Un bel di vedremo, espero.

Hay cosas que siempre han tenido muy mala solución, y me estoy refiriendo a esto de los políticos, la política, los juegos del poder y demás monsergas.

Lo fácil ha sido siempre decir aquello de que los de mis épocas de juventud eran mucho mejores, era mejor la política, los políticos, y los juegos del poder mucho más brillantes.

Pero desde luego no es mi caso, que en eso mi quinta tuvo muy mala suerte, y no voy a empezar a aburrir a la peña con historias de los años sesenta y setenta, que me tendría que poner la chaqueta blanca y la camisa azul, como un Suárez cualquiera, para cambiarla al primer vientecillo cruzado, y por el momento no me reconozco haciendo eso.

La cosa es que se asoma uno, no solo al solar patrio, sino que oteando los patios de los vecinos, le entran a uno ganas de echar a correr en cualquier dirección, como alma que lleva el diablo, aunque lo más probable es, que acabes en brazos de cualquier sátrapa u organización de sátrapas que pase por ahí.

Tengo que reconocer que hace ya algún tiempo, unos meses, he decidido dejar de ver la información sobre acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor, y que se transmiten por televisión.

La historia empezó a cansarme un día, que estando ya cansado de otras cosas, no me acuerdo de cuáles, el busto parlante estaba empeñado en contarme no sé qué historia de tres per cent, o de la Gürtel, o de los ERES andaluces, todo en su equilibrio, que si tienen que hablar mal del partido en el poder, que la cosa se les desborda, se sacan los trapos sucios del partido B, del C, y del que haga falta. Que no solo hay un grupo político malo, te dicen, ¡que te roban todos, capullo, y no te enteras!.

Así que yo a no enterarme, y como el tema es casi infinito, un día te estás tomando una caña en un bar, y sale Pedrito junto a Doña Merkel, el tan puestecito, tan mono, con su inglés tan fino (por fin un presi que no necesita un traductor), diciendo que todo muy bonito, y mientras la tedesca poniendo cara de tú di lo que quieras, que en cuanto te abras tengo una reunión con los del rollo migrante que me va a tocar los boñigos.

Ella vende su foto, y nosotros la nuestra. Pagamos la gasolina del Falcon, y a por la próxima.

Y en teledeporte, con las ganas que tenía de ver nadar bien a la Señora Belmonte, resulta que me aparece el President ese que ni le dejan el despacho, ni mear en el Palau Sant Jordi, que los seguidores fieles del gurú de la secta no deben mancillar los lugares sagrados del santón, en medio de un abucheo monumental, a él y a su himno. ¡Pues vaya!, digo yo, estos de Tabarnia que me parecían tan educaditos resulta que van a serlo menos.

Un desastre, y mi buena Señora Belmonte que gana sus medallitas, resulta que nadie va a ponérselas, claro, se llama Belmonte, no Bellpuig, con lo bonito que es.

Me llama mi amigo el conserje del Pera Palace, y me digo.

  • Verás, que se ha gastado la propina que le dejé con eso de la devaluación y quiere que le compense según la evolución del seguro de cambio internacional que rige las propinas en ese tipo de establecimientos.

Pues no, que el hombre ya se la había fundido, ¡como Dios manda!, que lo que quería era contarme las cosas de las elecciones a sátrapa que han tenido por ahí, y que lo tenían compungido.

Mi buen amigo era un mar de lágrimas, e insistía que los males de su amada tierra, (yo creía que era Turquía, pero no, su tierra es Estambul), nacen en la Capadocia, en Trebisonda, que los campesinos del centro de la tierra son muy brutos y muy conservadores, y le han vuelto a sacar como presidente por diez añitos más al tal Erdogan.

Claro que no debo recordarle, que bien al este están los kurdos, a los que siempre han querido exterminar no solo los turcos, sino cualquiera que pasase por ahí. Pero eso le queda lejos al buen conserje.

Y eso es malo para el negocio, se lamenta el hombre, que los turistas vienen por aquí a estar tranquilos, no a parapetarse tras el tranvía de Istiqlal cada dos por tres. Que es un no vivir, que día tras día toca carga policial.

Luego me habla de lo que su abuelo le contaba de Ataturk, que puso el país en la senda de la libertad y la modernidad, posiblemente detrás de su mandil de Maestro.

Y otra vez el tal President, montando, con sus acólitos el numerito indepe en USA, tanto que se quedaron los pobres armenios y el público asistente con la demostración de una pataleta a la independentista catalana. Una pena, y que a nuestro Pedrito primero, el guaperas, parece que le hace gracia, o sin hacérsela, alguna facturilla tiene que pagar. No sabe,(o sí), dónde se está metiendo. “In Borrell we trust”.

Y por otra parte, sigo convencido de que Tito Trump, anda jugando en bolsa a futuros, que cada vez que pone un tweet de esos, la cosa pega unos bandazos espectaculares, y en esos movimientos hay mucha pasta, mucha pasta, qué quieren ustedes que les diga, y aquí nadie es inocente, aunque se demuestre lo contrario.

Seguro que los avisos los recibe el primo segundo de su ama de leche, que debe ser chicano ilegal, y le va guardando los duros al hombre en algún saquito suizo. Pero es que hay que vivir, y las cosas están muy difíciles.

A la dulce Italia, parece que se le ha cortado la leche de hacer “gelatti”, que si siempre nos han changado con la elegancia de un De Sica, poniendo luego esa carita seráfica de “professore” milanés que llevaba mi añorado Mastroiani, ahora se me están poniendo zafios, y eso no se lo consiento a mis amigos italianos, por su bien, y por la admiración que siento por ellos. Y es que las formas que escondió Mussolini, parece que reviven, parece, digo, aunque seguramente en el corazón de esa gente del norte hay indepes escondidos, con la carga de fascismo y supremacismo que siempre acompaña este tipo de fenómenos. La cosa parece que quieren equilibrarla con el pagliacci populista, y no tiene gracia. Siempre preferiré a Totó, y a Alberto Sordi, ¿qué quieren ustedes que les diga?.

Serán cosas de la edad

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