Universos paralelos

No nos hacemos idea de por dónde van los tiros, siempre lo he dicho, y encima me vienen ahora con la historia de los universos paralelos.

Que la física se empeña en demostrarnos que existen, y seguro que sí, que uno no está para discutir a estas alturas de la película. Además, ahora que me acuerdo, había por ahí dando vueltas una serie de esas de la tele, que se llamaba Fringe, o algo así, muy bostoniana ella, en la que parecía que nos asomábamos al Kybalión, “que lo de abajo está arriba y los de arriba está abajo”.

Los personajes pasaban de un lado a otro, y los que eran buenos arriba eran malos abajo, y viceversa. Todo muy paralelo, vamos que se pasaba de un lado a otro a través de pasillitos con aduanas.

Tremendo. Y la sensación que hoy se me aparece es la misma, ya que cuando afirmo que ni idea de por dónde van los tiros, es que aunque nos movamos, aparentemente en el mismo plano físico, las capas que conforman nuestro mundo son infinitas, (o finitas, pero muchas).

Ya sé que se llaman de formas diferentes, que las llamamos ámbitos, civilizaciones, núcleos, incluso, pero como de vez en cuando traspasamos las fronteras sin darnos cuenta, resulta que las vidas que se viven son incomprensibles para nosotros.

Y es que al fin y al cabo no hacemos más que desarrollar nuestra existencia en el microuniverso que nos ha tocado, y los universitos que nos rodean, interfieren continuamente en el nuestro sin que nos demos cuenta más que de las consecuencias.

Por eso pienso que no nos enteramos, que mi universo no es el de Tito Trump, que para mí es un marciano, tanto como el milmillonario de turno, o como quién se mueve en las cloacas del estado, o el que vende papelinas de coca en la esquina, de esas que llevan más mierda que coca.

Y a la hora de la verdad, aunque no entienda todos esos universos paralelos que me rodean, no hacen más que interferir en el mío, y de verdad, es una lata.

Claro que mi amigo me diría aquello de que en mi universo solo quepo yo, lo que me temo se acerca a la verdad, pero tampoco es eso, que aunque sea tentador, uno no tiene vocación de estilita, porque hasta las beatas que se acercan al pié de la columna, interferirán con sus universos en el tuyo.

Lo que de todas formas aún me hace sonreir, es el hecho de que muchos de esos universos que me rodean, parece que no pueden sobrevivir sin echar mano del mío, y por debajo de la puerta me enseñan la patita a ver si les abro la puerta…. ¡Compre lo que vendo! Me dice uno, ¡Oiga lo que digo! Me dice otro, ¡Haga lo que hago! Me dice un tercero, y así ad nauseam, que unos lo hacen a través de ese invento que sirve para comunicarse mientras Lola Herrera recuerda a Mario, y es que cinco horas son muchas, otros lo hacen pegando mensajes en las calles, otros me lo dicen en la escuela, otros….

Y al final acabas comprando Matildes, siguiendo al Real Betis Balompié, como poco, hablas del Tito Trump, te enfadas con Boris el turco, y lo de VOX que siempre fue contigo a la escuela en forma de diccionario de latín, te pone de una forma u otra según el humor que tengas. Deben ser los choques de los microuniversos, que son muy suyos, y las esquirlas van saltando por todas partes sin posibilidad de defensa alguna, y te dejan la vida hecha unos zorros.

Claro, que por otra parte como antropocentristas natos que somos no consideramos las esquirlas que nosotros soltamos, que también lo hacemos, no se crean ustedes, y nuestras interferencias en otros universos paralelos de esos que andan dando vueltas alrededor nuestro.

Me suena este charco a lo del rollo ese de Platón y lo de la tal caverna, que por ahí ya nos andaba diciendo el viejo griego, lo peligroso que era acercarse al universo vecino, que luego volvías a casa infectado y acababan apiolándote.

Será por eso que no me dejan entrar en el universo paralelo de Tito Trump, y que solo me envían sombras en la pared, en forma de serie de televisión, eso sí, mayormente para que no me lesione, o me sacrifiquen los míos, que a lo mejor vengo con una de esas gripes exóticas, y termino con mi universo.

Un Armagedón a escala HO, 1:87, como la de los trenecitos eléctricos de Märklin, que siempre tiene arreglo, como el castillo de Lego que se cae cuando el niño lo hace demasiado alto.

De hecho, cuando me pongo a escribir estas cosas, ahora que lo pienso, estoy lanzando mis esquirlas de universo a los universos de los que eventualmente puedan leerme, y lo que si tengo claro, es que ni podré entrar en los universos de mis lectores, hasta fundir mi universo con el suyo, ni al revés, que las cosas son así.

Pero sin ir tan lejos, nadie conoce a fondo, salvo quienes pertenecen a ellos los universos más generales, como el de los oligarcas, o los de la miseria, y en el fondo no sé si recomendar llamar a esas puertas, que si no nacimos dentro, a lo mejor no somos bien recibidos.

Y así nos va, que con tanto universo dando vueltas, uno ya no sabe nada, no sabe siquiera si es marciano, si es un ser o un “fu”, que si los físicos llevan razón, aquí estoy vivo y en el “Fringe” de turno llevo criando malvas hace décadas.

Lo dicho, ya no entiendo nada, y en el fondo tampoco me quita el sueño, porque al final en un par de siglos, con permiso de los transhumanistas, todos calvos.

“Todos somos contingentes, señor alcalde, sólo usted es necesario” que diría Cuerda aunque no hablase queriendo de los universos paralelos, pero es que la frase es grande, sobre todo en el universo del señor alcalde.

Buenas noches y buena suerte

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