Epifanía

La Epifanía, el día de la Befana, los Magos de Oriente, todos ellos y cada uno de ellos, no dejan de ser diferentes lecturas de un mismo tránsito astral de la Tierra, cierran un período importante en nuestro calendario, a la espera del próximo que nos caerá hacia el 25 de enero, cuando la tierra transite por los confines de la Vía Láctea, y regrese el dos de febrero a la luz de las candelas.

Una vez dicho esto, que no es más que la introducción cultureta de la cosa, ya que Saulo habrá caído de su caballo hacia el veinticinco de enero, y a lo mejor los primeros brotes están ya en las ramas de los árboles, me gustaría reflexionar un poco acerca de las correspondencias que se dan en nosotros los seres vivos con todos estos acontecimientos galácticos.

Por la zona humana, que es la que transito de forma más habitual, acabamos de cerrar, como ya he dicho el ciclo saturnal, hemos sembrado lo necesario, o lo que creemos necesario, hemos realizado nuestros propósitos de recolección, con eso de “perder dos kilos, ayudar a una viejecita, y demás” y seguimos viendo como el sol va viajando hacia el extremo norte del Camino de Santiago, y nosotros con ellos, preparando nuestro perfeccionamiento, nuestra búsqueda del oro alquímico que pueda correspondernos.

Quien más quien menos, salvo los anacoretas, los fanáticos, los veganos, los indepes, y quizás mi prima Rosa, la de Santander, hemos cometido excesos en honor a Saturno, como hijos suyos que somos, y estamos en la tesitura de corregirlos, y digo bien, corregir alguna de sus consecuencias, que lo hecho, hecho está, y si hay que volver a hacerlo, se hace.

Porque el inicio del ciclo anual que comienza bajo la advocación de Juno dios de las puertas tendrá como misión proteger nuestros pasos hasta que de nuevo Juno cierre las puertas.

Veremos en que da el ciclo que comienza, que por aquí, los humanos, mal que bien, hemos realizado nuestros ritos de adoración con el dios, y consecuentemente esperamos nuestra recompensa, que irá por barrios, como todo.

Muchos habrán trazado sus caminos a seguir de idus a calendas y el azar y su desempeño en la tarea serán quien al final decidan la calidad del resultado, que nada está cerrado, que las variables incontroladas son demasiadas, que los retos aparecen a la vuelta de cada recodo de la ruta, ya veremos, no deseemos nada, hagamos nuestro camino, no dañemos nada, que nada es nuestro, por mucho tiempo.

Y aprendamos, que cada nueva llegada de Juno habrá de traernos renovados anhelos, renovadas fuerzas, renovados compañeros.

Ya veremos, veremos, como siempre, aquello que se nos muestre a través de los postigos entreabiertos que son las píldoras “informativas” que nos van lanzando, cuales son los caminos que se van abriendo delante de nosotros, veremos a donde dicen que nos llevan, y veremos también de qué somos capaces de aportar con nuestra actitud.

Porque desde luego formamos parte de una inercia ajena de la que es muy difícil evadirse y que nos llevará por derroteros que podemos intuir, y que día a día con las influencias de unos y otros, seguirán modificando aparentemente nuestro entorno, y a lo mejor nos hacen, sin darnos cuenta perder un rumbo, que creíamos seguir.

Las influencias de los movimientos de la política global, a lo mejor nos llevan a graves enfrentamientos militares, más graves que los que hoy vivimos, según algunas predicciones de futurólogos, o a algún desastre financiero, que parece ya hay quienes lo están necesitando.

No sé lo que cambiará en nuestro entorno global, no sé si el mundo caminará hacia más luz, o seguirá machaconamente sus ciclos en los que todo se repite, aunque parezca que en el universo individual todo ha cambiado.

Ya veremos, ya veremos donde estaremos cuando el año que viene, como este que se fue, no hagamos caso de la doble cara de Juno, y nos empeñemos en mirar solo hacia adelante, en donde está todo por escribir, todo por hacer, aunque lo que haya que hacer sea lo mismo que ya se ha hecho, en escenarios parecidos.

Confiaremos en que nada irreparable se nos eche encima, que los caminos no pierdan la capacidad de ser trazados y consecuentemente transitados, que podamos de alguna forma sobrellevar nuestras miserias o nuestras hazañas.

He dicho demasiadas veces en los últimos meses que la sensación es de estar en la rueda de un ratón de laboratorio, gastando inútilmente energías para no hacer camino, y viendo como de vez en cuando alguien de quien apenas ves una mano, mueve dentro del laboratorio tu jaula, dándote la falsa ilusión de cambio, de movimiento.

Y a lo mejor me estoy equivocando, pero tampoco es importante, que ciertamente mis amigos hablan de maravillosos avances tecnológicos, que otros amigos creen que la sociedad en la que viven está en continuo cambio, que hay nuevos soles cada día, que nuevos caminos se ofrecen, que nuevos sueños son posibles, y quizás sea cierto, y esté ahí en mi rueda de ratón de laboratorio, sin darme cuenta de que la perta de la jaula está abierta.

Así que prometo al menos, abrir más los ojos, no sea que cierta rutina haya conseguido que no vea lo que realmente está pasando, y que la impresión que tengo de que los pobres siguen en sus chabolas, que los dueños de las cosas siguen en sus palacios, que lo que se empezó ayer sigue donde estaba, que lo que empezó hace cuarenta años era copia de lo que empezó otros cuarenta años atrás, y nada ni nadie querrá terminar con ello. La trascendencia de lo inmutable, el sincretismo que va trasladando mitos una época tras otra, y pensamos que Castor y Polux no son Cosme y Damián, y nos parece que Isis no es María, a pesar de que a veces sean negras la dos, que lleven un Cristo/Osiris encima y las dos tengan que recomponer de alguna forma al hijo sacrificado por la causa que ustedes quieran.

Así, que como hace frío, haré como siempre, prepararé un chocolate caliente, o un trago de un buen licor, o saldré bien abrigado a pasear, que al final es lo mismo, que no hay diferencias, que esto ya ha pasado, y volverá a pasar, y es que las repeticiones de las grandes cosas, derivan, casi siempre en esperpentos.

Téngalo en cuenta Señor Puigdemont, usted no es el Señor Tarradellas, y usted no escapó de su tierra por una guerra cruenta.

Con su pan se lo coman

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