Mastuerzo

Hay una planta herbácea anual, hortense, de la familia de las crucíferas, con tallo de 30 a 60 centímetros de altura, hojas inferiores recortadas, y lineales las superiores, con flores blancas y fruto seco capsular con dos semillas. Vive en España, América del Norte y América Central, es comestible y tiene usos en medicina tradicional.
Nada que ver aparentemente con los personajes y personajillos que pueblan este verano, el otoño que viene, y posiblemente el invierno, nuestro solar patrio y otros solares bien en este continente, o en otros, que lo mismo me da, aunque comparten el nombre, “MASTUERZOS”.
Y como al mastuerzo también se le llama berro, me quedaré con las acepciones hortícolas que da el RAE, e ignoraré la última acepción con que el diccionario nos ilustra, que es la de majadero, es decir hombre necio y porfiado.
Porque normalmente los veranos llenaban las páginas del papel couché, el bikini nuevo de las famosas, el nuevo amor, este definitivo, claro, del cantante de moda, las tabletas abdominales del jugador de fútbol, y lo mona que quedaba la burguesía catalana en el festival de Perelada, viendo, como este año la Madame Butterfly, contaba su historia desde el Nagasaki de la bomba.
También nos llenaban las páginas culturetas con los montajes de Mérida, en donde no hay burguesía catalana, aunque las mejores localidades, como es sabido, se destinan a las castas hortícolas que administran la región, más amiguetes. Pero eso es harina de otro costal.
Y es que la alcaldesa capitalina, hortícola ella, se ha olvidado de lo que nos gustaban los veranos de la villa cuando venía Begnini con sus monólogos (como si aquí no tuviésemos monologuistas cojonudos, como mi amigo Miguel, sin ir más lejos), o nos largaban una Revoltosa como Dios manda en Sabatini, pero ahora con eso de la corrección política no sé si ni siquiera se traen a Diana Krall, con lo que siempre me ha gustado.
Pero este año, en el que como siempre esperaba fielmente la noticia del avistamiento de Nessy, que por cierto ha sido publicada, pero de forma triste, que si es cierta lo que ha encontrado el batiscafo del Loch Ness, es un esqueleto de a saber qué. Son cosas de las modernidades, pero ahí están, como el bikini de la Obregón, cantos al tesón, cantos a ¡qué cojones ponemos hoy en noticias de sociedad!
Y es que a Iker Jiménez se le da una higa el bueno de Nessy, y claro me lo tiene devaluado, y desde que Peñafiel, no es ¡Hola Peñafiel!, el bikini de Anita, no sé yo.
Sin embargo, aparecen, con eso de que las ciencias avanzan que es una barbaridad, nuevos especímenes hortícolas, a caballo de barbas canas, a caballo de flequillos mal peinados, a caballo de “astuts”, de ositos mal encarados, y como siempre piensa la tal planta, el país se para en agosto….precios más bajos en el Corte Inglés.
Y hemos tenido a nuestro querido amigo de la familia de las crucíferas, diciendo que él, de esas cosas de cinturones alemanes, nada de nada, que siempre los ha comprado de buen cuero salmantino, faltaría más y por ende, con la miseria que le ha pagado siempre el PPartido, no podía soñar siquiera con otra cosa.
Pues muy bien, que todos los que hemos sido presidentes de algo, sabemos que eso de los dineros de la cosa no nos concierne, ¡qué vulgaridad, eso de contar reales de a ocho!, ¡Válgame el cielo!. Y su señoría togada, encantada de haberse conocido, y ayudándose en el próximo paso de su carrera, que te pones tonto y acabas como la otra crucífera garçonnière.
En mi tierra, el berro ha crecido siempre bien, y en verano parece que tiene una explosión de crecimiento para acabar en la cazuela del otoño, del cumple del tal Paco Paredes, (no el flamencólogo, ¡coño!, si no el señor bajito del Ferrol que dio por culo cuarenta años!), y ves a todos estos hortícolas, diciendo aquello de que ¡ya tenim las urnas…je, je!, y cosas por el estilo, para que los de las crucíferas del otro lado del Ebro, tengan al Constitucional a mata caballo, y sin vacaciones de agosto. Un sin vivir, que hasta Sorayita, anda que no sabe con qué abuelos dejar al retoño, que a ella no le da el jefe vacaciones.
Y no sabemos qué va a pasar por Sanxenxo, ni por Moaña, que a lo mejor los berros este año no aparecen, y ¡a ver cómo hacemos los caldiños para adelgazar!.
Nos trae loco el huerto, y es que la actividad de los mastuerzos sube y sube, que a ver cómo se paga el geriátrico el tito Trump, como le quiebre el grupo de empresas y se cargue el Obama care, o a ver qué hacemos como no nos compren el petróleo de Maracaibo, y se nos quede el berro maduro y si cortar.
Así que andamos en estos caniculares períodos, mirando al huerto, que nos crecen los mastuerzos con un ímpetu, con una dedicación solo comparable a la inmensidad de los océanos, y uno ya no dá para tanto, que me andan diciendo que por las ciudades hace calor, y los mastuerzos estos son de chaqueta y corbata, así que deben oler a pollo de ese de Kentucky fried.
Quisiera desde estas líneas, pedir amablemente a todos estos de la familia de las crucíferas, que dejen de darnos la lata con las mastuerzadas que nos presentan a la que nos descuidamos, que todas estas bobadas se arreglan con un par de pescozones, ¡zascas!, les llaman ahora, y además salen muy baratitos, mucho más que llevar al Rey a Barcelona, cada vez que va a salir el sol, que nos importa una higa el que en el 92, nos montaran un cristo en Barcelona y otro en Sevilla, al que por cierto parece que no se le va a celebrar el aniversario, o sí, que está el berro sevillano muy preocupado con las crucíferas de Ferraz.
En el hotel, me han ofrecido para cenar sopa de berros, y les he dicho que no, que muchas gracias, que con un salmorejo y cualquier otra cosa, aguanto hasta los huevos fritos de las nueve de la mañana, que a lo mejor me encuentro un pelo de flequillo, o de barba entrecana, o del pechito descamisado del osito de la república de la izquierda.
Así, que veremos en qué acaba el culebrón del niño Neymar, de la rabieta de Cristianito, o del drive más largo de Jon Rahm, que a mí todos me dan lo mismo, que ninguno me alimenta, y es que nunca me han gustado ni los berros, ni los mastuerzos, siempre en el sentido hortícola, claro.
Con su pan se lo coman

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