Le Petit Nicolas

Parece que al marido de Carla Bruni me lo están empapelando, y es que hay un juez que le tiene manía.

El pobre hombre, que siempre ha salido de casa vestidito con su uniforme de masón, traje negro, corbata negra, camisa blanca, y tacones de drag queen, tiene que soportar que le pongan a su disposición una suite en dependencias policiales durante un par de días hasta que el juez, el señor juez, mire a ver qué es lo que tiene contra él. Terrible.

Y es que este pequeño Nicolás, (si habrá algo en el nombre y en el tamaño, que por aquí tenemos otro pequeño Nicolás en las mismas, aunque de forma más cutre), dicen que en su afán de servir al pueblo, a la ciudadanía, evitando que caiga el poder en manos de los enemigos del pueblo, anduvo buscando apoyos en aquella Libia del coronel que visitaba Paris con su jaima, y que le vendía a Total sus productos energéticos.

Qué error democrático mi querido y pequeño Nicolás. Aunque no creo que la cosa haya sido así, que tus manos, estoy seguro nunca se han manchado con dinero de sangre, y mucho menos tu partido, que solo lo componen personas de la más alta dignidad y con ese espíritu de sacrificio que honra a todos aquellos que se dedican, de forma altruista como tú, a dejarse la vida por el bien del pueblo, o de la ciudadanía, que ahora no vamos a discutir por el concepto. Que el dinero de Gadaffi era y será siempre limpio, (y sobre todo de curso legal).

Que ya sé lo mal que al final salió la cosa de Libia, que fue una pena, y es que esas cosas de las primaveras en tierras desérticas se entienden fatal, que sí, que lo fue, que la pérdida de aquel gran hombre que viajaba con su jaima a cuestas ha dejado la zona hecha unos zorros, y no hay forma ahora de obtener ayudas para que la democracia en tierras galas siga su triunfante camino.

Creo que en el fondo no es más que la envidia, que todo lo corroe, quien está llevando este asunto por unos derroteros que no van a favorecer a nadie, que las elecciones que dicen que ganaste con ese dinerín ya están más que digeridas, y en las del dos mil doce, no sirvió la cosa para mucho.

Los jueces, mi querido Petit Nocolás, parece que han sido cortados por el mismo patrón en todas partes de este nuestro mundo cainita y calvinista, que no entienden nada, que no parecen capaces de apreciar tanto y tanto sacrificio que día a día, vosotros, los grandes líderes mundiales, hacéis a cada momento por todos y cada uno de nosotros.

Y fíjate, no eres el único, mira lo que le están haciendo al pobre Tito Trump, que si ha pillado perras de no sé donde, que si los de Cambridge no sé qué, le han pasado millones y millones de direcciones para que tuviera la oportunidad de informarles y conseguir su voto, que si los rusos le han ayudado, envidia, pura envidia, que lo único que pretende es UNA América, GRANDE, y LIBRE. Me suena el mensaje y no sé de qué.

O aquí en esta pobre y miserable España, que a todos esos catalanes que también desean UNA Cataluña, GRANDE, y LIBRE, les andan buscando como se han gastado las perras de todos en la obtención de tan elevados propósitos.

Es una vergüenza, que en los países de verdad, en aquellos en los que los jueces no van por libre, sino que saben perfectamente donde está el bien del ciudadano, nadie le dice a quien gana las elecciones con el ochenta por ciento de los votos, que si ha buscado dinero por ahí para su campaña, que si hay que gasear a uno, se le gasea, que el bien común prima sobre el individual, o cuando los representantes del pueblo, por aclamación consiguen que el dirigente de la segunda potencia del mundo, sea su líder vitalicio.

De ellos tendríamos que aprender, y las cosas nos irían mucho mejor, que no nos enteramos, y perdemos el tiempo, el esfuerzo, y las oportunidades de hacer sólidos a nuestros líderes, aquellos que sabemos que nos van a llevar a la GRANDEUR, mirando de donde han sacado el dinero para que su mensaje llegase con total nitidez a sus conciudadanos.

Aquí, en el sur desalentado, también lo hacemos, que nuestros jueces, ya sabes, se dedican a perseguir a gentes que de la gestión de la cosa pública han hecho su cruzada, su religión, que mira como tenemos a la Espe, al Marianico, a Griñán, a tantos y tantos, que en un esfuerzo de creatividad positiva han conseguido que unas ideas tan provechosas para la mayoría se alcen como las directrices que nos siguen haciendo grandes.

Me dicen, mi querido y admirado Petit Nicolás, que de presidente te dedicaste a asegurar que gentes de bien siguiesen en sus puestos presidenciales en esos países en los que la influencia gala era notable. Es más, me dicen que aseguraste un cambio digno para las monedas que operan en el África ecuatorial occidental, que su CFA bien protegido sirva para el bienestar de los pobres salvajes de la región.

Que me cuentan que en aras de mantener a sus líderes, esos que garantizaban los contratos de materias primas que tan bien les venían a ellos, y a la dulce Francia, llegaste a enviar tropas de apoyo a esos grandes hombres, que en el afán de proteger a su pueblo, de hacerlo prosperar, todo lo que desean es el apoyo vitalicio a su posición presidencial, que al final no son más que verdaderos padres para su pueblo.

Qué injusticia, querido Nicolás, que la envidia de unos cuantos jueces de la horca (¡uy, perdón!, de la guillotina)pueda provocar que dejes tu retiro dorado disfrutando del arte de tu dama, no tiene perdón, como no lo tiene el que mi Puchi no pueda disfrutar de la cálida compañía ginebrina de Anna, si hombre la murciana indepe. Si es que te entiendo, con tanta injusticia debes esta confuso.

Sabes que, como otros que como tú están sufriendo de esas persecuciones, por haberse saltado la ley, hecha para impedir el progreso de los ciudadanos, tienes, tenéis mi apoyo, que mi fe en vuestros mensajes, en vuestra visión mesiánica del mundo es tan fuerte como la que profeso al abate Saunière, aquel que se hizo rico vendiendo misas en Rennes le Chateaux, y puso a Asmodeo a sujetar la pila bautismal, todo para demostrar que la dinastía merovingia llevaba la sangre de Cristo.

Con su pan se lo coman

 

 

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