Los sueños del faraón

Al “Casto José” el faraón le contaba que soñaba con siete vacas gordas y siete vacas flacas, que aparecían y se comían a las primeras.

El “Casto José”, ya sabéis, le interpretó el sueño, con los famosos ciclos de riqueza y pobreza, y con eso, me dicen han ido los economistas haciendo sus duros, comprando vacas flacas y vendiendo vacas gordas.

No está mal, la cosa, por lo visto, que darse cuenta de cuando las vacas empiezan a adelgazar, vamos que la cosa ha llegado al punto ese que llaman de recoger los beneficios del engorde de los siete años de pastos abundantes, es la clave del asunto, su enjundia.

La gente parece que piensa que aún queda partido, que la vaca puede crecer aún unos cuantos kilos, y yo comienzo a tener mis dudas, que están con las ubres llenas, y los solomillos a punto, que son ya vacas viejas, que nos vienen desde hace ya diez años, y eso para el “Casto José” es mucho tiempo, me temo, aunque aún nadie ha visto las vacas flacas y devoradoras de lustre.

El otro día me decía un no sé quién que ya todo el mundo tiene su móvil, y que aunque lleven el chip de obsolescencia ese que dicen que no lleva, la peña, que es muy suya, prefiere estirar el chirimbolo un poquito más, llevándolo a la tienda esa del indio del barrio, que lo repara todo, o casi todo, que comprarse un “Galphone mark 33”, que sacarán los coreanos y los yanquis al mercado para estas Navidades, que te permite hacer flipar a Chuchita, que es lo único que te interesa.

Pero, ni aún subiendo los precios quieren decirnos cuántos cacharrines de esos quieren vendernos, y es que parece que esa vaca ya está gorda, muy gorda, y vienen, me dicen vacas chinas muy flacas hacia los “pier” de San Francisco, con mucha hambre

La vaca de los coches se está llenando, vaya, que está llena, esta tan gorda que no cabe uno más, así que nos empiezan a decir que tiremos el diésel de toda la vida, ese que tiene motor de tractor, que parece una barca menorquina volviendo a puerto cargada de sardinas, y nos compremos uno de esos eléctricos tan bonitos, y que tanto bien han de traer a nuestros pulmones. (Digo a nuestros pulmones, que nadie me ha explicado aún qué coño vamos a hacer con las baterías que ya no sirvan.

Ya veis, lo mío son ganas de tocar los huevos a la gente, que si nadie me lo ha dicho, es que no tengo que preocuparme más que deshacerme del viejo diésel y comprarme uno eléctrico a la mayor brevedad posible.

Es la sociedad de consumo, que cuando no puede crecer más por algún lado, nos deriva hacia otro que anda por ahí a la espera.

Y es que la vaca del turismo, parece que también tiene los días contados, que con el cambio climático, los daneses se van a las playas de Jutlandia, los noruegos se quedan en el fiordo de Oslo, y no vienen a estos pagos mediterráneos que tanto les necesitan y que tanto abominan de ellos.

Una a una las vacas van llegando a su capacidad máxima de engorde, que parece que el pienso disponible comienza a escasear, y una muy “divertida” que se nos viene encima es la de los taxis, que me dicen, y me lo creo, que el negocio de Uber no está aún consolidado en su estructura soñada, que lo que están haciendo es una toma de datos acerca de los hábitos de sus clientes, qué trayectos son los más comunes en cada franja horaria, y entre ese y otros datos, como la forma de pago preferida, o los tramos más rentables, estarán preparados para eliminar a los conductores cuando esté disponible el coche sin conductor.

Bonita historia para los taxistas, pero son los problemas de la inteligencia artificial IA para los amigos, que desviste diez santos para vestir a uno solo. Veremos cómo se gestiona el excedente de seres humanos que se queden sin empleo, que me temo por estos lares ni los falsos autónomos van a poder facturar lo suficiente para pagar las magras contribuciones que deben hacer a los presupuestos generales del estado.

Las vacas van llegando a sus límites, hay que empezar a venderlas deprisa, mientras aún parezca que están lustrosas, porque en cuanto empiezan a perder prestancia, ya se sabe, los precios se van en tres días por el sumidero a la espera de que salga otro gurú y descubra que lo que realmente necesitamos los humanos, hartos ya de las malditas redes sociales, es otro huevo de Colón que haga fluir el dinero hacia donde tiene que estar, en el bolsón de los ricos, de los más ricos, de los amos del universo.

Tengo que revisar los sueños del faraón, y buscarme un “Casto José” de confianza, que a lo mejor me dicen en voz bajita hacia dónde va a soplar el viento en el próximo ciclo para que no me coja con el pié cambiado, aunque dudo mucho de que lo vea venir con claridad.

Por el momento, seguiré buscando vacas, a ver cómo andan de kilos, que la vaca de los bancos anda aún muy flacucha, la de la industria europea, ni te cuento, que andan como hace diez años, si me aprietas.

La vaca de los pisos, parece que ha comido demasiado, otra vez, y muy deprisa, aunque la cosa va por barrios, que uno no sabe si ha de comprarse ese apartamento curioso en Canalejas a precio de Park Avenue, o quedarse quieto en el pisito de Chamberí que nos dejó la abuela.

Son dilemas dignos del Príncipe de Dinamarca, de ese Hamlet, a quien su tierra le olía a podrido, como les ha olido a los andaluces, que andan a ver si cambian el servicio de limpieza doméstica, que esa vaca estaba demasiado gorda, aunque, la verdad es que ya había empezado a adelgazar.

Con su pan se lo coman, mientras haya, claro.

 

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