Líquido

En estos días de verano, uno se sorprende haciendo cosas de esas que de natural no le salen, quizás sea porque los calores caniculares ponen el cerebro en posición líquida que diría Bauman, o simplemente porque eso de pensar tiene también que tomar un descanso, digo yo.

Y viene a colación la cosa porque de pronto, sin comerlo ni beberlo, me encuentro leyendo ese totum revolutum que es “Canción de hielo y fuego”, obra en la que su autor pone, según me huelo, el muro de Adriano, para recordarnos que los de las tierras altas de Escocia siguen siendo tan brutos como siempre.

Que parece aderezar las cosas con la guerra de las Dos Rosas, que hay poca diferencia entre Lannister y Lancaster, o entre York y Stark. Que parece también que por ahí fuera están los Vikingos Targaryen. Bueno, voy a dejar los símbolos a un lado, que hasta entre los personajes se huele uno a un Meñique-Maquiavelo, y así hasta cansarse.

Los seguidores de la tal saga, y a lo mejor me convierto en uno de ellos, seguro han encontrado todas las referencias históricas y semióticas que acaban en un lenguaje adecuado a los que se inician en el mundo de Mr. Martin.

Y es que la gracia es reescribir la historia, o las historias de nuevo, de modo y manera que nos suene a nuevo, a realmente original, y a fe que hasta donde he llegado ahora la cosa funciona. Parece todo nuevo, siendo todo parte de la historia de los libros de toda la vida.

Le daré pues, al tal Mr. Martin la oportunidad de que siga enseñándome los trucos por los que discurre su relato, aunque tenga que peinar más de diez mil páginas, o a lo mejor me canso antes. Nunca se sabe.

Y es lo que digo, que el verano, la canícula, le licuan a uno el cerebro, y está dispuesto a dejar que le bailen Electra, si se empeñan, o a creer que Manon se muere de sed en los baños de Ellis Island. Que estos mejunjes tienen malos finales.

Me dicen que empieza de nuevo a correr el vil metal entre cada vez más amplias capas de la sociedad, y que este año, este año tiran la casa por la ventana esos festivales que se organizan con el dinero del pueblo, de forma que los más pudientes puedan disfrutar de las entradas de gañote que los políticos reparten a manos llenas.

Dos meses en Mérida, Almagro hasta la bandera con el teatro clásico rebosando los corrales, el programa de Perelada, diseñado para esa burguesía cutre y ramplona del Liceu, de Pedralbes y la Bonanova, que son indepes lunes, miércoles y viernes, y constitucionalistas martes, jueves y sábados…(el domingo es día de tortell o lyonesas), lleno de grandes nombres, pretemporada del Liceu, y con la gente preparada para dejar el mes de la Costa Brava, y empezar el de la Cerdanya.

Santander no se nos queda atrás, los vascos con sus Jazzaldía, y a vender sardinas, con Txacolí, o marmitako con Chablis, que nadie se va a rasgar las vestiduras.

De los que se van a descansar a Ibiza, o a Formentera, que me dicen necesitan desconectar, no voy a comentar nada, total, con el ruido de los D.J. no va a poder leerme. Pero ahí están, de Cala Bassa a Cala Tarida, de disco en disco, buscando el atardecer más cool con la música adecuada, y el mejunje en copa grandona, que a lo mejor te está mirando, sin querer, claro, el futbolista de moda, ahora que le han echado de Rusia por no saber meterla, o ¡Dios sabe quién!, pero hay que estar con la moda “ad lib” cubriéndote las carnes, y preparado para la noche, que por aquí está feo dormirse. Ya te digo.

Mi Carmena parece que no le va a echar mucha leña al tema, pero qué más da, que los de aquí somos todos unos descastados, y a la que se te ponen cultos, van y se apuntan a un curso de esos de la Menéndez Pelayo, pero de los que dan en La Magdalena, que los otros son más cutrecillos.

Y si no, pues al Grec del Poble Sec, o a otros cursitos de verano, que siempre me han sonado a las rebajas de las conferencias que no se han vendido en invierno. Te sacas unos cuantos créditos, y si te descuidas, te montas un rollito veraniego con el estudiante venido de los USA de Tito Trump..”you know?”.

Y es que como están las proteínas cerebrales en modo líquido, nada de lo que se haga tiene la más mínima importancia, que esto es como si a la Cersei se le ocurre una tropelía, y el Matarreyes acabestrado va y la consigue para su amante hermana.

Claro que en este ambiente líquido, hasta los dramas pierden dimensión, que se esconden detrás de los bikinis de las “celebridades”, y no somos capaces aún de entender ese tema tan acuciante que llena de muerte el Mediterráneo, y que nos parece tan lejano, tan distante, siendo sin embargo tan próximo.

Los europeos quitándose el muerto como pueden, que no llegan seres humanos, que lo que llegan son agujeros en el presupuesto, retos políticos, escaños en juego, todo líquido, como la sangre que se vierte, como el agua que la acoge.

Y mientras por estos pagos, suicidándonos poco a poco como sociedad, que hasta los cuarenta no quiere nadie un hijo, y ahí la cosa se pone más difícil cada vez, pero cambiar el color de nuestra sociedad no parece que sea santo de la devoción de esos políticos, que desde aquí y desde allá se empeñan en transformar nuestra vida en algo cada vez más anodino.

Pero como todo es líquido, en el fondo, a nadie le importa nada que unos seres humanos mueran ahogados en el Mediterráneo, o de sed en los desiertos americanos, o de hambre un su Siria natal, o en su aldea africana, que la culpa no es ni de Don Pepito ni de Mr. Joseph, que nos es más fácil pensar que son cosas que nos sobrepasan y centrarnos en el siguiente partido del Mundial.

Así que con todo el dolor de mi corazón seguiré con el cerebro líquido, como dice Mr. Bauman, que en el fondo es una cómoda forma de pasar la vida.

Con su pan se lo coman

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