Tomar partido

Nos pasamos la vida diciendo que los políticos son entre malos y peores, que no dan una a favor de quienes les han votado ni por equivocación, y, la verdad es que algunas veces me he llegado a preguntar si la cosa era realmente así, o como casi siempre andamos “calientes” por las que creemos que nos lían, exageramos en lo negativo.

Ayer de alguna manera empecé a convencerme de que al menos parte de los políticos, se han quedado sin discurso, como se dice ahora, y andan perdiendo las formas, como no puede ser de otra manera, que quien insulta, quien desprecia al oponente, es que no tiene argumentos.

El representante del gobierno italiano, creo que faltó al respeto a la Comisión Europea, y ya llueve sobre mojado, que no se puede pisotear literalmente la carta que recibe de los representantes de sus socios europeos, delante de todo el mundo. No se puede, bueno, sí se puede, que lo hizo, pero no se debe.

Por mucho que no le guste esto o aquello, o quiera enviar un burdo mensaje a sus votantes, que no, desde luego, a todos los ciudadanos italianos, que es a quien representa, una vez alcanzado el poder.

Imagino a millones de italianos avergonzados por aquel hecho que ni Krushov en sus peores momentos superó.

Luego seguimos con que la próxima carta que espera recibir es la de Papá Nöel, o la de la Befana, que tanto se me dá.

Otra grosería, y es que si no te gusta lo que se cuece, por favor, utiliza los cauces establecidos, entre otros por tu propio país, en los tratados de la U.E., y si no eres capaz de que se plieguen a tus expectativas, deja el club, a la inglesa, y no pasa nada, seguiremos vivos todos tras esa decisión.

Ciertamente todas estas groserías, me parecen casi de guante blanco cuando las comparo con el denigrante espectáculo que los padres de la patria españoles, dieron ayer en el Congreso de los Diputados.

Insultos, escupitajos, al parecer, expulsión de la cámara, desprecio al ciudadano que no piense exactamente como él, como ellos.

Es denigrante, para mí, como español, que mis representantes políticos me ofrezcan espectáculos como el que se vivió ayer en el Congreso de los Diputados, sin ningún rubor, vomitando odio y zafiedad.

Y la seño los manda fuera de clase, siendo no eso lo malo, que a poco los tendremos de nuevo a la greña, que son formas y modales que, me temo vienen desde la cuna”

Y es el populismo zafio, que a lomos de Varoufakis, del “Cinque stelle”, y de tantos y tantos otros encabezados por el famoso Tito Trump, han venido para quedarse, que en la época del click, del emorticón, del me gusta, quizás sea lo que haya que hacer, pues la costumbre de interpretar un texto semi-complejo, o un argumento bien soportado, se ha perdido entre las brumas de los planes de educación, y entre las redes sociales.

Quizás es que estoy quedándome obsoleto y ya mis puntos de vista están más cercanos a usos que se consideran ramplones, fuera de tiempo, que lo que hay que hacer es darle compulsivamente al me gusta, y si no, se escupe, se desprecia se insulta, que el construir un argumento lleva tiempo y esfuerzo, y además no creo que me lo explicaran en el cole.

Y así vamos, que no quiero creer que esta clase política que prolifera sea la que al final acabe tomando todas las decisiones que nos afecten, aunque todo está dentro de lo posible.

Y es que dicen que vivimos en democracia, y que lo que importa es el voto de los ciudadanos, si el nuestro. Aunque en los últimos años me parece que de ciudadanos hemos pasado, quizás por voluntad propia, a producto de mercadeo, y como tal nos tratan.

Y es que el sueño de los totalitarismos parece que por casi unanimidad va a entrar en nuestro ordenamiento jurídico. Cosas de los partidos políticos, de esos teóricos servidores públicos que pagamos a través de nuestros impuestos.

Quieren trazar nuestros políticos a través de las opiniones que podamos verter a las famosas redes sociales, vamos lo que sugirió Orwell hace ya setenta años más o menos.

¡Vaya fichas de ciudadanos a disposición del poder político!.

Y aunque nos dicen que estos datos servirán únicamente a efectos de enviar propaganda electoral en épocas electorales, eso no se lo cree nadie. Bueno, yo no me lo creo.

Esto es lo de la famosa Stasi, una ficha política por ciudadano, de la secreta de Franco, con jefes de escalera que informaban de comportamientos y pensamientos. Nada nuevo, desde luego, salvo que lo ponen en marcha quienes tendrían que defendernos de esas prácticas.

No podré nunca más opinar sobre el independentismo, aunque creo que llego tarde, que habrá represalias contra mi familia, contra mí, seguro, tarde o temprano.

Y es que aquello que fue de oro, nuestra intimidad, ha sido profanado, sin vuelta atrás, que ya no existe la inviolabilidad del correo, que mis mensajes están abiertos a todo el mundo, a mis amigos, a mis enemigos, a mis proveedores, a todos. Que ya no puedo poner lacre a la misiva que le entrego al mensajero, que llega roto y publicado su contenido.

Claramente me hago viejo, que todo esto me supera, que no lo entiendo, que no lo acepto. Que si le mando un mensaje a Chuchita es solo para ella, que no quiero, si ella no se lo enseña, que lo vea su marido, por ejemplo.

Y desde luego que se abra la puerta a que mi pensamiento, mis opiniones puedan ser usadas contra mí, no lo quiero.

Lo malo de todo esto, es que nadie nos va a defender de esta próxima tropelía, que la excusa que nos han dado de que será solo para publicidad electoral no se lo cree nadie.

Supongo que en los presupuestos generales que no quieren votar los “malos”, habrá una partida para servidores de almacenamiento de datos de españoles, que ningún partido, de esos que están a mi servicio impugnará.

No quiero que mi pensamiento, que mis datos caigan en manos de partidos que proceden de organizaciones terroristas. No quiero. No quiero que se bloqueen posibilidades laborales mías o de los míos por los perfiles que se puedan trazar, no quiero que abran mi correo, que aún es delito, pero parece que se ignora. Que el mensaje que pueda enviar a una persona o a un grupo reducido de amigos, no sea visto por nadie más que por ellos.

Seguiré con el tema, seguro, y no sé cómo defenderme.

Dios nos proteja

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