El Señor pesquisidor

Andaba esta mañana paseando por el Retiro madrileño, oyendo en mi cacharrito electrónico a Canales y a Callejo, que andaban de cháchara sobre los libros prohibidos, las censuras, y todas esas cosas, que con tanta maestría comentan en su programa de La Brújula de la Escóbula.

En estas, uno de ellos mencionó la figura de los pesquisidores, diciendo literalmente que en la España del XVI había mucho desocupado que se dedicaba a buscar en los libros que aparecían, no solo textos heréticos, sino posibles intenciones ocultas del escritor, que pudieran llevar al Señor Inquisidor.

La historia de tapar las opiniones que el poder ha considerado contrarias a sus intereses, ha continuado hasta nuestros días, adaptando sus formas a las tecnologías disponibles y a las parcelas de poder que se sintieran atacadas.

En el siglo XVI, los grandes poderes eran la iglesia, la monarquía, y la nobleza, que estaban bastante bien imbricados. El pueblo, que estaba, pero no existía, era una simple herramienta en poder de esas fuerzas que dominaban y poseían el estado. (como hoy, vaya)

Es evidente, que la difusión de ideas fuera de control, eran algo tremendamente peligroso, y que debía ser combatido, utilizando a los pesquisidores que buscaron intenciones judaizantes, o que fueran contra la doctrina de la iglesia, o que pudieran socavar el poder de los reyes y la nobleza.

Era esto tan importante, que España se desangró durante siglos, en guerras de religión contra buena parte de Europa, aunque bien habían intereses económicos y de dominación territorial.

Comentaban en esta charla, los listados interminables de textos que se prohibieron completos y los que parcialmente se prohibieron. No voy a entrar en ello, ya que la lista es interminable y llega hasta nuestros días, en aspectos que no nos podemos ni imaginar, y en ámbitos que creemos exentos de estas acciones.

Estos pesquisidores de libros, de ideas, de herejías, eran importantes, no diré que piezas fundamentales, pero importantes para mantener esa estructura de poderes imbricados de iglesia, monarquía, y nobleza.

Claro, que siempre hay poder que preservar, y pesquisidores que contratar o utilizar.

Las formas de difusión de ideas hoy, parecen imparables, teniendo a nuestra disposición los libros, los medios de comunicación, y las redes sociales.

Pero si miramos con cuidado, veremos que los pesquisidores, hoy se han multiplicado en función del nuevo abanico, y actúan uno a uno y por su orden.

Antes el pesquisidor te señalaba, la justicia actuaba,  tu idea no se publicaba, y cuidadín, cuidadín, para la próxima intentona. Ahí se acababa todo, las otras posibilidades no existían, ya que los medios de comunicación eran romances de ciego, el púlpito, los corrales de comedia y la charla del mercado o la taberna, que eran muy controlables y poco daño podían producir.

Hoy, en la llamada sociedad de la información, los pesquisidores pueden estar sentados en el consejo editorial que bloquea un libro “molesto”, y si se le escapa, algún pesquisidor, oficial, o no levantará la voz, y actuará la, llamemos, pesquisa oficial. Esta bloqueará la idea, vía educadores,  vía judicial, o vía económica, si alguien se diese por ofendido. Hay versiones más bestias, como, por ejemplo, que el muftí de turno emita una fatwa y vas listo.

Emitir ideas por los medios de comunicación de masas, es imposible cundo sean consideradas por los pesquisidores de las compañías contrarios a sus intereses.

El bloqueo, por tanto  es muy fácil, ya que en general, se posicionan casi todos, a la derecha o a la izquierda, contrarios o a favor de tal o cual creencia religiosa, a favor de unos países u otros, y si alguno de estos medios, por lo que sea, molesta demasiado al poder, se elimina, y a otra cosa.

Ejemplos los hay en España, y en el mundo que nos rodea, tantos tantos, que se tornan incontables, (ved el informe de la profesión periodística 2013 de la asociación de la prensa de Madrid), y si queréis analizar y descubrir cuales han desaparecido por inútiles, y cuántos por no ser “convenientes”, pues hacedlo.

Por fín, las redes sociales, en las que hay un pesquisidor casi detrás de cada uno de los mensajes que se cruzan los participantes. Los de Caralibro, los de Silbador, controlarán la conveniencia de nuestros mensajes, de nuestras ideas, y las forzarán a ir por el camino que sea considerado adecuado y correcto por el poder.

Jamás a estas plataformas se les ocurrirá ser la vía de transmisión de la transgresión, o de la idea revolucionaria. Se juegan demasiado.

¡Ah! y si se escapa algo, tenemos a los pesquisidores de las policías, los centros de espionaje (inteligencia les llaman), para asegurarse que nada se filtra, o casi nada.

Como colofón, diremos, que al final, como siempre, lo que se nos niega es el conocimiento apócrifo, la realidad de lo que ocurre a  nuestro alrededor, en definitiva aquello que de verdad nos pueda hacer libres. Esa verdad, ese conocimiento, ha estado siempre en las bibliotecas de los reyes, en las escribanías de los conventos y en los palacios de la nobleza. Hoy, en sus correspondientes.

Buenas noches y buena suerte.

 

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