Otra vez por aquí

Tengo que reconocer que el curso no está empezando demasiado bien, y todo a base de que las cosas parece que siguen igual, nada cambia, y consecuentemente todo es aburrido.

Pongo un podcast, que acostumbro a no fijarme en lo que pongo, dentro obviamnente de mi selección previa, y me sale ese Péndulo de Alan Poe, una verdadera excrecencia residual de la leyenda negra española, en manos de un yanqui borrachuzo y drogata. Siempre he pensado que debería haber transpuesto la acción de Toledo a Münich o Gèneve para aumentar la sensación de realidad, y eso porque aún no conocía Guantánamo….cosas de la literatura, digo yo.

Tito Trump sigue dando la lata, y parece que ya nadie toma en serio sus acciones. ¿Qué le vamos a hacer?. Si el sube los aranceles a los chinos, los chinos devalúan la moneda y todos tranquilos. Mientras los chinos no les devuelvan la deuda pública que tienen no llegará la sangre al río. Y es lo que decían en marzo, y en junio y en…

Todo sigue igual, mis dirigentes buscando formas de trinque aún no descubiertas. Por cierto qué tesis doctorales y tesinas de investigación saldrían explorando esos caminos. Pero es lo mismo, el patio de Monipodio sigue activo, aunque hoy el tal patio se llame UJC. Bueno, también el tal Juan Carlos de alguna forma dirigió el patio nacional de Monipodio, bien extendido por nuestra piel de toro.,

Todo sigue igual, las Matildes ya no son lo que eran, que eso de la competencia es muy mala cosa y le han comido el postre, los turcos con sus cosas, y es que no levantan cabeza desde que Ataturk les dejó de la mano, las guerras en su sitio, el hambre en su sitio, los emigrantes en sus balsas, en sus pateras, y los que nos dedicamos a matar Mandarines de la China, beberemos un buen Bordeaux a su costa, cada uno en su grado y condición, por supuesto.

Hoy sube la vivienda, sube la energía, pero aún no ha llegado a aquellos máximos que estamos deseando olvidar, a ver si acabamos repitiéndolo. Que esa es la gracia de especular, gana el que se da un chapuzón y sale corriendo, (mientras no se lo lleve una ola que no ha visto llegar), y pierde el que se queda sentado encima de su tesoro. Como en la parábola de los criados y los talentos, que no vale enterrar la moneda en activos seguros, que no vale arriesgarlo todo a una apuesta de la ruleta, que para ser gratos a los ojos del Señor, hay que currárselo.

Ya digo, todo como siempre, y es que como andamos siempre por los caminos del bosque los árboles no nos dejan ver el terreno por el que nos movemos, que si así fuese posiblemente no pararíamos de correr hasta que nos doliesen los pies. Pero nos han formado adecuadamente, estamos dirigidos e indefensos, condenados a creernos lo que leemos, lo que vemos en el móvil, en la tele, condenados a deducir la realidad a través de las sombras del fondo de nuestra caverna. Nada nuevo.

Siempre me podrá decir alguien aquello de lo poco conveniente que es el dejar de pelear, como sugería aquel príncipe de Dinamarca, contra un piélago de adversidades y haciéndoles frente terminar con ellas.

No, a lo mejor no es conveniente tanta pelea, y habrá que ver el fútbol en la tele, que te lo recomiendan los accionistas del tal Movistar, que no saben si van a poder evitar que la acción se les vaya por debajo del euro. Y es que vivir en régimen de monopolio es muy cómodo.

Todo sigue igual, ya os lo digo, es como si el mundo estuviese en una posición de continuo enroque, en un “sostenella y no enmendalla”, que nos advierten que aquella cosa que nos liaron los hermanos Leheman, hace diez años, puede volver a reventar, pero esta vez en forma de burbuja de los bonos que han ido emitiendo las naciones. Es lo mismo, qué importa que sean hipotecas subprime o bonos fruto de las patadas a seguir que van dando los amos del universo. Unos se sientan en el dinero, otros lo van recogiendo.

Pero no me hagan ustedes demasiado caso, que como siempre, parece que las mentiras de siempre a las que hoy se llaman “fake news” en los ambientes enterados y puestos al día, que decir lo de que eso es una trola ya no mola, se extienden como siempre, que si tenemos que decir que los españoles nos hundieron un barco en la bahía de Santiago de Cuba, pues se dice.

Que si hay que decir que lo que le preocupa al yanqui es que los chinos les venden más que ellos a los chinos, pues se dice. La verdad no sé dónde está. Eugenio Bregolat escribe que la cosa es más el miedo al crecimiento chino, y a la imparable fuerza de su innovación que va siguiendo los caminos clásicos de primero copia, luego mejora.

Una gaita, y es que como nada cambia, al Imperio lo que le alarma es que salga un Imperio más grande, más técnico, que dicen que los chinos se forman en Stanford y vuelven a casa con la mejor tecnología del mundo bajo el brazo. Lo de pasarles en PIB, está a la vuelta de la esquina.

Nos arrastraremos otro año, viviendo lo mismo, a la misma hora, aunque parezca que las cosas no hacen más que cambiar, al final parece que el Barça sigue encabezando el campeonato de liga, que las programaciones de los teatros de ópera siguen siendo igual de aburridos, que sigue haciendo el mismo calor que siempre, a pesar del calentamiento global ese que nos aseguran que se desarrolla sobre nuestras cabezas, que los informativos de televisión siguen siendo espacios publicitarios de los partidos políticos que se lo pueden permitir, que ya nadie va al cine, pero todo el mundo ve las pelis, de una forma u otra, quien no llegaba a fin de mes, a fin de mes no llega.

Así, que ánimo, otro curso que empieza, otro año en que las familias serán asaltadas con el precio de los libros, con el precio de las mochilas, de los uniformes.

Pero que nadie se alarme, la vida, dicen, que sigue….igual.

Con su pan (duro) se lo coman

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