La cuesta

Ya han pasado las saturnales, y lo que nos queda, apenas, es contemplar los restos del naufragio. Restos, por otra parte que piensan recoger, a poco que nos descuidemos las rebajas de enero, el roscón de reyes, y su pastelera madre.

Es una pena como queda uno, hecho unos zorros, deshilachado, con los hepatocitos negociando una tregua, apoyándose en una muy visible bandera blanca, y con menos guita en los bolsillos que el Rodolfo de la Bohème. Cosas veredes Sancho…

Y por si todo esto fuera poco, ya nos están amenazando con eso del día de los enamorados, que a más de uno le va a costar una cenita romántica y un pedazo de oro, o mucho peor, uno de esos mejores amigos de las mujeres, que nos recordaba la inefable Marilyn Monroe en alguna de sus inolvidables películas de cuyo título no me acuerdo, ni falta que hace.

No hacemos carrera, ni de broma, y como el tiempo va pasando, la crueldad de la vida se te asoma a la que te descuidas, que uno se cree Richard Gere, y no llega a Mario Moreno, ¿qué le vamos a hacer?.

Y es que andaba el otro día en el autobús, en el metro, en el tren ¡¿Yo qué coño sé!?, mirando de reojo el escote de una veinteañera de buen ver, bien parapetado tras mis gafas de sol, como cumple, y de pronto la muchacha levanta la mirada de su espejito negro, y con su mejor sonrisa se dirige a mí:

  • Señor, tome usted mi asiento.

El mundo se le viene a uno encima, que debería ser yo el que anduviese cediendo el sitio a las personas de edad, y va la mocosa esta, y de repente me recuerda una de esas realidades que intentamos, al menos yo, dejar para mañana.

Claro que mi venganza fue terrible, que para eso ya voy teniendo más conchas que los galápagos ecuatorianos:

  • Muchas gracias, “SEÑORA”, le espeté, las damas son las que deben ocupar los asientos, y jamás aceptaría ocupar su puesto.

Y a otra cosa, que recuerdo la primera vez que me llamaron señor, obviando lo de chico, muchacho, chaval, colega incluso, también me lleve una buena impresión, y dosis terribles de meditación posterior.

Reconozco que me porté como un cabrón, y siento, que esa ya, “SEÑORA” para el resto de su vida no va a volver a ceder a nadie su asiento, vaya donde vaya. Pero es que hay cosas, en fin.

Como siempre hay que aprender de los mayores, y recuerdo a mi madre cuando se vio en esa misma tesitura, decidió no volverse a teñir sus canas, y disfrutar de la buena educación ajena.

Mala cosa la mía, que aún me creo un rompecorazones, y voy más a Vittorio de Sica o a Charles Boyer, que al Delon o al Belmondo de los sesenta, y es que la vida anda de esas formas, nos pongamos como nos pongamos.

Y si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura, os habréis dado cuenta del hecho que actué como un viejo verde en eso de asomarme a escotes en donde nada se me había perdido, aunque la cosa pasase desapercibida, ¡Deo gratias!, y que las referencias que hago a terceras personas son todas ya dignísimos cadáveres, o provectos ancianos, así que algo de agua debe llevar el río.

Que me pongo a pensar en la farándula, y menos Penélope, que anda por la mitad de su cuarentena, todo lo que se me viene al coleto son mitos sesentones, por lo menos, la Pfeiffer, doña Basinger, Jessica Lange….y hasta aquella rubia que le cruzaba las piernas al poli gordito de L.A., la inolvidable Sharon Stone.

Y es que la “Señora” que me intentó ceder el sitio, a lo mejor llevaba razón, y yo, animal de bellota que soy, en vez de coger el canasto de las chufas, debería haber sonreído, y aceptado el gesto de la gentil dama.

Pero eso como aditivo de la cuesta de enero me superó, lo reconozco, y dejé a la buena muchacha de vuelta a su espejo negro, rompiéndose los pulgares enviando mensajes a sus Chuchitos, eso sí estirándome como un viejo coronel, cuando debía haberlo hecho como un teniente del aire.

Pero la vida es así, y nosotros “asá”, y así nos va, que al menos yo, no aprendo ni siquiera a caballo de los preceptivos buenos propósitos qua acompañan a la tal cuesta de enero. Será que lo de genio y figura hasta la sepultura es más cierto de lo que me podría creer.

Con lo que visto lo visto, no pienso, ni por un momento hacer buenos propósitos con esto del nuevo año, total….con lo que seguiré con mis cosas, o no, que seguir con ellas ya es un propósito. Dejaremos al destino que nos guíe, aceptaremos lo que nos llegue, si conviene, y prometo sentarme sea quien sea quien me ceda el asiento.

Por lo demás, seguiré sentado a mirar qué es lo que pasa por delante, como casi siempre he hecho, que no tengo necesidad de enfrentarme a nada ni a nadie por una nadería, que los de mi generación empiezan a sentir como se nos ensancha la manga, y como las cosas cada vez tienen menos transcendencia, que al final no sabemos ni por qué mataron a Cánovas, ni a Kennedy, y la verdad es que no son nuestras guerras, como no lo es que el tal Jeff Bezos se separe de su santa. Ellos sabrán.

Y me dicen que está haciendo frío, y a lo mejor es verdad, pero, tampoco es que importe demasiado, quizás al Señor Gore por aquello de sus campañas contra el calentamiento, ese que sin ser verdad ni mentira, ya me tiene caliente. Tomaremos unas buenas sopas de ajo calentitas, y a la cama prontito, que mañana no hay (tampoco) que madrugar.

Con su pan se lo coman

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