda obtener su energía de fuentes muy baratas, ahorramos un pastón que va directo a la línea de resultados.

-Esa historia que agobia ahora al señor Macron, con la empresa pública francesa dispuesta a parar el país por un quítame allá esa reivindicación sindical, es fácilmente extirpable del cerebro del clon, con eliminar todas aquellas capacidades cerebrales que no estén directamente dirigida al fin de la extracción de coltán a cielo abierto, problema resuelto. Una maravilla.

Y así te ahorras el problema de los derechos laborales, que si le añades la no necesidad de vivir bajo un techo, o la necesidad de ducharse, por ejemplo, vas reduciendo costes.

Puede ser una maravilla, que con un par de capataces puedes controlar toda una explotación de gente sumisa, que jamás van a discutir nada.

Claro que el capataz, mientras no se haya desarrollado un robot capataz, mientras sea humano a lo mejor, como Pepe, que es un clon y creo que no lo sabe, tiene sus necesidades sexuales, de diversión, de distracción, y poder desarrollar un clon de servicios sexuales ahorra tiempo esfuerzo y dinero. Es maravilloso lo que el progreso puede hacer por nosotros.

Lo más maravilloso de todo esto, es la ausencia de frenos morales, ya que si eliminamos los genes del dolor, de los sentimientos, o incluso, si los hubiera ¡del alma!, ya no sería un ser humano lo que tenemos delante, y establecer normas legislativas que nos permitan hacer lo que nos dé la gana con los clones, ¡que no son humanos, colega!¡que no sufren, que no sienten!.

Ya vamos por la fase embrionaria, pero lo estupendo que sería tener clones para trasplantes de órganos o para que firmen la hipoteca en vez de nosotros, y si la cosa sale mal que empapelen al clon ¡Yo qué sé!

El diseño seguramente irá ligado a la función que al clon se le asigne, que no es lo mismo un clon minero, que un clon juguete sexual o doblador de series de series de televisión. Que por clonar clonamos al Puigdemon con características especiales que soporten la cárcel, y al de verdad lo enviamos a las Bahamas o al Parlament, que total da lo mismo.

Mi amigo Pepe es un clon, y yo soy otro clon, y me temo, que tú, querido amigo lector, no te has dado cuenta de que también lo eres. Quizás no seamos clones de esos que a partir de una célula embrionaria mezclada que no agitada, con una célula de la piel nos den un calco nuestro, pero siento que cada vez me parezco más a un clon, que reacciono como quieren que reaccione demasiadas estructuras poderosas, lo que sin que la genética garantice al cien por cien la reproductibilidad de nuestra respuesta no deja de ser un error en el diseño de la técnica utilizada hasta ahora, y un área de la productividad francamente mejorable.

Voy a ver cuál es el mensaje que debo atender ahora, que estoy recibiendo impulsos y debo comprar un nuevo teléfono inteligente de nueva generación para enviar twits, y dar al me gusta del Facebook.

Que nos sea leve

 

Credo in unum Deum

La Existencia de Dios

Hace nos meses, un amigo, me hizo la pregunta que debía hacerme, después de años de relación, acerca de si creía o no en Dios.

Me dio la sensación de que se esperaba, a pregunta tan incómoda, una respuesta simple, casi un sí o un no, que no se trataba en medio de la cerveza que nos estábamos tomando en la cafetería de aquí al lado, comenzar un análisis acerca de problema tan discutido, tan lleno de interrogantes, y tan contaminado por montañas ingentes de intereses religiosos y políticos.

De forma que eché mano de lo que aún quedaba de mi inteligencia de niño de barrio obrero, y le solté que estaba muy de acuerdo con el acercamiento tomista de la tal cuestión, que uno andaba con ganas de pasar el examen que el señor que tenía delante, con aspecto de profesor universitario me estaba planteando, y sí, parece que raspado, pero saqué el cinco pelado. Que lo que le solté no impidió que nuestra amistad siguiera.

Ahora, de ahí a renunciar a la comprensión de la idea de Dios hay un paso de gigante, y yo no estoy dispuesto a quedarme sentado en el sillón de casa, amparado en mi fe, sea ella la que sea, y no darle al cacumen constantemente para ver qué puede aportarme nuestra sociedad a la hora de llenar de contenido el concepto de Dios, con elementos que estén fuera de la fe, es decir, con argumentos de los que la ciencia nos puede dar, con argumentos que la razón pueda aportarnos, y así tratar de unir con un buen pegamento ambos dos y reforzar la creencia en ese Ser Superior.

Hasta donde entendí yo la cosa de Santo Tomás, el hombre no andaba desencaminado, que de alguna forma ese era su camino, buscar argumentos difícilmente refutables a la hora de construir sus cinco postulados que nos legó en su Summa Teologica y que no voy a repetir, pero que con los matices que uno quiera, incluyendo los avances de la física y del razonamiento matemático, siguen teniendo su intríngulis.

Leyendo aquí y allá, escuchando a este y aquel, me pongo a pensar en varias cosas, y todas me inquietan.

La primera es que si entendemos la idea de Dios como la de un ser único y Supremo, debemos aceptar que en el caso de que aceptemos la existencia de Universos paralelos, o Multiversos, al menos deberíamos considerar una especie de multitarea divina, realizada además fuera del Multiverso, que para crear algo, hay que hacerlo desde fuera, que si eres parte, alguien te ha creado.

El concepto de crear es tremendamente difícil de entender para mí, si por crear entendemos que de la nada (que por cierto ya es algo, que si no, no sería siquiera mencionable como concepto) pueda obtenerse algo, así que aceptaremos la idea ramplona de “La Nada”, e intentaremos navegar con esa carga.

Pero me dicen los físicos, que esto en donde nos movemos ahora, proviene de un estallido enorme que vino a darse hace más de trece mil quinientos millones de años, lo que conlleva que dos de las cosas que venían en mi libro de segundo de bachillerato se me hunden por la base:

La primera, la idea de lo infinito del Universo, que si todo salió de una partícula llena de energía, el límite está en esa energía.

La segunda, y no menos importante, es que si el origen fue esa partícula de energía, la cosa ya no viene de la nada, a no ser que empecemos a dar vueltas a lo que había antes de la gran explosión, a como se formó esa energía, de dónde procedía, y sobre todo por qué estalló, y Quién la hizo estallar.

Ya lo veis, estoy muy tomista a la hora de buscar un algo creador, que a todas luces siguiendo por ese camino, se necesita para cuadrar la ecuación que antes de antes debió haber un antes, y podemos, usando esa herramienta tan burda que se llama lenguaje llamarlo como queramos.

Dejemos por un momento los multiversos, para que no me líe yo mismo, y vayamos a este Universo en el que estamos, pequeño, finito, y con visos de tener un final, cuando la energía del gran estallido se haya agotado. O no se agota, que en su transformación entrópica volverá a la gran implosión y en unos cuantos años la cosa volverá a estar a punto de estallar y ¡venga! A comenzar de nuevo. No lo sé.

Pero toda esa explosión-implosión, si la cosa va por ahí…¿necesita un ámbito en el que producirse?, quizás no necesite ubicación física alguna, me cuesta entenderlo, pero a lo mejor mis amigos matemáticos se ponen un día y me lo pueden explicar. Y es que a lo mejor el gran estallido se produce en el ámbito de una parte de otro universo, que por cierto, la tal palabra “Universo” se me hace de difícil comprensión, y es que, en mi ignorancia, la circunscribo al supuesto ámbito del gran estallido que andamos cabalgando, pero, me parece que la cosa supera ese ámbito.

Otro de los puntos tomistas es el orden, y sí, parece que existen normas que se cumplen dentro de ese estallido de energía inconmensurable, que el cloro y el sodio reaccionando adecuadamente, dan un producto salado, que se comporta siempre que se den las mismas condiciones, y de la misma forma tantas y tantas acciones dan de forma inequívoca reacciones idénticas, medibles, y reproducibles. Así, parece que hay un orden, y si hay un orden hay alguien que lo diseña, dice Tomas de Aquino, pero, ¿y nuestra ciencia?, ¿ha llegado al punto de definir al diseñador del orden, o está en ello?.

Matemáticos que han navegado esas aguas, te dicen que hay demasiadas incertidumbres para aseverar que realmente se necesita un diseñador, pero de la misma forma te comentan, y publican, que hay demasiadas incertidumbres para afirmar lo contrario, así que dejamos la cosa a lo que cada uno de nosotros pueda creer.

Y con ello parece que volvemos al tema de la fe, que hay una falta de conocimiento científico que pueda explicar el asunto, y es que en la historia del conocimiento del Universo, hemos ido ampliando el entorno a medida que nuestro conocimiento científico iba avanzando. Que de considerar Universo al bosque donde estaba nuestra tribu primigenia, fuimos ampliando y lo que parece que se creo fue la Tierra, luego hubo planetas, galaxias….partícula primigenia, más universos, y seguiremos así hasta que  algún día quizás lleguemos a la comprensión de qué diantres es todo este entorno en el que nos movemos.

Cuando los mitos y las tradiciones nos dirigen hacia ese Padre con barbas que navega por el techo de la Capilla Sixtina, o a los dioses funcionales que nos llegan de tantas y tantas culturas, de alguna forma nos transmiten a través de ese símbolo la idea que desde estas líneas estoy intentando racionalizar, de forma desde luego muy poco efectiva, que en ninguna nos habla de quién crea al Dios primigenio, que esa es la verdadera X de la cuestión, y los conceptos de infinito, de eterno, quedan siempre circunscritos a un casi infinito y un casi eterno, cuando nos referimos a la Creación Primera, que está fuera de nuestra capacidad el comprenderlo, o al menos de la mía, y ojalá recibiese esa luz que me hiciese pasar de agnóstico a gnóstico.

Sin embargo, el pensar que sin “nada”, sin esa fuerza primigenia, o esa voluntad, o esa energía nuestro entorno haya devenido en lo que en el momento actual, en este instante estoy percibiendo, ( a saber qué perciben otros de mi especie), es para mí de difícil comprensión. Es por tanto una indeterminación lo que está en el origen, y a partir de ahí, unas leyes que vamos descubriendo poco a poco, y que posiblemente acaben llevándonos a un conocimiento de lo que hay.

Y por tanto tengo que acabar con el recurso de la fe, o de la hipótesis más plausible de que Algo hay, que no sé qué es, y que desde luego está lejos de las interpretaciones que los diversos credos religiosos dan a sus fieles a través de las imágenes estereotipadas, pero necesarias para que esa idea de Dios se pueda convertir en un elemento útil para la vida de los Seres Humanos.

Ahí queda eso

El pensamiento independiente

La gran tentación hoy es ponerse a pensar en cosas de esas relacionadas con el tema de la mujer trabajadora, y demás, pero como creo que en demasiadas ocasiones ya manifesté mi posición y esta no ha cambiado, dejaré hoy al coro de los grillos su espacio, que mi respeto, mi admiración sobre el papel de la mujer lo tengo claro, y además bien demostrado con hechos, ya que cuando tuve la ocasión, en la empresa que dirigí, siempre hubo igual número de mujeres que de hombres, mis dos colaboradores más cercanos, fueron mujeres, y los salarios de cualquier persona en la compañía siempre fue determinado por el puesto a cubrir, independientemente de quien lo cubriese, y esto ya pasaba en mi entorno hace más de treinta años.

Así, que pasaré del tema, y me centraré en el comentario que un amigo me ha hecho llegar con una de esas frases de calendario Myrga, de los de toda la vida, que te daban la frase del día, el santoral, y quedaba sitio para lo de “reunión de consejo a las doce”.

La tal frase, atribuída a Anatole France, dice algo así como que “la independencia del pensamiento es la más orgullosa de las aristocracias”.

Total nada, que la tal frase nos deja a todos a los pies de los caballos, que no conozco a ningún aristócrata, o si lo conozco, no se me ha mostrado aún, que eso de la independencia de pensamiento no logro encontrarla en estado puro.

Que desde luego, a veces nos creemos que pensamos de forma independiente, pues sí, pero nada más lejos de la realidad, que el único que he pillado en la literatura podría ser el buen salvaje de Rousseau, antes de integrarse en la sociedad, ya que en el momento de hacerlo, su pensamiento dejó de ser suyo, ya que según creo recibió la contaminación de la sociedad, aplicando a los retos y propuestas que iba recibiendo, en principio sus normas luego con el paso del tiempo las cosas se fueron haciendo más dependientes.

No creo que exista en las sociedades humanas el pensamiento independiente, ya que la formación del pensamiento depende de nuestro entorno, y de nuestra necesidad de desarrollarnos dentro de una sociedad estructurada.

Cosa diferente es el poder escoger, frente a un dilema, el esquema que consideremos más adecuado, de entre los que se nos ofrecen, o que la opinión que demos ante este o aquel tema sea influenciado, o incluso dirigido por este o aquel elemento de respuesta que la sociedad haya puesto a nuestro alcance.

El ser sin influencias, no existe, no puede hacerlo, ni siquiera Kaspar Hauser, siempre hay un entorno al que adaptarse para sobrevivir, y es ese entorno que te influencia, te dirige, y por supuesto te arrebata cualquier atisbo de independencia.

Hoy en día, desde luego, la independencia de pensamiento se ha puesto por las nubes, parece que el mundo occidental definitivamente ha tirado la toalla, se ha rendido.

Porque ya la cuestión, directamente es descubrir cómo quién piensas, no cabiendo la primera persona en la respuesta, y lo que es peor, cada vez son menos las opciones a disposición, que el mundo es de derechas o de izquierdas, que eres capitalista o anticapitalista, que eres seguidor de no sé quién en el puñetero “silbador” o en el tal “caralibro”, y desde luego, pienses los que pienses, sigas a quien sigas, creas lo que creas, todo habrá sido debido a que la campaña de márketing de este o de aquel habrá conseguido venderte su producto.

Y eso es algo que viene desde la más tierna infancia, que educar no es más que evitar que surja el pensamiento independiente, evitar la situación del buen salvaje, que va construyendo sus esquemas simplemente con su experiencia al interactuar con un entorno sin otro pensamiento, solo con reacciones directas de la naturaleza a sus acciones.

La creación, pues del pensamiento en sociedad, es desde mi punto de vista, lo que evita, en el límite, por supuesto, que cada ser humano vaya creando una opinión o una forma de actuar que le sea propia y sin influencias externas.

La exagerada publicidad que se da hoy en día a las pocas corrientes de opinión, que son interesantes para los poderes económicos que rigen el mundo, están creando nos estereotipos frente a los cuales, la rebelión se hace muy difícil, ya que detrás de cada uno de ellos, el que sea, hay formado un, llamemos nicho de mercado, en donde grupos ideológicos están pescando. Y que nadie se olvide de que un golpe de click vale dinero, mucho dinero, hace muy cómodo el ejercicio del poder, y la capacidad de discernimiento, es cada vez más limitada.

Ya ni siquiera el mundo de la “boutade”, el del esperpento, está libre de ser independiente, porque entre otras cosas, no debemos olvidar que nuestra supervivencia, también depende del grupo de pensamiento al que nos acerquemos.

Y quizás en ese campo, queden aún resquicios de independencia, aunque hayan sufrido las manipulaciones que nuestro desarrollo vital en sociedad conlleva.

Bien dice Anatole France que en la independencia de pensamiento, está la verdadera aristocracia, que no debemos olvidar su significado “gobierno de unos pocos”, y ciertamente son esos pocos los que deben preservar la situación en la que la libertad de pensamiento, o mejor la creación de pensamiento independiente sea algo utópico.

Seguiremos pues como miembros de nuestro rebaño, abrevando en los mismos pozos y hozando en los mismos pesebres intelectuales, que cada vez son menos, que cada vez son más grandes, que cada vez les apoyan más “me gusta”, o lo que es aún peor, más puñitos con el pulgar hacia arriba.

Estas cosas me deprimen, pero me temo que sin ser entreguista, debo reconocer que es lo que hay, que no sé si me atrevo a preguntar a la Wilkipedia, o a san Google bendito, que me diga qué coño es eso del pensamiento independiente, que a lo mejor le da al sistema un “paralis”, y me juzgan por terrorista.

Con su pan se lo coman

 

Como lágrimas en la lluvia

Pues sí, como no podía ser de otra forma, no pude resistir la tentación de ir al cine después de tanto tiempo, para ver cómo había evolucionado la visión que de la idea de Philip K. Dick nos dio del mundo de la robótica y de la inteligencia artificial, pero no voy a hablar de la película, que para eso hay plumas profesionales infinitamente mejores que la mía.
Así, que a comprar entradas el que quiera ver la peli, que yo no estoy aquí para destripar argumentos.
Si hay algo que me gustó de la película de Ridley Scott, la del 82, fue el concepto del enfrentamiento entre el replicante y su creador.
Al final es uno de esos enigmas que a mí, como ser humano/replicante que soy, siempre me hubiese gustado poder hacer, y que me perdone el Diablo, poder hablar con mi Creador y plantearle el por qué tengo fecha de caducidad.
El tema es apasionante, sobre todo cuando vemos que nosotros, los humanos replicantes que somos, llevamos toda nuestra historia luchando contra ese chip de obsolescencia con el que nuestro Creador nos ha dotado.
Ciertamente llevamos una lucha soterrada para que nuestra vida se alargue, y ahora, con avances tecnológicos de este maldito siglo XXI, ya empiezan a surgir Mesias que nos garantizan una nueva eternidad al ser humano sobre la Tierra.
Si hablamos de la parte mecánica, es decir de los elementos que hacen funcionar nuestro cuerpo, seguramente se conseguirán muchas cosas, que al fin y al cabo somos nada más que la acumulación de miles de millones de seres vivos que viven en simbiosis dentro de cada uno de nosotros, el resultado se llama Pepe, se llama María, y ese equilibrio de tantos seres vivos que nos conforman es el que nos da la sensación de estar vivos. No está mal.
Es como el hormiguero, que de alguna forma puede considerarse como un individuo, a pesar de que esté formado por gran cantidad de seres vivos con funcionalidades dentro de la colonia perfectamente delimitadas, sin las cuales el hormiguero no tendría razón de ser.
Y aquí es lo mismo, que hasta la reproducción interna de los elementos vivos que nos conforman llevan vías y secuencias diferentes, que no es lo mismo la reproducción del conjunto del ser humano, que de sus células epiteliales, o de las bacterias intestinales, por ejemplo.
Pero fuera de esos tecnicismos, al final nuestro Creador incluyó el chip de obsolescencia, y nunca nos dio la razón del por qué, y además nunca pudimos preguntárselo.
La Tyrell Corporation, por lo menos esgrimió el miedo del Creador a un producto que podría superar en todo al ser humano que lo había creado, y que partiendo de la circunstancia de que esas cualidades podrían ser económicamente útiles, no interesaba que pudieran desarrollar la capacidad de obtener poder.
Pues ya tenemos una de las motivaciones que desde el punto de vista del más agudo de los antropocentrismos podríamos achacar al Creador, que nos tuviera miedo. No está mal, que todos los que en algún momento hemos creado algo (no alguien), de alguna forma en el proceso creativo, se nos ha aparecido el fantasma de que esa nueva criatura podría dominarnos.
Lo he oído a escritores, a actores de teatro, a músicos, a científicos, a infinidad de gentes que se afanan en desarrollar una idea, en crear algo nuevo, y ven que esa nueva forma acaba por absorber parte o todo el ser que él, como Creador aportaba antes de que su obra se materializase.
Pero cuando hablamos de ese chip de obsolescencia, no sé si nos damos cuenta de que aunque el conjunto de nuestro cuerpo desaparezca, quizás nuestra obra (siempre que haya alguna) realmente pueda continuar de forma indefinida, como ese Mesias de Haendel que estoy escuchando mientras me peleo con este teclado.
Pero claro, al bueno de Haendel le importa una breva que esté ahora yo aquí sentado haciendo el imbécil, mientras aporreo el teclado escuchando una creación suya. Pero es a su cuerpo y a sus sentidos, así, que no sé yo, que a lo mejor debería preguntarle al gran patrón de la Tyrell Corporation por qué permite que algunas obras, algunas ideas sigan vivas, sigan adelante por mucho tiempo.
Quizás sea el fallo del sistema, quizás sea una característica innata del diseño original, que matamos a Van Gog de hambre, y sin embargo lo mantenemos vivo varios siglos a través de su obra.
Porque a mí, mi Creador no me recibe, así que me quedo con las ganas de hacer la pregunta, de entender al final el porqué de mi existencia, el porqué del tiempo que se me ha concedido, el para qué se me ha concedido, y desde luego no tengo la posibilidad del replicante de Dick, de discutir con él, de inculcarle el reto de crear uno sin ese chip, y que sea lo que ¿Dios? Quiera, vamos de hacer una Reichel que pueda parir, y que se muera como los humanos.
Cambiar un chip por otro, al final, que si no anduviésemos en esas, y mientras se van poniendo los físicos de acuerdo, me da que las cosas son finitas, que parece que a lo mejor hay un principio y un final de las cosas por más que manejemos magnitudes difícilmente asimilables por nuestro modesto cerebro actual.
Aunque si hablamos de Universos paralelos, o de espacios cerrados y esféricos, a lo mejor estamos en la rueda del hámster, y lo finito no es más que una forma coloquial de lo infinito para nuestros sentidos.
Que si alguien nos ve desde fuera lo mismo se desternilla de la risa, contemplando a los humanos dando vueltas en su rueda de “Guinea pig”. Enternecedor.
Y como todo esto me hace repensar en lo inane de todo lo que nos rodea, que nos han diseñado sin permiso y para corregir la gran chapuza, no sé si ni siquiera los Transhumanistas van a ser capaces, aunque el intento no es malo.
Mientras tanto, creo que voy a buscar en la bodega algún caldo de esos que hacen que te sientas creador, aunque solo sea de sensaciones propias.
Y ustedes que lo vean.

Y tú, ¿qué crees que sabes?

Mis amigos que andan buscando el post-humanismo, son buenos amigos, y con su trans-humanismo, piensan que llegaran a esa meta, que según su entender honesto, y lo son en alto grado, estará lleno de beneficios para la humanidad, aunque al principio, como todo, la cosa se circunscriba a unas elites. Bueno, nada nuevo, que el mundo ha sido así desde siempre.
Plantean que la interacción de elementos artificiales de forma directa con el cuerpo humano, irá produciendo una humanidad cada vez mejor, más selecta, y hasta de alguna forma inmortal.
Me dicen cuando me pongo en la tesitura de escuchar, que si me quiero morir, por ejemplo, es cosa mía, que a ellos les encantaría ser inmortales, que a ellos les encantaría unir su cerebro con la base de datos mundial y alcanzar un conocimiento digamos que inimaginable, y no dejo de sentir una cierta inquietud, no sé si por lo näif de la afirmación o por mi desconocimiento de lo que quieren decir.
Y mi reflexión hoy tiene dos aspectos fundamentales, y el primero es el análisis de lo que quiere decir eso de estar conectado al conocimiento global, como si eso existiese.
Y propondré un ejemplo anterior a la era esta que vivimos en la que existe una fuente de datos universal, casi, en la que alguien o muchos “alguien” van decidiendo cómo, qué, y cuando hay que expandir un mensaje, y yo tomo dos ejemplos, que sugiero a mis lectores más inquietos, que cojan su ejemplar del Larousse, de la British Encyclopedia, y de Espasa, se armen de paciencia y tiempo, y revisen la entrada Napoleón Bonaparte, y a ver si al final se encuentran con una historia, o con tres, que nada tienen que ver la una con la otra.
Hace años, ya hice ese ejercicio leyendo a ese gran escritor Amin Maalouf, en su libro “Las Cruzadas vistas por los árabes”. ¡Por los clavos de Cristo!, que a mí me habían contado otra cosa.
Y así no solo con la historia, sino con el pensamiento universal, con los grandes filósofos, que a la postre desarrollan sus cosmologías a partir de la información que reciben de su entorno en el momento histórico que viven, y recuerdo que esos entornos son cada vez más pequeños a medida que te alejas en el tiempo, por las dificultades de viajar, a conocer de primera mano, o por las limitaciones que de tu cultura materna (alma mater quiero decir), y a partir de ahí decides transmitir una visión de cómo es el mundo, de una forma honesta a más no poder, pero también enormemente limitada.
Y digo bien no solo de su educación, sino de sus intereses personales, por no decir de la selección que posteriormente se ha ido haciendo a la hora de ir escogiendo para la educación de generaciones y generaciones, el pensamiento, no sé, de San Agustín, en vez del de Giordano Bruno.
Así que con todo mi cariño, y mi respeto, empiezo a pensar, que el tipo de sabiduría al que podría llegar ya está contaminado de origen, es decir, estoy frente a unos datos ya manipulados cuando se han vertido al saco común de la base de conocimiento global que se pretende alcanzar.
Y cuando hablo de manipulación, no me estoy poniendo conspiranoico, que el mismo hecho vivido a la vez por dos personas en primera persona del presente de indicativo, honestas pero con culturas diferentes, darán lugar a dos narraciones diferentes.
Así, que lo único que me queda, y eso no sé si me lo dará el chip del transhumanismo, es una mínima capacidad de discernimiento, para quedarme al final…¿con que?. Solo con una historieta divertida, que cuadre con mi estructura moral y cultural, y que permita que pueda dormir más o menos por las noches.
La segunda cosa que me trae a mal traer, es que esto del hombre post-humano, me da que es más viejo de lo que nos podemos imaginar, así que quizás estemos frente al Post-humanismo “Mark II”, sobre todo si aceptamos que Darwin no se equivocó del todo.
Qué mi pregunta es ¿cuándo realmente empezamos a ser H. sapiens?.
Y la cosa es que si realmente descendemos de una consecuencia evolutiva, más o menos definida, en qué momento se nos iluminó la mente con cosas como la trascendencia, como el sentimiento religioso, como la creatividad, como el conocimiento.
¿Qué tipo de chip se introdujo en nuestro ADN?,¿cuándo lo hizo?. ¿por qué lo hizo?, y sobre todo ¿por qué se ha mantenido?.
Ese salto que nos hace reconocernos como seres humanos racionales, no sé si se debió a una mutación instantánea, si fue a partir de milenios lentos y selectivos, y no sé si empezó por unas elites de la población humana, o todos los pre-humanos, fueron humanos a la vez en esa especie de implantación de un chip de conocimiento.
Las consecuencias de esa implantación que quizás la Arqueobiología un día aclare, ya las conocemos, que después de varios milenios, los pre-humanos no están, y nosotros los post-humanos, estamos encantados con ello, aunque nunca sabremos si somos mejores, ya que esa es una palabra que implica comparación y nada tenemos para comparar.
Solo sabemos, y con enormes limitaciones lo que creemos tener hoy, y cada uno piensa diferente, no lo olvidemos, nunca lo que hemos perdido, en caso de que así fuera.
Y a lo mejor este post-humanismo que a caballo del trans-humanismo nos está llegando, acaba haciendo lo mismo, acabar con el ser humano de hoy, que yo no sé si es bueno o malo, pero es lo que hay.
Con lo que la siguiente y última pregunta de hoy se me viene a la cabeza, y es el para qué, el por qué, y en beneficio de quién.
Y realmente casi prefiero dejar las preguntas abiertas, que cada uno rellene los campos que le falten, si es que alguno no lo ha hecho ya, y me ayude a descifrar el enigma que esta nueva Esfinge ha puesto a la entrada de nuestra Tebas, y que hará que podamos yacer con nuestra madre creadora, pero no por ello conocer ni la verdad, ni sus secretos.
Domine exaudi orationem mea

Huis Clos

Quizás para las personas inquietas, como yo me considero, tener la sensación de que nada ocurre, de que la sorpresa puede ser hasta predecible, te hace comprender a muchos de los pensadores que tarde o temprano acababan aburridos del entorno en el que se movían, y cada uno daba la solución que podía a ese reto al que se enfrentaban cuando los ojos de la niñez le abandonaban para siempre. El reto de “esto ya lo he vivido, y las consecuencias van a ser, esta y aquella”.
Yo desde luego disto mucho de ser un pensador, en el sentido académico y de prestigio que la palabra acarrea, pero la sensación de sorpresa lleva ya bastante tiempo fuera de mi vida, las cosas que me ocurren son predecibles, una tras otra, tanto en lo que se refiere a los actos externos que aparentemente sacuden el ecosistema en el que me muevo, como en las interacciones con los individuos de mi entorno. Las cosas empiezan a ser aburridas.
Es posible, desde luego, y por eso lo pongo en primera línea de fuego, que mi capacidad de observación se haya focalizado en exceso, vamos que me han crecido uno de esos limitadores visuales que se les ponen a las mulas, para que no se asusten, y para que miren solo el camino que está trazado delante de ellas, así que posiblemente sea eso, pero no estoy seguro, de veras que no estoy seguro.
Los que me conocen saben que mi tendencia es la de interesarme por casi todo, vamos que me llama la atención prácticamente cualquier cosa que se mueva, lo que ni es bueno ni malo, sino todo lo contrario. Así que las posibilidades de sorprenderme son amplias, ya que un día estoy viendo lo que pasa en las finanzas mundiales, y al día siguiente ando a ver cómo queda el equipo femenino de natación sincronizada, (antes ballet acuático, que me gustaba más), que puedo hablar de toros, de fútbol, de Platón, o del político de turno, pero siempre con superficialidad que si es un experto a quien tengo como interlocutor, rápidamente capta mis límites, ya que desde luego no los oculto.
Y con todo y eso, no me sorprendo, lo que no quiere decir que este en estado de tedio constante, no es eso, sino que las tendencias de lo que va a ocurrir las tengo presentes demasiadas veces, ya que la sensación es de estar en un déjà vu constante, una especie de día de la marmota, en la que cuando te despiertas, ya sabes cómo van a reaccionar las cosas y las gentes que te rodean.
Como no soy un hombre bien informado, ya que formo parte de esa masa, llamemos inerme, todo lo que llega a mí es lo que antes alguien ha decidido que así ocurra, y normalmente nadie quiere que llegue a la masa inerme nada que pueda perjudicar al emisor, y si se trata de sacudir al enemigo, pues tampoco es información lo que me llega.
Así que lo que me queda es el remedo de información que te ofrecen esa cosa que llamamos “los medios”, y en ese entorno lo que ocurre y sus consecuencias son extremadamente previsibles, ya que la impresión es la de que todo sigue girando alrededor del mismo eje una vez y otra, asi que a la tercera vuelta, ya sabes lo que hay al otro lado de la esquina, aunque eso tampoco importe mucho.
El problema es que no sé si realmente ocurre, o no, si estoy (estamos) viviendo dentro de una obra de teatro, como aquella en que los personajes buscaban un autor desesperadamente, ya que querían reconocerse como individuos, o como aquel gran teatro del mundo calderoniano, en que los personajes ya tenían claramente su sello, y actuaban ora como el pobre, ora como dios, pero circunscritos a su papel, que dios nunca sería el pobre, por ejemplo.
Y es lo que siento continuamente, es como si alguien hubiera definido mi personaje, me hubiese dado un guión, y mi labor fuese únicamente interpretarlo como si fuera un hijo cualquiera del Actor’s, y mi vida siguiese los patrones de Stanislawsky. De esa forma, si quiero vivir otro papel, el autor o me reconduce, o me echa de la obra, y desde luego, nunca tendré a mi disposición otro libreto diferente al que me han dado.
Pero ya van demasiadas representaciones, solo me queda preocuparme, hacerlo, ya que parece que estoy en aquella habitación cerrada de Sartre, y he descubierto el infierno, ese infierno que no es más que la sensación de que lo único que existe es tu microentorno, y que ese es eterno, que lo que ves que pasa en esa habitación cerrada, no es cosa tuya, lo han decidido por ti, y cuando te lo aprendas te darás cuenta de las veces que lo repites, sin cambiar el más mínimo matiz.
Así que ves la organización social de tu país, y ves que es como siempre, pero con las paredes pintadas, que por mucho que se empeñe la ministra de turno, por mucho que corra el AVE, de Gijón a Madrid, solo se llenan dos Talgos diarios, como mucho, y eso apenas justifica la electrificación de Pajares, o que aquí solo trabajan funcionarios, camareros y amiguetes, y diga lo que diga la ínclita señora, al emprendedor solo le queda pagar impuestos y arruinarse las más de las veces.
Que el yanqui hace lo de siempre, y que los británicos son más felices yendo por la izquierda, como los romanos en sus cuadrigas, que los alemanes tienen en el fondo de su corazón el Uber Alles y al italiano “se le frega”
La solución de Fray Luis de León, siempre me pareció de lo más adecuada, retirarse, hacer mutis por el foro, huir del mundanal ruido, y seguir la senda de los sabios, dejar al final de necesitar tanto al decreto ley como al Corte Inglés, estar en hibernación consumista, e intentar esos ejercicios de introspección recomendados por cualquier gurú o chamán que se precie.
Te quitas la mirada de los demás, de la gente de tu entorno, que como creía Sartre, y yo a veces, el infierno está en los otros.
Pero los gurús tienen cuenta en Twitter y en Facebook, algunos salen en programas de radio, y hasta en la Sexta, me han dicho, así que como te descuides te ves danzando como un derviche de Konya, pero con un anuncio del patrocinador de turno en la falda, como un futbolista cualquiera, vamos y los chamanes te pasan el peyote con Denominación de Origen, que el suyo te transporta mejor al fondo de tu alma, ¡dónde va a parar!, que como el peruano de las selvas amazónicas no hay nada, por mucho que se pongan los de las selvas del Usmacinta allá por las tierras calientes de Chiapas.
Haz lo que digo, no lo que hago, lee tu papel, repítelo como un mantra vital, y créete lo que yo te diga, apréndelo, recítalo, y ya pensaré yo por ti, que fíjate la infraestructura de comunicación que hemos montado para tu placer y para mi beneficio, pon otra serie en el televisor, de esas americanas, y tendrás la información que necesitas, aunque ya te la sepas de memoria. Yo soy la mirada del otro, quien te vigila, quien te dirige, tu infierno, y la puerta está cerrada. Claro que si la abro, no sabrás, ni querrás salir, que sin esa carga no sabes vivir.
Buenas noches, y buena suerte

El progreso, cualidad de Dios

Shem Shemaforash, (la palabra que abarca el nombre de dios y la
creación) Baal Shemaforash…guardian de la palabra

Cuando estás tan tranquilamente escuchando las variaciones Goldberg, en tu “celda” como si del profesor Lecter se tratara, añadiendo algo de lluvia ahí fuera y con los pies fríos, porque las zapatillas que te has puesto son aún las del verano, te apetece pensar aunque sea en una de esas playas que ya casi no recuerdas de las Antillas Menores, o de las Islas Vírgenes caribeñas.
No se me puede pasar el recuerdo de patear el agua de la playa coralina de Saint John, y quedarme una vez más extasiado viendo los fondos multicolores a cincuenta pasos de la orilla. No se necesitaba más. En la playa polvo blanco de coral, algunos cocoteros asomando de entre la vegetación tropical.
No fue menor el recuerdo que aún tengo en mi retina, del Mont Peleé de la Martinique (las fotos seguro murieron de hambre en un cajón, o huyeron como el Conde de Montecristo).
Las historias de la explosión Peleana, que me contaban en segundo de bachillerato, y que desencarnó, a cerca de treinta mil personas, a pesar de los avisos de la montaña, ignorados por las autoridades locales que solo pensaban, como no, en el vil metal.
Se salvó un preso y un zapatero, según me dijeron. Hasta los barcos anclados en la bahía se transformaron en verdaderas piras primero, y osarios después. Eso de ver las cosas que me han contado, siempre me ha gustado. De alguna forma el niño que soy estaba tranquilo, conocía el final.
Pero tengo los pies fríos, voy a tener que ponerme unas zapatillas calentitas, a ver si me pongo a pensar en el Cervino, por aquello de la teoría de la opinión contraria.
No sé si me gustaría ahora andar por aquellos parajes, desgraciadamente para mí, en estas cosas soy culo de mal asiento, y además la experiencia me ha demostrado que volver, siempre ha sido un error. Las cosas tienen siempre su momento, como las personas, y volver significa que lo que vas a encontrar es diferente a lo que ya conocías, y no siempre te apetece la sorpresa que te ofrece la evolución. Sin embargo la de lo nuevo, es para mí siempre bienvenida.
Leí una vez la razón del por qué a los niños les gusta tanto ver la misma película cientos de veces, hasta que casi, (y sin el casi) se la aprenden de memoria. Al parecer, sostenía el autor, era una razón de seguridad. Se sabían confortables con un final que ya tienen perfectamente asimilado, y no les apetece nada que al final Blancanieves sea la usurpadora del trono del país del cuento, y que la bruja, sea una pobre emigrante sufriendo injusticias por parte de los padres de la tal princesita.
La zona de confort, criticada por parte de aquellos que laconsideran no adecuada para el progreso.
El progreso, al que se acepta como un dios nuevo de nuestra sociedad, una nueva palabra que se incluye en el ”Shem Semaforash”, con su correspondiente Baal Semaforash en que se ha erigido la sociedad occidental.
Los nombres de dios, los 21 de la tradición judaica, los 99 del Islam recogen cualidades que a dios le otorgan los humanos, y aunque en ambas tradiciones se cree que el verdadero nombre, es la Palabra, la que contiene el poder de la creación y que en el Islam es el desconocido número cien, las sociedades modernas nos han traído más calidades de dios a las que adorar.
Es de la sorpresa del progreso de lo que quiero hablar hoy. Nunca sé si la realidad es la del príncipe Salinas, (que todo cambie para que todo siga igual), o si realmente estamos evolucionando como especie y las cosas no son iguales, es decir, que realmente hay una evolución continua del ser humano considerado en su conjunto.
A principios del siglo XX, la población mundial era de unos 1700 millones, que pasa a mitad de siglo, cuando yo nazco a unos 2650 millones, a pesar de las dos guerras que asolaron el mundo, más la revolución rusa, más la guerra de Manchuria, y alguna más que recordar no quiero. Hoy hemos sobrepasado los siete mil millones. Tremendo.
Analizando estas cifras vemos que el mundo occidental donde el “progreso” se ha asentado, es decir, donde la tecnología se ha aplicado de forma generalizada, la población no ha aumentado demasiado, de forma que ya se empieza a discutir el tema del envejecimiento de la población, y todas esas cosas que sirven para que los más jóvenes de nuestra sociedad contraten deprisita fondos de pensiones. Porque duramos más, pero procreamos menos.
Ese es un trabajo que dejamos al casi 70% de la población mundial que vive con menos de dos euros diarios, por utilizar el lenguaje de la ONU.
Cuando visitas esos países, te das cuenta que el progreso para ellos no ha significado siquiera un teléfono móvil. Siguen sin acceso al agua saludable, a una sanidad acorde con los estándares que rigen en el Occidente rico, se mueren como media a los 40 años, no muy lejos de cuando la población se moría a principios del siglo XX.
Su nivel de educación, se circunscribe a aquello que necesitan para comer cada día, y para comunicarse con el vecino. Su movilidad es extremadamente reducida, lo que da en el mejor de los casos, una bicicleta vieja.
Si pretenden salir de sus comunidades y rozar el mundo occidental, lo más probable es que acaben como esclavos de nosotros los ricos, fabricando nuestros caprichos consumistas, así que esa nueva calidad del dios, que es el progreso, solo afecta al mundo desarrollado, y muchas veces pienso que no de una forma positiva.
Nuestra capacidad de matar se ha multiplicado por infinito, pero matamos a otros, a los de esos países a los que el progreso les llega en forma de los desechos del primer mundo, nuestros coches viejos, nuestros teléfonos viejos, nuestras armas viejas…
Así que quizás haya que tener un carnet especial para beneficiarse del progreso de verdad, porque me temo que a los habitantes de Bombay, Lagos, o Daca, les llegan migajas, o lo que es peor, les llegan los deshechos del progreso.

Si al hablar de progreso, nos alejamos de todo aquello que suene a material, quizás las cosas deban verse de otra manera. Honestamente, sigo pensando que el desarrollo de la Humanidad no es demasiado boyante en lo que se refiere a la evolución espiritual, al conocimiento íntimo, y a la misión que el ser humano tiene como primordial en el planeta. Fuera de los slogans consumistas, nuestra esencia es la misma en Manhattan que en Calcuta, y la minoría que desarrolla verdaderamente su espíritu en lo que llamamos cúspide de la civilización y en el culo del mundo, creo que porcentualmente son parecidas.
Recordaremos aquello de que el hombre feliz no tenía camisa, y el desarrollado emir, no tendrá consecuentemente una cura a sus males.
Dejemos, o no, que el dios, o la cualidad de dios que llamamos progreso, no nos confunda, y sigamos buscando en nosotros mismos, aquello que nos haga felices, y olvidemos (dentro de un orden) los escaparates del Corte Inglés.
Buenas noches, y buena suerte
.

In God we trust….others pay cash, Credo in unum Deum

Es un viejo chiste de bares americanos, ya sabéis, ¡Aquí no se fía!. El famoso lema de los billetes de dólar siempre me ha parecido una declaración de intenciones milenaria, es la última elevación del monoteísmo en su forma de becerro de oro.
Las cosas no son nunca casuales, el lema apareció por primera vez en una moneda americana allá por 1864, una moneda de dos centavos, en pleno mandato de Abraham Lincoln, y con el Sur casi derrotado. Fue una moneda de dos centavos.
Hasta 1956, Eisenhower, no cambió el lema “E pluribus unus” de los Estados Unidos en el escudo, por “In god we trust”, con lo que cerró el círculo iniciado con la declaración de creer en el Dios dinero, a pasarlo a lema nacional.
Como he dicho muchas veces, no creo en casualidades, y esa unión del dinero, el lema de una nación, y la creencia en un Dios, me parece humanamente peligrosa, y creo que se diseñó de forma consciente.
Eran lo años del “American way of life”, las casas americanas en urbanizaciones impolutas, los “haigas” por las calles, los primeros grandes deportivos ronroneando por la interminables autopistas que unían estados. Las famosas interestatales. Con un oficio sencillo tenías aparentemente una vida cómoda, una lavadora, un lavaplatos, y cine por las noches a un “pavo”, con palomitas.
Cierto que Eisenhower había ganado una guerra, que se había desarrollado en otras tierras, Alemania y Japón destruídos, Rusia solamente un problema ideológico y militar controlado. Eran los verdaderos amos del Universo, con todo el poder, con el mejor ejército.
Eran los tiempos de la guerra fría, se cerró en falso la guerra de Corea, empezó el avispero vietnamita, y los desastres humanitarios en Laos y Camboya. El Dios de “in God we trust” estaba venciendo.
Siempre he creído, que no hay nada más antiliberal que creer en un solo Dios, sobre todo porque su definición ha sido siempre confusa para mí. Podemos hablar de una fuerza creadora, de un origen de las cosas, de un pulso que hizo expandirse a la materia, y en una de sus múltiples y aleatorias combinaciones dio lugar a lo que entendemos por vida los humanos.
Podemos pensar en una Fuerza que controla el Universo, pero nuestro antropocentrismo hace que empecemos a circunscribir la idea al las calidades del ser humano y al ecosistema que nos rodea.
No sé por qué, pero el común de los mortales acabamos confundiendo a Dios con las teorías religiosas, con las normativas morales, y consecuentemente con diferentes grados de sumisión al final, así que empieza a gritar que hace esto o aquello, en nombre de Dios, que hay que proteger a Dios, que hay que luchar y morir por Dios….”In God we trust”, que hay que confiar en Dios.
Lo más chocante de todo esto, es que nadie tiene clara la idea de Dios. Se tiene la idea que las confesiones religiosas nos han inculcado en nuestro adoctrinamiento, y se tienen claros los ritos que hay que hay que seguir, la moral a la que hay que subyugarse, voluntariamente, claro. Pero la idea abstracta, no se la he oído a muchas personas.
Recuerdo cuando el Profesor Satorras, en sus clases de filosofía, pugnaba por desasnarme intentando que entendiese los postulados de Tomás de Aquino, que demostraban la existencia de Dios, y algo se me quedó, que si el primer motor inmóvil, la causa sin causa, la esencia la existencia , la jerarquía de las cosas , el orden del Universo.
No voy a ponerme en plan teólogo, no es mi intención, es mi recuerdo de la filosofía de sexto de bachillerato del plan 56, y se me quedó corto para entender que de todas esas causas enunciadas por el filósofo italiano al principio del siglo XIII, llevaban a un Dios que es una idea, no a la idea de Dios que las diferentes creencias religiosas intentan introducir a sus seguidores.
Creer en Dios se ha transformado en algo complejo si se trata de separarlo de las religiones, que desde mi punto de vista lo que transmiten es una especie de héroe con superpoderes, alguien, (no algo) capaz de crear, de destruir, de vengarse, de amar, es decir con todos los atributos de los seres humanos pero en plan superlativo.
Para eso nuestros ancestros egipcios, griegos, germanos….transformaban la Cosa en un creador de dioses, y luego cada una de esas creaciones tenía una función que daba la posibilidad de una adoración, o una fuente de deseos. Lo malo fue la intransigencia de los monoteísmos, que aunque se mitigó con los santos, los profetas, no dejaban de retratar ese pasado de creencias de nuestros ancestros, aunque se introdujo el elemento del, llamémoslo, Dios dictador, suponiéndole una cualidad humana que podía infundir terror si te alejabas de Él .
Hoy, decimos en el billete de dólar, “in God we trust”, y lo ponemos en la orla del escudo del Imperio. Es un nuevo Dios, moderno, terrible, agresivo, frío, pero que despierta amor, ya que todos quieren poseerlo, que construye más que crea, pero que nos aleja de la idea que deberíamos tener cuando alguien nos pregunta ¿qué es Dios para ti?, y estemos forzados a centrarnos en la idea, no en la funcionalidad, no en la moral de la religión, sea esta cual sea, incluída la religión del poder, de la ambición, de la bondad, de la guerra o del amor.
Así que al quitarle a Dios los atributos humanos, con que lo hemos dotado, que cada uno se pregunte, que es lo que queda, y si se ve algo, eso quizás sea la divinidad.
No podemos pensar que en el objeto de adoración “urbi et orbe” que es hoy el dinero, está todo lo deseable, y que fuera de él esta el llanto o el crujir de dientes, pero es muy difícil evitar esa idea, somos nuevos “Gollum” abrazando nuestro tesoro, nuestro saco de monedas, nuestro anillo de poder.
La única posibilidad que nos queda de una posible apostasía, es el aislamiento de la pobreza, y la ignorancia a que nuestro entorno nos someterá como el peor castigo que a seres gregarios que somos pueda condenarse.
El siglo XXI, nos ha traído el esplendor de los nuevos Sumos Sacerdotes de la religión del “In God we trust”, y nos dedicamos a admirarlos, a intentar copiar el garaje californiano, o la tienda de modas gallega, ¿qué más da?. Ellos en nombre del dios al que adoran, nos ofrecerán como sacrificios de sangre para elevar “ad infinitum” su comunión suprema. A Él seguirán adorando, estableciendo la moral que nos permita ser acólitos de su religión. Fuera está el llanto y el crujir de dientes
Buenas noches, y buena suerte