La vida inmóvil

No sé dónde he visto la noticia de que un restaurador o un vendedor de copas de esas de pub con chester para sentarse, ha decidido crear una cámara de Faraday en la que incluir su local, y así evitar el funcionamiento de los sistemas móviles de comunicación, que según él impiden la normal comunicación entre las personas, y que según un estudio publicado estos días la digestión no es lo mismo con la alteración que produce la vibración, o incluso el sonido no por esperado menos estresante, dicen sus autores.
Es más, y como hoy la cosa iba de estos menesteres, un pollo nos ha recomendado encarecidamente que de vez en cuando nos tomemos vacaciones de tal instrumento, sugiriendo incluso que añadamos a nuestro equipaje, ese que va a pesar con una Mettler de precisión el becario de Ryanair, un buen despertador, de esos de campana, a ser posible.
Y bueno, como estamos en verano, y entre las cosas que se dicen, algunas son inteligentes y todo, he concluido que parte de lo dicho, y hecho, tenían consistencia, y otras me han sonado a lo de:
-Tócame Roque….
-¡Mamaaaa!, que Roque me tocaaaa.
Desde luego, nunca he sido un amante de discotecas, pubs y derivados, y eso no es algo que venga de ayer, sino que tiene algunas décadas de tradición en mi comportamiento. La razón básica es que siempre me ha gustado comentar la jugada, o intercambiar ideas acerca de esto o aquello, así que la disco o el pub, o me lo impedían totalmente, o me dejaban una afonía de las de varias semanas.
Sigo sin aparecer por esos, llamemos, lugares de ocio, ya que sigo sufriendo el aturdimiento que me causaban cuando andaba por mis estúpidos veinte. Y cuando, de pronto veías que una luz se encendía en el horizonte, al poder estar junto a tus amigos, con una copa de matarratas en la mano, unos cascos de esos de “atenuación o supresión de ruidos”, y un sistema instantáneo de intercambio de ideas en a mano, van y me ponen una cámara de Faraday, y San Joderse cayó en martes.
Está claro, que la comunicación es el enemigo, y cuando a base de decibelios habíamos conseguido que la gente dejara de comunicarse y pidiese más matarratas en la barra, se ponen a comunicar entre ellos a través de pantallas, y de nuevo adiós business. ¡Que aquí se viene a saltar y a gritar!¡Coño!, a ver si dejáis de charlar por la pantallita de los cojones y sus tomáis otro mejunje, ¡leche!.
Y lo del pub es parecido, porque a la que le han servido la segunda ronda de pintas al grupo de vendedores recién escapados de su convención, los excesos corales alabando las excelencias de las tierras norteñas al occidente santanderino, son incluso más incomunicantes que el bacalao más decibeliado que tenga Al Capone(los discos) en su memoria externa, en forma de lápiz conductor (pen drive, le llaman también).
Así, que amigo mío, deje usted de tocar los cojones a su clientela, y si no quiere que se comuniquen entre ellos de forma directa, reedite usted el concepto de club inglés, aquel del que era miembro Phileas Fogg, y se dará cuenta de que en el corazón del ser humano, siempre ha existido ese escape que ahora da el móvil, que Sir Ashford, está en su rincón escondido tras su ejemplar del Times, y sé que es él porque en sus calcetines lleva bordado el escudo de la familia, y que como siempre ha dejado una nota de que no se le interrumpa, hasta que lo indique. (Hoy Sir Ashford, haría lo mismo pero detrás de su móvil), que todo sigue igual aunque todo haya cambiado. ¡Ah! y además prohibían la entrada a las damas, que son muy comunicativas, y aquí se viene a otra cosa.
¿ Y lo del restaurante?, que no sé que dicen de que los jugos gástricos se alteran con las ondas herzianas de los espacios encontraos….¡Venga por Dios!. Que aún recuerdo al botones del Gran Hôtel des Bains, allá en mi querido Cap Ferrat, campanilla en mano gritando, ¡¡¡¡Monsieur Foutù!!!, ¡¡¡¡Monsieur Foutù!!!, acuda al teléfono, y a todo esto Mata Hari niquelando. Prefiero una iluminación discreta en mi bolsillo, porque M. Foutù responde siempre, además al levantarse se le quedaba la salsa parmentier de la langosta hecha un engrudo.
Déjenos vivir, por Dios, déjenos vivir, y que cada uno arrastre sus paranoias, que sarna con gusto no pica. Lo único, es conseguir una cierta discreción por parte del receptor de la llamada, y utilizar en vez del ¡Mancuentro nel AVE, macho!, el te llamo en media hora, ahora me es imposible.
Lo de las vacaciones es ya un exceso, pero ¿no se ha dado cuenta ese hombre, que las transacciones bursátiles las realizan en microsegundos algoritmos que te dejan seco en un plis?. ¿Y quiere que me espere a mañana a leer el Financial Times, que a Porto Fino llega con dos días de retraso, para enterarme que mis Matildes han sufrido cambios insufribles en su cotización?. Por Dios no me quite usted mi Durendale, que el enemigo es una Medusa impía, y si no lo veo venir le va a pagar la suite con vistas al mar el próximo rescate que decrete el señor Draggi, que yo desde luego voy a perder todo el interés en hacerlo.
Porque desgraciadamente, cuando te quieren encontrar para jibarte las vacaciones, lo hacen, ¡vaya que si lo hacen!, que más de una vez he recibido en el modesto y destelefonado apartamento de Segur, un telegrama urgente, (el corazón en la boca), con el llame usted inmediatamente a la oficina…que te hacía pensar durante el paseo a la cabina y tras la cola correspondiente, todas las barbaridades del mundo, y al final cuando llamabas te decían, ¡uy! lo siento, pero ya encontré el documento, o ¿cambiamos los gastos de goma de borrar con un incremento de 0,5%?, que así nos cuadra el presupuesto.
O dejar la lista de hoteles y teléfonos para ir recibiendo a tu llegada un paquetito con faxes para responder, antes de que saliera de nuevo el autocar del señor Pullmantour, aquel de hoy es martes, esto es Bélgica.
Chico, hoy te ponen un correo al móvil, y si ves que es de Bermúdez, ya sabes que pueden ir dándole por donde amargan los pepinos, y si te mandan la Excel para que modifiques el gasto de gomas de borrar, ¡coño!, lo haces entre dos pinchadas de paella, y ni estress ni gaitas, que sigues con lo tuyo.
Pero como todo, en su carril, que una copa está bien pero pillar una cogorza ya no es tan recomendable, y si ves que dejas de cazar Pokemones, porque has recibido un correo de la oficina, entonces, si, entonces es el momento de acudir a una clínica de desintoxicación especializada…..
Luego te mando un Guasap con el enlace web, que he visto en Google una cojonuda, y puedes pagar on-line o con el móvil.
Buenas noches, y buena suerte

2 comentarios sobre “La vida inmóvil”

  1. ……. yo me olvidé el movil y el portatil en madrit….. un sin vivir de vacaciones!
    Y a.Todos los del curro bloqueados en wassap y cara libro….. que les vayan dando… si ha petao algo…. pos eso… que reviente!

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