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Marat/Sade

 

Charlotte Corday, una girondina acabó con la vida de Marat, apuñalándolo en el pecho, mientras Jean Paul estaba en la bañera que utilizaba para aliviar los terribles picores que su infección herpética cutánea le producía.

Una puñalada en el pecho de una girondina a un jacobino. Al final un hombre que hoy podríamos considerar un intelectual de izquierdas, muere a manos de una “casi girondina”, que de hecho estaba empeñada en un problema muy local. La guillotina por la muerte de Marat fue su premio.

Pero la figura de Marat, un intelectual que tras su formación científica como médico escondía una personalidad rebelde frente a las formas de la sociedad y que fuera de lo que el intelecto pudiera representar abominaba de reyes, dioses, nobles….e iletrados, acabó siendo considerado, bien que por un espacio corto de tiempo tras su muerte en una figura deificada por los sans culottes, llegando a reposar sus restos en el Panteón, hasta que los retiraron, cosa de poco tiempo.

No recuerdo muy bien, creo que fue en el sesenta y ocho, o en el sesenta y nueve, en aquella Barcelona de Teresa Gimpera, cuando los pobres no podíamos acercarnos a Palamós o a S’Agaró, se nos dio un regalo que aún tengo en la memoria.

Desde mi localidad del último rincón del paraíso del teatro Poliorama, aquel maestro de la escena que fue Adolfo Marsillac, me permitió asistir al reglao de “La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat representada por el grupo teatral de la casa de salud mental de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade”, que había escrito Peter Weiss, y traducido Alfonso Sastre.

No voy a entrar a buscar paralelismos entre estos tres personajes y alguna de las tendencias de Marat, pero si me pongo, nos ponemos, las encontramos, seguro, que al final Marsillac tuvo que sufrir la represión franquista, siendo incluído en las listas negras de Televisión Española, a raíz del montaje de esta obra, y del Tartufo. La censura del Dictador nunca se llevó bien con la cultura y la libertad.

Peter Weiss, se arrastró por la Europa de la guerra y la posguerra, y supo en esta obra recoger la herencia de Artaud y Brecht, dejándonos un elemento en donde el teatro épico, el teatro del absurdo, el de la crueldad, se mezclan de forma que hacen sentir un verdadero desasosiego al espectador de platea, al que finalmente acaba atacando física y desaforadamente. Y es que allá por los sesenta del siglo pasado empezaba la nueva revolución de los intelectuales con sangre jacobina, que diría Machado.

Y Alfonso Sastre que aunque anclado de alguna manera en los nacionalismos vascos, ha aportado su visión jacobina de la sociedad, a través de su obra. Quizás otro sans culotte de familia bien.

Posiblemente la parte más importante de la obra es la representación sangrienta del sufrimiento del hombre que plantea la duda de si la verdadera revolución se produce cambiando la sociedad o cambiándose a uno mismo. Es decir, la base de la Revolución francesa, y la base de los movimientos sociales que comienzan en el siglo XIX. Y es la pregunta de qué es más importante si el individuo o la colectividad.

El juego, al final, es el juego del poder, y el poder parece que se nos indica está en la violencia, que antepone la muerte de los demás, (no poderosos) frente a la muerte propia. Y con ese axioma podemos empezar a discernir lo que representa la libertad del individuo inmerso en el tejido social. Si el individuo es libre, puede no sentirse en la necesidad de ser parte de la colectividad en cuanto a ceder parte de su parcela de libre albedrío, que solo al alcanzar cotas de poder, que siempre emanan de la violencia (sea del tipo que sea) podrá desarrollar en mayor o menor grado.

En una terrible obra de Sade , “Saló o los ciento veinte días de Sodoma), de la que recuerdo lo que me costaba pasar las páginas por el miedo a leer una barbaridad mayor de la que ya había acabado de leer en la página anterior, en donde el poder de la violencia es el que va definiendo el desarrollo de la sociedad creada a base de la tenencia de los esclavos capturados por el grupo de dirigentes. La libertad solo puede existir en quien ostenta el poder, los demás quizás con las sombras o los restos debamos conformarnos. La película de Passolini no me tranquilizó, fue peor. Puso imágenes a la expresión más depravada de la utilización de la libertad por parte de quien ostenta el poder.

Es la lección de la Revolución Francesa, el poder lo ejerció el Terror, hasta que ese terror fue sustituido por otro más estructurado, y ostentado por quienes lo habían disfrutado siempre. Nada cambió.

¿Qué es al final lo que se discute en el juego de Weiss en su obra que no deja de ser teatro dentro del teatro, sino el control de gentes incapaces por su locura, dominadas por los nobles que regentan la institución de Charenton, y por mucho que se discuta sobre política, sobre filosofía, sobre la muerte, lo que al final le transmite a la sociedad burguesa sentada en el patio de butacas, (napoleonistas en Marat/Sade), o a los burgueses del patio de butacas del Poliorama, es que aunque ostenten el poder, un día la verja se rompe y ellos de forma individual y limitada sucumben a un ataque desordenado y sangriento, pero su “clase” sigue manteniendo el poder, y cotas de libertad que nunca para los locos de Charenton, estuvo disponible.

Charlotte Cordey mata al jacobino Marat, al hombre que intenta navegar en las aguas turbulentas donde su ilustración, sus conocimientos científicos, e incluso sus relaciones con gente de la talla de Benjamin Franklin, no hacen más que exacerbar su oposición a todo lo burdo que en el ámbito de su sociedad se le ofrece, y ello desde posiciones de cierto poder.

Así que la carta que aparece en el cuadro de Jacques- Louis David, esa especie de “Pietá” de la Revolución nos deja un mensaje desolador.

Dice Charlotte Corday:

Du 13 Julliet 1793

Marie Anne Charlotte Corday au citoyen Marat

Il suffit que je sois bien malheureuse pour avoir droit á vôtre bienveillance.

Que no es más que la posición eterna del oprimido frente a quien ostenta el poder.

Y a otra cosa.

 

¡Viva Verdi!

Se acostumbra a gritar en esos espacios en donde se representan óperas, cuando la cosa no va bien, es decir, o que el programador ha preparado un pestiño infumable, que te han hecho un montaje de los de ¡No puedo creerme que se hayan atrevido a tanto!, o simplemente el público percibe que alguien está atacando a la Ópera de forma genérica.
Quiero decir con esto que el grito, tiene mucho de defensivo, y a veces he llegado a creer que a Verdi se le utiliza el nombre como sinónimo de Ópera. Está bien, no voy a quejarme ni voy a discutirlo, ni siquiera voy a ensalzar el hecho.
Pero como todos ustedes saben, en la obra de Verdi hay algo más que óperas, algunas maravillosas para mi gusto, aunque su música, a los borricos como yo nos, parece que está más próxima al repertorio de la banda municipal de cualquier pueblo mediterráneo, que a la música culta diseñada para especialistas.
Y Verdi, el muchacho, me emociona, quizás por eso, siempre que no sea ejecutado durante una representación mediocre, o mala directamente.
Su música es sencilla, o yo solo soy capaz de saborear esa capa que me ofrece, y ya está bien para mí, que el mundo de las semicorcheas solo soy capaz de disfrutarlo escuchando y emocionándome si hay suerte.
La semana pasada anduve en una de esas, que a mí esa versión musical de la obra de Victor Hugo, Le roi s’amuse, que hizo Don Giuseppe, me ha llegado al alma siempre, y se la he oído a Plácido como duque, y como bufón, he disfrutado de la voz limpia de Juan Diego cantando La donna e mobile, o la interpretación magistral que Leo Nucci nos hace cada vez que sale a cantarla.
Ya dije, creo, que la última vez que me senté en la butaca de mi teatro en Barcelona, me falló la representación, anduvo entre pobre y mediocre, con lo que la sensación de desasosiego quedó ahí dando vueltas. Porca miseria.
Pero esta tarde, y siguiendo una de esas tradiciones deslavazadas que procuro de vez en cuando honrar, y es el asistir a un concierto durante estos días de Pascua, de música relacionada, más o menos con la religión, o con la trascendencia de las fechas, que no voy a discutir si son equinocciales como la aventura de Lope de Aguirre. En el tiempo que lleva esta cosa en marcha, me ha tocado un Mesias en ese auditorio londinense, vetusto, que los de fuera llamamos Royal Albert Hall, y los de por allí,“The wedding cake”, (que también hay castizos en Chelsea) con un magnífico Sir Colin Davis a la batuta, un Stabat Mater rossiniano que no es moco de pavo, algún Requiem del Tito Wolfgang, y hoy, por fin de nuevo…¡Verdi!, que el Requiem alemán de Brahams no lo pillo ni de broma.
La misa de Requiem que nos ofrece Verdi, a mí me parece apabullante. Me lo ha parecido siempre, me pone los pelos de punta, me emociona, como lo que soy un pobre ignorante musical que vibra con la música.
La he podido disfrutar dos veces en mi vida, la primera la interpretó la Orquesta del Maggio Fiorentino, que dirigía por aquel entonces un muchachito que se llama Zubin Mehta, en el teatro Real de Madrid, cuando aún no se utilizaba más que como sala de conciertos, y la ópera vivía en el Teatro de la Zarzuela. En los equipos del coche o en el tocadiscos casero, más de una vez…y hoy.
Esta tarde han llenado el Auditorio de Música de Madrid más de trescientos coristas, y la orquesta Filarmonía con más de setenta profesores, que se han esforzado por hacer honor a ese Verdi fuera del teatro de ópera.
Y a fe que han conseguido el objetivo, ¡qué diantres!, que los demás no sé, pero yo he salido hecho un príncipe.
A partir de estos hechos, y salvo la gilipollez que ha hecho el director al dedicar el Requiem a los muertos de San Petesburgo y Estocolmo, olvidando a los niños sirios recién gaseados, como sim fueran el enemigo, apestados, o simplemente infieles a eliminar, la reflexión que se me viene, es que cada vez me cuesta más encontrar el trabajo bien hecho en cualquiera de las situaciones o de los ámbitos en los que me mueva.
Y como hoy ha sido una de esas ocasiones excepcionales, pues lo digo.
Espero seguir con otras tradiciones de estos días, que de vez en cuando al recordar los usos que las religiones monoteístas imponen, desgraciadamente, a sus acólitos, si las analizas, les quitas la capa del miedo que significa el pecado, o la anatemización de un hecho, te encuentras con cosas muy interesantes.
Así que por partes, que pocas experiencias más dignas que un buen potaje de cuaresma, de esos que se hacen con garbanzos, espinacas, bacalao, paciencia y los secretos de la cocinera. Si además lo riegas convenientemente con la materia prima del primer pecado de Noé, pues miel sobre hojuelas.
Y hablando de miel, y ya que andamos de tradiciones del monoteísmo, habrá que circular por esas maravillas que se llaman pestiños, y que ya no queda una sola persona que se atreva a hacerlos en casa como Dios manda. Y si lo hace lo mantiene en secreto, que si se enteran por ahí, bajan todos los vecinos en tropel, y no están las cosas para cesiones gratuitas.
Pero que no se me alarme nadie, que la gran tradición parece que está industrializada en Valdemoro, aunque me da que es aún un área que disfruta de un cierto aire vital en las cocinas caseras. Hablo de la reina torrija, la de verdad, no la de consecuencia de un botellón, no.
Y uno espera que en alguna cocina familiar, algún ángel se decida a buscar ese pan inglés de torrija, esa leche de torrija, esa canela de torrija, esa miel de torrija, ese aceite de to..bueno de oliva, y esos secretos que han ido pasando de generación en generación, que hasta con gotitas de anís me han llegado al paladar.
No iré este año ni a procesiones, ni a chocolate en San Ginés, que el otro día ya me tomé el del año, y aún no era ni Viernes de Dolores. Ya me tocó el año pasado el silencio zamorano, y por el momento estoy ahíto.
Eso sí, que uno es muy cumplido, y que si me invitan a torrijas, o a pestiños, uno lleva siempre una botellita de vino santo, y si es a potaje de cuaresma, un tintorro de buen año, es lo que cumple. ¡Qué coño!.
Lo del cordero pascual lo dejaremos para otro envite.
Con su torrija se lo coman

El final de una guerra

Enrique Lister se presentó a unas elecciones en representación del Partido Comunista Obrero Español, tenía unas oficinas en la calle Embajadores de Madrid. No recuerdo si fue la primera o la segunda vez que fuimos llamados a votar en la que hoy llamamos democracia.
Creo que saco entre siete y ocho votos, desde luego nada significativo, y su formación acabó en la que luego se llamó Izquierda Unida, o algo así.
Le oí hablar defendiendo su posición política una o dos veces, y me pareció estar escuchando a un T-Rex, pero fosilizado, y meditando sobre el tema me alegré de que se cerrara de alguna manera aquella época de la Guerra Civil que tanto daño nos hizo.
A mí me pareció en aquel momento, hace casi cuarenta años, que se había cerrado el siniestro libro de aquella guerra fratricida, y desde luego parece que me equivoqué, que salió el peor presidente de los que hemos tenido en España, y resucitó el muerto.
Digo esto, porque ayer cerca de donde tenía su sede el PCOE, en el corazón de Lavapiés, asistí a la representación de un trabajo teatral basado en la obra de Max Aub sobre la guerra española.
En la pieza teatral, hablaron de Lister, de pasada, pero con cierta amargura, bien porque no supo controlar el cuerpo de ejército que mandaba y que fue perdiendo en Madrid y en Aragón, saliendo luego por pies, desde Elda hacia Moscú.
En cualquier caso, Lister me importa muy poco, de hecho, lo que me anima a escribir estas líneas, es que la representación del Laberinto mágico me hizo sentir que el drama de los acontecimientos desde la proclamación de la Segunda República, hasta la huida de los líderes vencidos, de los ciudadanos que sufrieron las consecuencias, y la desaparición de las instituciones republicanas, me parecieron tan lejanas como la Armada Invencible o la caída de los tercios en Rocroi.
Las sensaciones que tuve al ver la obra, por cierto bien estructurada como espectáculo teatral, y mejor interpretada posiblemente fueran las que el autor, tanto del texto original como de la adaptación teatral, perseguían.
Recordar las imágenes de personajes que aparecen una tras otra dibujando las pasiones que en estas situaciones extremas se manifiestan, hizo que aún tomara más distancia del período histórico que se estaba narrando.
Poca diferencia había en el entusiasmo de los revolucionarios fascistas, o en el de los obreros fieles al régimen legal establecido, pero tenían una similitud tremenda con cualquier situación parecida en cualquier parte del mundo y en cualquier momento histórico.
Vender a los amigos por un pasaporte, dar la vida por un ideal, o simplemente encontrarte en medio de una historia que no era la tuya pero que te arrastra hacia cualquier sitio que no conoces, que no esperas.
El amor en las trincheras, el juez que manda fusilar por motivos que jamás consideraría fuera de una guerra.
Y al final el pueblo llano, el que paga el pato, el que defiende su barrio y su vecindario, y claro, la maleta atada con cuerdas, el exilio.
Puede ser algo como fue lo de Eritrea, o los de los hutus y los tutsis, o los que huyen del ISIS, o del dictador sirio o tantos y tantos momentos idénticos en la historia.
Ese ha sido el hecho que ha conseguido que ponga distancia con esa maldita guerra que acabó hace más de tres cuartos de siglo, y que aunque por supuesto ha influido en todos y cada uno de los españoles, no lo ha hecho más que la expulsión de los judíos o la pérdida de Cuba y Filipinas.
Es así que quiero agradecer a esa mirada del teatro, la oportunidad que me ha dado al poder reflexionar de forma diferente sobre lo que significa hoy ese drama del pasado, que manteniendo toda su crueldad, toda su dureza, manteniendo esos comportamientos nobles y mezquinos que hicieron aflorar aquellas circunstancias, es hoy ya historia.
Si por otra parte me paro a pensar que aún queda gente que lo siente como algo vivo, lo que pienso es que deberían intentar superarlo, porque todas, todas las familias de España, sin excepción, perdieron a alguien en esa maldita guerra, y no fueron unos mejores que otros, que cada uno luchó, por lo que creía le favorecería, comportamiento humano, por otra parte.
Los que me conocen, saben que no me ha gustado nunca hablar de esa guerra, que considero haber leído lo necesario, desde la visión de los historiadores ingleses, la de los escritores exiliados como Sender, y hasta las visiones de gente como Gironella.
No me han gustado las películas sobre la guerra, ni las americanas, ni las españolas con los puntos de vista de uno y otro bando, con sus consignas políticas y los rencores vivos.
Asi que lo que me queda es agradecer al CDN, y a esta iniciativa de los artistas que la han llevado a buen término, el que me hayan hecho definitivamente colocar a Miajas y a Mola, a Lister y a Queipo en el lugar que les corresponde, en esa página de la historia de España que fue lo que fue, que no hay que olvidar como no debemos olvidar ni Rocroi ni Trafalgar, ni Pavía ni Breda, pero que no deben estar en nuestras vidas más que como capítulos de la barbarie que significan las guerras, donde sean y como sean para la especie humana.
Y por último, si los españoles que huyeron con su maleta de cartón y cuerdas, acabaron en los campos de refugiados franceses, hoy son sirios e iraquíes los que acaban en Turquía o Macedonia, de forma que también por ellos doblan las campanas.
Buenas noches, y buena suerte

Tennessee Williams

Hacía mucho tiempo que de verdad no veía una obra de teatro, a pesar de ser un habitual a las salas. Ayer, por fin acabó la sequía, gracias a Tennessee Williams, y a la compañía que encabezó Doña Aitana Sánchez-Gijón, en el María Guerrero durante la representación de la “Rosa tatuada”.
Pocas cosas me satisfacen más que asistirá a una buena representación teatral donde el texto se respeta, donde la puesta en escena es acorde con la historia, donde, en fin, unos buenos actores con oficio hacen que ni siquiera el autor se plantease decir que no reconocía a su hijo en el escenario.
Hay algo también en el autor, al que, por lo que sea, nunca he visto mal tratado en la escena española, es más tengo algún recuerdo de representaciones de sus obras entre la inolvidables de mi carnet de baile.
Recuerdo, de hecho, una actuación de López Vázquez en “La muerte de un viajante” en el Bellas Artes hace ya unas décadas realmente magistral.
La verdad es que la obra de este americano borrachuzo, medio drogata, homosexual cuando era un problema serlo, para mí ha sido fuente de unos magníficos momentos tanto en el cine como en el teatro.
¿Quién no recuerda a Marlon Brando en el Tranvía llamado deseo, o el dulce pájaro de juventud con Paul Newman, o acompañando a Liz Taylor en aquel jugador de rugby con su carrera perdida, en la gata sobre el tejado de zinc caliente.
El panorama desde el puente, o tantas otras obras que bien a través del cine o en representaciones teatrales, en general muy satisfactorias en nuestros escenarios, conforman un mosaico de personajes de esa generación de americanos que acababan de ganar la segunda guerra mundial, y se estaban lanzando confiados a aquel “american way of life” que hizo palidecer de envidia a todo el mundo. Las lavadoras en aquellas casas tan bonitas con jardín abierto a la calle, la televisión en el salón, el Chevi asequible en la puerta, los niños sonrosaditos comiendo mantequilla de cacahuete, pero que tenían entre cajas miseria, dolor, desprecio, y vidas rotas.
Williams, desde mi óptica, dio con sus personajes la información que a “Ike”, el generalote presidente, no le apetecía mucho, pero que podía soportar de alguna manera ya que sus obras tenían el público controlado en número, al menos.
Muchos de los personajes de Tennessee Williams, han reaparecido luego, varias décadas más tarde en nuestra sociedad post López Rodó, el que inventó eso de los planes de estabilidad que se han perpetuado en nuestra economía hasta nuestros días.
El vendedor fracasado de la muerte de un viajante, como representante del intento fallido de auparse a ese “American way of life” y que termina en el saco de los deshechos humanos con la soledad y la crudeza que implica el saber que a nadie eres útil, y que la sociedad te rechaza, pero no la sociedad amplia e impersonal, no, es tu tribu, tu jefe que no ve que seas rentable, tu mujer, tu hijo, tu amante que solo espera de ti unas medias de seda nuevas. No sirves, eres un juguete roto, adiós.
Cuántos de esos juguetes rotos estamos viendo hoy en nuestro entorno, en el que más de dos millones de personas que han perdido su trabajo, no tienen ni por asomo una sola posibilidad de obtener un salario, o siquiera una ayuda. No nos hablan demasiado del desespero de tanta gente que son considerados deshechos después de una vida de trabajo, que solo empleamos por unos meses a los que están entre los treinta y los cuarenta, que antes no sirven, dicen, y después son muy caros, dicen.
La desubicación del inmigrante, en un tranvía llamado deseo, permite a Williams, entrar en el mundo de la violencia doméstica, en el de la homosexualidad entendida como falta grave que puede conducirá al suicidio, y el de los sueños de grandeza rotos, encarnados en la pobre Blanche que como ella dice “mi vida depende de la amabilidad de los demás”.
En panorama desde el puente, desde Brooklyn, aborda un tema que no puede hoy estar más de actualidad, y es el de la inmigración ilegal…recuerdo a Pellicena y a Bódalo. Al final, el hambre en tu tierra es la que te fuerza a dejarla, y debes acostumbrarte que cuando tomas esa vía, lo más probable es que tu vida sea tan miserable como lo era en tu terruño de origen, aunque la esperanza es para las siguientes generaciones, y lo aceptas, aceptas ser el puente para otros.
Ava Gardner, me enamoró en aquel papel de Maxine en La noche de la Iguana. Su descarnada actuación de “femme fatal” de hotel de tercera en Puerto Vallarta la recordaré siempre, de la misma forma que los otros dos personajes femeninos, mucho más calvinista el interpretado por Deborah Kerr, y el navokoviano lolitoso que recreó Sue Lyon.
Tuvo trabajo Richard Burton en dar la réplica al trío magistral de actrices que tenía delante, y el trabajo de John Houston es de los que no se repiten.
La primera vez que vi el zoo de cristal, fue a Verónica Forqué. Quien me emocionó fue Amparo Soler Leal, y quien me dejó indiferente fue Silvia Marsó. El papel de Amanda creo que es uno de los más emotivos que pueden encontrarse en la escena del siglo XX, y como tema redundante, la diferencia entre la realidad y los sueños, la intolerancia y la fragilidad.
Y esta rosa tatuada que vi anoche, me divirtió, porque Serafina es también la intolerancia que proviene de su origen campesino siciliano, de sus costumbres que viajan con ella al nuevo mundo, la intransigencia que muestra hacia los sueños de su hija, la inmigración ilegal representada en su amante, la liberación de su pasado al romper la urna de las cenizas de su marido, pero sobre todo el ambiente asfixiante de esa sociedad de pueblo americano del sur profundo, en donde tu vida debe ser un libro abierto a las miradas de todos tus vecino, y por supuesto a sus juicios.
Cierto que Aitana no es la Magnani, ni falta que le hace, ya que recrea en esta presentación con gran credibilidad el papel de Serafina, aunque por poner un pero, algo de pasión siciliana le falta, es más de “polentone” su interpretación, pero se la quiere igual.
Así que acabaré agradeciendo al teatro con mayúsculas, no solo el buen rato en platea, sino la oportunidad de revisitar a Tennessee Williams, recordar los personajes que me enseñó y que luego, de alguna manera, como si el tiempo y las gentes fueran siempre los mismos, de reconocer situaciones y sentimientos expresados en el escenario, en gentes y situaciones que me rodean, y que tienen la dureza de la verdad de la vida.
Buenas noches, y buena suerte

Así que pasen cinco años

Eso es lo que me tocó ver ayer por la noche en el Valle Inclán, en plena plaza de Lavapiés, y, claro, no puedo por menos que reflexionar un poco sobre lo que ví y lo que me evocó volver enfrentarme de nuevo a la obra de Lorca.

La generación del 27, en donde clasificamos al autor para que a los chicos de mi generación nos fuera más fácil aprendérnlo en la literatura de sexto de bachillerato, tuvo siempre la inconsistencia que los filtros franquistas forzaron para que no profundizásemos, creo yo, en unos autores que representaban todo aquello que el grupo de militarotes esperaba que los chavalotes como yo, ni entendiésemos, ni disfrutásemos, no solo a los literatos sino a la interminable lista de intelectuales de verdad, a su pensamiento.

Cierto que dejando a un lado a estos intelectuales, el nivel cultural del resto del país era un erial, como ahora, vamos, pero con la ausencia de ese grupo que por constreñirlo, se quiso reducir a una generación de literatos.

A poco que nos enfrentemos con las opiniones de los estudiosos de este movimiento, nos daremos cuenta que el concepto de generación es difícilmente aplicable a este grupo de literatos. Yo creo que más que una generación en si de poetas es un grupo que representó una forma de herencia del krausismo y la Institución Libre de enseñanza.

Yo dentro de ese movimiento hubiera ampliado el espectro desde pintores como Dalí, a dramaturgos del humor como Jardiel, o incluso novelistas como Max Aub, por no pasar a otras disciplinas como el cine o la investigación científica, que Buñuel y Ochoa algo se merecían.
Pero claro en mis libros de literatura, de historia del arte o del pensamiento, no iban a incluirse estos hijos del krausismo a no ser que fuese absolutamente imprescindible.

Muchas veces he pensado en la cantidad de inmensos intelectuales se llevó por delante nuestra guerra civil, y posteriormente la Segunda guerra mundial. Esa generación nos dio al menos tres premios Nóbel, Aleixandre, Ochoa Y Juan Ramón, y sin la presencia de los totalitarismos que arrasaron nuestro país seguramente estaríamos hoy disfrutando de la obra de esa irrepetible pléyade desde el conocimiento académico y no solo desde el mensaje político interesado, tanto desde la izquierda como desde la derecha.
Quiero decir, que entre que se explicaban a final de curso, a que la mayoría de los miembros de aquel grupo habían muerto en la guerra, o ésta les había desterrado, mi acercamiento tuvo que ser siempre desde el interés personal y no desde la docencia académica.

Lorca ha sido siempre objeto de mi admiración, y no, no me voy a poner en plan crítico literario, que no tengo la capacidad, ni la vocación, pero si que voy a expresar las impresiones que no solo me produjo la representación de ayer, sino, en general que ha significado la obra de Lorca para mí.
La primera cosa que debo reconocer, es que a estas alturas de la película sigo con la misma sensación de no haber entendido su obra, ya que cada vez que me enfrento a la lectura de un poema, de una carta, o de una canción, descubro nuevos matices, y muchas veces me quedo con la sensación de haber leído algo totalmente diferente, algo hecho con colores que no había sido capaz de descubrir antes.
Quizás ese “no entendimiento” está en la base del surrealismo que la envuelve, ya que bajo ese prisma, lo que se espera del autor es que plasme sus muy personales visiones del entorno de una forma automática, desconectada de cualquier academicismo. Así que sin ser Lorca, es muy difícil la comprensión, no así el que esa visión provoque nuevas sensaciones en ti, y te dé la posibilidad de expresarlas a su vez. No sé.

Ayer, la estética en la escena fue para mi gusto demasiado oscura para una literatura de luz que siempre he reconocido en Federico, pero lo dicho, no he venido a criticar, sino a mostrar mis impresiones, y esa fue la primera.
Eso me hizo pensar que quizás me había perdido algo ya que la belleza de Lorca siempre me pareció ligada a esa estética infantil que aparentemente adorna su obra.

Y aunque tanto esta obra como “El público” son al teatro lo que los relojes de Dalí en su cuadro “La persistencia de la memoria” a la pintura, es decir una expresión más del surrealismo, yo no fui capaz de sentir ese hecho en el montaje.
La visón del director no me pareció que hiciese honor a esa concepción de la obra que necesitaba la blancura de la esperanza del novio, la alegría de la novia al rechazarle tras hacerle esperar cinco años y mostrarle los buenos cuernos que le había puesto con el jugador de rugbi…y sobre todo la cara de circunstancias que el padre de la novia tenía que poner frente al desaguisado.

Quizás sean cosas de la crisis, y ahora veamos en negro todo lo que nos rodea, ya que en el programa nos recordaban que justo a los cinco años de la publicación de la obra desaparecía el poeta, muy posiblemente asesinado por gente de su entorno, o por la guardia civil, o por milicianos falangistas, o por la envidia, o por su condición sexual. Así que dejando a un lado la gracieta macabra que se marcan en el programa, junto con la mención política ramplona a la famosa memoria histórica y a las cunetas llenas de muertos, eché de menos la alegría del poeta.

Lo que si es cierto, es que entender el surrealismo en el arte escénico, implica saber apreciarlo también en las artes plásticas, y para mí en la pintura de Miró es donde puedo reconocer parte del mensaje de Lorca, que no es más que el color y la luz del Mediterráneo, mirando al mar en Miró, y a tierra en Lorca. Dalí nunca fue para mí el diccionario donde encontrar la traducción de los sentimientos del granadino.

Lo que me transmiten ambos es ese automatismo con el que se pretende trascender a la lógica enciclopedista, y de la mano de Lorca en “Así que pasen cinco años” lo que yo intuyo es una plasmación automática del sentimiento provocado en el artista por la vida del campo andaluz que le rodea. Es la tradición que fuerza a la novia a esperar, siempre esperar, al novio a esperar mientras hace su fortuna y envía regalos, al padre que debe preservar la tradición durante la espera, y la ruptura de todo ese asfixiante mundo con la llegada del sexo prohibido del sueño de la novia con el mayor de los machos, el jugador de rugbi.
La crueldad de esa sociedad le asoma de forma automática en el diálogo del niño y el gato muertos.

Miró es la ruptura en luz del mundo de la estética constreñida a formas predeterminadas. Se rompen esas formas academicistas con los colores que cualquier niño, con las formas que cualquier niño puede hacer aflorar de forma automática si la luz blanca con todos los colores del Mediterráneo se rompe en su lápiz.
Otro día quizás reflexione sobre lo que esta época desgraciada dio en otros ámbitos de la cultura, y lo haré, claro desde el surrealismo menos académico, no sea que Paul Eluard se despierte y venga a asustarme por la noche, mientras De Chirico se parte el culo de la risa.
Voy a escuchar las variaciones Goldberg para desengrasar….
Buenas noches y buena suerte

Sócrates, un teatro sin emoción

Ayer, en uno de los más miserables espacios escénicos de Madrid, las Naves del Matadero, asistí a una representación que trataba sobre La muerte de Sócrates y el proceso que le condujo a la misma.
Don José María Pou fue el encargado de interpretar al filósofo, y debo reconocer que es un actor que conoce su oficio, y pocas veces decepciona.
Cierto que a veces cae en el divismo, como por ejemplo cuando se queja por adelantado y recuerda al público que ni móviles encendidos, ni consultar guasapos de esos, y desde luego que ni se nos ocurra toser.
De alguna forma lleva razón, la cantidad de gilipollas esféricos que pueblan el planeta, con el móvil a cuestas, solo es comparable a la inmensidad de los océanos, y en tiempos de frío en el destartalado matadero, que te entre una tosecilla es de esperar, así que, en su segunda prevención quizás debiera haber sido algo más condescendiente.
Fue pues que Don José María nos abroncó en modo preventivo, poniendo en boca de Sócrates la diatriba. Parcialmente de acuerdo con él, pero solo parcialmente. La primera porque no todos somos pecadores, la segunda por la ocurrencia de ponerse intransigente, con minúsculas, desde luego, en boca de Sócrates, y la tercera es que un actor de categoría debería estar más acostumbrado al público que tanto le quiere y al que tanto le debe, que diría Lola Flores.
Pasada la anécdota, el texto me pareció mediocre, y eso que me reconozco admirador de Mario Gas. Creo que se limitó a repetir anécdotas muy conocidas por todos, muy estereotipadas, y a un público de segundo de E.G.B. quizás, hasta les pareciese interesante.
Desgraciadamente la política actual nos tiene a todos con la mente abstraída en tantas y tantas porquerías mediocres, que al final se filtran hasta las tablas de los teatros. Y siento mucho discrepar con el concepto de esta representación, que aunque tenía la muy apreciable virtud de hablar del gran pensador griego, al final parece que lo importante es que éste se rebelase contra la corrupción en su tiempo, y eso le costase la vida.
Pero creo que el legado de Sócrates es infinitamente más amplio y de mayor trascendencia que el proceso que culmina con su condena a muerte, y me parece que la obra se centra demasiado en ese aspecto, y no profundiza en su pensamiento.
Como digo, me ha parecido un acercamiento ligero al personaje, que se reduce a su defensa en el juicio, enfrentándose a quienes consideraban que estaba socavando las normas de la sociedad en la que vivía, (cosa por otra parte cierta), y al comentario de cuatro anécdotas de esas que han llegado a todos nosotros a través, en parte, gracias a los escritos de su discípulo Platón, y en parte debido a, posiblemente, la leyenda que se trazó siglo a siglo.
En el texto de la obra, y cuando Don Mario Gas, nos describe la muerte del filósofo, se reconoce de forma casi literal, la descripción que Platón, nos deja en su Fedón de la muerte del filósofo..
Seguro que la intención de este autor no era la de dejarme la sensación del “corta y pega” de Wilkipedia, pero no lo consiguió.
Me gustó mucho volver a ver a Doña Amparo Pamplona en escena después de tanto tiempo, y su interpretación de Xantipa, sin emocionar, fue correcta, a pesar del texto que tuvo que declamarnos, ya que fue utilizada por el autor para demostrar como Sócrates utilizó la mayéutica, para quitarle a su hijo un cabreo doméstico con su madre, la insistencia de la mujer de que el filósofo era un buen hombre, y sanseacabó. Bueno, no vamos a pelearnos por eso.
Ya veis, como tantas veces, salgo de un espectáculo sin emocionarme, con la sensación de que me he enfrentado a una estética huera, y que he perdido la oportunidad de profundizar en un tema interesante.
Como venía diciendo, este espectáculo, se limita a transmitirnos la idea socrática de la libertad, hace del personaje un transmisor del mantra “la verdad es lo que yo transmito”, qué malos los atenienses que se dejan embaucar por los corruptos y me condenan, que buenos mis amigos, que poco soy y que poco (o nada sé), que cascarrabias mi mujer, que, eso si, a toro pasado, reconoce que yo era un buen hombre, y poco más.
La reflexión de que la verdad está con Sócrates, en su boca, me parece un detalle poco…fino, diría yo. Lo mismo es cierto, y ya está, pero no creo que un pensador de su talla llegara tan lejos, ya que la verdad no la tiene nadie, todos tenemos trozos de verdad, y hasta bienintencionados, pero de ahí a la mayúscula, hay un buen trecho, y ayer en la obra lo reducían enormemente.
Lo más probable es que yo no captara el matiz, que una cosa es sentarse en una butaca una hora y media, y otra muy distinta es elaborar una obra durante meses posiblemente, someterla a discusiones, interpretarla, y posiblemente mejorarla cada día, pero es mi opinión, de asno, posiblemente, pero de asno que no da coces, faltó profundidad, sobraron estereotipos, faltó análisis, se hizo hincapié en aspectos que pudieran traer al público hacia la situación actual de nuestra sociedad trufada de corruptos.
Haré, sin embargo unos ejercicios de oratoria, para mejorar un poco mi dicción, e intentaré la próxima vez que me enfrente con una pregunta, contestarla con otras preguntas que lleven a mi interlocutor a encontrar el camino de la solución de su duda, demostrando que ayer, en clase, en el aula del matadero, estuve, cuanto menos, un rato atento.
Por fin se me permitirá, que apostille el título de la obra, “Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano”, con el matiz de que no se juzgó a un ciudadano, se juzgaron ideas, se juzgaron amenazas al poder establecido, se juzgó a la corrupción de la ciudad, la necesidad de libertad de pensamiento y de expresión social y religiosa.
Fue en las costillas de un ciudadano, pero no fue contra él el juicio, fue contra su mensaje, que además tenía la particularidad de que no se vendía.
Sé perfectamente que este juicio lo hacemos cada día, y en España, a cada momento condenado a muerte todas y cada una de las ideas que no son nuestras, que nuestro sentimiento tribal es muy fuerte, y somos capaces de dar la vida, si se tercia, por defender nuestra cabezonería a la que llegamos a llamar verdad si se tercia.
Así que quizás Don Mario, y Don José María, quisieron darnos esa lección de segundo de E.G.B. que parece muchos no han digerido aún, y yo no estoy agradeciéndolo, pero si lo hago, que sé que lo necesitamos, que perfectamente reconozco nuestras dificultades a la hora de entender, aceptar e incluso poner en práctica puntos de vista y soluciones que nos son ajenas.
Debemos pasear más por el ágora con algún maestro, y en esto le doy la razón a los autores del espectáculo.
En este punto, es donde noto la falta de independencia de nuestro teatro, (si es el caso), creo que sin el dinero oficial*que ha soportado la producción, la obra hubiese ido por otros derroteros, hubiese tocado puntos más sensibles del pensamiento socrático, habría dado más posibilidad de discusión a los personajes, y hasta quizás hubiese tenido una mayor duración….no lo sé pero tenía un tufillo la cosa de oficina de burócratas de esos de “cultureta populachera”.
La lástima es que llegará a pocas personas, a pesar de que se haya hecho a golpe de dinero público, que esto no es una teleserie, ni siquiera un “computer game”, y requiere un mínimo de atención para captar algún mensaje. La cosa se reducirá a los pocos miles de españoles que decidamos ir al espectáculo, siendo así que el mensaje seguirá siendo de minorías que posiblemente ya lo conozcan y apliquen.
Buenas noches, y buena suerte
*Coproducción según el programa de mano del Teatro Romea, Festival Internacional de teatro clásico de Mérida, Grec 2015 Festival de Barcelona, y Teatre-Auditori de San Cugat

La ley y la justicia II

Espero que no se cumpla aquello de días de mucho, vísperas de nada, y lo digo porque ayer me tocó de nuevo revisitar el tema del Mercader de Venecia, y me remito al título de esta página, pero en versión Calderón, a la española, y como no a las bravas.
Yendo por partes, debo reconocer, que el primer placer me lo llevé cuando crucé el atrio del templo del teatro clásico en que se había convertido el viejo teatro de La Comedia en Madrid, ese de la calle del Príncipe, que llevaba cerrado 13 años.
Me enfrenté pues a un Alcalde de Zalamea, bien traído, mejor llevado, y con todas sus letras que de un tiempo a esta parte ya es mérito por si solo.
Disfruté con los enfrentamientos del plebeyo y el noble, Pedro Crespo y Don Lope de Figueroa, el poder de la tozudez y de las ideas claras en uno, y el poder de la nobleza y la ley en el otro.
El primer punto que se nos aparece es el de la ley que obliga a dar hospedaje a las tropas del rey, con el punto de injusticia que pueda derivarse de ello, no tanto con su espíritu, sino con su ejecución.
Mucho saben de esto los catalanes durante la guerra dels segadors en el XVIII, cuando les pareció excesivo el requerimiento de Felipe IV para con sus tropas, y se dieron cuenta luego que los franceses que les salvaron fueron mucho peores….pero eso es harina de otro costal.
Se transige con la injusta ley, pero cuando llega el abuso, se echa mano casi de la ley natural, y de la justicia plebeya, esa que da vida al tribunal de las aguas valenciano, o a los descerrajamientos de Puerto Hurraco, que lo mismo da, ya que es justicia fuera de la ley, pero aceptada de alguna manera, o al menos entendida por el pueblo.
Así que Pedro Crespo, soporta la injusticia, hasta un límite, y acaba utilizando la ley para su venganza. Aquí no hay jurisdicciones, hay garrote a uno que se considera culpable, y punto.
Calderón , creo se arroga el papel del rey, y da por buena la sentencia y su ejecución, con el famoso ¿qué importa errar en lo menos quién ha acertado lo más?.
El errar lo menos, es saltarse la jurisdicción ante la que debería responder el capitán, realizar un juicio sumarísimo, eso sí documentado, pero sin derecho a defensa, y una ejecución casi sin dar tiempo al viático.
Acertar en lo más, parece que es salvar el honor mancillado, aparentemente por el tal capitán, y la ejecución sumaria. Vamos la aplicación de la que luego, un siglo más tarde, se llamaría ley de Lynch.
Cosas del Siglo de Oro, que había que llenar teatros, y el honor mancillado de una mujer se tomaba muy en serio, sobre todo cuando no se quería restituir. Y es que la justicia va por un lado, y la ley por otro.
Entiendo el cabreo de Don Lope de Figueroa, al ver como la ley que defiende, es quebrada por la justicia del alcalde. Y no es que en manos de Don Lope al tal capitán le hubiera ido mucho mejor, pero era el camino.
Todo esto me ha llevado a repensar en la situación de Catalunya, en donde parte de la población quiere creer que pueden ejercer una forma de justicia, saltándose la ley, en una suerte de linchamiento calderoniano para resarcir un honor o unos deseos supuestamente mancillados. Pero es difícil que los hechos consumados puedan presentarse, ya que hay un impedimento demasiado importante para que se puedan llevar a cabo, y sobre todo una enorme falta de poder.
En el momento que la reacción ha sido la de poner nombres y apellidos a aquellos que creen que la masa popular les protege, se intenta recoger velas, y es lo que estamos viendo en la respuesta al Tribunal Constitucional por aquellos que consideraban como posición más plausible, ignorarlo.
Debo reconocer que esta semana de clásicos, ha sido realmente interesante desde el punto de vista de lo que nos quieren (creo) transmitir los dramaturgos a través de sus historias, con respecto al uso de la ley y de la justicia.
El judío Shylock, busca venganza en la justicia sin tener en cuenta la ley, y se encuentra con que la interpretación de la ley por parte de quien la conoce a fondo, le da una justicia con la que no contaba. Es decir, el sentimiento de revancha ciega a Shylock, y se encuentra en un charco en el que nunca hubiera querido meterse. Tampoco quiere aceptar la ventajosa salida que se le ofrece de cobrar varias veces el importe de la deuda. Quién derrota a Shylock, dejando a un lado su ceguera, es el procedimiento legal, el juicio que sobre los hechos se lleva a cabo con toda la ley aplicándose.
Pedro Crespo busca también venganza, pero tiene una importante posición de poder, la fuerza. Cierto que al capitán Don Álvaro de Ataide, de extracción noble, se le ofrece resarcir el daño, con notables ventajas, que no acepta. Es en ese momento en el que en vez de la ley, lo que aparece es la justicia, sumarísima, eso sí, que acaba con la vida del ultrajador.
No sé si la ley ha sido burlada, creo que sí, en ambas situaciones, pero el espectador sale con la sensación de que se ha hecho justicia, y se alaba tanto a Don William como a Don Calderón a la salida del Globo, o del Príncipe, con lo que la asistencia a la próxima obra está garantizada.
Ahora, en mi Catalunya, donde se está escribiendo un mal sainete, ni se va a hacer la justicia que esperan los separatistas, ni se va a burlar la ley. En este caso la ley se está anteponiendo claramente a los intentos de clamar por una justicia tan torticera como pedir una libra de carne de un hombre cortada lo más cerca posible del corazón.
Confío en que esta situación acabe con la justicia y la ley de la mano, pero no con la justicia que piden los injustos, que como Shylock solo piensan en su odio y en su venganza contra el resto de España, que es lo único que puede justificar su inoperancia secular, sino con la justicia que debe emanar de la ley que nos hemos dado todos, y en Catalunya los que más y se llama Constitución Española.
La desgracia que hemos tenido los catalanes es que el franquismo no dejó nuestra tierra a la muerte del dictador, siguió encarnado en el pujolismo, con su patriarca a la cabeza. La democracia ha sido débil en mi tierra estos últimos cuarenta años, en los que se ha reprimido de muchas formas por parte del poder local a buena parte de la población. Confío en que salga pronto una asociación de esas que se llame Junts pel Seny lo antes posible, y sobre todo que los no catalanistas se quiten pronto los complejos y miedos que les han impedido ser libres cuando al sur del Ebro lo éramos.
Buenas noches, y buena suerte

La ley y la justicia

Como ya no hay crisis, cogí ayer el metro y me fui al teatro. Claro, había sitio por todas partes, y me dí el gusto de rememorar al Bardo, en una de esas obras que para mí, significaron el primer contacto, no solo con la diferencia entre ley y justicia, sino con el buen teatro. Si, claro, hablo del Mercader de Venecia.
Valga como reseña breve, que aunque mutilaron la obra los adaptadores, tanto el texto que dejaron, como la ambientación, y las interpretaciones, me hicieron pasar un rato agradable, sin tirar cohetes, pero agradable, que para los tiempos que corren es más que suficiente.
Todos recordamos el argumento que desarrolla la obra, que aunque peca de maniqueísta, al exagerar las posiciones de los personajes llevándolos a posiciones de blanco o negro, que allá por mis tiernos doce o trece años me dieron que pensar como no solo las cosas no son siempre como parece que son, y no a todo el mundo se le da la razón, aunque la lleve, sobre todo porque nunca, nadie, lleva “toda” la razón.
Aprendí, que los matices, la letra pequeña son a veces mucho más importantes que los titulares, y que las fortunas, las relaciones, e incluso los sueños, se pierden en ese marasmo de letras pequeñas, de comunicación poco clara, de sobreentendidos. Es en esos apartados en los que se fundamentan siempre los contratos, los acuerdos, y lo más importante, sus consecuencias.
No me acuerdo si mi profesor de literatura, el Sr. Segarra, en el Instituto, hizo mucho hincapié en estos matices, cuando nos hizo leer en voz alta….tú Porcia, tú Antonio, tú Shylock….la escena que venía del juicio en el suplemento de textos del libro de literatura que hacían los de S.M..
No me acuerdo, pero se me quedó la historia almacenada, en el disco duro, y alguna vez la he podido utilizar en mi favor y provecho, que tal y como están las cosas, no está nada mal.
La primera es el papelón que le sueltan al judío. Vive de la usura dice el texto, ya que cobraba por prestar dinero a quien se lo pedía. (No pedirlo, ¡coño!, y se le acabó el negocio). Mala cosa, ya que en aquella época, el recibir intereses por la cesión temporal de capitales, era motivo de excomunión, y fuera de la comunidad no hay vida o hace demasiado frío. Así que los cristianos, a pedir dinero al “call” de turno, que pedir si se puede.
La segunda parte de la historia es el bobo de Antonio, que firma, protegido por su soberbia, un documento que no puede, en lógica, aceptarse de ninguna manera, a no ser que tuvieras previamente y por tu conocimiento de las leyes, todo bien planificado para quitarte de en medio a un duro competidor financiero, que peores se han visto.
La tercera, es el mal uso que del dinero se hace, y no es más que ayudar a su amigo a entrar en el sorteo de una dama, (doncella de gran fortuna , cierto). Las boborronas feministas que había en el teatro, en el día contra el maltrato femenino se merendaron el hecho del sorteo con papeletas de la buena Porcia….., o no se atrevieron a patear a don William, que a lo mejor es eso. No me gustan los istas, no piensan, solo creen lo que les dicen que tienen que creer.
Cuando se cumple el efímero plazo de tres meses y se reclama la deuda, que es de justicia, ya que se ha firmado, tras un cúmulo de estupideces por una y otra parte, Shylock reclama su pago incumpliendo una de las leyes más básicas del comercio, y de cualquier empresa, que es ignorar los beneficios.
Shylock utiliza los activos de su empresa para fines particulares, es decir, para su venganza, y claro, paga por su deshonestidad financiera. Cuánto más fácil hubiese sido poner como garantía ante el impago una participación mayoritaria en las empresas de Antonio, pero no, una libra de carne cortada cerca del corazón. ¡Qué malos son los sentimientos en el business!.
Cuando el prestamista andaba exigiendo su libra de carne, no sé por qué me vino a la cabeza la historia de las hipotecas esas que devienen en el corte de la correspondiente libra de carne del hipotecado. Ya sé que no es lo mismo, pero no pude evitarlo, así que cada cuyo, busque los paralelismos que les plazca, si los hubiere, o encontrare.
Hasta aquí, la ley, que como todos sabemos, puede ser justa o injusta, bien provenga del poder de un dictador o del poder del pueblo, cosa, esta última, bastante difícil, por cierto. Aquí, Aquino fue muy hábil al definir la ley….ya se acuerdan ustedes aquello de “la ordenación de la razón, dirigida hacia el bien común y promulgada por quien tiene a su cargo la sociedad……”, pero la justicia puede encontrarse en la interpretación de la norma, que al fin y al cabo, es lo que el Bardo hace en su obra.
Nos lleva a la letra pequeña, aquella que solo está al alcance de especialistas, e intenta impartir justicia, eso sí quitándose la venda, e inclinándose a un lado de la balanza de forma descarada que al fin y al cabo, es lo que día tras día ocurre en todos los tribunales del mundo.
En la obra, escrita para cristianos, Shakespeare literalmente se echa en brazos del público, y las sonrisas y el amorcito inundan la escena, cuando la letra pequeña se echa encima del judío, que no contrató un abogado al establecer los términos del contrato, ni tampoco lo hizo a la hora de defender sus intereses. Evidentemente Antonio merecía perder todos sus negocios, por inepto, que esas cosas no se firman, ¡coño!.
Mi final “justo” para ese juicio, hubiese sido la condena a ambos por ineptos, no por otra cosa, y los hubiera declarado no adecuados (usando lenguaje de auditor), para gestionar negocios en la República de Venecia, así que los hubiese enviado a una escuela de reconversión profesional de esas de los cocos o de los ugetes, a estudiar para gondolero de cercanías.
En definitiva, mi punto de vista, es que la justicia es una utopía, ya que no se obtiene de la aplicación de la ley, pues esta puede tener múltiples facetas que deben interpretarse, y cada interpretación puede llevarte a diferentes finales. Que hay que tender a ella es una necesidad poco discutible, que la figura de un juez imparcial es necesaria, tampoco debe discutirse, incluso de un jurado, pero lo que es muy difícil, es que esas personas sean realmente imparciales, ya que su formación, su extracción social, su nivel económico, su religión, o sus tendencias polí ticas por mencionar solo alguno de los aspectos que conforman su personalidad, les harán valorar de una u otra forma la importancia de la gota de sangre cristiana vertida.
Con todo, espero que se me permita, valorar tanto un tribunal supremo de cualquier estado de los que llamamos libres y democráticos, como un tribunal popular como el “De les Aigües”, o un tribunal eclesiástico (de cualquier credo). Todos sentenciaran con arreglo a la ley vigente, pero con su punto de vista personal de la justicia.
Buenas noches y buena suerte

La descarriá, o Alfredo tenía que haber pillado la tisis.

 

Hoy cerraba temporada de ópera el Liceu, con la última representación de La Descarriá, (La Traviata, para los políglotas), pero no teman sus gracias, que no es mi intención hacer la crítica musical, que no.

Así, como de paso, pues estuvo bien, la orquesta, los cantantes, los coros, el montaje. Todo muy bien. El teatro como siempre, llenito, y precioso.

La cosa, es que empecé mientras cantaban el “brindisi”, a pensar, lo bien que se lo estaban pasando, todos esos señoritingos de la alta sociedad parisienne….todo glamour, barones, condes, demie-mondaines, champagne, lujo y que bien se vive.

No lo pude evitar, con tanta comida de tarro griega, me puse a pensar en Grecia, y llevado por la música verdiana quise identificar quién era el correspondiente del drama griego de estas semanas, con los personajes de La Descarriá.

Yo creo que, ya que Violeta, era, en principio quien llevaba la voz cantante, podía ser Hellas. Vida alegre, desenfrenada, jijiji, jojojo. Un barón hoy, un conde mañana…Carpe diem, y con tisis.

Tisis, mi hija que es muy leída me indicó en su momento, la procedencia griega de la palabra, que a través del latín llega a nosotros, con el significado de desmadejamiento, debilitamiento, decaimiento.

Vaaayaaa, me dije yo, ¿dónde he visto eso antes?, y claro la respuesta era inmediata, en Grecia.

La fiesta del sol, de la musaka, de las islas locas, Mikonos, de las islas más germánicas, Santorini, el sirtaki, el aceite de oliva, y las fiebres de Malta. Las amigas de Violeta, podrían haber sido media España, o tres cuartas partes de Italia, pero no tenían tisis, no están decayendo, durante tanto tiempo, así que tenía que ser Hellas..

Alfredo, ¡ay Alfredo!. Tu correspondiente es la vieja Europa, te enamoras locamente de Violeta (Hellas), y lo que es más complicado, le pides, le suplicas, ¡Únete a la Unión Europea, que soy yo! . Violeta, (Hellas), se defiende lo justo, y se va a vivir con Alfredo.

Y empiezan a gastar como locos, (l’amour est plus forte que nous).

Violeta (Hellas), gasta todo lo que tiene, y Alfredo, (UE), empieza a soltar los Luises que son su herencia, a mayor gloria de Dios, todo por estar juntos.

Claro, que llega un momento, que el asunto no se aguanta, y aparece Giorgio, el papaíto de Alfredo. A mi Gioirgio, siempre me ha parecido tener su correspondiente en el ministro ese de finanzas alemán que me cae tan mal, desde siempre.

Y ya sabes, que estás haciendo daño a mi hijo, y a su hermanita no vamos a poder casarla, que si tienes muy mala fama, que esto no hay quien lo aguante, y ahora además el angelito, me ha pedido la legítima, y todo al sumidero de tu Carpe Diem. ¡Sacrifícate!

Así que lárgate, pérfida Violeta (Hellas), abandona a mi hijo (UE)…..Chaaannnn, y el drama toma vida. ¿Qué haré en este maldito mundo yo solita?. ¡Ay que dolor! .

Pues dicho y hecho, me voy de fiesta con el barón (Putin), que tiene pasta y seguro que le encanta estar conmigo, porque además somos vecinos.

El coro, que no son otros que el resto de los países de la Unión, se escandaliza, y permiten que se rete a duelo al barón. Como la vida misma.

El bueno de Don Verdi, parece que tenía un agujerito para ver el futuro, o quizás que la vida es así siempre, sea cual sea el ámbito en el que se desarrolla. Tremendo.

Pero vamos al tercer acto.

Sin el apoyo de Alfredo, el decaimiento de la pobre Violeta (Hellas), es decir, su tisis, se hace galopante, el barón (Putin), bastante tiene con lamerse la heridas del duelo con Alfredo (UE) de su zona ucraniana, y deja abandonada a Violeta (Hellas). El mundo se hunde.

Alfredo (UE), bien arropado por su papá, (Herr Schäuble, muy cristiano él), disfrutando del sol de Provenza, tampoco se acuerda de los pasados amores, que la pasta manda, y hay que casar a la hermana.

A Violeta, (Hellas) solo le queda una amiga, Annie, (Chipre), que la entiende, la apoya, pero es solo la criada, y entre ataques de tos, por mucho que él medico (Dottore Draghi), le diga, que no se preocupe, que con la inyección de vaya usted a saber qué, se recuperará, todos sabemos que Violeta (Hellas) está condenada.

Giorgio (Herr Schäuble) aparece en el lecho de muerte de Violeta (Hellas), a pedir perdón.

-Mira chica, yo me equivoqué, os tenía que haber dejado vivir vuestro amor, (total con la tisis que tienes te habrías muerto igual, y yo me habría ahorrado el papelón de villano avaricioso y egoísta). A ver como explico yo esto, aunque por otra parte he salvado el bodorrio de la niña, y la fortuna familiar. Alfredo (UE), es bobo y ya veremos qué pasa con él.

Con él,  que aparece con todo su poderío europeo, a abrazar a Violeta (Hellas), mientras exhala su último suspiro. La muerte de la cuna de la democracia en manos de la Europa de los vikingos.

A todo esto, y después de tantos besos, abrazos, intercambios de fluidos de todo tipo entre Violeta y Alfredo, lo que me llama la atención es que la tisis no haya prendido en Alfredo.

Hay que reconocer que lo suyo es que se hubiera infectado, que          M. tuberculosis es muy cabrito, y en un par de toses de amor, te ha saltado a la yugular. Hace un siglo no te la quitabas de encima ni en la montaña mágica. (Como sea uno de esos multirresistentes, hoy las pasarías canutas también).

Y no lo descarto. Lo que pasa, es que Don Verdi, tenía un presupuesto de tres actos, que si hubiera sido Wagner, con la pasta germánica que seguro manejaba, en dos actos más nos contaba la enfermedad y muerte de Alfredo (UE).

A partir de ahora, habrá que esperar a ver si Grecia se recupera de su tisis, si Europa no ha pillado la tuberculosis, y si Rusia supera la gangrena de la herida en Ucrania.

Mientras tanto, levantemos nuestras copas en un brindis, y bebamos, bebamos a la salud del amor, y de la vida.

Carpe Diem

CARMEN O NUEVA PRAGMATICA CONTRA DIRECTORES TEATRALES GÜEROS, CHIRLES Y HEBENES

P1000132NO LE TOQUES YA MAS, QUE ASI ES LA ROSA

 

 

Juan Ramón Jiménez, en su libro de poemas Piedra y Cielo, publicado en 1917, nos dejó esta maravilla, y hoy se la voy a recordar a tanto supuesto artista, güero, chirle y hebén, como en su Buscón hizo Quevedo, en su pragmática del desengaño de este tipo de poetas.

Una vez el punto cultureta, yo, a lo mío voy, y es que esta tarde, me enfrentaba a una Carmen en mi Liceu.

Voto a tal, que llevaba literalmente los deferentes atascados, y las gónadas buscando sitio entre el cuello de la camisa y la corbata, (preciosa, por otra parte, que llevaba hoy). Y la razón es que el montaje de Carmen era del gran artista, el escenógrafo aclamado, y el creador de nuevas visiones del arte escénico, un tal Bieito.

Los que me conocéis sabéis que en esto del teatro, Melpómene y Talía, me negaron la habilidad de la creación, y Euterpe, se añadió al coro, y me negó no sólo la creación si no la habilidad de interpretación musical.

Así que me quedé apenas con vista y oído, con los que me arrastro por teatros, y templos de la ópera con relativa frecuencia, y desde hace muchas lunas. Quiero advertir con esto, que cuando salgo de alguno de esos templos, lo único que me queda es si me ha gustado, o no, y lo más importante, si me ha emocionado, o no. Vamos, que de esto, como de casi nada, entiendo un carajo.

No sé cuántas veces he visto Carmen, y en cuantos teatros, hasta en Estocolmo recuerdo haberlo hecho, así que puedo comparar mis sensaciones, con lo que me ha pasado hoy.

Volviendo al título de estas palabras, como me temía, se ha vampirizado a Bizet, y a Merimée de paso, claro, porque nuestro poseedor de una triunfal carrera (calificativo literal del programa de mano del Liceu), se siente con sabiduría, conocimientos, y claro, engreimiento suficiente como para enmendar la página a maestros como los mencionados y consecuentemente, liarla parda.

La primera en la frente, mi Don José, (aquel que cuando lo cantó el otro Don José, Carreras, claro) me emocionó, ya no era un valiente soldado del regimiento de dragones de Alcalá, cuerpo de caballería, sino un caballero legionario, que me parece muy bien el cuerpo del ejército que fundó Millán Astray, ya que basaba muchas de sus virtudes, en aquellas de los caballeros samuráis. La muerte es gloria, viva la muerte, en fin todo eso.

Pero claro, un tipo como Don José no cuadra en la Legión. Un legionario jamás hubiera actuado como él, en plan llorón. Las dos primeras bofetadas que se hubiera llevado Carmen, le habría evitado el navajazo miserable, porque la encarrilaba en el primer acto. En el cuerpo de Caballería de los Dragones de Alcalá, creo más fácil que se colara un vaina de estos.

Por otra parte cuando se estrena Carmen en 1875, en la ópera cómica de Paris, de la legión ni se hablaba, y su fundador no era ni un brillo en los ojos de su papá, por no decir que Merimée escribió la obra hacia 1820. Con esto quiero decir, que el primer cambio, no aporta nada al original, no tiene sentido, más que uno cutre salchichero, del que más adelante hablaremos.

El segundo cambio, ya que parece la cosa la traslada el insigne y triunfal creador teatral, a una fecha indeterminada de finales del siglo pasado o primeros de este, es llenarnos el escenario de automóviles marca Mercedes desvencijados con cajas de los setenta…..El coche del gitano, fantástico aporte a la obra, te hace entrar de forma inesperada en el corazón de Bizet-Merimée, en un plis. El contrabando, ¿En sierra Morena en este siglo?, pues no lo veo….bueno si ponemos tabaco de Gibraltar, aún, pero no, y desde luego la Legión reprimiendo eso, ni de broma, que están para otras cosas. Y ya, cuando veo las cajas con teles planas y un pollo blandiendo un microondas comprendí que a lo mejor no eran contrabandistas, Sr.Merimée, que eran peristas, leche, pero seguro no le cuadraba en la historia.

De nuevo, mis gracias al Sr.Bieito, por haberme abierto los ojos. Y hablando de ojos, debajo de los oones del toraco del brandy ese.

Las dos últimas cosas que me impresionaron, fueron plantar una bandera española en medio del escenario del Liceu, y quedó hasta bien, aunque luego la usaran para sacudirse unos a otros.

Y la segunda, el ahorro de IVA del teatro. Una cabalgada ya desbragada Carmen, sobre D. José seguro que ha permitido junto a un torero en pelotas toreando a la luz de la luna calificar esta Carmen de espectáculo porno…..tío el IVA al 4%, y teatro lleno.

Todas esta zafiedades, han hecho que me distraiga de la parte intemporal de la obra, y no me he emocionado, gracias a todas estas patochadas posiblemente desarrolladas para que vean por ahí cuatro tópicos sobre España, que aquel que ha desarrollado una triunfal carrera o no ha entendido, o lo ha preparado para estudiantes de Oregon (USA), por ejemplo, y se empapen del espíritu de nuestra tierra.

Así, que ahí va mi ruego, a estos artistas güeros, chirles y hebenes, “No le toquéis más, que así es la rosa”, y si os sentís grandes creativos…..papel y pluma, y a crear, a sorprendernos con vuestro talento, y en vez de vampirizar una obra maestra para “epatar”, (no sé a quién), intentad emocionarnos con algo nuevo.

El Sr. Bieito, por proximidad se ha llevado el palo, pero valga para aquella Traviata llevada a los años setenta, cuando ya había penicilina, y la tuberculosis de Violeta se curaba de maravilla. O poner disfrazados de nazis a los héroes del Anillo de los Nibelungos. Por favor es mitología germánica, y aunque Bayerut fuera promovido por Hitler y su camarilla, a Wagner lo subvencionó Luis II de Baviera.

Estaba pensando, que sería una gran idea para estos creadores, que reescriben a Lope, a Calderón al gran Bardo, a Aristófanes, o a Esquilo, que nos Hicieran una Cavalleria rusticana con tifossi de la Roma y del Catania, o una Boheme en Silicon Valley. Sería total.

Buenas noches y buena suerte