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La Excusa de la Pandemia

 Sí, es cierto, estamos pasando un trago duro, y creo honestamente que sin excepciones de países, razas, creencias, o posición económica. Todos estamos expuestos a que nos toque esa no deseada lotería de la infección por el tal virus. Las consecuencias inmediatas ya las estamos viviendo. La gente encerrada en casa, demasiados mayores, o personas con deficiencias de salud se están marchando antes de tiempo, y no parece justo.

Las siguientes consecuencias son las de las libertades individuales, que también se están deteriorando a pasos agigantados. A golpe de decreto se nos confina en casa, lo que no es demasiado ilógico, a mi parecer, dadas las características del reto que tenemos delante, pero al fin y al cabo es una primera libertad que se nos restringe, y eso no es bueno.

Esas libertades, que a lomos de un decreto dictado deprisa y corriendo a lomos de la ola del pánico, no solo restringen los movimientos de algunos ciudadanos, sino que trasforman en jueces a policías que sin ninguna formación jurídica deciden quién y quién no está cumpliendo con la normativa gubernamental. Y eso, eso, me parece que va contra lo que debería ser un estado de derecho, para transformarlo en un estado policial.

Las autoridades han emitido una norma llena de agujeros, que pueden, a criterio del policía de turno, transformar en culpable, sin juicio a un ciudadano inocente. No podemos permitir que los guardias decidan si ir a comprar el pan, solo el pan, es un incumplimiento, ya que la norma nada dice de qué tipo de alimentos hay que avituallarse, ni de las cantidades que deben comprarse, ni a qué centro o supermercado hay que ir para realizarlas.

Me he tomado la libertad de leer el Artículo 7 del citado Real Decreto 463/2020 y su corrección en el 465/2020, y una vez leídas las limitaciones me surgen las siguientes dudas, que por supuesto un guardia erigido en juez, sentenciará.

a) Adquisición de alimentos, productos farmacéuticos y de primera necesidad.

-Aquí, no se especifican cantidades, centros a los que hay que ir, no se especifican que se entiende por productos de primera necesidad, lo que se deja a criterio del representante del régimen policial al que estamos siendo abocados, establecer la sentencia. Comento esto por la noticia que ha salido en los medios de una multa de mil euros a alguien que le dijo al agente que iba a comprar Nocilla, que a mi entender es un alimento.

Quiero recalcar que no estoy de acuerdo con la actitud del multado, pero sensu estricto, no infringió la norma, y el policía decidió si comprar Nocilla era legal o no. Eso es estado policial colgado de una ley mal hecha.

b) Asistencia a Centros Sanitarios,

–Yo supongo que si me duele un dedo de la mano izquierda, y decido ir a que me visite mi médico particular que pasa consulta en su casa, estoy cubierto por la ley, y tengo derecho a hacerlo. ¿Pero cómo convenzo al representante del estado policial?. La ley no dice nada, absolutamente nada, lo que me lleva como ciudadano que era a un estado de inseguridad jurídica inquietante.

c) “El apartado 2 del decreto, viene a decir que los agentes de la autoridad podrán practicar las comprobaciones en las personas, bienes, vehículos, locales y establecimientos que sean necesarios para comprobar y, en su caso, impedir que se lleven a cabo los servicios y actividades suspendidas por este real decreto, salvo las expresamente exceptuadas. Para ello, podrán dictar las órdenes y prohibiciones necesarias y suspender las actividades o servicios que se están llevando a cabo

.” -Esto es una definición de estado policial, en toda regla.

d) Cuando hablamos de atender a personas mayores, o discapacitados, ¿De qué hablamos?.

No se hace ninguna mención al grado de discapacidad, o a la edad de la persona, o si tiene una incapacidad temporal. Así que cuando el Sr. Agente te para, no sabes, dejando a un lado tu palabra de honor, como demostrarle al tal agente policial que lo que ha provocado que estés en tránsito, se ajusta a la norma.

De nuevo dejamos la sentencia en manos de una persona que no está preparada ni diseñada su labor para estos menesteres.

Cuando hablamos de la residencia habitual, a qué nos referimos. ¿A la dirección fiscal?, a donde duermes más de no sé cuántos días al año, o quizás a la casa de ese familiar al que te desplazaste para atenderle durante estos días de confinamiento.

Y de nuevo, ¿Cómo diantres le demuestro esto al agente? No dice nada el Real Decreto de la documentación que debe mostrarse al policía cuando estás yendo a tu puesto de trabajo en un hospital, por ejemplo, con lo que dejamos de nuevo a criterio del guardia la sentencia sobre la situación.

Y así lo mismo, si voy al banco, o causa de fuerza mayor o necesidad. ¿cómo se define fuerza mayor, o necesidad delante del guardia? Lo que es necesidad para mí, no lo es para él, y él juzga….

El tal real decreto está lleno de imprecisiones, que al final acaban con mi libertad coartada, lo que si se ha decidido que sea así por parte del gobierno, es una canallada, y si es por falta de profesionalidad…vosotros mismos.

Si buscamos en internet la modificación del decreto, el 465/2020, veremos que es una continuación de la canallada o de la chapuza, que viene a ser lo mismo, y si leemos las interpretaciones que la abogacía del estado da a las cuestiones planteadas, tampoco aclara nada, ya que al no haber sentencias judiciales al respecto, la indefensión del ciudadano sigue viva.

Que conste, que soy el primero en no salir, en intentar seguir escrupulosamente las indicaciones que se nos dan, ya que creo en ellas. Pero como se nos han transmitido, como se han publicado las normas, y como se le ha dado un poder a las Fuerzas de Orden Público, me parecen un ataque a las libertades que la ciudadanía tiene.

Y para terminar, y apoyando este argumento de estado policial, la normativa no explica el tema del paseo de las mascotas, nada hay escrito en el BOE, pero eso sí, la Policía ya ha empezado a decir lo que se puede y lo que no se puede hacer. Y lo siento, no es su trabajo, no lo es.

Que os vaya bonito

es lunes

Nunca me ha gustado enfrentarme a los lunes, no sé bien por qué, ya que aún no se ha inventado eso del síndrome “post fin de semana” (seguro que lo llamarán “post weekend”, si llegan a definirlo). No sé por qué, ya digo.

Y analizando la cosa, a mí no me afecta el que haya que volver al curro, que eso hace ya muchas lunas que no me acontece, realmente no sé por qué me molestan tanto estas mañanas de nueva semana.

Esta se levanta triste, con el cielo cubierto solo por fastidiar, que llover, no llueve pero no se ve el sol, y los que nacimos a orillas de ese Mediterráneo, al que me gustaría añorar, la ausencia del sol quizás nos entristezca. Lo dicho, no sé.

Quizás sea la constatación de que todo sigue igual, con esa tozudez que da la predestinación en la que no creo, pero como las meigas, hayla. Te deja de nuevo con la sensación del ratoncito en su rueda, moviéndote sin sentido, y como es lunes y empieza el ciclo corto de la existencia, que es la semana, miras por la ventana, ves la cosa gris, y te esfuerzas para correr en la ruedecita de tu jaula, sin llegar más allá de lo que te hayan marcado no sé quiénes.

Creo que los lunes son los días en que realmente te das cuenta de que estás ahí atrapado, que te vendrán historias que te son ajenas y a lo mejor te producen la ilusión de que resuelves algo, de que generas alguna actividad que puede traer un beneficio para alguien, para algo.

Pero al final no es más que el movimiento del ratón dentro de la rueda, en su jaulita blanca…..creo.

No es que aspire a la trascendencia, que no es eso, pero la sensación que conllevan mis lunes no me ha gustado nunca, y a lo mejor, esa indicación de “volver a la rutina”, es lo que más me produce esa sensación de inutilidad.

La cosa, a lo mejor está relacionada con esas malditas preguntas que la humanidad viene haciéndose desde siempre, relacionadas siempre desde la trascendencia con que si no sabemos de dónde venimos, ni a dónde vamos, ni que se espera de nosotros, en fin, esas cosas, que hacen que el coger el coche por la mañana del lunes para ir a la oficina, o al campo de golf, que viene a ser lo mismo para lo que nos ocupa, llenen la mente de la conciencia de la pérdida de tiempo.

Ya saben, aquellos que me han hecho el honor de leerme, que hasta ahora el único papel reconocido por mí y que trasciende al ser vivo, es de transmitir su carga genética a otra generación.

Nada más, ya que el resto de las cosas es un ver quién mea más lejos, y además es igual en todas las especies de seres vivos del planeta, (por lo menos).

Que si el yate más grande, que si los dientes más fuertes, que si los colores de la cola más brillantes, que si el fruto más atractivo….toda la naturaleza bailando al mismo son, sin parar, desde siempre, que de lo que se trata únicamente es de transmitir el maldito ADN, en el que a lo mejor va nuestra conciencia, nuestra alma, o vaya usted a saber qué.

Porque puestos a cogérnosla con papel de fumar, ni siquiera podemos decir que nuestro ADN es nuestro, que viene desde muy atrás generación tras generación, y nosotros como mucho lo administramos como podemos, y lo transmitimos, quizás con nuestro “touche de classe”, si el entorno ha sido favorable.

Es decir, que ni siquiera en la acción trascendente de nuestra vida, somos capaces de introducir de forma consciente nuestro granito de arena.

Por eso me molestan los lunes, creo yo, porque se reinicia el ciclo del ratoncito que no va a ningún sitio, tras un paréntesis en el que a lo mejor ha cambiado algo tu rutina, pero que no deja de ser un espejismo.

Si me pusiera del lado de Sartre, me quedaría con que son mis actos los que determinan el significado de mi vida, con lo que tendría que crear mi propia ética de responsabilidad y alejarme de las creencias externas a mí.

Y sí, me suena, porque de hecho si he encontrado la ética universal de los seres ¡más que humanos!, ¡vivos!, y es la de transmitir ese ADN que nos pusieron al concebirnos, por mucho que se empeñe Ortega en que además de ser yo, soy mi circunstancia, vamos, el ecosistema en el que estoy ubicado, diría yo.

Pero mi circunstancia como ser vivo está más que clara, ninguna otra hay que la supere. Lo único que nos hace cósmicos es ese deber da la transmisión del ADN, que lo demás está, creo, sometido a esa labor, es la carcasa necesaria para la efectividad del deber que nos impone la vida.

Ya ven ustedes, que acabaré metido en la náusea sartriana derivada de la monotonía del transcurrir de la vida, de los días de la semana, independientemente de si pienso libremente o no, independientemente de si ejerzo mi albedrío, o no, que al final nunca decidí venir por este mundo, ni decidí mi forma biológica, ni decidí el método de aprendizaje para adaptarme a un medio que ni diseñé ni escogí.

Y además tampoco voy a decidir cuándo se acaba mi tránsito por estos lares del demonio, que tampoco es que importe, pero sí que se reconozca mi derecho a la libertad, aunque para lo trascendente no tengo ni una pizca de ese supuesto bien.

Y a lo mejor es lo que tiene el lunes, que te dan ganas de hojear “Crimen y castigo”, o “El extranjero”, y eso te deja hecho unos zorros, que acabas sumido en una suerte de nihilismo que no se ajusta a patrón alguno, y sin ganas de navegar por los canales que te han preparado.

Si habéis llegado hasta aquí, gracias, y espero que a nadie se le ponga en la cocorota proponer el “síndrome del fin de semana”, que lo mismo le hacen caso y la CEOE ya tiene bastante con que hayan subido el salario mínimo, y con que ahora no les dejen despedir ni a enfermitos, ni a preñadas ni a los de los permisos parentales. Que tiene guasa la cosa.

¡De nada!

Y yo, ¿ qué sé?

A veces nos empeñamos en afirmar que no pasa nada, y quizás sea cierto, que por lo que veo, en este valle de lágrimas, se trata de “hablar de mi libro” como Don Marianico nos recordó con toda su retranca el otro día junto al tomo de sus memorias.

Así, que debemos todos tener la sensación de que sí, de que las cosas están pasando, una detrás de otra, y que todas nos afectan de forma directa, en primera persona del presente de indicativo.

Parece que si me empichan al Tito Trump, mi vida se tambalea, si los nietísimos de Su Graciosa se encabritan, mis carnes deben ablandarse…

Y así una tras otra, con esa lista interminable que hoy empieza por Torra, y acaba con el Vp. del Gobierno viéndose a escondidas con el enviado de Maduro, y mañana acabará con el arrebato a los cielos en un carro de fuego de los Comín y Puigdemont…..

Y a mí ¿qué?, a mí ¿qué cojones me importa?, vamos lo mismo que si se le pone la cara larga al seguidor del “Pupas” porque la Cultural…. Mantener estas tesis puede que te haga nadar contra corriente, que piensen los que te rodean, (de los que por cierto pocos importan algo), que eres un cafre cavernícola, o un pollo con vocación de santón estilita, que por cierto su razón tendrían.

Lo malo es que sí pasa, y mucho, pero de eso no nos enteramos, ya que de su conocimiento podría derivarse un beneficio personal, y eso, ¡ay, amigos! no está al alcance de los mortales.

Ya me gustaría tener las informaciones que de verdad me atañen, como el ser la mosca en la pared de las discusiones de consejo de dirección de las grandes compañías del mundo, o de los entresijos en caliente de lo que andan peleando los chinos y los yanquis.

Si haría unos dineros con eso, ¡vaya si los haría!, pero es mejor que me sienta cautivado por el color del pelo de la cantante de moda, o de las broncas conyugales de Menganita o Zutanita, que como todo el mundo sabe, es la versión femenina del intento de fichaje del futbolista ese, que al final parece que compra un partido por un plato de lentejas.

A todo esto, y a caballo de telediarios, de tertulias cultas en Telecinco, de discusiones cuasi tabernarias sobre los logros de Zidane o las penas de Valverde, se nos va pasando la vida sin que de ninguna manera podamos tener la más mínima oportunidad de saber realmente que es lo que está pasando a nuestro alrededor, de cuáles son los contubernios en los que de verdad se decide qué es lo que va a pasar con nosotros, por qué y si es posible a qué hora.

He pensado en preguntar a San Google, que me dicen ya sabe de nosotros mismos, más que la madre que nos parió, y por supuesto más que nosotros, que somos todos unos haraganes de mucho cuidado, que con ese afán de estar informados, nos sabemos de memoria la lista de fichajes de invierno del Muy Respetable Club de Fútbol Real Celta de Vigo, y la de los novios de Doña Chenoa, pero ni idea de cuándo van a subirnos la factura del gas o qué está pensando en hacer nuestro gobierno para quitarnos por la puerta de atrás dinero subiendo no sé qué impuesto, y quitando no sé qué servicio/derecho.

Y es que no sé qué pinta el político de turno sobrevolando las zonas devastadas por el temporal. ¡Cómo si no hubiera suficientes funcionarios para cuantificar los daños!.

Pero queda muy chulo salir en el telediario con cara de solidaridad, hacer promesas, y ciscarse en ellas, que hasta dentro de tres años nadie va a ver un duro.

Pues no, no me importa nada esa noticia, que lo que me importa, si vivo allí, son las soluciones para resolver mis necesidades de forma inmediata, y si no es ese mi caso, saber que se está liando parda, para aplazar así mi viaje, y no transformarme en parte del problema.

Se imaginan ustedes un telediario que empezase por transmitir en directo el consejo de administración de una compañía eléctrica, o la reunión matinal de directivos de Apple, Google o Amazón….bueno, de Inditex también.

¿Se imaginan ustedes lo que sería, de verdad, estar informados de aquello que pueda afectarnos, de las ideas que aquel directivo está colocando en el consejo de su empresa, para saber más de nosotros, o de cómo manejar la información ya en sus manos?.

¿Se imaginan ustedes lo que sería que las agencias de información de los ejércitos de los países nos dijeran lo que saben de nosotros, y sobre todo cómo piensan utilizarlo y para qué?. ¿Qué se habrá hablado en las suites de Davos, o paseando por los campos nevados de los Alpes?.

Ahí posiblemente está el meollo de la información, no en la distorsión que llega a las ruedas de prensa, y que no sirven más que para manipular al que además, como yo, le presta poca atención. Cierto que después se apostilla el asunto con los artículos de fondo de la segunda del ABC. Pobre consuelo.

Es evidente que las grandes preguntas que me dicen se hace el ser humano, no tienen respuesta, los famosos de dónde venimos, a donde vamos, quiénes somos, cuál es nuestro papel por estos lares…

. Pero las de segunda fila, tampoco tienen respuesta, ¿Qué saben de mí?, ¿Quién lo saber? ¿Para qué lo usa? ¿Quién me quita lo que es mío? ¿Por qué lo hace?, ¿Cómo llego a fin de mes?, ¿Cómo alimento a mis hijos? ¿Quién decide por mí?.

Y no es ponerme conspiranoico, pero me temo que hay demasiadas cosas que me/nos interesan a los seres humanos, y se nos oculta de forma consciente, siempre con el motivo de no alarmarnos. ¡Coño si el alarmarme es el sistema de autodefensa con el que me ha dotado la naturaleza!.

No sé si alguna vez nos será concedida la gracia del conocimiento de aquello que ocurre en nuestro entorno, creo que no, de forma que estaremos desvalidos en nuestra protegida cárcel de cristal oscuro. ¡Voy a poner los informativos!

Un despiste

Es posible que no lo sepáis, pero soy de natural despistado, que si fuera uno de esos sabios que la caricatura adjetiva así, se entendería, pero no, que me falta lo de sabio.

Y en esas condiciones uno se transforma en viejo chocho, es decir despistado no por andar en un mundo de sabiduría, analizando los ángulos epistemológicos de la cosa, (la que sea), sino porque el mundo en el que anda uno no está demasiado poblado de temas trascendentes y pasa lo que pasa.

Cada vez me voy dando cuenta con más frecuencia del hecho de que se me traspapelan las ideas, que si he quedado un martes, resulta que caigo el miércoles en que la cita era el lunes, y a lo mejor hasta me estoy equivocando a la hora de comprar el número de lotería que he soñado, que o descoloco los números, o descoloco el sorteo.

Cosas del diablo, o de la edad. Y es que en esa vorágine uno ve a los de la generación triunfante que ahora anda en política, tras haber defenestrado a los viejos dinosaurios, (más jóvenes que yo en cualquier caso), y echa uno de menos al tal Tardá, al cual Más, incluso al cuyo Rajoy, o al quien Rubalcaba.

Que veo lo que las nuevas generaciones nos han traído, a lomos de pericos, rufianes, y malcasados, y no le llega a uno a tentarse la ropa.

Que a lo mejor, lo que pasa es que ya uno no habla ese lenguaje, cosas de la edad, o que a uno se le olvida lo que te quieren vender por la tele o la radio a la hora de la siesta, y solo se le queda a uno el grito que pegan, en el mejor estilo de las tertulias cultas de la cinco.

No lo sé, que a lomos de las incongruencias que genera mi cerebro, inducidas o no por esa caterva de paniaguados, uno empieza a pensar que es mejor olvidar, o confundir las cosas, que para que me las confundan estos pavos, me confundo yo a mi mismo, que es más cómodo, creo.

Estoy cansado de escuchar en boca de la misma persona aseveraciones definitivas de una cosa y de su contraria, bien que enmascaradas por los toques que la inmediatez ha traído a nuestra convivencia a lomos de las redes sociales, de la tecnología y del servicio del tal Bezos, o del gallego Ortega.

Que si no llega en dos horas lo pido a Alibaba. Por lo menos en el caso del tal chino, pone el nombre de un ladrón a su empresa, que antes que nada y por el buen nombre del negocio, no engañar ni en el título, que aunque el tal Alibaba, nace pobre y leñador, va convirtiéndose en el más aventajado ladrón.

Por eso no lo entiendo, que jamás compraría a alguien así, pero el mundo lo hace. Y no sé si por no conocer la historia recogida en las Mil y una Noches, o por escondidas razones que a mí se me escapan. Ya no sé de qué estaba hablando cuando empecé con toda esta historia bitacorera, y andar de escalada al inicio de la página se me hace arduo, pero sí, que la cosa va de que estoy hecho un lío, y que las motivaciones que me llegan desde afuera no son suficientes para darles mi atención, muy a pesar mío, y en ese dilema tiendo a meterme en la concha molusquera o buscar algo de luz en el hoyo del avestruz australiana.

Y no es aburrimiento, que en mi cueva encuentro montañas de estímulos, estímulos que han estado durante años esperando su turno para ir aflorando, y que no quiero dejar sin atender antes de pasar al Oriente Eterno, que por allí me dicen que te examinan, y que si no apruebas te sacuden de veras.

Y vistas las cosas, no sé si darle de nuevo al Buscón Don Pablos, a Lázaro de Tormes, al Guzmán de Alfarache, o a Rinconete y Cortadillo. Eso sí, sin salir de la picaresca que ha reinado siempre en este país de ricos, donde los ciudadanos son pobres.

Ya ven vuesas mercedes, cuán lejos estoy de acercarme a la Ilustración que quiso traernos Carlos III y que acabó aburriéndole, o de los jeribeques colgados de los sesudos filósofos del Norte frío, que se me hacen imposibles de entender.

Por eso, a lo mejor no soy capaz de entender los mensajes que me lanzan esos nuevos políticos de lo inmediato, y tiendo a confundir el mensaje, por no marear, mayormente, a mis neuronas, o a mi neurona, que ya no sé si reina la soledad en ese reino cubierto por mi boina de Elósegui.

Y de paso, me dirijo al refugio que consiste en olvidarme de casi todo, porque al final resulta que lo único que me interesa es lo que concierne al ser humano, y eso me aleja de los foros en los que se dirime el quién ostenta el poder, y quién se hace con el dinero.

Pero como todo tiene ese efecto colateral, que tan bien les viene a los adoradores de la violencia, mi efecto colateral quizás sea lo de olvidar alguna cita, o no querer recordar por qué página del último libro andaban mis ojos paseando.

Y de verdad, no me apetece comer rabos de pasas, que como estoy, estoy más que bien, ¿qué queréis que os diga?, y si Trump ha dicho otra burrada, pues la olvido, si a su Graciosa Majestad se le levantan los nietos, pues ya lo siento.

Que son otras las cosas en las que quiero estar, y seguro que más de uno me comprende, cuando digo aquello, al mejor estilo de Diógenes:

-Por favor, Alejandro, majo, échate a un lado que me quitas el sol. Así que la vajilla de fino oro labrada, sea de quién la mar no teme airada.

Decía algo?

Monotonía de lluvia

Buscad, si os apetece, aquel poema de Don Antonio Machado, al que llamo hermano, que empieza con un:

Una tarde parda y fría de invierno.

Los colegiales estudian.

Monotonía de lluvia tras los cristales.

A mi se me viene muchas veces encima, y más estos días en que la Meseta sin ser invernal, quiere parecerlo, con sus nieblas meonas, que aquí nunca se ha atrevido a llover del todo,  aquí del todo, nada acontece.

Y ese recuerdo al Caín que se escapa mientras Abel yace muerto en su charquito de sangre, en el cuadro del fondo del aula, el cuadro que por visto miles de veces ya se ignora tanto como se ignora el color del picaporte de la puerta.

Y al fondo la radio con su letanía matinal, o vespertina, que no importa que sea la misma, y que parece el maestro que nos hace cantar a coro la lección….¡Sánchez por Casado igual a Rufián, Rufián por Arrimadas igual a Abascal…..! Monotonía de lluvia que no es, de lluvia que parece niebla o niebla que parece……

Pero todo es monotonía, pegajosa, insufrible, aburrida, como la tabla del siete, del tres , o del nueve. Nos cambian el clima, “cuarenta y siete”, negociamos con los indepes “sesenta y cuatro”, les pregunta el Rey “cincuenta y seis”.

Monotonía de lluvia, o de niebla meona, tras los cristales.

Habrá que cambiar al maestro, o al sistema educativo, que me es indiferente, sabiendo que siempre habrá una letanía por cantar, que siempre un oficiante dispuesto, ¿que son veinticinco conferencias del clima?, “cuarenta y nueve”…

Y como la tabla del siete, nada cambia, todo está igual, siempre igual, que el de ahora no es Felipe, que es Perico, que el otro si es Felipe, que no JuanCa, que ya no es Jordi que es Puchitorra…..

Y a mí, ¿ qué me importa San Gabriel, el de Santa Coloma,?  que no me parece ni bueno ni mártir, que ahora es Rufián, y lo que dice no me hace mejor, y me temo que a usted tampoco, que las letanías de esos oficiantes no son como la del maestro, que ésta es para engañarnos, y la del maestro para que no nos engañen en el cambio.

Por estas latitudes no se oyen las gotas de agua chocar contra el alfeizar, aquí es solo niebla meona, esa niebla que entra en los huesos y que impide que vislumbres el futuro, como las letanías que nos sueltan para que no nos fijemos demasiado en la pasta que se están gastando para nada los de la tal cumbre del clima, ¿en qué estarían pensando los chilenos?.

Estas oportunidades las pintan calvas, pensamos por aquí, y nos traemos a la niña sueca, que viaja en catamarán de lujo y en espresso de Lisboa, chucuchucuchu, y decimos que le estamos quitando la infancia o la adolescencia. ¡No me jodas!,

Si mal no recuerdo la niña es sueca, y a los que roban la infancia, la adolescencia, la vida, en definitiva, son a los que andan dando tumbos por Niger, por Mali, por Bangla Desh, o los que viven en los campos de refugiados de los que escapan de Siria, o esos  de Birmania, que les llaman rohingya.

Recordad mis palabras de hoy cuando veáis a esta niña, a la que están robando la adolescencia, entrar como diputada en el parlamento europeo, o en algún gobierno.

Os diré que como Dani “El Rojo”, aquel pollo que llevó lo del sesenta y ocho en París y en el que sin estar, todos estuvimos.

Prohibido prohibir, nos decía, a caballo de su acracia soñada, y acabó en el legislativo europeo……haciendo leyes.

Y no es culpa de ella, seguro, además de que está haciendo una labor más que útil, y a quien se le haya ocurrido montar el tinglado,  lo ha clavado.

Ha dado en el corazón sosorrón y bonachón de los euroblanquitos, a los que les molestan las pateras, a los yanquis de Alabamaa los que les molestan los espaldas mojadas. ¡Cómprate el coche eléctrico! ¡Cómprate un panel solar!, respirarás mejor, y tus hijitos y tus nietecitos.

Esperamos que no se te olvide superaislar tu casa, que te den la A verde esa. Y es que el ramo de la construcción anda jodido.

A lo que no renunciamos de ninguna manera es ir hacia atrás, que todos queremos la leche envasada, y es que nadie sabe qué es lo que entra en un granel, que nadie quiere tener la casa a 18º, que nadie quiere ni coger el metro ni que lo cojas, aunque vivas en Móstoles o en Terrassa y curres en Sol o en el Passeig de Gracia.

Es lo que tiene la niebla meona: molesta, persiste, como lo que cada día se empeñan en echarnos encima desde los telediarios, desde los noticiarios, cada uno en su onda, al augur de la nómina que le paga el pienso, que todos comemos y hay que entenderlo.

Hasta el Atlético de Madrid vuelve a ser “El Pupas”, y Barça y Real, compartiendo la cabeza. Todo con la monotonía de esta niebla meona que me está dejando el Barbour hecho un asco.

Ya veis, nada nuevo, todo espeso como esta niebla que cuando lees el tiempo del día, lo primero que te dicen es día despejado, que para llegar a la niebla hay que leer un poco más.

Así que me voy a preparar un aperitivo como Dios manda, que ¡total! para como están las cosas me importa un carajo si dentro de diez años los autobuses son eléctricos en Madrid o van a vela, porque lo importante no es eso, es evitar esas macrociudades que desestructuran los territorios en nombre de la economía de escala.

¡Lo que  ay!

Es Catalan quien…..

He leído un artículo del último ganador del Premio Planeta, un cacereño catalán, o un catalán cacereño, sobre el doloroso tema de su tierra, que es la mía, aunque yo no sea de Badajoz. (Buscad “La gran Traición” un artículo publicado en El País el 16/06/2019).

Habla entre otras muchas cosas del engaño al que los nacionalistas, encabezados por el tal Pujol, sometieron a aquellos que no meamos a cuatro barras con estrellitas, (la estrellita es un cálculo renal, claro).

El engaño del tal Pujol fue definir al catalán como aquel que vive y trabaja en Cataluña. Debió decir el tal Pujol, con el micrófono cerrado, siempre que tenga siete generaciones tras él de Puigdangolas, de Bellveís, o de Cullells, por lo menos, ya que los demás son “Los otros catalanes”.

En esta bitácora, encontraréis por ahí perdido unas menciones al bueno de Paco Candel, “El Candel”, que describió en sus novelas lo que eran esos otros catalanes, los de las chabolas de C’an Tunis, del Somorrostro o de la Mina.

Y veréis que nada, nada tienen que ver con la Teresa del Marsé, pero sí con el “Pijoaparte” de la Torrasa. Y esos otros catalanes, algunos de los cuales salieron de los guetos chabolistas del cinturón barcelonés, llevaron a sus hijos a los colegios donde la inmersión lingüista era obligada, y no nos importó.

Siempre supieron que escalar en la sociedad era difícil, pero no, en Cataluña era imposible, y unos pusieron una sastrería en Sants, otros hacían el taxi y tenían un pisito en Bellvitge (en Bellvitge hay vida), hasta algunos consiguieron compran un pequeño apartamento en las playas del sur. La Costa Brava no era para ellos.

Y hoy, nos enfrentamos a la culminación de aquella traición, que hoy, catalanes, lo que se dice catalanes, son los que además de tener esos siete Cullell, Puigdangolas, o Bellveís en sus apellidos, llevan la banderita con el cálculo renal en la cúspide, votan lo que hay que votar, e insultan a los que hay que insultar, que no son catalanes, que aunque trabajen y vivan en Cataluña, son invasores.

Y quiero dejarlo bien claro, que todo me ha venido al coleto viendo la cara del tal Rufián, que se cree catalán, y no lo es. Es de los otros catalanes, de los del Candel, es un Pijoaparte cualquiera al capricho de la Teresa de la Bonanova. Es de procedencia andaluza, de Jaén, de Alcaudete, de Turón, como tantos y tantos, que fueron traicionados, y que aún no se han dado cuenta.

No tardarán en llamarle “Botifler”, de hecho ya ha pasado, y tiene que reforzar su catalanismo radicalizándose, para que Teresa siga visitándolo en La Torrasa.

Por cierto, que el tal Rufián, para ser de izquierdas parece que trabajó en una ETT que subcontrató obreros de Chile, Argentina, Rumanía, India….todo un curriculum para un hombre de izquierdas y de Santa Coloma, que no es La Torrasa , pero donde la Teresa del Marsé solo iría a cazar un gitano de ojos verdes, que los de Sarriá son para casarse y asegurar los patrimonios. (Leed un artículo de Jordi Pérez publicado en El País el 23/7/2016, “El fin del enigma de Rufián”).

Y ahí estamos, recordando a los catalanes de primera que son menos, que la mayoría de los catalanes no quieren separarse de España, aunque en el día a día les escupan por la calle, los discriminen en sus puestos de trabajo, y que por muchas manifas que hagan los once de setiembre, por mucho que alteren la historia, por mucho que de la forma más patética el día que les sacudieron en las orejas por díscolos en 1714, lo recuerden como día nacional, (seguro que celebran la huída vergonzante de Casanovas , para seguir con su profesión, a su pueblo mientras en las murallas del Raval peleaban los catalanes), y que griten lo de in-de-pen-den-sia, en el minuto 17 de la primera parte en los partidos del Barça,.

Todos sabemos que el movimiento en marcha hoy, y que no ha sabido parar el gobierno de la Nación, no es más que un intento de ocultar la corrupción de los Pujol, los Más, los….bien arropaditos en La Bonanova, en Pedralbes por los suyos, que por cierto también mojaron la parte alícuota que les correspondía.

Sí, que ahí está la traición, que el parlamento del Parque de las Fieras no representa más que a los catalanes. Porque los demás no lo son, ya no lo son, ni el bueno del Señor Cercás, por mucho Planeta que gane, ni el diputado Rufián, que está más cerca del Candel que de Pedralbes, ni de los taxistas que compraron el piso en Bellvitge, o los que se fueron a vivir a Torrebaró.

Que no es suficiente ver Tv3, que no es suficiente haber sufrido la educación inmersa, que no es suficiente, siquiera ser diputado nacional, que una cosa es Rufián y otra Tardá. ¡Que nadie se equivoque!

Y sobre todo que nadie olvide, que para ganar unas oposiciones no puedes ser de los otros catalanes, que para ganar un concurso de suministros a la región, de lo que sea, debes enseñar la “Torre” en LeónXIII, la de la Cerdanya, y la de S’Agaró, por lo menos.

En caso contrario no puedes jugar, no eres de fiar, y tu hija nunca se casará con un Bohigas ni con un Palau, ni tu hijo con una pubilla.

Sé que el cabreo me aflora por todas partes, que si eres de los otros catalanes la vida en esa tierra, que es la mía, es muy dura, casi imposible si deseas progresar, que el entorno es racista, excluyente, agresivo, injusto e ineficaz para todo lo que no sea repartirse el dinero entre los primeros catalanes, que para eso llegaron antes.

Por un momento temí que los Mossos se transformaran en una especie de guardia pretoriana, con toques de SS, con toques de Gestapo, pero parece que la cosa se ha parado un poco, no demasiado.

Aunque no desespero, ya que nuestros gobernantes están dando alas a todo este ambiente, olvidando a la mayoría de los residentes en Cataluña, permitiendo que la corrupción que mueve las élites de San Cugat, o de la Avenida Pearson, se salgan con la suya.

Dejemos, por favor de hacer el imbécil, y defendamos a la mayoría de catalanes, a los otros catalanes.

¡Au!

el alma y el diablo

Los que me conocéis, tenéis claro, creo, que soy tirando a inocentón, que me lo creo casi todo, que siempre cuando intentas encontrar la verdad de algo, la verdad de la buena, o no llegas nunca, o en el caso de hacerlo, te arrepientes de haberlo hecho.

Y cuento esto a raíz del caso Epstein, del que no voy a hablar de forma directa, ya que mi conocimiento del tema no sobrepasa de ninguna forma lo que se haya podido decir en prensa, o en programas de esos que se encuentran en los podcast disponibles en cualquier plataforma.

Para mí, este caso sirve ahora para que recuerde dos de los más terribles libros que he leído en mi vida, de esos que el pasar una página me costaba un terrible esfuerzo por el miedo a encontrarme algo más duro, más dañino de lo que ya llevaba leído, y además en ambos se hicieron versiones para el cine, que aunque suavizaban algo el relato escrito, te hacían cerrar los ojos ante alguna de las escenas por el nivel de corrupción y degradación que mostraban sus protagonistas.

Me estoy refiriendo a “Las ciento veinte jornadas de Sodoma” del Marques de Sade, y American Psicho de Bret Easton Ellis, dos obras en las que se habla como elemento común de la relación que hay entre sexo degradado y poder, y de la destrucción del alma de los inocentes por aquellos que ya en su momento la habían vendido. Las noticias que nos han llegado del caso Epstein, dicen de forma superficial, que este tipo al parecer hizo su fortuna allá por los ochenta, cuando el dinero más obsceno andaba suelto por Wall Street, y la sensación es que apoyado en ese status, y con las conexiones adecuadas llegó a ser una especie de proveedor de sexo a los grandes del mundo.

Se habla de ex Presidentes americanos, grandes empresarios involucrados en el uso y disfrute de su poder en las carnes de casi niñas, de casi niños, que el género no parece que fuera algo esencial. En la obra de Sade, el hilo conductor es el mismo, niñas y niños casi pre-púberes, sometidos a toda clase de depravaciones, por nobles, políticos y ricos comerciantes, que en una casa bellísima y aislada en donde se podía dar rienda suelta a la imaginación.

Hasta la tortura física y la muerte. La misma idea que transmite el tal Bateman, en la novela de Easton Ellis, aunque la diferencia fuese que no ejercía en grupo, que su vicio era solitario.

Al final el tipo, a través de su profesión alcanza una de las cimas intermedias de Wall Street, que le permite tener acceso a las mejores mesas de la ciudad, a los ambientes más refinados, a su apartamento por encima del piso cincuenta al que se cambia la decoración cada vez que le apetece….es el rico de los pobres, para entendernos.

Pero tiene acceso a las mujeres más ambiciosas, a las que no tiene inconveniente en torturar y asesinar, o simplemente asesinar sin razón a desconocidos. (Quede claro que no hay razones para asesinar a nadie).

Este personaje sale mal parado por no tener la cobertura necesaria. La policía al fin y al cabo, más tarde que pronto, acaba su trabajo, pero el grupo de Epstein, o los poderosos del Marques de Sade, tienen muchas protecciones.

La primera es entre ellos mismos, y no olvidemos que dicen que había políticos, jueces, artistas, empresarios. A ninguno le interesaba la publicidad, y en el supuesto de que algún ataque de mala conciencia le asaltase a alguien, los videos y las fotos repartidas por cajas de seguridad de todo el mundo, seguramente descorazonaría a cualquiera a la hora de levantar la alfombra.

No quiero entrar en detalles, que el que quiera puede buscarlos con toda tranquilidad, seguro que Internet está plagado de datos, nombres y apellidos indemostrables a todas luces, quiero entrar en el otro aspecto de estas historias, y es lo que puede significar el ejercicio del poder en su forma más absoluta.

Es el conseguir dominar los cuerpos de otros seres humanos, en primera instancia, para después dominar hasta la destrucción el alma de las personas. No quiero imaginar las variantes de las víctimas supuestas del tal Epstein, las de Sade las ví y las leí, e incluso ahora, al recordar escenas, se me erizan los pelos del cogote.

Hay otras víctimas, que en esos círculos, hoy en día hay material suficiente para poder cazar al cazador, y a nadie le extraña pensar que los servicios secretos, cualquier servicio secreto que se precie, tiene un terreno abonado para controlar voluntades fuera de juego, y derivar el uso del poder del cegado por el sexo a sus intereses.

Ya lo usó Taillerand en el Congreso de Viena, que con fiestas, orgías gastronómicas y sexuales, consiguió convencer a las potencias que habían derrotado a Napoleón, de que el real damnificado de todo fue el pueblo francés, la dulce Francia.

Seguramente las víctimas de esas fiestas modernas llegaron simplemente por secuestro, y una vez usadas en una isla lejos de la justicia, hacerlas desaparecer era la tarea más fácil del mundo.

Pero estoy seguro también de que en más de un caso se han colado en esos círculos, mujeres que han sido engañadas simplemente por la publicidad del lujo, en la creencia de que por tener un cuerpo más o menos apañado, van a lograr entrar en esos círculos y solucionar su vida.

Quizás algún pequeño porcentaje lo consiga, pero no es el camino, y me pongo moralista ahora. Demasiadas cunetas están llenas de esas mujeres, y para ellas no hay memoria histórica. Me ha traído todo esto al coleto un trabajo de Iker Jiménez, publicado en Ivoox, hace muy pocos días, y que recomiendo escuchar, aunque pueda estar con más conspiranoia de la cuenta, seguro que vosotros lectores inteligentes sabéis destilar aquello que realmente importa.

¡Madre mía!

Mitos y Ciencia

Reconozco, que con la edad, si llueve o hace demasiado viento, me desagrada ir a la oficina, ¡qué quieren ustedes que les diga!, es una gaita, que la bola se te va al “bush”, que no te entra en el hoyo, vamos que no apetece.

Así, uno se dedica a otros menesteres, como este de intentar recuperar mi tan abandonada bitácora, y el cielo me lo perdone.

Hablando con mis amigos, esos que no son unos iconoclastas, surgió el otro día un interesante tema de discusión, que andábamos dando vueltas a la filosofía encerrada en el pensamiento de tantos y tantos grandes hombres que el mundo ha dado, y a mí, ¡cómo no!, se me vino a la cabeza la “boutade” para animar la conversación de incluir el concepto de ciencia, en el ámbito de la filosofía meramente especulativa, por marear mayormente, que ya sabemos que al final la ciencia no es más que una parte del ámbito de la filosofía.

De hecho, no estamos hablando más que del amor al saber, y de la controversia que puede surgir al enfrentar el conocimiento empírico, con la especulación, el conocimiento que surge de la observación, de la medición, y de la demostración de la repetitividad de un fenómeno dadas unas condiciones fijas, con aquel que se basa en creencias, en tradiciones, o incluso en elementos relativos a la Fe en lo que sea.

Me apetece pues empezar a recordar aquellos incidentes en los que las mediciones se enfrentaban a la Fe, por ejemplo, y que aún hoy lo siguen haciendo. Es tremendo ver como las instituciones religiosas, se han enfrentado al hecho probado, y que se lo vayan preguntando a Galileo, a Copérnico, sin ir más lejos, y por no hablar solo de la Iglesia católica, recordaremos al bueno de Miguel Servet, y equilibramos con los calvinistas.

Pero eso son campos trillados, y a mí me apeteció ponerme a pensar en las zonas de confort que se crearon a través de los siglos cuando solo el pensamiento filosófico interpretó fenómenos que posteriormente pudieron medirse, demostrando las diferencias entre creencias y hechos medidos.

Cuántas veces se han interpretado los fenómenos atmosféricos adversos, las epidemias, hasta las supuestas explosiones nucleares en Sodoma y Gomorra, como castigos divinos.

Cuando al final se trataba de algo natural y predecible, y si el ser humano salía perjudicado, al fin y al cabo era por la ausencia de la información adecuada y precisa que la ciencia nos ha ido aportando con su progreso.

Pero vete con ese hueso a ciertos salones y verás como sales, que se pone de uñas el chamán de la tribu, que le hundes el tenderete, y veremos de que come y a quién se beneficia.

Que la magia, la brujería, la superstición e incluso los convencimientos religiosos inamovibles, son magníficos clientes de las creencias, y enemigos de aquello que se mide o bien se puede constatar sin ninguna duda que es de una forma determinada y comprobable.

Hay una preciosa edición recopilatoria de los Bestiarios medievales en Siruela, que empieza diciendo que cualquier colegial en la Edad Media, (no precisa demasiado la solapa del libro), se sabía de memoria un Bestiario y la Biblia, que uno interpreta como “Ciencias Naturales y Religión”, y si alguien no lo hace, que me discuta, y así aprendo.

Si alguien tiene la oportunidad de ver alguno de esos tratados de Ciencia Naturales como el Physiologus, o el Bestiario de Oxford, sin ir más lejos,, se dará cuenta de que la ausencia de precisión a la hora de describir a los animales, conlleva a soltar la imaginación del recopilador, que junto al dibujo del cisne del estanque de su señor, o al mono con su cría, perfectamente reproducidos, intenta enseñarnos aquellas bestias que provienen de los mitos, así que nos dibujan sirenas o grifos, lo que no está mal, siempre que no los confundamos con seres reales.

Pero la especulación y el soltar la imaginación son cosas fáciles, cómodas, y que si tienen la gracia de la oportunidad, pueden incluso influir en las gentes, y si se repite mucho, pasa como con las mentiras, que acaban siendo percibidas como reales o como verdad.

Vete a convencer a un clérigo de cualquier rito que se te pueda ocurrir, que aquella epidemia de cólera, de peste, de lo que quieras, está producida por el Vibrio cholerae o por la Yersinia pestis.

Te pueden colgar de los pulgares, ya que les hurtas la posibilidad de utilizarlo, en un momento de terror de su comunidad, en una ocasión de arrimar el ascua a su sardina, al achacarlo al castigo divino que condena a quienes no piensen como él y no le sigan, o para quitarse de en medio a la competencia achacando a la mujer que vive en la cabaña del bosque la responsabilidad del brote.

No me extraña, teniendo en cuenta estos postulados que durante la peste negra por centro Europa, se cansaran de quemar brujas, brujos, herejes, y cualquier otra especie que se alejara del discurso oficial de quien ostentase el poder religioso.

Pero las cosas son así, de forma que no hemos de extrañarnos, cuando las iglesias, las confesiones religiosas ven mermado su poder de influir en las masas cuando la ciencia les dice que a lo mejor en el espacio hay seres vivos fuera de la obra de Dios, y que, además no son hijos de Eva (Lo de Adan lo he tenido siempre en cuarentena, que los hijos son de ellas, y los padres son putativos), intenten discutir y negar la ciencia basada en las cosas medidas, comprobadas, y que además en condiciones previamente establecidas y constantes, se repiten siempre con precisión.

Cuando al final la Fe se topa de bruces con la Ciencia, se tambalea, que en lo que dicen tienes que creerte hay siempre manipulación, en las medidas no.

Así que ahora, deberemos recordar al Imperio, a la India, a China, que se están cargando el Planeta en buena medida, ya que entre los tres, que representan el 45% de la población mundial son responsables de casi el 80% de la contaminación de los mares y de la atmósfera, y además la ciencia, la medida, y la firma de once mil científicos se lo están recordando.

Buenas noches y buena suerte

en las nubes

La sorpresa de estos días es que los cacharros de Google, de Amazon, incluso algunas teles de Samsung, nos graban las conversaciones sin que nos demos cuenta.

A lo mejor las teles de Samsung, además nos graban imágenes. ¡Madre del amor hermoso!, que la tele esa de Samsung, inteligente ella como pocas la tengo instalada en el ciento, (el loo para los angloparlantes fisnos), así que me temo que las grabaciones que estén almacenado procedentes del tal rincón doméstico, les van a salir pelín escatológicas. Lástima que la tecnología no haya llegado a grabar aromas.

En fin, que no se escandalice nadie, que quien compró uno de esos adminículos sabía perfectamente el riesgo que corría, que nada como grabar las acciones del interior de un hogar, para saber si hay que promocionarle condones con sabor a fresa, o pañales de bebé.

Y es que parece que no nos enteramos, que todo está hecho en nuestro beneficio, y que el tal periodista ese (belga tenía que ser), no ha levantado ninguna liebre que no llevase años correteando por el campo, ya que desde que decidimos entrar en este mundo en el que nosotros somos los productos, el calvinismo intrusivo que rige las relaciones económicas mundiales, no iba a dejar de explorar cualquier faceta que fuera susceptible de transformarse en posibilidad de ganar dinero.

Y si nosotros somos el producto, estos pollos del comercio de datos, andan haciendo cuentas, que ya tienen a nuestros contactos, ya tienen nuestras fotos, saben por dónde andamos, y con quién, saben mucho de nuestros gustos, qué compramos, a quién y a qué precio, dónde viajamos y de qué forma, cuales son los restaurantes que nos gustan, saben si vamos solos o acompañados . Saben, saben, saben.

Ahora quieren conocer lo que hablamos con la parienta, o cómo nos lo montamos cuando estamos en el ciento, (que ya son ganas), y como he dicho antes, con la sana intención de ayudarnos, que solos no somos capaces de acertar con la marca de papel higiénico.

Así que, para empezar, personalizamos la publicidad que recibes, establecen planes de producción industrial para saber la cantidad de acero que hay que fabricar, y hasta los carquinyolis me temo están condicionados por el análisis de los big data dichosos.

Está bien, poco ya podemos hacer a estas alturas de la película, que como ya he dicho más de una vez, hemos dado oro y diamantes a cambio de espejitos de colores y una buena dosis de Plymouth gin a los jefes.

Pero el calvinismo económico es insaciable, y me temo, que en aras de la eficacia, de la productividad, o de lo que sea, deben tener ya perfectamente preparado el sistema que permita conocer nuestros pensamientos, pero con precisión.

Que a lo sumo ahora disponen apenas de los reflejos que nuestro rastro va dejando por esos caminos de las webs, las redes sociales, las nubes, los robots de voz dulce y femenina, ¡hola Alexia! ¡Hola Siri!. Reconozco que hubiera sido más interesante que nos espiase la Eva del Reverte, o doña Mata Hari, pero no, lo hace Alexia, Siri, o quién sea.

Tengo mucha curiosidad por saber cómo nos atraerán para que podamos dejar nuestros pensamientos, nuestros sueños, en sus manos. Seguramente será un chip en la nube, conectado con los centros del placer y que permita quitar el cortafuegos natural del cerebro, para adentrarse en lo más íntimo de nosotros.

Y será por nuestro bien, que el tal chip conectado con Hacienda, permitirá, sin dudarlo,  saber, no ya si he defraudado, sino si pienso defraudar. Sabrán mis barreras morales, y sabrán cómo ayudarme a saltarlas elegantemente, cosa que no creo que hagan, a no ser que sean fuente de ingresos, de poder, o de todo a la vez.

Y si conocen nuestros pensamientos, no de forma indirecta como hasta ahora, sino de forma directa, lo de la peli aquella del Cruise, de la poli del pensamiento está encima, claro que siempre en nuestro beneficio.

Y no quiero ni pensar, como dice mi amigo el transhumanista, (la verdad es que mi amigo se apunta a cualquier bombardeo), en la posibilidad de descargar nuestro cerebro (de tres a cuatro gigas, mantiene), en la nube gratuita de uno de estos pollos de las transnacionales, como copia de seguridad, vamos. ¡Y palabrita del niño Jesús que no chafardeamos lo que nos confíes!, vamos, ¡que no sale de España! Que diría el castizo.

Así que el futuro puede llevarnos a que esté en la nube cualquier cosa del ser humano susceptible de ser utilizada, añadida a lo que hasta ahora ya está por ahí a disposición  de todo el mundo, como dice el periodista belga, que ha levantado la liebre que corría.

No está mal, que a parte de las fotos con Chuchita, y aquellas tan monas de la panda de Benidorm, que parecen sacadas de verano azul, estarán todos y cada uno de los detalles de la vida de todos y cada uno de los que caigan en los brazos de las Alexias y de las Siris que vengan, y lo que es aún más útil, si el chip cerebral llega, hasta lo que se piensa estará en la nube. ¡No olvide usted su copia de seguridad!, y podrán hacerse utilísimos estudios de mercado sobre los proyectos de los seres humanos, adaptando consecuentemente, la producción de los elementos necesarios para que los mejores salgan adelante, por ejemplo.

De eso a la implantación de datos convenientemente seleccionados entre los disponibles para ser implantados en estructuras humanoides, hay un pequeño paso para el hombre, que diría Amstrong.

No sé si me gusta ese futuro, que tiene mucho de presente, y de alguna manera me alegra estar en esta parte del camino de mi vida que hará que no necesite adaptarme demasiado a esas distopias que parecen estar cada vez más cerca.

Por lo demás, sin novedad en el frente, ya saben ustedes, las guerras de todos y cada uno siguen llenando las hueras páginas de los periódicos y de los telediarios, eso sí, teniendo un exquisito cuidado de no hablar de lo que realmente importa.

Buenas noches, y buena suerte

Nostalgia,

Ayer estuve en el Real, había que terminar la temporada en Madrid. En las tablas “Il trovatore”, ese drama prácticamente desconocido de García Gutierrez, al que le puso coro el bueno de Verdi.

Recuerdo en la escuela cuando el profesor Segarra, nos contaba el teatro del romanticismo español, y en aquellos años preadolescentes, no olvido que se nos inflamaba el espíritu con las peripecias y los sacrificios excelsos de sus personajes.

Pues qué bien, que al fin y al cabo, el bueno de García Gutiérrez lo que quería era eso, despertar cierto sentimiento en el alma de quienes fueran al teatro.

Ese malo malísimo, ese bueno que parece tonto (de hecho es tonto) y esa chica angelical, estaban diseñados para emocionar, de la misma forma que la truculenta historia de la bruja gitana que es madre de un hijo que no es suyo, que al suyo lo sacrifica por error y en aras de la venganza.

Buenos mimbres para un cesto, a los que Verdi apoya con un coro de gitanos inolvidable, y un par de arias de tenor de esas que cuando un tenor quiere demostrar su calidad lo intentan.

Se regresa al medioevo, con ambientaciones intimistas, y esas interminables señas que nos hacen reconocer el tiempo romántico donde todo esto se enmarca. Hasta aquí todo bien, y uno se sienta en su butaca, con esa intención, sana, de rememorar historias de la preadolescencia, de esas que a uno le inflamaban el corazón (luego me enteré que eran las hormonas, pero no importa), y claro se ve uno con la hormona muy desgastada por el uso, y lo que espera encontrar ya se ha ido.

Siempre se me ha dado bien echar la culpa a otros de mis cagadas, que pienso debería haberme dedicado a la política o a la administración pública, al grito de no he sido yo, ha sido ese.

Así que al no sentir emoción lo primero que pensé es que la representación no estaba a la altura de mis expectativas, que el hecho de tener la escena configurada como un cajón negro con una columna de luz que se mueve a lomos de los personajes, y un torreón simbólico que parece una chimenea de diseño estaba pensado, seguro para emocionar a alguien, no a mí, claro, pero a alguien, y es que no se puede ser tan egocéntrico.

Tampoco el hecho de que no supiera encontrar emoción en las voces de Leonora o de Manrique, no implica que no la estuvieran imprimiendo. Seguro que sí, pero en un universo paralelo al mío, ya que no faltaba ni técnica ni potencia. Mi percepción era que se habían ajustado al protocolo.

He buscado un Trovatore de la Callas y Di Stefano, que a pesar de oírlo en casa, si me ha emocionado. El diagnóstico es claro, estoy viejo de cojones.

Que bien se muere Leonora, que bien se entrega al maluto, que suavidad en ese Ah, si ben mi. Qué emoción me transmite esa vieja grabación de más de cincuenta años, qué ritmo encuentro en Di quella pira. Y no sé si son los timbres de los artistas, la mano de Von Karajan que anda por ahí detrás dando la lata.

No lo sé, a lo mejor es que mi oído de vecchio uomo no es sensible más que a la delicadeza, y no vibra ni con la potencia ni con los protocolos, que los sentidos esclerotizados tienen muchas limitaciones. ¡Qué más dá!.

Y el problema, es que la cosa no fue solo ayer, que sentí el mismo vacío delante de una Tosca el otro día en mi Liceu, y así, día tras día.

Creo que la historia es que se acaba la historia. Me acuerdo de cuando decía aquello de que la vida de las cosas termina cuando ya no te sorprenden, cuando ya no te emocionan, y estoy llegando, creo a ese punto en mi vida. Pero que nadie se alarme, que no me encuentro a gusto con demasiadas cosas que el mundo actual se empeña en ofrecerme, pero siempre está mi mundo, con aquellas referencias en las que encontré las sensaciones que me acompañan en mi vida.

Me duermo con las series esas de Net-bo-prime, pero echo mano de aquellas historias para no dormir, y no lo hago.

Quizás me acuerde de tiempos pasados, yo, que nunca estuve demasiado de acuerdo con Manrique, que cualquiera tiempo pasado fue mejor, me encuentro rebuscando en los viejos baúles. Cosas que pasan. Empiezo a distanciarme de este mundo en el que la inmediatez es el nuevo becerro de oro, esa inmediatez que te deja sin amigos si no contestas de forma inmediata al “chat” de tu grupo, esa inmediatez que te hurta la posibilidad de reflexionar, que si no, te pisan la opinión o llega tarde cuando la conversación ya va por otros derroteros.

Vivo en un mundo en el que ser profesional de la vértebras cervicales, es lo único que te garantiza la continuidad laboral, ¿qué le vamos a hacer?. Y siento decirme que no me encuentro nada cómodo en él, que ya me gustaría que la cosa fuera diferente, pero no puedo pretender que todo se ajuste a mis deseos, ya que el gran principio de la ecología es precisamente el contrario, quien no se adapte al entorno, debe desaparecer del mismo.

Pronto iré a escuchar una Luisa Miller, que espero sea, al menos, acorde con algún protocolo, pero, por si las moscas me estoy entrenando con mi vieja grabación de la Caballé y el Pavarotti, si, ese que una compañera, una vez me insistió que se llamaba Tutto.

Estoy seguro que, o dejará de importarme que en la plaza de Oriente de Madrid no sean capaces de darme unos boquerones decentes en la Taberna del Alabardero, y que las gambas al ajillo haya que devolverlas, o simplemente dejaré de entrar en el teatro y dejaré de sentarme en las terrazas de la plaza, que las cosas son así, y para ser feliz hay otras muchas cosas disponibles, sobre todo personas que pueden hacer que todo eso no importe.

Con su pan se lo coman