El período

Empezamos con los fastos de los finales de curso, es lo que toca, pensar en cambiar de actividad, empezar, en algunos casos, esa cosa que venimos en llamar vacaciones, los alumnos, los docentes, vacaciones de la rutina de los últimos nueve meses. A los funcionarios aún les queda un pequeño tranco, me dicen.

Está bien, que ahora hay que darle al cacumen para ver como diantres nos inventamos una nueva rutina que llene el tiempo, que llene el bolsillo, si eso es posible.

Todo menos amuermarse, todo menos tumbarse (que no tirarse) a la Bartola, bueno si hay que hacerlo, se hace, que no estamos para remilgos a estas alturas de la película.

Empieza el tiempo en que las redes sociales se hacen sopas del gustito que les da el ver como se multiplican las fotitos y los memes desde el apartamento de Benidorm, tremendo.

Supongo que habrá de todo, unos enviarán el programa de Perelada, o de Mérida, para que vean lo que disfrutan con el último montaje del Bieito o con esa Antígona que como despedida de las tablas nos brindará la actriz de turno.

Otros andarán por los Jazzaldía o por los conciertos de las fundaciones del banco abotinado. Está bien, qué diantres, que no todo va a ser jugar al golf en Valderrama, o ponerse ciego de pescaíto frito en Torremolinos.

Quienes me temo no van a tener vacaciones, es esa legión de personas a las que la última década ha hecho pobres, euro a euro, que es como se hacen estas cosas, que así parece que nadie te ha quitado nada, que has sido tú quien ha perdido las monedillas, una a una por el roto del pantalón ese tan moderno que encontraste en las rebajas de Primark, o como se llame.

Cada vez que oigo lo que los beneficios de nuestra economía ha traído a los españoles, me pongo a revisar cifras, datos, tendencias, y veo claramente que ese 1% de españoles que controlan el veinte por ciento de nuestra riqueza, han ganado varios puntos estos años, que el grupo que le sigue, un nueve por ciento de la población, que consigue controlar hasta el cuarenta por ciento de la riqueza, es decir un veinte por ciento más, anda sin demasiado crecimiento, tres o cuatro puntos, pero el noventa por ciento restante, esos son los que han visto como diez o quince puntos de su riqueza se trasvasaban sin más.

Sí, esos trabajadores que están en el límite de la indigencia, que no pueden pagar un alquiler, que no pueden mantener a sus hijos, han visto como se empobrecían a manos de un gobierno dañino y de unos sindicatos inoperantes, que bastante han hecho en conseguir mantener prebendas.

Y uno se harta de escuchar lo de la pobreza infantil, de los obreros que viven en la miseria, de la imposibilidad de pagar los gastos que simplemente se asocian a la actividad laboral.

Pero me han dicho que no me preocupe, que cambia el gobierno, que ahora toda esa miseria se va a tornar en dignidad como poco, que aunque los grandes amos aúllen de dolor al ver como se les escapa algo de su poder de las manos, dicen que se va a hacer.

Y prometen, digo yo que sabiendo lo que dicen, que eso de la reforma laboral la van a echar al cubo de la basura, a derogarla, dicen.

Pues si es por el bien de todos, ya están tardando, y a ver si lo hacen con habilidad y no nos cuesta la torta un pan en forma de nuevos parados, de más miseria. Tienen que hacerlo, y hacerlo bien.

Porque amenazas van a tenerlas de todos los colores, seguro, y van a sacar las fotos esas de cuando el prometedor no se daba cuenta y le fotografiaban el culo cuando hacía cochinadas, por lo menos.

Y es que yo, mire usted, estoy deseando ser “gran empresa” a la hora de pagar mis impuestos, aunque como soy tonto, lo que de verdad quiero es que ellos paguen según las tablas que se me aplican a mí, ya sabes más de sesenta mil de beneficios…¡a la mierdaaa!, bueno, al marginal, que con eso se pagan luego muchas cosas, aunque el cupón se resfríe.

Y que no me anden con el aquél de que se llevan la sede a no sé qué paraíso fiscal, que si de verdad se quiere conseguir que los impuestos sean los que corresponden a la actividad dentro del país, se puede, que para eso dicen que legisla el pueblo….pues no lo parece.

Pero nos vamos de vacaciones, que ahora Turquía está más baratita que Benidorm, que los de los aviones con tal de llenar, si quieres, te venden un billete básico, y te cobran diez churritos por usar el baño para aguas menores y dieciocho para mayores, sin papel, claro, que eso lleva un extra de un par de euritos por cada quince centímetros. Pero huele a muy barato, que uno no acostumbra a evacuar a treinta mil pies, y total son dos horitas….o trece, que si te pones exótico, ya sabes lo que te toca.

Y me dirán que vaya al nutricionista a perder los rollos esos de chicha que siempre han adornado mi perímetro, a mucha honra, me dirán que tengo que usar esas supercremas de factor total, para tomar el sol sin tomarlo. Nada entiendo, que “con no dir”.

Pero es que hay que enseñar esas tabletas que dicen que tenemos y uno nunca ha visto, y en ningún sitio como en la playa…¡uuuyyyy! Perdón, o en las redes sociales, esas que se hacen sopas con la llegada del período.

Vacacional, claro, que a nadie se le olvide comprar los cuadernos de repaso, en papel o virtuales, que los niños no pueden estar todo el día al aire libre haciendo el cafre, que se les van a olvidar los ríos de su comunidad autónoma, y luego la media no les da para la carrerita esa que les hará parados de relumbrón.

Por el momento, el tal calentamiento global, nos está dejando los pies fríos en esta Piel de toro que dice sustentarnos, pero sé de buena tinta, que aunque aún la gente no le ha comprado a Don Amancio el modelito estival, ( a los del Corte Inglés parece que ni la primavera les ha llegado aún), no tardarán en hacerlo, y será en un ¡ay!, que habrá que ver eso del aire acondicionado, que de los cuarenta y pico no nos libra ni la santísima trinidad, dicho en minúsculas por no ofender.

Mientras tanto, voy a coger mi manual del buen arriano, a ver si me siento politeísta un rato, que uno se leyó el catecismo cuando tocó.

Recuerdos al boquerón

 

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