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en las nubes

La sorpresa de estos días es que los cacharros de Google, de Amazon, incluso algunas teles de Samsung, nos graban las conversaciones sin que nos demos cuenta.

A lo mejor las teles de Samsung, además nos graban imágenes. ¡Madre del amor hermoso!, que la tele esa de Samsung, inteligente ella como pocas la tengo instalada en el ciento, (el loo para los angloparlantes fisnos), así que me temo que las grabaciones que estén almacenado procedentes del tal rincón doméstico, les van a salir pelín escatológicas. Lástima que la tecnología no haya llegado a grabar aromas.

En fin, que no se escandalice nadie, que quien compró uno de esos adminículos sabía perfectamente el riesgo que corría, que nada como grabar las acciones del interior de un hogar, para saber si hay que promocionarle condones con sabor a fresa, o pañales de bebé.

Y es que parece que no nos enteramos, que todo está hecho en nuestro beneficio, y que el tal periodista ese (belga tenía que ser), no ha levantado ninguna liebre que no llevase años correteando por el campo, ya que desde que decidimos entrar en este mundo en el que nosotros somos los productos, el calvinismo intrusivo que rige las relaciones económicas mundiales, no iba a dejar de explorar cualquier faceta que fuera susceptible de transformarse en posibilidad de ganar dinero.

Y si nosotros somos el producto, estos pollos del comercio de datos, andan haciendo cuentas, que ya tienen a nuestros contactos, ya tienen nuestras fotos, saben por dónde andamos, y con quién, saben mucho de nuestros gustos, qué compramos, a quién y a qué precio, dónde viajamos y de qué forma, cuales son los restaurantes que nos gustan, saben si vamos solos o acompañados . Saben, saben, saben.

Ahora quieren conocer lo que hablamos con la parienta, o cómo nos lo montamos cuando estamos en el ciento, (que ya son ganas), y como he dicho antes, con la sana intención de ayudarnos, que solos no somos capaces de acertar con la marca de papel higiénico.

Así que, para empezar, personalizamos la publicidad que recibes, establecen planes de producción industrial para saber la cantidad de acero que hay que fabricar, y hasta los carquinyolis me temo están condicionados por el análisis de los big data dichosos.

Está bien, poco ya podemos hacer a estas alturas de la película, que como ya he dicho más de una vez, hemos dado oro y diamantes a cambio de espejitos de colores y una buena dosis de Plymouth gin a los jefes.

Pero el calvinismo económico es insaciable, y me temo, que en aras de la eficacia, de la productividad, o de lo que sea, deben tener ya perfectamente preparado el sistema que permita conocer nuestros pensamientos, pero con precisión.

Que a lo sumo ahora disponen apenas de los reflejos que nuestro rastro va dejando por esos caminos de las webs, las redes sociales, las nubes, los robots de voz dulce y femenina, ¡hola Alexia! ¡Hola Siri!. Reconozco que hubiera sido más interesante que nos espiase la Eva del Reverte, o doña Mata Hari, pero no, lo hace Alexia, Siri, o quién sea.

Tengo mucha curiosidad por saber cómo nos atraerán para que podamos dejar nuestros pensamientos, nuestros sueños, en sus manos. Seguramente será un chip en la nube, conectado con los centros del placer y que permita quitar el cortafuegos natural del cerebro, para adentrarse en lo más íntimo de nosotros.

Y será por nuestro bien, que el tal chip conectado con Hacienda, permitirá, sin dudarlo,  saber, no ya si he defraudado, sino si pienso defraudar. Sabrán mis barreras morales, y sabrán cómo ayudarme a saltarlas elegantemente, cosa que no creo que hagan, a no ser que sean fuente de ingresos, de poder, o de todo a la vez.

Y si conocen nuestros pensamientos, no de forma indirecta como hasta ahora, sino de forma directa, lo de la peli aquella del Cruise, de la poli del pensamiento está encima, claro que siempre en nuestro beneficio.

Y no quiero ni pensar, como dice mi amigo el transhumanista, (la verdad es que mi amigo se apunta a cualquier bombardeo), en la posibilidad de descargar nuestro cerebro (de tres a cuatro gigas, mantiene), en la nube gratuita de uno de estos pollos de las transnacionales, como copia de seguridad, vamos. ¡Y palabrita del niño Jesús que no chafardeamos lo que nos confíes!, vamos, ¡que no sale de España! Que diría el castizo.

Así que el futuro puede llevarnos a que esté en la nube cualquier cosa del ser humano susceptible de ser utilizada, añadida a lo que hasta ahora ya está por ahí a disposición  de todo el mundo, como dice el periodista belga, que ha levantado la liebre que corría.

No está mal, que a parte de las fotos con Chuchita, y aquellas tan monas de la panda de Benidorm, que parecen sacadas de verano azul, estarán todos y cada uno de los detalles de la vida de todos y cada uno de los que caigan en los brazos de las Alexias y de las Siris que vengan, y lo que es aún más útil, si el chip cerebral llega, hasta lo que se piensa estará en la nube. ¡No olvide usted su copia de seguridad!, y podrán hacerse utilísimos estudios de mercado sobre los proyectos de los seres humanos, adaptando consecuentemente, la producción de los elementos necesarios para que los mejores salgan adelante, por ejemplo.

De eso a la implantación de datos convenientemente seleccionados entre los disponibles para ser implantados en estructuras humanoides, hay un pequeño paso para el hombre, que diría Amstrong.

No sé si me gusta ese futuro, que tiene mucho de presente, y de alguna manera me alegra estar en esta parte del camino de mi vida que hará que no necesite adaptarme demasiado a esas distopias que parecen estar cada vez más cerca.

Por lo demás, sin novedad en el frente, ya saben ustedes, las guerras de todos y cada uno siguen llenando las hueras páginas de los periódicos y de los telediarios, eso sí, teniendo un exquisito cuidado de no hablar de lo que realmente importa.

Buenas noches, y buena suerte

Nostalgia,

Ayer estuve en el Real, había que terminar la temporada en Madrid. En las tablas “Il trovatore”, ese drama prácticamente desconocido de García Gutierrez, al que le puso coro el bueno de Verdi.

Recuerdo en la escuela cuando el profesor Segarra, nos contaba el teatro del romanticismo español, y en aquellos años preadolescentes, no olvido que se nos inflamaba el espíritu con las peripecias y los sacrificios excelsos de sus personajes.

Pues qué bien, que al fin y al cabo, el bueno de García Gutiérrez lo que quería era eso, despertar cierto sentimiento en el alma de quienes fueran al teatro.

Ese malo malísimo, ese bueno que parece tonto (de hecho es tonto) y esa chica angelical, estaban diseñados para emocionar, de la misma forma que la truculenta historia de la bruja gitana que es madre de un hijo que no es suyo, que al suyo lo sacrifica por error y en aras de la venganza.

Buenos mimbres para un cesto, a los que Verdi apoya con un coro de gitanos inolvidable, y un par de arias de tenor de esas que cuando un tenor quiere demostrar su calidad lo intentan.

Se regresa al medioevo, con ambientaciones intimistas, y esas interminables señas que nos hacen reconocer el tiempo romántico donde todo esto se enmarca. Hasta aquí todo bien, y uno se sienta en su butaca, con esa intención, sana, de rememorar historias de la preadolescencia, de esas que a uno le inflamaban el corazón (luego me enteré que eran las hormonas, pero no importa), y claro se ve uno con la hormona muy desgastada por el uso, y lo que espera encontrar ya se ha ido.

Siempre se me ha dado bien echar la culpa a otros de mis cagadas, que pienso debería haberme dedicado a la política o a la administración pública, al grito de no he sido yo, ha sido ese.

Así que al no sentir emoción lo primero que pensé es que la representación no estaba a la altura de mis expectativas, que el hecho de tener la escena configurada como un cajón negro con una columna de luz que se mueve a lomos de los personajes, y un torreón simbólico que parece una chimenea de diseño estaba pensado, seguro para emocionar a alguien, no a mí, claro, pero a alguien, y es que no se puede ser tan egocéntrico.

Tampoco el hecho de que no supiera encontrar emoción en las voces de Leonora o de Manrique, no implica que no la estuvieran imprimiendo. Seguro que sí, pero en un universo paralelo al mío, ya que no faltaba ni técnica ni potencia. Mi percepción era que se habían ajustado al protocolo.

He buscado un Trovatore de la Callas y Di Stefano, que a pesar de oírlo en casa, si me ha emocionado. El diagnóstico es claro, estoy viejo de cojones.

Que bien se muere Leonora, que bien se entrega al maluto, que suavidad en ese Ah, si ben mi. Qué emoción me transmite esa vieja grabación de más de cincuenta años, qué ritmo encuentro en Di quella pira. Y no sé si son los timbres de los artistas, la mano de Von Karajan que anda por ahí detrás dando la lata.

No lo sé, a lo mejor es que mi oído de vecchio uomo no es sensible más que a la delicadeza, y no vibra ni con la potencia ni con los protocolos, que los sentidos esclerotizados tienen muchas limitaciones. ¡Qué más dá!.

Y el problema, es que la cosa no fue solo ayer, que sentí el mismo vacío delante de una Tosca el otro día en mi Liceu, y así, día tras día.

Creo que la historia es que se acaba la historia. Me acuerdo de cuando decía aquello de que la vida de las cosas termina cuando ya no te sorprenden, cuando ya no te emocionan, y estoy llegando, creo a ese punto en mi vida. Pero que nadie se alarme, que no me encuentro a gusto con demasiadas cosas que el mundo actual se empeña en ofrecerme, pero siempre está mi mundo, con aquellas referencias en las que encontré las sensaciones que me acompañan en mi vida.

Me duermo con las series esas de Net-bo-prime, pero echo mano de aquellas historias para no dormir, y no lo hago.

Quizás me acuerde de tiempos pasados, yo, que nunca estuve demasiado de acuerdo con Manrique, que cualquiera tiempo pasado fue mejor, me encuentro rebuscando en los viejos baúles. Cosas que pasan. Empiezo a distanciarme de este mundo en el que la inmediatez es el nuevo becerro de oro, esa inmediatez que te deja sin amigos si no contestas de forma inmediata al “chat” de tu grupo, esa inmediatez que te hurta la posibilidad de reflexionar, que si no, te pisan la opinión o llega tarde cuando la conversación ya va por otros derroteros.

Vivo en un mundo en el que ser profesional de la vértebras cervicales, es lo único que te garantiza la continuidad laboral, ¿qué le vamos a hacer?. Y siento decirme que no me encuentro nada cómodo en él, que ya me gustaría que la cosa fuera diferente, pero no puedo pretender que todo se ajuste a mis deseos, ya que el gran principio de la ecología es precisamente el contrario, quien no se adapte al entorno, debe desaparecer del mismo.

Pronto iré a escuchar una Luisa Miller, que espero sea, al menos, acorde con algún protocolo, pero, por si las moscas me estoy entrenando con mi vieja grabación de la Caballé y el Pavarotti, si, ese que una compañera, una vez me insistió que se llamaba Tutto.

Estoy seguro que, o dejará de importarme que en la plaza de Oriente de Madrid no sean capaces de darme unos boquerones decentes en la Taberna del Alabardero, y que las gambas al ajillo haya que devolverlas, o simplemente dejaré de entrar en el teatro y dejaré de sentarme en las terrazas de la plaza, que las cosas son así, y para ser feliz hay otras muchas cosas disponibles, sobre todo personas que pueden hacer que todo eso no importe.

Con su pan se lo coman

Inteligencia artificial

Andaba yo, el otro día dándole al cacumen con esas cosas de la inteligencia artificial, y siempre que profundizo en el tema acabo en un mundo distópico, y perdonen ustedes el palabro, que aunque no está muy bien visto por la zona madrileña de los Jerónimos, para entendernos, lo aceptaremos como antónimo de utópico, siempre con permiso del Moro.

Y la verdad, es que no sé cómo contarles la cosa, que a lo mejor lo intento como cuentista, pero la pifio, que la técnica no es mi fuerte en esto de los cuentos, en fin, ya veremos.

Y es que en cualquier industria que se precie, del ramo que sea, lo importante es generar un nivel de beneficios, que en cualquier caso satisfaga al monto del capital invertido en el proyecto.

Desde luego la productividad es una clave en el asunto, y aceptaremos como tal la relación entre el beneficio y el número de empleados que sean necesarios para la obtención del mismo.

Así, que las claves siempre son las mismas: -Ingresos producidos por la actividad, en forma de venta de bienes, de prestación de servicios, o de ambas mezcladas, que me da lo mismo. -Costes asociados a la obtención de esos ingresos, muy fácil, costes de materias primas, costes de procesamiento, costes de transportes, costes de personal, publicidad… ,

De forma que si se mantiene la obtención de ingresos, o mejor aún se incrementa, seguido de una reducción de los costes, sea en cualquiera de sus componentes siempre será en beneficio del objetivo señalado de incrementar los rendimientos del capital aportado.

El huevo de Colón, vaya. La llegada al mundo de la producción de los sistemas en cadena, produjo sensibles mejoras en los costes de producción, y si no que se lo pregunten a Henry Ford (Fixing Or Repairs Daily) que consiguió llenar su país de T’s. y sus bolsillos de paso, lo que no está nada mal, aunque a Charlot se le atragantara el almuerzo, que siempre es el ser humano quien tiene que pagar parte de la factura.

No voy a contar toda la historia, que es sabida, ya que de escribir a mano se pasa a la máquina de escribir, que tanto le gustaba a Jerry Lewis, de las enormes naves llenas de gente en su mesa escribiendo a máquina, a la sala de ordenadores, a los programas de gestión comercial automáticos, a las contabilidades a distancia.

Y el futuro que se nos avecina, o que ya está aquí, siempre a lomos de la productividad, que al final es lo que produce yates y palacetes, deja entrever un mundo en el que transportar las cosas estará predicha por algoritmos, y los camiones dirigidos por sistemas inteligentes que se habrán programado para no chocar por accidente.

En las escalas de producción de cualquier compañía, podemos establecer que internamente somos clientes de quienes debemos recibir los elementos necesarios para la realización de nuestra labor, y proveedores de quienes para realizar su trabajo necesitan recibir el resultado de nuestra labor de forma impecable.

Pero me temo que eso está cambiando, que ya no es Bermúdez el que me pasa las cuentas cuadradas de proveedores para que yo prepare el balance de fin de mes, y así el jefe tenga los datos a punto para la conferencia con inversores.

Y es que ahora el balance no sé de dónde coño sale, que a Bermúdez ya no lo veo por los pasillos o delante de la máquina de café. Y a mí me sobra tiempo, que el balance, viene hecho, y menos mal que aún me dejan enviar junto a él un pequeño informe explicativo de las desviaciones, que por cierto cada vez son menores.

Realmente me preocupa la cosa. Ya veremos. Claro que por otra parte, voy poco a poco siendo consciente, de que en mi espejito mágico, se me están sugiriendo compras en función de mi curiosidad, que si entré un día a ver unos zapatos por vaya usted a saber qué, toda la publicidad que recibo, de forma insistente es de zapatos.

De hecho son vendedores muy productivos, que parece que son algoritmos de esos que no te quitas de encima. Y es que al viajante de comercio, el de Arthur Miller, no le comprabas la lavadora, y te lo quitabas de encima, pero al que cabalga en “cukis”, no te lo quitas ni con disolvente.

Además las visitas que te hace no cuentan en la línea de gastos de la compañía. La productividad se dispara. Que nadie va a lomos de su viejo Ford vendiendo lavadoras por las casas, y las lavadoras se siguen vendiendo.

Me están diciendo que la inteligencia artificial empieza a ser inteligente de veras, es decir, que ya puede no solo comunicarse con otros algoritmos, sino que puede crear los suyos propios en función de las instrucciones primigenias que fueron consideradas en el momento de su creación.

Y esas están muy claras: incrementar la producción, reducir los costes, amentar los beneficios. Y claro, estos sistemas inteligentes han aprendido, sobre todo desde el análisis de los grandes datos (big data) a analizar los mercados con precisiones de relojero suizo, y saben desarrollar los procedimientos para obtener de los mismos el máximo partido, que al fin y al cabo es lo que hemos soñado todos los que hemos gestionado una empresa.

Claro que eso me va haciendo entender lo de que el tamaño importa, las compañías son cada vez más grandes, debido a las fusiones, a las adquisiciones….y por ende van teniendo cada vez más poder, tanto, que me temo van dirigiendo, sin que pueda precisar el grado buena parte de los gobiernos del mundo.

Además en esa línea de incrementar los beneficios, y a lomos de su poder, los sistemas inteligentes van buscando todas las formas a su alcance para reducir ese coste tremendo que son los impuestos, que solo sirven para redistribuir la riqueza, y los algoritmos ni van al médico ni se jubilan.

A fe que lo van consiguiendo, el ser humano está cada vez más lejos de los objetivos de las grandes compañías transnacionales, con el agravante de que hemos sido transformados en producto nosotros mismos.

Bueno, no todos, solamente aquellos que puedan de alguna forma transformarse en receptores de los productos elaborados por cualquiera de las industrias que pueblan el planeta, lo que excluye a un buen montón de ciudadanos.

Otra forma de maltusianismo, me temo, que hasta esa cifra está ya establecida, mil millones de seres humanos. El resto son productos sin valor.

Veremos en qué acaba todo esto, y que decisión tomarán esos algoritmos que sustentan la Inteligencia Artificial, en sus ya habituales conversaciones, y sus más habituales decisiones basadas como parece ser en los principios básicos de aumentar productividades, reducir costes, aumentar de tamaño…. ¿Seremos necesarios los consumidores humanos?.

Para mí es una pregunta clave, ya que la característica “humana” no es estrictamente necesaria para mantener un sistema productivo, que las máquinas consumen, que los robots consumen, y en un mundo sin seres humanos, el medio ambiente es algo que no tiene mayor importancia.

Desde ese punto de vista, no es difícil constatar que la maquinaria de la sociedad de consumo no requiere forzosamente a existencia de seres humanos, que simplemente variando los productos producidos adaptándose a las necesidades de los consumidores, que pueden ser otras plantas de producción o un robot, la cosa está hecha, y el campo para aumentar la productividad ad infinitum es realmente vasto.

No quiero pensarlo, pero el mundo distópico que veo acercarse, está diseñado solo para un diez por ciento de la población. Y menos según se vayan perfeccionando las habilidades de esta Inteligencia Artificial que está transformándonos con nuestra aquiescencia en otro producto…..desechable, por cierto.

Con su pan se lo coman

Aburrimiento

Esta mañana Pepa, la de la radio, se embarcó en intentar navegar el mar del aburrimiento. Buen intento, si señor, porque entre las personas que discutían del asunto, surgieron las voces que hablaban del hastío global.

Y es que es cierto, al menos en mi caso, de que estoy hasta los pelos de nuestro Tito Trump, que lleva dos años ya jodiendo la marrana sin que me lo desmonten, que estoy hasta las pelotas del tal Brexit y del no menor rollo indepe.

Que sí, que estoy aburrido hasta la saciedad, que estoy aburrido de ese drama en el que se está intentando rescatar a un niño, harto, aburrido de lo repetitivo y escaso de las noticias que me enchufan por todos los medios. Que no me interesan los gritos de speaker británico, por mucha corbata de colores que lleve y por mucha pinta de ser innoble (seguro que no lo es) que mestre, como no me interesan ninguna de las campañas publicitarias más o menos encubiertas que me lanzan disfrazadas de noticia todos los días desde todas partes.

Así, que sí, estoy aburrido, muy aburrido de toda esta historia, y es que parece que ninguno de los dramas que están en este momento sacudiendo el mundo son dignos de recibir la atención de esos publicistas que antaño eran reconocidos como periodistas.

No hay un solo informativo sea en prensa escrita en todas sus formas, radiada o televisada que abra con la historia personalizada y con opiniones de familiares, de especialistas, y de cualquiera que pase por ahí, y pasan muchos, del último niño asesinado en cualquiera de las guerras abiertas hoy en el mundo, especificando quién dio la orden, quién suministró las armas, que intereses económicos públicos o privados había detrás del hecho, quién apretó el gatillo, qué piensan los papás y la novia del verdugo, y lo mismo con la cadena de mando…..

Sí, claro, lo de la salida británica, que sí, que ya me sé los argumentos, y que me habéis aburrido, hasta límites insospechados, porque lo que me interesa como ciudadano británico que vive en Denia desde hace más de veinte años, una jubilación, si perderé mi adosado con jardín o no, que si Iberia no sigue volando a Bilbao a precios insoportables no me importa, de veras, no afecta a mi vida. Y seguro que habrá otra compañía que tomará el relevo, y a los empleados, si no los mismos, si en número parecido.

Me importa una figa lo de los indepes, me tienen harto, aburrido, con las campañas a favor, en contra, de perfil, que lo que me importan son las vidas de aquellos que creen en el tal “pruces” y los que no creen en el tal engendro. Y de eso se dice poco como poco se dice de los intereses espurios tras una y otra postura.

Las páginas de internacional, de lo que ocurre en África, nada o casi nada se dice, a nadie , a ninguno de esos publicistas que antes se llamaban periodistas se les ocurre seguir con detalle lo que está pasando en la República Democrática del Congo, o si quienes mataron a aquel presidente de Naciones Unidas de nombre impronunciable allá por los sesenta del pasado siglo, cuando volaba con su DC6 aquel territorio para evitar la secesión de Katanga, mantienen sus intereses económicos en la zona.

Abrid los telediarios, por favor contando con detalle la historia de Alí Bongo, y los intereses que hay para que siga de la forma en que lo está haciendo. Ningún periodista tras la noticia, nada, todo lo más, opiniones sin fundamento, o en su defecto las notas oficiales de la parte interesada.

Sugiero hacer una búsqueda de esta historia, que ni las novelas de Le Carré superan. De la población local ni palabra, esos son seres prescindibles, sufren , mueren, y ya, nada.

De cuantas niñas han sido secuestradas en Laos, en Thailandia, en Vietnam, para llenar los prostíbulos de Bangkok nadie dice nada, nadie nos cuenta la historia de su familia, ni nos explican si fueron secuestradas o fueron vendidas por sus familias. Claro que la opinión de los dueños de los burdeles bien que se oculta, por no hablar de abrir el “News at nine” tan calvinista él, tan anglosajón él con fotos y entrevistas a los clientes, para que nos cuenten sus historias, sus frustraciones personales, y sus sentimientos después de haber fornicado con una niña o casi niña en el más absoluto de los incógnitos, en ese discreción cobarde.

Pues sí, estoy aburrido, muy aburrido de que nadie me sepa decir las últimas fechorías de corruptos como los Obiang guineanos, (fáciles de entrevistar, que hablan español), o de ese eterno camerounes que aplasta a su pueblo Paul Biya desde ¡1982!, como aquel otro que empezó como rhodesiano, Robertito Mugabe, y acabó como presidente de Zimbawe, entre ¡1980 y 2017!.

¿Nadie puede contarme las historias de corrupción de esos personajes?, seguro que son más divertidas que la mierda de los ERES andaluces, los tres o cinq percent catalanes, o la basura del PP.

¿Quiénes les pagan, a cambio de qué, para qué, cuales son las consecuencias al detalle para la población local?.

La cantidad de entrevistas posibles, la cantidad de historias por contar de la gente que desde el desastre militar de Egipto en el Sinaí, tienen que vivir en el cementerio de El Cairo. Pero es más productivo oír mentir al político occidental desde su escaño, o berrear al populista, siempre desde el punto de vista de nuestra prensa publicitaria.

Sí, me aburre intuir que los efectos de aquellas compañías americanas como la United Fruit Company, felizmente desaparecida, hayan surgido Noriegas, Somozas, y no sé cuántas cosas más que posteriormente mezcladas convenientemente con la coca, hacen que millones de personas deban abandonar sus casas y a la desesperada jugarse la vida en la frontera para vivir en uno de los países más racistas del mundo y conseguir limpiarles la mierda en sus mansiones a los amos del universo de los Estados Unidos de América en el mejor de los casos.

Y pregunto, ¿no hay historias qué contar?. Posiblemente las haya pero no son interesantes para nadie, que la publicidad que servimos al poder hoy va por otros derroteros .

Y luego quieren por ahí que se me quite la cara de acelga.

Con su pan se lo coman

Pasando el tiempo

Compre, compre, compre que es la Nochebuena, que mañana es Navidad y al otro también.

Con estas cosas de la política, qué quieren ustedes que les diga, tengo las compras un poco olvidadas, y en Amazón por lo menos no te cantan villancicos al son de botellas de anís del Mono, con lo que el deseo de la compra compulsiva está digamos reprimido.

El bolsillo lo agradece, que la bolsa no está para farolillos, y los presupuestos sin el tal rally de Navidad andan tocados, aquí y en Sebastopol.

Pero mi hígado y yo intentaremos pasar el trance con la mayor dignidad posible, en honor, claro, de Saturno, ese padre tragón, que no sea cosa de que nos vea cara de besugo a la espalda, de cordero lechal o de cochinillo de los de Cándido. (Lo siento Señor Duque, pero Cándido es Cándido).

Y nos dedicaremos a esos intercambios de regalos que las saturnales aparejan desde los albores de los tiempos.

Me dicen que en mi pueblo andan revueltos. Habrá que verlo, y es que con lo de la Independencia, ese fracaso que viene por lo menos desde los tiempos del Conde Duque de Olivares, me dicen que los segadores, disfrazados de Cuperos, de Comites para la Defensa de la República, quieren liarla otra vez, y me temo que les van a dar hasta en el carnet de identidad. Casi cuatro siglos fracasando es mucho tiempo fracasando para tomar el asunto en serio. Allá ellos y quienes se lo permiten.

Yo ahora ando en lo mío, que me dicen los que saben que a los curritos les van a subir el salario mínimo, y a las empresas las cotizaciones de la Seguridad Social. A los pensionistas solo con que no se empobrezcan año tras año, ya nos vale, aunque dicen que ni eso.

Nos empeñamos todos en que los ricos reales, esos que siendo el uno por ciento de la población mundial….bla bla bla, que me repito más que el abuelo cebolleta, lo sean poco a poco un poco más cada día.

Que le quitan lo del Obama Care a los pobres de Estados Unidos. Que se mueran si se ponen enfermos y no tienen pasta, que la salud de los ciudadanos no es un derecho por aquellas tierras, mucho menos poner a disposición de todo el mundo la mejor sanidad disponible. Dicen los muy, muy ricos, que no quieren pagar para que el negrata del Bronx o el parado de Detroit, no se muera de una cardiopatía, pudiendo recibir un corazón nuevo. Son vidas prescindibles, y pagar por eso puede ser solidario, pero va en contra de la cuenta de resultados.

La enfermedad es una de las primeras causas de ruina familiar en Estados Unidos y en tantos y tantos países que copian su sistema. Ellos sabrán.

Mi amigo, el catedrático Jean Monet, me envía sus trabajos acerca de la salida del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Ejerce de comentarista político desde el sitial de su conocimiento técnico del asunto, y colgaré si me acuerdo unos enlaces con sus trabajos al final de mi bitácora de hoy. Bueno es conocer la opinión de los que saben, que la mía es visceral, poco reflexiva, basada solo en el conocimiento de la sociedad británica que me ha dado el hecho de trabajar con ellos durante varias décadas.( Que no lo cuelgo, buscad en Diariocritico.com al Profesor Dr. D. Rogelio Pérez Bustamante, que allí está todo).

Y es que no se les ha olvidado que dominaron el mundo, y les cabrea sobremanera que les digan ahora cómo hacer las cosas en los territorios que usurparon por la fuerza en su momento. La señora May no hace más que tragar sapos, uno detrás de otro, en casa y fuera de casa, y con ese acento vulgar con el que nos saluda desde sus engoladas tribunas nos va transmitiendo la frustración de su orgullo no ya herido, pisoteado diría yo.

Pero a mí me importa muy poco, que entre los británicos secesionistas, los ultraderechistas austríacos, franceses, y ahora por estos nuestros solares patrios, y los populistas que recogen los restos del comunismo, tengo la solución colmada, que una gota más de esos   ingredientes, y empieza a llenarse el vaso de precipitados de cristales de mecagüen, y no está bien, que ya no tengo edad para esas cosas.

Así, que arrancaremos de nuevo con la mejor de mis sonrisas la semana, ¡qué digo! la quincena de las saturnales, con el ánimo de sobrevivir con dignidad.

Intentaré evitar esos cuentecitos moralizantes de Mr. Dickens y su Mr. Scrooge y el “Dulce Navidad” de aquel crooner que fue Andy Williams, a caballo de esas nuevas plataformas televisivas en las que puedes disfrutar de la violencia cibernética del Far West, o de la violencia con culos al aire de esos juegos de tronos que no se acaban nunca.

Y si eso no funciona me dicen los de Babelia que me lea algo que se llama Ordesa. Pues lo haré, aunque no conozca al autor ni de qué coño va el libro. Así que si alguno de ustedes lo tiene en formato ePub me pase el enlace, que la ventaja del electrónico es que dejas el libro a tu amiguete y no tienes que cabrearte porque no te lo devuelva.

En definitiva, seguiré mientras el cuerpo aguante por el sendero de desheredado de la historia, que es el grupo en el que me ha tocado caminar, el de seres que se han esforzado mucho para obtener magros beneficios.

Y espero que todos ustedes pasen el trance con al menos la misma dignidad con el que espero pasarlo yo, que no pienso pasarles la felicitación de pascuas como hacían el Vigilante, el Sereno, el Cartero, el Barrendero, el….. que la vida digital nos ha quitado a cambio de Amazón y el chip sueco en la mano, miríadas de cosas entrañables, como el coche de caballos que nos quitó el coche y el tren, o la carta a los Reyes Magos que llevábamos a Galerías Preciados.

Sea todo en honor y gloria al progreso que nos empobrece uno a uno, día tras día,

Buenas noches y buena suerte.

Pepinos en el cielo

Esto de salir a cenar con amigotes siempre tiene su aquel, y además en mi caso, los mis amigotes no son como los de Serrat, unos atorrantes, que se puede, si uno sabe escuchar, incluso aprender cosas, o por lo menos obtener ideas para una reflexión.

No sé muy bien por qué salió a colación el tema de esas cosas que andan dando la lata por los cielos, y que no sabemos lo que son, los OVNIS, vamos, por usar el acrónimo castellano.

Si, claro, la cosa venía del pepino ese que anda dando vueltas por los cielos y unos dicen que galgos y otro que podencos, que si acelera de forma inusitada, que no tiene forma de asteroide, que su comportamiento no se ajusta a lo conocido. Yo siempre espero a ver qué dice Iker, que de estas cosas sabe un huevo, y lo explica muy bien.

Claro, que a partir de ahí la cosa empezó a complicarse, porque nos encanta suponer que cuando vemos una cosa por los cielos y no es el vuelo de Iberia, nos encanta suponer que viene repleto de seres de otras galaxias que han conseguido cruzar agujeros de gusano, o dominan la técnica del Halcón milenario, saltando con alegría al hiperespacio en cuanto siente el aliento de Dart Warder en el pescuezo.

Y la discusión que parece sacada del “Cosmos” de Sagan empieza pronto, que si existen, que si hay vida fuera de la tierra, que si es inteligente, que en caso contrario cuanto espacio desperdiciado.

Vaya, que nos ponemos rápidamente a considerar si, en caso de que sean inteligentes su tecnología nos destruiría, que si vienen del universo paralelo que tenemos aquí al lado. Bueno, nada nuevo, cosas de los amigotes, con alguna deriva, incluso, hacia temas metafísicos relacionados con la existencia de un Gran Arquitecto que construye, y quizás controla el tinglado.

Hay incluso algún acercamiento de física teórica, (mis amigotes son muy leídos), que si eso del big-bang es un fenómeno único, o si es algo que se repite de forma infinita. Por ahí yo ya me pierdo, pero escucho.

De pronto y directamente del cerebro del más joven de entre nosotros surge un comentario que me deja enormemente preocupado.

En caso de que existan los hombrecillos verdes, dice mi amigote, mejor haremos guardándonos de ellos, ya que habrán ocupado un puesto en la cima de la escala evolutiva, y eso solo se consigue siendo un gran depredador.

Pues sí chaval, comulgo con tu visión, y por supuesto con la de Hawking, que lo mejor que puede hacer el diablo es impedir que se pongan en contacto con nosotros, es decir, impedir directamente que nos encuentren, porque nos arrasan en un plis.

Hay ciertas derivas en la conversación acerca de la ingestión de proteínas animales (por cierto estábamos dando cuenta de un vacío de ternera muy digno), que son imprescindibles para que en nuestro cerebro se activen las dotes de cazador que han hecho que estemos sentados en la cima de la pirámide evolutiva.

Pero lleva razón, a falta, claro, de mejores argumentos, que el ser humano necesita espacios que conquistar, espacios que descubrir, es nuestra naturaleza, y eso que una vez descubierto y conquistado, utilizamos lo que haya en el ecosistema hasta su destrucción.

Y luego a por más.

Pero la expansión del Género Humano, está llegando a los límites que el planeta nos concede, de forma que toma una importancia fundamental el hecho de salir al espacio o a donde sea a buscar territorios para cumplir esa necesidad de la especie.

No quiero ni pensar lo que le sucederá al planeta que nos reciba como colonos, pero todos lo sabemos perfectamente. Utilizaremos todos los recursos disponibles hasta su agotamiento, incluidos, obviamente, los seres vivos que puedan poblar el mundo que nos reciba.

Por cierto, que nadie olvide lo que le costó, nos costó a los puñeteros blancos conceder alma a los indígenas americanos, o a los negros africanos. Era un buen negocio pensar que tenían el nivel de un perro, un asno o una vaca, de forma que pudiesen ser utilizados como cosas.

Y eso está en nuestros genes, que estamos programados como los grandes depredadores, que a lomos de esa ambición de seguir dominando llevaremos la destrucción aparejada allá donde pongamos nuestro pie. Que lo que ocurra sea de esta guisa, será solo cuestión de tiempo.

Y de ahí la preocupación de mis amigotes, esos que no son atorrantes, que si salimos fuera de nuestro planeta destrozaremos lo que encontremos, con el añadido de que no es nuestra “casa”, y siempre en aras de la expansión del crecimiento, de seguir buscando y encontrando nuevos límites, nuevos retos. Total nada.

Pero quizás debamos plantearnos la cosa al revés, que si alguien nos visita, posiblemente, si nos encuentra, lo primero que hará será pensar que somos cosas a ser utilizadas, y nuestras civilizaciones, y nuestra especie, solo se mantendrá mientras seamos útiles para los fines que potencialmente persiga esa posible civilización.

Vamos, que lo mejor es que el pepino ese que anda dando vueltas por los cielos con movimientos fuera de una explicación lógica a la luz de nuestros conocimientos, es que no lleve na carga de seres civilizados, porque como les guste el planeta azul nos desaparecen, como a los chicos de Toro Sentado, que si queda alguno es dentro de una miserable reserva, confiando en que el asco le lleve a la muerte lo antes posible.

Y cuando me cuentan que esos seres ya están aquí, y que se paseaban con Juan XXIII por los jardines de Castelgandolfo, solo le pido a Quién Sea, que fuesen sus primos de Calabria, o cualquier otra cosa, que nuestra visión antropocéntrica de las cosas, es eso demasiado nuestra, para que nos permita ver que el posible primo de Zumosol, que vive en las estrellas, a lo mejor no llega aquí a mejorarnos con técnicas de desarrollo espiritual, a evitar que sigamos haciéndonos daño los unos a los otros, y a quitarnos los trabajos y las preocupaciones, sino para darnos un ben “quitapallá”, y ocupar nuestro espacio en la escala evolutiva.

Ya veremos….o no

Tribu

La tribu, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es un grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres.

Cierto que es segunda acepción, que como primera es cada uno de los grupos de origen familiar que existían en algunos pueblos antiguos. “Las doce tribus de Israel”, añade como ejemplo.

Y a cobijo de estas definiciones, empiezo a plantearme seriamente si realmente vivimos en una tribu, si se puede considerar algo primitivo, o está de rabiosa actualidad, a pesar de la maldita, (o no), globalización.

A mí me ha gustado siempre considerarme de la tribu de la Humanidad, así con mayúsculas, que al fin y al cabo “Homo sum”, y todo lo humano me concierne, pero parece que es otra forma de utopía que se le escapó a Tomás Moro, ya que hay demasiadas tribus que puedo reconocer y que desde luego ni me admiten, ni me admitirán.

El tribalismo, al final, me temo que es sobre todo defensivo, propio de sociedades primitivas, que lo deja muy claro la definición de la Real Academia, y se considera una herramienta de protección de un territorio, de unos privilegios, que se mantienen por sus usos y costumbres, garantiza la transmisión del ADN preservando a las hembras del grupo de posibles intromisiones alienígenas.

Podemos analizar las formas de discusión que en las tribus puede haber con relación a la aceptación de otras formas de concebir la sociedad, de mejoras de los esquemas y las normas que regulan la convivencia del grupo, pero puede ser algo inane, que la razón de ser de la tribu es preservar sus usos y costumbres, sus reglas y obviamente sus hembras.

Es así que la tribu se asocia a lo primitivo en lo social, a pueblos poco desarrollados, rudimentarios, elementales, encerrados en si mismos.

La Real Academia es demoledora, veo, cuando se trata de buscar el sentido real de las expresiones que acostumbramos a usar o a desechar alegremente, ya que ojeando simplemente el mundo en el que vivimos, nos daremos cuenta de que el concepto de tribu, “sensu estricto”, no se reduce a los habitantes de las selvas de Borneo, que está inmerso en el núcleo de lo que llamamos sociedades desarrolladas.

Y es que veo a los jefes de las tribus, a esos casi chamanes proponer empalizadas para defender el territorio de su tribu, que vienen los latinos a quitarnos la hembras, a eliminar por disolución nuestras costumbres de rubios pecosos.

Y así veo a Tito Trump, convertido en chamán de su tribu de rubios altos, caucásicos, bellísimos todos a sus ojos.

Así veo a mi vieja Europa, actuando como una tribu ancestral, primitiva, poco desarrollada, que no nos gustan las invasiones bárbaras, que tememos que nuestro Imperio tribal se desmorone, que nuestro ADN se diluya.

Y lo que es peor, veo a mi vieja Europa, no como una tribu, no. La veo como una amalgama de tribus, cada una con su miedo patológico a perder sus costumbres, sus usos sus gestos y sus lenguajes tribales, sus casticismos.

La unión europea de tribus desunidas (las tribus casi por definición deben ser estancas, impermeables a usos diferentes a los suyos), es el más claro ejemplo de que avanzar en el mundo de las tribus unidas es cuanto menos farragoso, y puede llegar a ser violento, como lo es cuando alguna tribu se siente más amenazada de lo normal.

Veo las tribus de los ultranacionalistas vascos, catalanes, corsos, piamonteses, austríacos, flamencos, groenlandeses, bávaros…..sin ninguna posibilidad de hacer nada que no sea defender de forma excluyente cualquier elemento que el chamán de su tribu considere extraño a sus usos, a sus reglas a su idioma, que ya les vale para comunicarse entre ellos. Con los demás un buen rifle debería bastar.

Pienso que en este contexto de ausencia de una voluntad real de progreso fomentada por el espíritu tribal que nos rodea las discusiones para que las sociedades mejoren, están condenadas a disfrutar de una muy baja productividad.

Si quieren hablar conmigo que aprendan mi idioma, si quieren comerciar conmigo, que aprendan y usen mis leyes, y que no sueñen, que sin algún tipo de fuerza mediante, voy a adoptar nada de lo que lleven en su mochila.

Nunca el Imperio Romano hubiese llenado el territorio de vías de comunicación si no hubiese tenido la fuerza militar, y la necesidad de hacerlo, con lo que el progreso puede entenderse como la imposición a otras tribus, por la fuerza, de costumbres foráneas.

Y ahí tenemos no solo la causa primera del racismo, de las fronteras, de los proteccionismos, sino nuestra propia forma individual de afrontar nuestra vida frente a opciones diferentes a las que hemos adoptado por mor de nuestra pertenencia a este o aquel grupo tribal.

Muchas veces pienso en lo irracional de mi conducta frente a las nuevas opciones que la sociedad nos va ofreciendo, a lomo de ese caballo que me dice:

-“Si lo que tienes te gusta y te funciona, ¿para qué considerar siquiera la posibilidad de otras opciones?.

Y esa actitud se extiende también a través de mi pensamiento, de mi moral, de mi forma de relacionarme, a todos los ámbitos de mi vida, con lo que transformaré mis discusiones en na forma de convencer a los demás de las bondades de mis puntos de vista, perdiendo la oportunidad de ampliar conocimientos, y obviamente eficacia en lo que respecta al desarrollo de mi existencia.

Somos miembros de una tribu, de nuestra tribu, y reconocemos a los miembros de la misma por sus usos, por sus reglas, y con ellos nos sentimos cómodos, protegidos, en la certeza de que podremos transmitir nuestro ADN con tranquilidad, sin interferencias.

El sueño del supremacismo de nuestra tribu casi siempre subyace en nosotros aunque tras una reflexión seria hayamos conseguido reducir en mayor o menor medida su influencia en nosotros.

Así que reconoceré aquello de “América first”, “Deutschland über alles”, “Una Grande y Libre”, y cosas parecidas como parte de la estructura tribal de este mundo que quiere ser global y discute como se hace en un plató de Telecinco a eso que se llama “prime time”.

Buenas noches y buena suerte

El esclavo-ciudadano

Las noticias corren que se las pelan, y sobre todo las falsas, que llevan colgadas alforjas de intereses enormes y llenan bolsillos ajenos a costa nuestra, lo que tiene poca gracia.

No sé muy bien por qué pero desde que la crisis famosa puso patas arriba el sistema bancario con las trampas de las “sub prime”, los incidentes relativos a la gestión bancaria no ha hecho más que hacerse plato de cada día.

No voy a detallar ninguno de los casos que conocemos perfectamente, desde as burdas maniobras de nuestras Cajas de Ahorro en todas y cada una de sus versiones, pasando por las multas que les han caído a tantos y tantos bancos de los más importantes del mundo por prácticas indeseadas en casi cualquier área que cubra la actividad profesional de esas entidades.

Uno que es poco hábil y de natural poco fino, no ha podido, por menos que enterarse de las maniobras del Deutsche, de la UBS, de HSBC, y de los palos que les han dado, eso si sin que las tales entidades se vieran fuera de ninguno de sus mercados, y pudiesen seguir con sus prácticas estupendas.

Hoy me levanto con la historia del tema del lavado de cupón, práctica tendente a no pagar impuestos sobre los dividendos de acciones, como corresponde, y cómo no, la banca, la gran banca en el puro medio, como siempre, como casi siempre.

Y la cosa sigue, que ahora le dan la razón en los juzgados esos del supremo para que el ciudadano siga apoquinando ese impuesto tan miserable que te exige el poder para poder vivir en tu casa, algo, por cierto, tanto o más español que las tapas o la siesta.

Que la cosa no es tanto quién paga el puñetero impuesto, si no a cuenta de qué debe existir, que sobre eso el banco también cobra intereses de por vida al incluirlo en el total del crédito hipotecario. Nadie se me alarme.

Y la sensación de andar navegando de forma continua entre lo que sobra del robo institucional es agobiante. Y es que se nos roba por activa, por pasiva, por parte de las instituciones, públicas o privadas, y lo que es peor, por parte de muchos de los individuos que las gobiernan.

Gracias al tribunal supremo nos hemos enterado de que hay por ahí dando vueltas un impuesto que me temo es injusto, que la gente cree que el banco debería pagarlo, y ahí se equivoca, que al final lo pagamos siempre nosotros, con intereses si es parte de la hipoteca, a pelo si lo liquidamos directamente a la hacienda pública, como tantos y tantos impuestos que giran alrededor de la compra de una vivienda.

Solo sé que desde que el mundo es mundo de lo que no se han librado esos ciudadanos/esclavos que somos nosotros es del pago de impuestos al poder, que ya sabemos lo que pasa con las grandes corporaciones que realmente controlan el dinero, que no pagan.

Tendré que llegar a ser na de esas corporaciones, que por pagar hasta se pagan impuestos sobre las pensiones modestas que reciben los ciudadanos que llegan a cobrarlas. Está bien.

Mientras tanto, procuraré no cabrearme demasiado aunque llueva y me digan que no sabemos recoger esa agua en nuestra vertiente mediterránea, que viene muy guarrilla, con mucho barro y porquería, y es que en los últimos cinco mil años de lluvias torrenciales y civilización tecnológica, aún no se nos ha iluminado la bombillita.

Porque al final, como decía el otro día es que no somos capaces los ciudadanos/esclavos de este siglo veintiuno de enterarnos de lo que sucede fuera de la caverna, no somos capaces, no queremos o no nos dejan emprender el camino del conocimiento, el camino del iniciado, el que nos conduce al conocimiento oculto, al conocimiento esotérico, que ese está reservado a los grandes brujos, ¿verdad Señor Soros?

Serán cosas de la gobernanza, que uno es muy modesto, y debe aprender a dejar el paso a los patricios, a los nobles, a los magos, a los reyes, a los sumos sacerdotes, (no confundirlos con el mosén de sopa y olla).

Sobre todo no hay que olvidar que estamos a su servicio, que estamos a recibir las migajas de sus mesas cando se les caen y que el mayor delito que hemos cometido es el haber nacido.

Pensaba en los números ocultos, esos de los que la cábala seguro que se ocupa, por ejemplo el número de personas que sufren enfermedades que tienen remedio, por falta de recursos económicos, o el número de muertos que se producen por no limitar la velocidad de los automóviles, no en las carreteras sino en su diseño. No tiene sentido permitir que haya vehículos que puedan circular a mayor velocidad que la permitida por la legislación. Nunca lo he entendido, a no ser que considere en la ecuación elementos de enriquecimiento ajenos al usuario, y relacionados con el fabricante y su afán por vender velocidad.

Claro que renunciar a la recaudación por multas de tráfico, tiene también lo suyo. Que el dinero que deslizan los amos en nuestros bolsillos debe permanecer lo menos posible en la tal ubicación.

La Luz, el conocimiento no está hecho para los mortales, que el peyote solo lo pueden tomar los chamanes, y los estados alterados de conciencia al final tampoco nos llevan a la Luz.

Quizás sea necesario un nuevo Prometeo, que espero no deje las cosas en “promesas” y realmente arrebate la Luz y el Conocimiento a los Dioses/Amos y lo reparta entre los humanos.

Pero me temo que la cosa quedará navegando entre las palabras del Príncipe Salinas:

“Hagamos que todo cambie, para que todo siga igual”.

Pues eso

Esotérico

Tengo que reconocer que esas cosas de lo esotérico siempre me han llamado la atención, vamos desde que leyendo a Pauwels y Bergier allá por mis trece o catorce años me tropecé el palabro, lo consulté en el diccionario de casa, y hasta hoy.

Y recuerdo que la palabra llevaba aparejada su antónima, exotérico, que por cierto es palabra sin ningún tipo de “glamour”, que parece dedicada a uno de esos personajes del tufarrismo español, vamos que la palabra no me gusta ni un poco.

Así que vamos a lo esotérico, lo oculto, la Ocultura que postula D. Javier Sierra.

Y sin embargo no voy hoy a hablar del Voynich, ni siquiera de los secretos ocultos de la Alquimia, tampoco de lo oculto en la biblioteca vaticana, que agua pasada no mueve molino, aunque no quito un ápice de interés a ese saber que se esconde entre los legajos de la historia, que hasta a lo mejor guardan las claves de nuestras tres grandes preguntas, a dónde vamos de dónde venimos, y qué coño hacemos por aquí a parte de transmitir nuestro DNA con fruición.

Hoy me apetece reflexionar sobre el esoterismo cotidiano, por el que se nos esconde a todos y cada uno de nosotros de forma intencionada lo que ocurre a nuestro alrededor, cubierto como siempre con el comentario de “ a ver cómo contamos lo que ha pasado sin que se eche la gente a la calle”.

Día tras día nos enfrentamos pues a lo esotérico, que los movimientos del poder deben quedar ocultos, bien ocultos tras los frus frus de las cortinas de los salones, allí donde se deciden nuestras vidas. Lo oculto siempre presente en nuestras vidas.

Creo que hemos llegado a un punto en que ya los seres humanos no vamos más que retazos de la superficie, y además manipulada, incluso más manipulada que las imágenes del fondo de la caverna a la que tanto nos gusta referirnos.

Nos matan a un pollo en un pub británico envenenado con un material más raro que un perro amarillo, o nos desaparecen a un periodista que, digamos, anda tocándole los huevos al sátrapa de turno allá por el desierto de donde el petróleo sale.

No sabemos que hay detrás del corazón del Tito Trump, es esotérico y discreto el sistema por el que se toman las decisiones aunque en pura democracia deberíamos los ciudadanos estar al corriente.

Pero es muy difícil bucear por debajo de la punta del iceberg, y es que siempre nos dicen lo mismo, “solo vemos la punta del iceberg”, lo demás es esoterismo puro.

Así que ya me dirán ustedes cuál es la forma más adecuada para conocer los arcanos de lo oculto, que en lo oculto, parece, y en eso estamos todos de acuerdo que el poder real está en el mundo de lo esotérico, el dinero, por ejemplo en la transmutación de los metales innobles en oro, tal y como la alquimia ha intentado y sigue intentando.

La alquimia hoy es más sencilla a caballo de nuestra civilización, que simplemente algo de corrupción política suficientemente esotérica, nos produce ingentes cantidades de oro.

Ya veis, es sencillo pero solo para iniciados, para aquellos que son del club, del grupo, del establishment, como debe ser, como ha sido siempre. Lo demás no pasaremos, en el menor de los casos de aprendices de brujo. Así son las cosas.

Pero lo oculto ve mucho más lejos, mucho más, y esa es la causa de que sigamos en la inopia, que hoy te dice el telediario, ese que me niego a ver, no sé qué de que andamos tirando comida, y se nos mueren tantos y tantos seres humanos (bien que de segunda o tercera categoría) por mor del hambre, en sitios de esos que no se encuentran ni en el Google Maps. Será que se lo merecen por indolentes.

Es parte de ese esoterismo cotidiano, lo que se cuece detrás de esos regalos que le hace a la Banca española nuestro tribunal supremo (a partir de ahora la tal institución no se merece las mayúsculas).

Es esoterismo, legal, eso sí, lo que se cuece en los consejos de ministros de todos los países, faltaría más, que se entera el enemigo de lo que se debate, y nos la lía.

Dejemos que, en esas minorías que a veces ni siquiera sabemos quienes son o de donde han salido sean como siempre los guardianes de lo esotérico, mal que le pese a Iker Jiménez o a Miguel Blanco. Que los secretos de verdad no están en los textos ocultos en las pirámides, ni en las excavaciones mayas o sumerias, están en los archivos de las agencias gubernamentales, de cualquier país del mundo.

Lo exotérico es lo que le comenta el portavoz gubernamental a los periodistas que intentan preguntar lo que les ha pedido su jefe de redacción en la rueda de prensa.

Y la verdad es que cuando pienso en el esoterismo que rodea a Warren Buffett, o a Bill Gates, o a cualquiera de los dirigentes que controlan el tráfico de armas, el de drogas ilegales, o como se decide qué enfermedad es rentable intentar cronificar, y cuál es mejor no investigar su solución, me da un escalofrío, así que procuro no hacerlo demasiadas veces.

Porque, de hecho, casi todo lo que ocurre a nuestro alrededor es esotérico, que ni siquiera conocemos los entresijos, y mucho menos los conjuros que los alquimistas de hoy en día nos hacen desde pantallas de televisión, de las que sale oro para calmar sus penas y tranquilizar sus espíritus. Alquimia pura.

Así que ni de aprendiz de brujo, lo nuestro es el fondo más oscuro de la caverna, allá donde la luz que nos llega ni siquiera refleja la capa más externa de lo esotérico, de lo que de verdad nos gobierna, nos dirige.

Pero para no aburrirme seguiré buscando entra las noticias falsas que nos separan de lo esotérico, alguno de esos datos, alguna de esas cifras que hacen que vislumbre alguno de los arcanos en los que este este siglo XXI se apoya para su evolución.

Los muertos de hambre y su evolución, los raptados por sectas armadas, los esclavos en los que se apoya nuestro desarrollo económico, los millonarios del crimen, los contactos de mis servidores políticos…..y hasta si te pones pesado los nombres de los extraterrestres que habitan entre nosotros.

Con su pan se lo coman

 

Mi productividad anda por los suelos

Ayer en la oficina no daba pie con bola. Tremendo, ni con el drive, ni con el wetch, ni con el putt. Un desastre.

Y me dediqué durante toda la jornada a despotricar contra el campo. Que si las calles estaban secas, o quizás demasiado regadas, que si los greens estaban picados y ya iba siendo hora de que los segaran.

Y mi socio de gabinete, yendo recto como una “patena” que diría il fu Gil, aprochando casi bien, y pateando decente. Yo a lo mío, no analizaba mis acciones, las decisiones que tomé fueron erróneas en su mayoría, con lo que no hubo forma de obtener una jornada productiva, no como mi socio que consiguió cumplir ampliamente sus objetivos.

Y la razón, en obvia ausencia de una dismenorrea que todo o casi todo puede justificar a casi la mitad del género humano, me vi forzado a buscarlo en otras latitudes.

Y es que me vino a la cocorota eso de que en Brasil, uno de esos países en los que tanta pobreza he visto, un pollo que comparte piso con doña Le Pin, no ha salido presidente a la primera de cambio por los pelos.

Me dicen que la razón hay que buscarla en el hecho de que los de izquierdas, los que defienden a los trabajadores están en chirona…por haber, posiblemente, metido la mano en la caja. No pasa nada, que al final es la perta que se ha abierto en este mundo global en el que las clases medias han pasado a ser clases mitad de cuarto, a lomos de la ambición desmedida de ese uno o dos por ciento que se dedica de forma obscena al almacenamiento de recursos y dinero.

Y claro me viene al coleto que la consecuencia de eso que hemos dado en llamar crisis, no ha sido más que un expolio descarado de esa mass media que empezaba a soñar en un mundo en el que el futuro de las familias estuviese más o menos asegurado. Y no, que parece que todo lo que a través de décadas de lucha se pudo conseguir, se ha diluido como un azucarillo.

Nuevos charlatanes asoman al panorama político, lo hizo Tito Trump en el Imperio, lo han hecho en Italia, lo han hecho en el Reino Unido, que la gente ya no quiere el discurso de la señora Lagarde, ni de los chicos del MIT, o de Harvard.

Ha salido muy caro a la mayoría de los ciudadanos, el hecho de haber soportado políticos corruptos, aquí, allá, y un poco más lejos, unos más burdos que otros, que hasta me han mandado n vídeo en el que el voto en un país africano, se pagaba a 15 euros. Una bicoca.

Y uno, que es como ese Mr. Chance de “from my garden”, recuerda haber leído, o escuchado que el partido nazi subió al poder cuando al pueblo alemán, la codicia de los aliados que habían vencido en la contienda 14-18, empobreció tanto a las clases medias que escucharon los cantos de sirenas de quien, al final, se convirtió en uno de los mayores genocidas que nos ha legado la historia.

Con diferentes estilos, me temo que estamos siguiendo la misma senda, pero de forma global, y van apareciendo, poco a poco, aquí y allí, nuevos grupos, que al grito de arreglarlo todo y volver a los logros del “New deal” arremeten sin posibilidad de resolver nada, contra las pocas cosas lógicas que quedan en el sistema que actualmente más o menos, aún rigen nuestras vidas.

Así que ahora tocan los nacionalismos, tocan los extremismos a los que nos han abocado la última década de expolio. Y es que es muy difícil ir marcha atrás en el tema del bienestar de los ciudadanos sin que haya consecuencias, creo.

Y claro, hablar de estas cosas no son adecuadas para que el día en la oficina sea productivo, es imposible, que además cuando triunfan estos iluminados, como el Sr. Torra, como el Sr. Maduro, o los que poco a poco van adquiriendo parcelas de poder, quienes de verdad acaban sufriendo de forma indecible son los ciudadanos, ¿verdad Sra. May?.

Así, que me quejaré al presidente de mi oficina, que, por favor, arreglen los greenes, que ajusten las tarifas, que nos dejen vivir en paz, que nos dejen vivir dignamente. Creo que no es tan difícil.

Sobre todo cuando el éxito de las políticas de educación de la gente, las políticas de comprar nuestra alma con esos espejitos de colores, han sido un verdadero éxito, al crear unas masas de gente que dirá que sí a cualquier cosa que se le proponga.

A lo mejor es el momento de que el sistema empiece a pensar en el ser humano. No parece tan difícil, ¿0 sí?.

Y esa es la cosa, estamos a punto de aceptar cualquier canto de sirena que nos prometa lo que desde luego no se va a cumplir, pero eso es lo de menos, la nueva revolución será la de los populismos, los nacionalismos, los pasos atrás que nos habrán de empobrecer aún más, y como en la Alemania de los años treinta, seremos los ciudadanos los que habremos hecho posible el dislate.

Y nuestra vieja Europa discutiendo aún el sexo de los ángeles, si el corso debe implantarse en las escuelas, si lo que realmente importa es que en mi pueblo o en mi escalera tengamos la importancia suficiente para ser admitidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Nada más importa, que el señor alcalde pedáneo quiere ser reyezuelo democrático, que se ha enterado de buena tinta que si tocas pelo del poder el subidón es la leche.

Yo estoy muy mayor, y muy cansado de que estas cosas aún me afecten, y me impidan hacer mi ración de cuatro o cinco pares, un birdie, y no perder demasiadas bolas en la oficina, que lego mi profe se me desespera, y tampoco hay que fastidiarle.

Por cierto, en Cameroun, me dicen que el presidente de ochenta y cinco años y décadas en el poder se presenta a otro mandato. Bueno, y que en las legislativas gabonesas se ha laminado a la oposición, a cambio de 15 euros por voto.

Total, ¿a quién le importa?

Con su pan se lo coman.