El San Juan

No sé quién me manda abrir la prensa, debo estar loco, y eso que uno anda ya resabiado y evita las páginas del corazón, en las que se narran las aventuras y desventuras de quienes en mi nombre detentan el poder. Vamos que me salto la opinión, la política nacional, y similares, esperando encontrar algo decente entre líneas.

Y hoy me han dado dos patadas en los dientes con muy pocos minutos de diferencia, siempre por mi culpa, claro, que uno se empeña en creer que aún el ser humano vale la pena, pero no sé, no sé.

Me define la viñeta de “el Roto”, lo que hoy entendemos por “comercio justo” :

-Nosotros enviamos armas, ellos nos envían refugiados.

Y que nadie se engañe, la cosa no es de estos días, que me recordaba el otro día mi hija aquella pieza de Max Aub, “El San Juan”, consecuencia del envío de armas a Franco, y a la República, que concluyó con el envío de refugiados a Méjico, y a otros muchos sitios, pero en la obra se habla del destino mejicano.

La cosa hoy, es la misma, refugiados de Siria, refugiados de media África expulsados por las fábricas de armas de quienes no desean saber nada de ellos. Coherente es, desde luego, que si vendes armas es para que alguien mate a alguien, así que es lo mismo que mueran por bala o por ahogamiento. ¿es que no se han enterado de que no son seres humanos?. Es que hay que explicarlo todo, y ya tengo bastante con discutir el menú a los invitados en mi yate. ¡Coño!.

La verdad es que como no soy una de esas moscas de la pared, no me he podido enterar si cuando Tito Trump habla con sus socios comerciales, se discuten los aranceles de las armas. De las aceitunas y de los cochecitos, desde luego que se hace público, pero ¿de las armas?, a lo mejor no tienen aranceles, que el tráfico es ilegal, dicen, bueno, quizás en algunos casos….lo que no sabemos es qué inversión media hay que realizar en armas para cepillarse a un cristiano. Sería una interesante estadística.

Mientras tanto el camino del San Juan sigue en su derrota de muerte, ahora en el Mediterráneo, o en el Atlántico hacia Canarias, o por tierras turcas.

Maldito mazazo, aunque como ya he dicho no es el único de esta mañana, y es que sale un médico casi octogenario de Bethesda en el corazón del Imperio, con una noticia maravillosa. ¡El cáncer puede controlarse!.

Y claro, uno se pone a leer la noticia, con cuidadito y la propuesta es más que guay, es suuupeerrr guaaay. Que un autotrasplante de linfocitos puede eliminar las células cancerígenas o cancerosas, que ahora no sé cuál es el término adecuado, así que elijan sus gracias.

Fantástico, pero, esa que se necesita un equipo de al menos treinta personas por paciente, unos sistemas de secuenciación del DNA hipersofisticados, ya que hay que determinar no solo las secuencias de los linfocitos sino de las células cancerosas, diseñar el nuevo DNA del linfocito del paciente, y a por el tumor.

Dice el bueno del investigador mientras nos mira desde sus gafitas y sonrisa picarona, que la cosa no es para todo el mundo, que vale una pasta, casi medio millón de dólares, y ni las aseguradoras, ni las sanidades públicas van a poder costearlo.

Solo parece que usted mi querido amigo vendedor de armas de esas que producen migraciones poblacionales, va a tener una posibilidad de hacer algo en caso de que se le ponga el colon negrote como el alma, o el cello del útero quiera desprenderse, o algún melanoma de esos que no se sabe por qué está ahí.

Los demás, como siempre, nos moriremos sabiendo que existe una cura para nuestros males, pero que como no tenemos la pasta, pues pasamos al Oriente Eterno, que diría uno de mis amigos, y a otra cosa.

Pero que nadie se preocupe, dice el buen profesor de Bethesda, y a lo mejor lleva razón, que seguramente la industria farmacéutica encontrará la manera de hacer la cosa más asequible, y así a lo mejor podemos dejar la cosa de forma que en vez de que puedan acceder unos cientos, puedan acceder unos miles.

Perfecto, nuestra sociedad en estado puro, con el negocio de la muerte anticipada, con el negocio del sufrimiento de quien no tiene “posibles”, que a nadie le importa.

Se le quitan a uno las ganas de abrir la prensa, ni digital ni en papel ni en ningún otro formato, que al final el mensaje que de forma machacona se nos repite es que el mundo y sus posibilidades materiales son de unos pocos, que además, y con mucha probabilidad no se lo han ganado, que les llegó de forma colateral.

Así que ya sabemos lo que hay, de donde vienen los que en su San Juan particular embarcan en una derrota sin esperanza, desde un puerto de muerte a otro de desprecio y muerte también.

Y es que no todos los niños que dan patadas a un balón pueden ser un jugador de élite, la miel no está hecha para la boca del asno….

La verdad es que cada vez cuesta más mantener el optimismo, inmersos en esta sociedad en la que la vida es tan poco valorada que tiene un precio en dinero, en la que solo son individuos dignos de ser tenidos en cuenta son aquellos que pueden pagarse el peaje.

Y como no hay nada más noble que un buen perdedor, aunque sea por que el contrincante ha hecho trampas o ha jugado con ventaja, cerraré esta entrada de hoy en la bitácora, felicitando a ese uno por ciento de la población mundial que detenta el veinte o veinticinco por ciento de la riqueza generada.

Y les recordaré aquella estrofa de la milonga del cantautor argentino:

-Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo, que como dice ese indio navajo, el oro ni se come ni se bebe.

Pero mientras tanto que les quiten lo bailao. Y nosotros los de a pié solo nos queda el consuelo de tener una Zelecsió de jumbor que es de Hierro.

Con su pan se lo coman

 

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