Gratis total

Permítame que le recuerde, mi querido Señor Don Gratis Total, que usted es el producto, que no hay duda, y además con esas leyes maravillosas que emanan de quienes tienen  a su cargo la sociedad, los proveedores de cuentas de colores y espejitos, se dedican a insistir que la única forma de que siga usted usando esa ventanita tan mona que le dice la temperatura de su sobaco, o del barrio donde usted o Chuchita vive, es o le vendo a usted, mi querido señor, o pasa usted por caja.

Bonito dilema el que los responsables de emitir leyes nos han plantado en nuestros correos electrónicos (gratuitos), que no es más que insistir en que nos hemos prostituído a bajo precio, y además ahora ni el derecho al pataleo, que les decimos a todos que sí, que queremos saber si Chuchita se pondrá la minifalda por mor de la elevación de la temperatura en su barrio.

Nos han vuelto a ganar, y es que somos entre tontos y muy tontos, que no tenemos remedio, y ahora con todas las de la ley, van a seguir sabiendo hasta el tamaño de los lunares de nuestros gayumbos, sin olvidar por donde han circulado.

Cada día ponen más difícil eso de negar venéreas, y es que esto parece lo de aquella inolvidable (lo que tiene el lenguaje, que de la película no se acuerda ni el que la escribió) película de La vida en un bloc, sí, hombre, la que salió de la novela de Carlos Llopis.

Lo que pasa ahora es que aquel bloc de Alberto Closas no está solamente en nuestro bolsillo, que ahora me lo han ciclostilado, y lo lee hasta el Señor Obispo de la diócesis.

Yo estoy en eso de que de esta agua no he de beber y ese cura no es mi padre, vamos, que no aseguro ni una ni otra, y no quiero volar en Rian Aire, que me han dicho que no te dejan dormir la siesta a bordo, y es que como casi no has pagado por volar, por lo visto, en cortos intervalos de tiempo te están ametrallando con el “Cómpreme usted señorito, cómpreme usted este ramito, pa lucirlo en el ojal”.

Y sí, el cuplé lo soportaba, y a Doña Sara más aún, pero que el azafato de turno quiera redondear la cuanta de resultados de su señorito, a costa de mi siesta, lo llevo fatal, oiga, fatal.

Así, que por el momento que no me esperen, que la Visa está aburrida, que no quiero comida de plástico, que no quiero Poca Loca, que quiero que me dejen vivir mi vida en paz, que tampoco da para demasiado.

A lo mejor estas cosas de la inteligencia artificial son las que acaban resolviendo el problema, que en vez de uno mismo, manda a su robot clonado a que le puteen en la Rian Aire, y tu te descojonas desde casa viendo con tus gafas de realidad virtual la escena.

Por cierto, no sé si el cabreo, inducido o no, de un robot puede ser objeto de querella por parte del sujeto pasivo del cabreo. Se lo preguntaré a mis amigos letrados, que de estas cosas saben mucho.

En el intermedio, me dicen que están pasando cosas entre los políticos, pero ya he decidido poner a la hora del telediario un documental de esos de fauna salvaje yendo al supermercado. Resulta, normalmente menos violento, y ayuda a la siesta de forma desmesurada.

Y si lo que está pasando es que les aprieta el cinturón, ya saben, a dieta una semanita, si hay cojones.

La cosa no da para mucho más, a vosotros no sé, pero estoy aburrido, que lo único que me compensa es que ha bajado la lira turca ahora que me voy a Estambul, aunque seguro que se inventarán algo para sacarme las perras, inflación incluida. Pero habrá que mirar a otro lado, y tratar de tomarse las cosas con esa calma que me dijeron iba a ser el regalo de mi vejez, que no está el patio para machacar la víscera más de lo normal.

Por lo demás sin novedad en el frente, que parece que cuando dicen eso de que hay políticos presos, a uno se le llena la cara de asombros, que la cosa nos viene de antes de Julio César, y es que cuando dicen que el dinero ese que recauda el Estado es de todos,  nunca se especifica ni lo que se entiende por “todos”, y mucho menos las proporciones en que hay que repartirlo, así que nadie se preocupe, que cambiarán los sujetos, pero no cambiará el sistema, no lo ha hecho nunca.

Y menos mal que la soberbia adorna a estos pollos, que jamás podrían imaginar que el populacho les exigiera cuentas, es más que intentase llevarlos a “presó”, esa si que es una buena sorpresa.

Por cierto, y aprovechando que eso de la protección de datos está ahora de moda, aprovecharé para deciros que los que entráis en mi bitácora, no sufriréis por parte de la misma  ninguna invasión de cookies de esos, que me importa muy poco que hacéis con vuestras vidas, por donde andáis, que como es él, que en qué lugar se enamoró de ti, y todas esas cosas, con lo que podéis seguir tan tranquilos o intranquilos como os venga en gana.

Y poco más por hoy, que suena en mi tableta ese precioso tema de amor de Cinema Paradiso, hoy que los cines han pasado casi a mejor vida, que se ven las pelis mucho mejor en casa, que si el baño está sucio es mierda de casa, y puedes encender un buen puro como en los cines ingleses no hace tanto tiempo.

Que no tienes que comprar palomitas a millón, por aquello de la cuenta de resultados ajena, y aguantar al vecino de butaca y al móvil de su pastelera madre. Nuestra individualidad de sociedad vieja en retroceso, ha de salir siempre adelante.

A lo mejor, y ya que hoy se conmemora el día de África, en recuerdo de la fundación de la Organización de Estados Africanos, me animo y pongo cuatro letras sobre el tema.

Hasta la vuelta queridos

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