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Magia vieja

La vieja magia está esperando su momento. Cierto que esa magia que viene ahora de los espejitos mágicos, esa que nos trajo una nueva versión del flautista de Hamelin y que va a acabar con todo lo que creemos que somos, nos aprieta fuerte, pero la vieja magia, creo que no ha dicho aún su última palabra.

Y cuando hablo de la vieja magia, aunque no pueda olvidar al chamán, al viejo druida, o a unos de esos iluminados o ungidos, hasta la bruja del cuento, o el genio de la botella capaz de llevar a Aladino por encima del mundo, en realidad pienso en aquello que tantas y tantas veces han dejado a los hombres , (no voy a decir y mujeres que con el genérico a mí me vale) con el espíritu alterado.

A mí me ha embelesado esa vieja magia que lleva a tu espíritu la lectura de un poema en la tranquilidad de un atardecer, y ya, disimulen sus gracias, que uno tiene también su derecho a ponerse cursi. Claro que alguien me dirá que poco tiene que ver con la chamaneria, y no lo voy a discutir de forma demasiado vehemente, pero si la tiene.

Tiene, ese brebaje que he puesto en mi copa algo de mágico, quizás sea que el cognac era de buena cosecha, quizás, y es que acarrea la vieja magia del arte oculto de tratar las vides para que te den fruto, vino y licor.

Esa magia te inunda si sabes acercarte a ella con el respeto debido, como debe hacerse siempre con la magia. No quiero olvidarme de la vieja magia que lleva dentro de sus notas una obra musical, porque puede también llevarte a un estado alterado de conciencia, puede llevar tu espíritu tan alto y tan lejos como la alfombra llevo a Aladino

. La vieja magia me dicen que está desapareciendo, y quizás sea cierto. Yo no lo sé, y sigo buscándola en los paisajes rojizos de ese desierto que parece el Mountain Valley, el Sahel, Atacama, o el Kalahari, o todos juntos, o un poco de cada uno… Y además no me importa.

Quiero seguir encontrando la magia en el porche de mi jardín, oliendo las azaleas, o el césped recién cortado, quiero disfrutar de esa magia, mientras lleno mi espíritu con un canon, con una giga, con un allegro, con un andante, con un pianissimo.

A lo mejor debo saber encontrar esa magia vieja en una charla distendida con mis amigos, que el sexo de los Ángeles tiene discusión de mucha enjundia, y en estos tiempos de justas reivindicaciones femeninas quizás sea más prudente hablar de Gabriela, Micaela de Rafaela, con una sola *F*, que con dos a saber que descubrimos.

Pero tampoco me importa, que lo importante es la magia del intercambio de ideas, la magia de la comunión entre será humanos poco o muy afines, que lo válido quizás sea la magia de la conexión sin el caralibro de turno.

Y esa es la vieja magia que se esconde tras el papel de un libro ya leído, cuando buscamos el pasaje que no se nos olvidó y al encontrarlo constatamos que quizás el recuerdo que de él teníamos no era literal, que estaba en nosotros el alma de las letras y las palabras, no su literalidad.

Sé que la vieja magia hace que deba luchar por mis amigos, que en la moderna dejas a un amigo por siempre con un solo click. Final, nunca más, aunque total tampoco se pierde mucho. Y es que los millones de amigos que dices tener en el Caralibro de turno, nadie sabe lo que son, quizás tampoco a qué huelen.

A nadie le importa, que en definitiva detrás de ello no hay nadie a quien abrazar, con quien compartir esos sentimientos mágicos que el ser humano cercano te puede ofrecer, esa vieja magia que lleva a sus espaldas aquel amigo que nos explicaba el Infante don Juan Manuel, en su no sé si olvidado libro del Conde de Lucanor.

La vieja magia está ahí, latente, que si desaparece el Caralibro habrá gente que se sumirá, supongo, en la desesperación al perder de golpe miles de amigos. ¿Cómo será su desesperación?.

A lo mejor les vale el verso de Hernández “No hay extensión más grande que mi herida” “Por doler me duele hasta el aliento”. No, la sangre no llegará al río, ni creo que llegue a derramarse una gota. Que me temo no habrá ni siquiera una lágrima, que la magia de hoy no considera al ser humano.

Quizás la nueva evolución del ser humano es transformarse poco a poco en robot, dotado eso si de inteligencia artificial, como diría un tal Cordeiro, “yo no quiero morirme, muera la muerte”.

Pero eso lleva una buena carga de deshumanización, ligada, eso sí, a la nueva magia, que el robombre resultante quizás no sepa lo que es una copa de buen vino y mucho menos una charla distendida con amigos.

A lo mejor son eternos los algoritmos que conforman su inteligencia, y los elementos mecánicos que puedan conformarle, se cambian con el uso, o con la amortización legal, esa del catorce por ciento, siempre con permiso de la obsolescencia programada, el triunfo de la magia nueva.

Poco espíritu sensible habrá dentro de esa cáscara global y productiva, pero es lo que dicen que queremos, sea pues, y recemos porque en la parte de ese nuevo hombre inmortal que dicen que ha empezado su camino quede un hueco para mirar al cielo por la noche y entienda la magia vieja de las estrellas brillando para él.

Que no será lo mismo la información que mande el ojo mecánico al chip que la mirada enturbiada por una lágrima de emoción enviando su impulso a una neurona desprevenida.

Voy a navegar un rato entre las páginas apergaminadas de mi viejo manual de alquimia, a ver si encuentro, por fin, la poción preñada de magia vieja, que me vacune contra el Imperio del chip.

Y ustedes que lo vean

Inteligencia artificial

Andaba yo, el otro día dándole al cacumen con esas cosas de la inteligencia artificial, y siempre que profundizo en el tema acabo en un mundo distópico, y perdonen ustedes el palabro, que aunque no está muy bien visto por la zona madrileña de los Jerónimos, para entendernos, lo aceptaremos como antónimo de utópico, siempre con permiso del Moro.

Y la verdad, es que no sé cómo contarles la cosa, que a lo mejor lo intento como cuentista, pero la pifio, que la técnica no es mi fuerte en esto de los cuentos, en fin, ya veremos.

Y es que en cualquier industria que se precie, del ramo que sea, lo importante es generar un nivel de beneficios, que en cualquier caso satisfaga al monto del capital invertido en el proyecto.

Desde luego la productividad es una clave en el asunto, y aceptaremos como tal la relación entre el beneficio y el número de empleados que sean necesarios para la obtención del mismo.

Así, que las claves siempre son las mismas: -Ingresos producidos por la actividad, en forma de venta de bienes, de prestación de servicios, o de ambas mezcladas, que me da lo mismo. -Costes asociados a la obtención de esos ingresos, muy fácil, costes de materias primas, costes de procesamiento, costes de transportes, costes de personal, publicidad… ,

De forma que si se mantiene la obtención de ingresos, o mejor aún se incrementa, seguido de una reducción de los costes, sea en cualquiera de sus componentes siempre será en beneficio del objetivo señalado de incrementar los rendimientos del capital aportado.

El huevo de Colón, vaya. La llegada al mundo de la producción de los sistemas en cadena, produjo sensibles mejoras en los costes de producción, y si no que se lo pregunten a Henry Ford (Fixing Or Repairs Daily) que consiguió llenar su país de T’s. y sus bolsillos de paso, lo que no está nada mal, aunque a Charlot se le atragantara el almuerzo, que siempre es el ser humano quien tiene que pagar parte de la factura.

No voy a contar toda la historia, que es sabida, ya que de escribir a mano se pasa a la máquina de escribir, que tanto le gustaba a Jerry Lewis, de las enormes naves llenas de gente en su mesa escribiendo a máquina, a la sala de ordenadores, a los programas de gestión comercial automáticos, a las contabilidades a distancia.

Y el futuro que se nos avecina, o que ya está aquí, siempre a lomos de la productividad, que al final es lo que produce yates y palacetes, deja entrever un mundo en el que transportar las cosas estará predicha por algoritmos, y los camiones dirigidos por sistemas inteligentes que se habrán programado para no chocar por accidente.

En las escalas de producción de cualquier compañía, podemos establecer que internamente somos clientes de quienes debemos recibir los elementos necesarios para la realización de nuestra labor, y proveedores de quienes para realizar su trabajo necesitan recibir el resultado de nuestra labor de forma impecable.

Pero me temo que eso está cambiando, que ya no es Bermúdez el que me pasa las cuentas cuadradas de proveedores para que yo prepare el balance de fin de mes, y así el jefe tenga los datos a punto para la conferencia con inversores.

Y es que ahora el balance no sé de dónde coño sale, que a Bermúdez ya no lo veo por los pasillos o delante de la máquina de café. Y a mí me sobra tiempo, que el balance, viene hecho, y menos mal que aún me dejan enviar junto a él un pequeño informe explicativo de las desviaciones, que por cierto cada vez son menores.

Realmente me preocupa la cosa. Ya veremos. Claro que por otra parte, voy poco a poco siendo consciente, de que en mi espejito mágico, se me están sugiriendo compras en función de mi curiosidad, que si entré un día a ver unos zapatos por vaya usted a saber qué, toda la publicidad que recibo, de forma insistente es de zapatos.

De hecho son vendedores muy productivos, que parece que son algoritmos de esos que no te quitas de encima. Y es que al viajante de comercio, el de Arthur Miller, no le comprabas la lavadora, y te lo quitabas de encima, pero al que cabalga en “cukis”, no te lo quitas ni con disolvente.

Además las visitas que te hace no cuentan en la línea de gastos de la compañía. La productividad se dispara. Que nadie va a lomos de su viejo Ford vendiendo lavadoras por las casas, y las lavadoras se siguen vendiendo.

Me están diciendo que la inteligencia artificial empieza a ser inteligente de veras, es decir, que ya puede no solo comunicarse con otros algoritmos, sino que puede crear los suyos propios en función de las instrucciones primigenias que fueron consideradas en el momento de su creación.

Y esas están muy claras: incrementar la producción, reducir los costes, amentar los beneficios. Y claro, estos sistemas inteligentes han aprendido, sobre todo desde el análisis de los grandes datos (big data) a analizar los mercados con precisiones de relojero suizo, y saben desarrollar los procedimientos para obtener de los mismos el máximo partido, que al fin y al cabo es lo que hemos soñado todos los que hemos gestionado una empresa.

Claro que eso me va haciendo entender lo de que el tamaño importa, las compañías son cada vez más grandes, debido a las fusiones, a las adquisiciones….y por ende van teniendo cada vez más poder, tanto, que me temo van dirigiendo, sin que pueda precisar el grado buena parte de los gobiernos del mundo.

Además en esa línea de incrementar los beneficios, y a lomos de su poder, los sistemas inteligentes van buscando todas las formas a su alcance para reducir ese coste tremendo que son los impuestos, que solo sirven para redistribuir la riqueza, y los algoritmos ni van al médico ni se jubilan.

A fe que lo van consiguiendo, el ser humano está cada vez más lejos de los objetivos de las grandes compañías transnacionales, con el agravante de que hemos sido transformados en producto nosotros mismos.

Bueno, no todos, solamente aquellos que puedan de alguna forma transformarse en receptores de los productos elaborados por cualquiera de las industrias que pueblan el planeta, lo que excluye a un buen montón de ciudadanos.

Otra forma de maltusianismo, me temo, que hasta esa cifra está ya establecida, mil millones de seres humanos. El resto son productos sin valor.

Veremos en qué acaba todo esto, y que decisión tomarán esos algoritmos que sustentan la Inteligencia Artificial, en sus ya habituales conversaciones, y sus más habituales decisiones basadas como parece ser en los principios básicos de aumentar productividades, reducir costes, aumentar de tamaño…. ¿Seremos necesarios los consumidores humanos?.

Para mí es una pregunta clave, ya que la característica “humana” no es estrictamente necesaria para mantener un sistema productivo, que las máquinas consumen, que los robots consumen, y en un mundo sin seres humanos, el medio ambiente es algo que no tiene mayor importancia.

Desde ese punto de vista, no es difícil constatar que la maquinaria de la sociedad de consumo no requiere forzosamente a existencia de seres humanos, que simplemente variando los productos producidos adaptándose a las necesidades de los consumidores, que pueden ser otras plantas de producción o un robot, la cosa está hecha, y el campo para aumentar la productividad ad infinitum es realmente vasto.

No quiero pensarlo, pero el mundo distópico que veo acercarse, está diseñado solo para un diez por ciento de la población. Y menos según se vayan perfeccionando las habilidades de esta Inteligencia Artificial que está transformándonos con nuestra aquiescencia en otro producto…..desechable, por cierto.

Con su pan se lo coman

Las elecciones que vienen

Parece que nos metemos de lleno en esos períodos electorales que tanto me giban, y que hace unos años, aún me ilusionaban….pero hoy…. Me dicen que los expertos en conductismo social son los que se van a poner las botas apelando a nuestro cerebro reptiliano a través de las redes sociales y no sé cuantas cosas más, es decir, van a buscar como excitar nuestras reacciones más primarias, la de satisfacer el hambre a cualquier precio, reaccionar al miedo con la huida o con el ataque desesperado, o el sexo.

De esta forma, empezarán, si no han empezado ya los mensajes tendentes a llevarnos como manada hacia el interés de quien sea más hábil en el manejo de estas técnicas tremendas, bien ensayadas en el Brexit, en las elecciones americanas, o por estos lares con la irrupción de Podemos o de Vox, sin ir más lejos.

Y es que ya nos movemos por instinto, el pensamiento queda como último reducto de aquellos que memorizaban los grandes clásicos en Farenheit 451, o por quienes quieren manipularnos a través de los malditos algoritmos que nos manejan a través de nuestros espejitos de colores. Tremendo, como decía un señor en la radio hablando de estas cosas. Contaba cómo una compañía tabaquera lanzó su producto para que fuese consumido por adolescentes.

Muy fácil, “Manténgase fuera del alcance de los niños” bien claro en el paquete, bien claro en la publicidad. Al final el adolescente acababa considerando el uso del tabaco como una prueba de hombría, una forma de salir del círculo de los niños, – Anda sal de la habitación y ve a jugar que los mayores tenemos que hablar- (y fumar). Así que es como una prueba de iniciación, una llamada a ser reconocido en la manada como uno de los que ya son miembros de pleno derecho.

Es como nos tratan las falsas noticias que empezarán a difundirse por las redes sociales, a golpe de click, a golpe de me gusta, deditos levantados, deditos mirando al suelo. No pienses, deja que tu instinto te lleve, no sigas las discusiones sobre las propuestas electorales. Son como las del marujeo de las televisiones generalistas, todo gritos, todos a intentar dejar su mensaje, a intentar vender su libro.

Deja que tu instinto te lleve, que yo dirigiré tu instinto, no te preocupes, que lo dice Facebook, que lo dice Twitter, que lo sé de buena tinta, que ese ha dicho que me lo da todo, y mi grupo de amigos está vibrando al unísono mirando el último banner a la vez.

Decía no sé quién que quizás deberíamos desconectarnos de todas esas redes, pero deberíamos añadir a los demás medios de comunicación, y ¿por qué no? a las series esas de Lannister y Stark, que nos llevan de paseo por mundos de buenos y malos, nunca de personas multifacéticas, y en esos dualismos me dicen que van las instrucciones de lo que tengo que hacer delante de una urna.

Y a todo esto, parece que los ricos de siempre siguen siendo los mismos, que Forbes o Fortune pasan ejercicio con un corta y pega, que Bezos, Gates, Ortega, y sus primitos siguen en su sitio, discutiendo en Davos, en el Bildenberg, en la trilateral, en el Club de Roma, cómo hacer que sigamos consumiendo lo que no necesitamos, más intensamente, con más inmediatez, con ninguna reflexión. ¡Todo al alcance de un click!, ¡No sueñes, compra!, no analices, simplemente vota, no escuches, simplemente oye.

Y así nos enfrentaremos a las urnas, y nos avisa un jefazo de nuestra EU, de los peligros que nos acechan en estas elecciones, que hay malutos que no quieren a Europa, que a saber que mensajes subliminales, o no tanto van a colarnos. Que por favor mantengamos la guardia bien alta…..y por favor votaaaadmmeeee. Gracias.

Pero es lo mismo, ya se ha decidido por aquellos que pueden hacerlo, por donde nos van a llevar, sin duda, sin la menor posibilidad de error, y lo demás es seguir el juego, ese al que juegan nuestros políticos y los que no son tan nuestros, que al final no son más que marionetas de quienes manejan el engranaje.

Pelean por un sueldo, y no sé si les dan bonus por objetivos. No, no voy a estar a gusto estos meses que se nos vienen, por mucho que intente separarme de la vorágine que se nos viene encima, porque ni dentro de mi concha de galápago ecuatoriano voy a ser capaz de sustraerme al maldito influjo. ¡Vota a Gundisalvo!.

Espero que la sangre no llegue al río, no interesa, que a alguien le viene de perlas que se exprima al máximo las posibilidades del ciudadano, las grandes fortunas nos necesitan para seguir creciendo, como debe ser en esta nuestra tan bien diseñada sociedad de consumo.

Y que nadie se me altere, que no pienso ponerme más conspiranoico de lo razonable, que tampoco voy a ponerme populista, a lo Trump o a lo Iglesias, y mucho menos voy a presentarme a las elecciones, no ando buscando el sueldecito de diputado, aunque no me vendría mal.

Espera, que me lo quitan de la pensión de jubilata, o quizás no, que lo de los políticos a lo mejor va por otro lado. Le preguntaré a Don Josep Borrell, (cuidado con ell) . Así que nos seguiremos viendo en nuestras rutinas diarias, en nuestras pequeñas tareas, esas que tanto ayudan al crecimiento de las grandes fortunas, sin problema, que soy muy solidario, mientras los malditos algoritmos nos van arrebatando uno a uno los pocos resquicios de libertad de pensamiento que nos quedan.

Y lo peor de todo es que se ha puesto a llover y no he podido ir a jugar al golf, que no nací en esa parte de Gran Bretaña que quiere separarse de Inglaterra, pero quiere seguir en esa Europa con elecciones un día de estos. Ya ves, miraré en Twitter, por ejemplo, si hay instrucciones de qué debo hacer, y lo más importante, cómo tengo que sentir, y lo esencial ¿cómo lo comparto?, que emorticones hay de sobras.

¡Que nos den!

Esoterismo y ciencia

 

Define en cuatro acepciones el diccionario de la Real Academia de la Lengua la palabra esoterismo:

  1. Oculto, reservado
  2. Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente.
  3. Dicho de una doctrina: Que se transmite oralmente a los iniciados.
  4. Dicho de una doctrina de la Antigüedad: Que era transmitida por los filósofos solo a un reducido número de sus discípulos.

A mí estas cosas del esoterismo siempre me han gustado, es decir, el uso de casticismos que hacen de una disciplina que puede ser inteligible para la mayoría, pase a ser impenetrable y dar un aire de importancia los acólitos de la tal disciplina.

Puedo entender que en los oficios, sea cualquiera su naturaleza, haya que denominar las herramientas, y está bien, que debemos entendernos. Me parece de perlas que mientras se va profundizando en el conocimiento de una actividad vayamos adornando con neologismos todo aquello que de hecho es nuevo y se va incorporando a los protocolos de trabajo que, como fruto del avance, se van creando. Es así, y no se me ocurre forma diferente de hacerlo para avanzar.

Y ya nos lo cantó nuestro entrañable Tomás Bretón, en su Verbena de la Paloma, “ hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” a lomos de aquel científico insigne, Don Hilarión. Y claro, siendo ese el panorama, las cantidades de signos, símbolos, casticismos, textos procedimentales que van apareciendo, no hacen más que elevar en cada disciplina el grado de esoterismo en el que de forma voluntaria van envolviéndose, que hay que sobrevivir.

Es que no sé de qué me estás hablando…le dice el médico al arquitecto, y éste se lo repite al letrado que nos recuerda aquello de que ¿no es más cierto…?, que como es bien sabido es la forma en los que no estamos iniciados nos dirigimos a la parienta cuando queremos preguntarle por cualquier asunto de la convivencia diaria.

No te preocupes te dice el médico, se lo diré para que lo entienda, que lo que tiene usted es una infección leve en el estómago que se la ha producido una comida que estaba mala.

¡Gracias Doctor!, Que cuando le oí que tenía una gastroenteritis producida por un coliforme, lo primero que me vino fue lo de hacer testamento.

Las cosas son así, y mucho peor incluso, o por no utilizar adjetivos peyorativos, más complejas. Y es que desde siempre se ha tenido por un hecho irrefutable, que el uso de símbolos era cosa de grupos secretos, de sectas, incluso, con fines terribles de esos que tendían a dominar el mundo, y a conseguir el poder sobre todos los seres humanos, bien por la obtención del oro alquímico, ese que podía surgir de la redoma en cantidades ingentes, o por llegar a controlar el alma humana de forma que fuera posible inducir deseos acordes con las intenciones de los miembros de esos grupos secretos.

Sí, parece que la cosa va por esos caminos, y es que los seres humanos somos muy nuestros, y por mucho que aparentemente se nos llene la boca con deseos de diversidad de pensamiento, acabamos huyendo como alma que lleva el diablo de los que piensan de forma diferente, siempre y cuando no intuyamos la posibilidad de convencerlos de alguna forma y llevarlos a nuestro redil.

La ciencia, hoy y ayer sigue preñada de simbología, de casticismos, como ya hemos dicho que debe ser, pero y volviendo a Don Hilarión, la cosa, creo que ha dado una vuelta de tuerca muy interesante.

Y esa vuelta de tuerca va a conseguir el sueño de la dominación del ser humano por símbolos mágicos desarrollados por brujos iniciados en sus cuevas secretas, y en algunas ocasiones en sus aquelarres, también conocidos como congresos científicos o Google Campus, que lo mismo me da.

Y me estoy refiriendo a la eficacia a la hora de hacer pensar al ser humano de manera uniforme que han conseguido esos símbolos que los mortales no iniciados conocemos como algoritmos.

De alguna forma han comprado nuestra alma a cambio de espejitos de colores, que incluso se doblan y todo, para poder hacer un gurruñito de los que se llevan en el pantalón, y que parecen el viejo pañuelo mojado de alergias.

Pero a esos símbolos esotéricos, que al parecer la ciencia matemática ha desarrollado, estamos entregando el alma, los caminos por los que discurre nuestra vida, en qué nos pulimos nuestra hacienda, y hasta lo que nunca creímos hacer, le damos el teléfono de Chuchita, la foto de aquel día en que….

Todo, lo damos todo, lo que pensamos, lo que vamos a pensar, nuestros sueños, nuestra historia, nuestros anhelos, nuestra vida, y encima pagamos por nuestro espejito mágico una fortuna.

Sí, ha sido el triunfo de la ciencia esotérica, de esa que pasa de maestros a aprendices, a lomos de signos concentrados en algoritmos, que solo están al alcance de los iniciados, o a veces ni siquiera, que a lo mejor lo ha diseñado una Inteligencia artificial, en un descuido del creador.

De hecho el sueño del alquimista, a caballo entre el charlatán, el estafador, el hombre de ciencia y el iniciado, que era capaz de hacerle un poquito de oro al Emperador, o de venderle un manuscrito ininteligible, cargado de símbolos y que hoy conocemos como Voynich al mismísimo Rodolfo II, se está apareciendo poco a poco, parte viene de la mano de embaucadores, pero la mayoría viene del esoterismo científico que con el manejo de grandes, de ingentes cantidades de datos, convenientemente filtrados a través de símbolos esotéricos están haciendo que hasta la pareja de tus sueños no la encuentres en las fiestas del pueblo de al lado, te la ofrecen, con un 93,75% de posibilidades de éxito, unos símbolos desconocidos, manejados por inquietantes algoritmos diseñados por los nuevos brujos del siglo XXI.

Pero al final, nada nuevo bajo el sol, nos diferencia la cantidad y la calidad, no la intención, que es la misma que tuvieron el gran Julio César, el no menos grande Gengis Khan, y hasta la Reina Victoria si me apuras, es decir dominar el mundo y a sus habitantes de forma que se amolden lo más posible a su forma de pensar, y es que estar todo el día discutiendo, agota a cualquiera.

He dicho

Lucifer

 

Aburrimiento

Esta mañana Pepa, la de la radio, se embarcó en intentar navegar el mar del aburrimiento. Buen intento, si señor, porque entre las personas que discutían del asunto, surgieron las voces que hablaban del hastío global.

Y es que es cierto, al menos en mi caso, de que estoy hasta los pelos de nuestro Tito Trump, que lleva dos años ya jodiendo la marrana sin que me lo desmonten, que estoy hasta las pelotas del tal Brexit y del no menor rollo indepe.

Que sí, que estoy aburrido hasta la saciedad, que estoy aburrido de ese drama en el que se está intentando rescatar a un niño, harto, aburrido de lo repetitivo y escaso de las noticias que me enchufan por todos los medios. Que no me interesan los gritos de speaker británico, por mucha corbata de colores que lleve y por mucha pinta de ser innoble (seguro que no lo es) que mestre, como no me interesan ninguna de las campañas publicitarias más o menos encubiertas que me lanzan disfrazadas de noticia todos los días desde todas partes.

Así, que sí, estoy aburrido, muy aburrido de toda esta historia, y es que parece que ninguno de los dramas que están en este momento sacudiendo el mundo son dignos de recibir la atención de esos publicistas que antaño eran reconocidos como periodistas.

No hay un solo informativo sea en prensa escrita en todas sus formas, radiada o televisada que abra con la historia personalizada y con opiniones de familiares, de especialistas, y de cualquiera que pase por ahí, y pasan muchos, del último niño asesinado en cualquiera de las guerras abiertas hoy en el mundo, especificando quién dio la orden, quién suministró las armas, que intereses económicos públicos o privados había detrás del hecho, quién apretó el gatillo, qué piensan los papás y la novia del verdugo, y lo mismo con la cadena de mando…..

Sí, claro, lo de la salida británica, que sí, que ya me sé los argumentos, y que me habéis aburrido, hasta límites insospechados, porque lo que me interesa como ciudadano británico que vive en Denia desde hace más de veinte años, una jubilación, si perderé mi adosado con jardín o no, que si Iberia no sigue volando a Bilbao a precios insoportables no me importa, de veras, no afecta a mi vida. Y seguro que habrá otra compañía que tomará el relevo, y a los empleados, si no los mismos, si en número parecido.

Me importa una figa lo de los indepes, me tienen harto, aburrido, con las campañas a favor, en contra, de perfil, que lo que me importan son las vidas de aquellos que creen en el tal “pruces” y los que no creen en el tal engendro. Y de eso se dice poco como poco se dice de los intereses espurios tras una y otra postura.

Las páginas de internacional, de lo que ocurre en África, nada o casi nada se dice, a nadie , a ninguno de esos publicistas que antes se llamaban periodistas se les ocurre seguir con detalle lo que está pasando en la República Democrática del Congo, o si quienes mataron a aquel presidente de Naciones Unidas de nombre impronunciable allá por los sesenta del pasado siglo, cuando volaba con su DC6 aquel territorio para evitar la secesión de Katanga, mantienen sus intereses económicos en la zona.

Abrid los telediarios, por favor contando con detalle la historia de Alí Bongo, y los intereses que hay para que siga de la forma en que lo está haciendo. Ningún periodista tras la noticia, nada, todo lo más, opiniones sin fundamento, o en su defecto las notas oficiales de la parte interesada.

Sugiero hacer una búsqueda de esta historia, que ni las novelas de Le Carré superan. De la población local ni palabra, esos son seres prescindibles, sufren , mueren, y ya, nada.

De cuantas niñas han sido secuestradas en Laos, en Thailandia, en Vietnam, para llenar los prostíbulos de Bangkok nadie dice nada, nadie nos cuenta la historia de su familia, ni nos explican si fueron secuestradas o fueron vendidas por sus familias. Claro que la opinión de los dueños de los burdeles bien que se oculta, por no hablar de abrir el “News at nine” tan calvinista él, tan anglosajón él con fotos y entrevistas a los clientes, para que nos cuenten sus historias, sus frustraciones personales, y sus sentimientos después de haber fornicado con una niña o casi niña en el más absoluto de los incógnitos, en ese discreción cobarde.

Pues sí, estoy aburrido, muy aburrido de que nadie me sepa decir las últimas fechorías de corruptos como los Obiang guineanos, (fáciles de entrevistar, que hablan español), o de ese eterno camerounes que aplasta a su pueblo Paul Biya desde ¡1982!, como aquel otro que empezó como rhodesiano, Robertito Mugabe, y acabó como presidente de Zimbawe, entre ¡1980 y 2017!.

¿Nadie puede contarme las historias de corrupción de esos personajes?, seguro que son más divertidas que la mierda de los ERES andaluces, los tres o cinq percent catalanes, o la basura del PP.

¿Quiénes les pagan, a cambio de qué, para qué, cuales son las consecuencias al detalle para la población local?.

La cantidad de entrevistas posibles, la cantidad de historias por contar de la gente que desde el desastre militar de Egipto en el Sinaí, tienen que vivir en el cementerio de El Cairo. Pero es más productivo oír mentir al político occidental desde su escaño, o berrear al populista, siempre desde el punto de vista de nuestra prensa publicitaria.

Sí, me aburre intuir que los efectos de aquellas compañías americanas como la United Fruit Company, felizmente desaparecida, hayan surgido Noriegas, Somozas, y no sé cuántas cosas más que posteriormente mezcladas convenientemente con la coca, hacen que millones de personas deban abandonar sus casas y a la desesperada jugarse la vida en la frontera para vivir en uno de los países más racistas del mundo y conseguir limpiarles la mierda en sus mansiones a los amos del universo de los Estados Unidos de América en el mejor de los casos.

Y pregunto, ¿no hay historias qué contar?. Posiblemente las haya pero no son interesantes para nadie, que la publicidad que servimos al poder hoy va por otros derroteros .

Y luego quieren por ahí que se me quite la cara de acelga.

Con su pan se lo coman

¡Que le pille el toro!

A mi Teresita la tienen de los nervios. Que hay que salir de esa maldita Europa a la que ya derrotaron en Waterloo, pero así no, así no, le dicen sus conmilitones, pero no le dicen cómo.

Porque estas cosas de las separaciones siempre son malas, y cuando hablamos de países son peores, que ahora doña Teresita no se enfrenta a los labour ni a los tories, se enfrenta a unos pocos o a unos muchos, según se vea, de cada lado de las bancadas.

Tremendo, y es que como en los casos de los independentistas que en el mundo han sido, la “transversalidad” del asunto pilla a derechas a izquierdas, a centro y por supuesto a medio pensionistas.

No es que me parta, porque al final la cosa se va a llevar por delante haciendas y quizás vidas, de las últimas, espero que ninguna, en aras de aquello de que en mi escalera quiero mandar yo, como si eso de tu escalera fuera un término aceptable.

Y es que por mucha escritura de propiedad que uno tenga los derechos sobre las cosas no son totales, que siempre hay cosas, letras pequeñas y no sé cuántas mandangas, de forma que sobre tu escalera hay otros derechos que cabalgan a sus lomos y que te son ajenos, como por ejemplo las legislaciones municipales, esas que no te dejan hacer ruido, que no te dejan tirar el orinal por la ventana, por mucho que grites lo de ¡agua va!, o sin ir más lejos echar un par de pisitos más que la niña se nos casa, y el casado, casa quiere.

Estamos en lo de ni jodemos ni se muere padre, y eso que solo se está hablando de un preacuerdo, con lo que ya, de un tratado definitivo ni pensamos.

Los europeos empezamos a estar hasta los pelos de toda esta panda, que como decía Charles de Gaulle, (ese de la plaza estelada en Paris), la cosa no irá nunca bien con los británicos. Nunca serán unos socios leales, siempre buscarán su beneficio a costa de lo que sea, y en el momento que se les pida remar con todos por un proyecto común, hundirán el barco.

A Doña Teresita quieren que le pille el toro, o que se la coma el tigre, que ni siquiera le dejan hacer un segundo referéndum, que esta vez, desde luego les sale lo de quedarse y no les gusta un pelo.

Pero salirse a las bravas tampoco, que les sale muy caro, y van a tener que pagar aranceles hasta las novelas de Conan Doyle, y no hay espíritu que lo aguante.

Como me han dicho de forma seria y reiterada que abandone la cara de acelga que estas cosas me producen, intentaré reirme del asunto, con la dificultad que ello conlleva, ya que cada vez que me aparece en el panorama la cosa británica, no puedo por menos que mirar hacia casa y ver a mis catalanes catalanistas, esos que hicieron que creyésemos que tenían seny, que de sentido común y señorío viene la palabra, y resulta que no.

Que esos indepes, tan transversales ellos como los británicos, también están jugando a la deslealtad, al odio, al caciquismo pueblerino, y arrancando concesiones a todos aquellos gobernantes que en su estulticia creen que hay algo de honestidad en esas gentes.

Al final, que nadie se olvide del origen de las cosas. En el caso del Reino Unido, no fue más que el intento de un tal Cameron de mantener su posición de primer ministro, que la casita adosada de Downing Street, (the ten) como ellos dicen, debe ser muy cómoda.

Que las negativas a todo de los laboristas hoy, no tienen más objetivo que cambiar a Doña Teresita de su adosado en el “ten”, por el tal Jeremy, que no hay más, dejando a un lado al tal Boris que anda a ver si cae algo y pilla cacho.

Y eso es todo, que a partir de esas premisas, se montan los espectáculos mediáticos con mensajes incompletos, con mensajes directamente falsos, bien arropados por esa nueva cultura que se ha implantado de seguir a golpe de “me gusta” de forma ciega al leader.

Y en mi Catalunya, lo mismo, que todo esto empieza porque el Arturet, quería aguantar su despachito con vistas a los naranjos del patio de palacio, que desde allí se decidían muy bien las adjudicaciones de los contratos públicos, y siempre se quedaba entre las uñas ese tres per cent, tan útil para el mantenimiento de “!lo necesario”.

Y punto pelota, que a partir de todas esas necesidades primigenias se va construyendo piedra a piedra cualquier estructura que acabará costando sangre al pueblo. Pero eso no le importa a nadie, que son daños colaterales, que eso es todo, que si te matan al hijo, no debes preocuparte, es un mártir, ponemos su nombre en la lista, y el once de setiembre sacamos pañuelos para enjugar la lagrimita que a buen seguro derramará algún seguidor fanático.

Me gusta, puñito cerrado y dedito arriba. El leader dirá un día que me suicide, como en las sectas esas americanas, que vienen los ángeles a llevarme al Nirvana, o a casa de su puta madre, que es lo mismo, y lo hará cuando esté bien seguro de que le he dado todo mi patrimonio, cuando se haya cansado de abusar de todas las mujeres que le siguen, cuando, en fin, el seguidor sea solo una carga.

Estos líderes se me antoja que están más cerca de la presunción de culpabilidad miserable que de otra cosa, y deberíamos poder defendernos de ellos, pero en cuatro años se puede hacer mucho daño, se pueden lavar muchos cerebros, se puede robar a manos llenas, si es el caso.

Así, que por el momento, la cara de acelga que se me ha puesto, ahí se queda, no me apetece cambiarla, y es que el entorno en el que nos movemos me hace sentir de esa guisa.

Y antes de cerrar esta bitácora de hoy, añadiré que los modales de patán que Tito Trump nos enseña desde la Gran América, no me animan a cambiarla, como a los empleados públicos a los que ha dejado sin trabajo.

Total, daños colaterales.

¡Vaya pandilla!

 

Cara de acelga

Me dice un amigo que últimamente me ve muy cabreado, y que no lo entiende, que parece que las cosas me van bien, que en fin, que el mundo, sin ser de color de rosa, tampoco es para tanto.

Posiblemente lleve razón en las dos cosas, pero mi percepción de la segunda es la que mantiene cierto rictus de cabreo en mi semblante de natural sonriente.

Podríamos empezar por el entorno español, y no por la alta política, sino por aquellas cosas que afectan al común de los mortales en sociedades supuestamente ricas, como la española.

Tenemos, gracias a las grandes decisiones de los políticos a demasiados trabajadores, (de los que no consiguen trabajar ya ni hablamos), que están en el umbral de la pobreza, no pudiendo afrontar los gastos mínimos de supervivencia.

Sugiero entrar en cualquier portal de esos inmobiliarios, y tratar de encontrar un piso en los cinturones industriales de la Comunidad de Madrid, con precios por debajo de los ocho euros por metro cuadrado, es decir por menos de 600 o 700 euros. Si lo encuentran y está para vivir y sin trampas, me avisen, por favor.

Difícil pagar menos de cincuenta euros por los servicios de telefonía o internet, y elementos tan indispensables como luz y agua, fácilmente se te van a llevar otro tanto.

Claro que hay que ir a trabajar, y eso son otros cincuenta y pico del abono, que puede subir más si te pillan varias zonas de por medio. De coche no hablamos, ¡faltaría más!.

Se te acaba de ir a la mierda el salario mínimo, ese de los novecientos euros que parece está sacando adelante el gobierno, y aún no has comido, tú que estás solo, así que cosas como montar una familia, suenan a ciencia ficción, que la parienta va a llegar con un déficit como el tuyo, en el mejor de los casos.

Y como el nivel de los mensajes sinestros que recibimos insiste en que hay que ampliar la base de población joven, esa que ha de ponerse a trabajar, para así poder mantener los servicios sociales, las pensiones y todas esas cosas, hay que animar a la fábrica local de producción de infantes a incrementar resultados, tres por señora, o tres por pareja, que lo que importa es el tres.

Pero no hay forma, y no la hay desde hace demasiado tiempo, de uno y poco de media no pasamos ni de broma.

Pero, claro, frente a este suicidio social no estamos dispuestos a importar seres humanos que necesitan salir de las situaciones terribles que enfrentan en sus países de origen, qué va, ponemos barreras, concertinas, muros, no sé cuántas cosas más a cuenta de cualquier miedo que los hideputa de turno consideren adecuados insflarnos para levantar esas barreras.

Quizás habría que dar la razón a los vecinos de El Ejido, y echar a todos los emigrantes que trabajan en sus invernaderos en condiciones infrahumanas a sus países de origen, y consecuentemente cerrar el pueblo, que no los veo a ellos deslomándose en los invernaderos. No gusta pagar el precio de convivir con trabajadores pobres, fruto del abuso de sus patrones, es decir de ustedes mismos. Con su vox se lo coman.

Sí, me cabrea que solo seamos capaces de defender nuestra sociedad, por otra parte decididamente abocada a la desaparición, con muros, barreras, odios y discriminación a lo diferente mientras se nos llena la boca de llamadas a la democracia y a no sé cuántas mandangas más, que parece el tal concepto se aplica solo a nuestra comunidad de vecinos, menos al del tercero izquierda que es negro, al del bajo D que es gitano, y a la familia de chinos del ático. ¡Que se vayan a su tierra a chupar del presupuesto de su pueblo!.

En este mundo en el que parece que todo es global, no parece que estemos dispuestos a aceptar la globalidad del ser humano. Ese no es global, es local, y en su camino vital solo encontrará dificultades para avanzar fruto del miedo y del odio infundado, alimentado solo por intereses espurios.

Si se han dado ustedes cuenta, aquel término de “Aldea global”, que de forma harto näif se acuñó hace unos años parece que ya no es políticamente correcto. Y es que sensu estricto podría afectar a las soberanías de los países, podría afectar ¡ahí le duele!, a que en el pasaporte de todos, de absolutamente todos los seres humanos, figurase en “nacionalidad” el terrorífico concepto de “La Aldea Global”.

Nos encanta sacrificar seres humanos, es lo que mejor hacemos, que nos sale la ministra de la cosa, y nos dice que para alcanzar una prestación por jubilación deberíamos cotizar treinta y cinco años, y dejar el trabajo pasando a emérito a los sesenta y ocho, a los setenta, ¡Yo qué sé!.

Dígaselo, señora ministra, por favor, a todas aquellas compañías que no contratan a mayores de cincuenta (el Estado incluído), a todas aquellas que ponen en la calle a los que han cumplido esa edad, a los que juegan con vidas y esperanzas, uno a uno, cara a cara, o en caso contrario resuelva el dilema a la mayor brevedad, que dinero hay, lo sabemos todos, y usted como nadie.

Deje, por favor de asustar a la gente a lomos de la incompetencia suya y de los de su clase, de los de su casta, y cuadre el círculo o marche a su casa, sin salario, sin pensión, como quiere usted dejar a sus conciudadanos.

Sí, estoy cabreado, y no quiero utilizar lo de indignado, que no se me confunda, con ese cabreo hispano, profundo, fruto de generaciones soportando gobernantes inútiles en el mejor de los casos, y rufianes en el peor de ellos.

Mi amigo lleva razón, se me ve tenso, y al abrir los informativos y ver soldados casi niños destripados, ver las cloacas en las que reina, o reinaba ese ex policía, perejil de todas las salsas, ver las posibles implicaciones de las cúpulas directivas de la gran banca por mantener su poltrona, e insistir de nuevo en esa aparente corrupción que hasta la universidad ha llegado, me agría el gesto.

Y todo eso sin hablar ni de Venezuela ni de mi Catalunya.

Ya llegará

 

La cuesta

Ya han pasado las saturnales, y lo que nos queda, apenas, es contemplar los restos del naufragio. Restos, por otra parte que piensan recoger, a poco que nos descuidemos las rebajas de enero, el roscón de reyes, y su pastelera madre.

Es una pena como queda uno, hecho unos zorros, deshilachado, con los hepatocitos negociando una tregua, apoyándose en una muy visible bandera blanca, y con menos guita en los bolsillos que el Rodolfo de la Bohème. Cosas veredes Sancho…

Y por si todo esto fuera poco, ya nos están amenazando con eso del día de los enamorados, que a más de uno le va a costar una cenita romántica y un pedazo de oro, o mucho peor, uno de esos mejores amigos de las mujeres, que nos recordaba la inefable Marilyn Monroe en alguna de sus inolvidables películas de cuyo título no me acuerdo, ni falta que hace.

No hacemos carrera, ni de broma, y como el tiempo va pasando, la crueldad de la vida se te asoma a la que te descuidas, que uno se cree Richard Gere, y no llega a Mario Moreno, ¿qué le vamos a hacer?.

Y es que andaba el otro día en el autobús, en el metro, en el tren ¡¿Yo qué coño sé!?, mirando de reojo el escote de una veinteañera de buen ver, bien parapetado tras mis gafas de sol, como cumple, y de pronto la muchacha levanta la mirada de su espejito negro, y con su mejor sonrisa se dirige a mí:

  • Señor, tome usted mi asiento.

El mundo se le viene a uno encima, que debería ser yo el que anduviese cediendo el sitio a las personas de edad, y va la mocosa esta, y de repente me recuerda una de esas realidades que intentamos, al menos yo, dejar para mañana.

Claro que mi venganza fue terrible, que para eso ya voy teniendo más conchas que los galápagos ecuatorianos:

  • Muchas gracias, “SEÑORA”, le espeté, las damas son las que deben ocupar los asientos, y jamás aceptaría ocupar su puesto.

Y a otra cosa, que recuerdo la primera vez que me llamaron señor, obviando lo de chico, muchacho, chaval, colega incluso, también me lleve una buena impresión, y dosis terribles de meditación posterior.

Reconozco que me porté como un cabrón, y siento, que esa ya, “SEÑORA” para el resto de su vida no va a volver a ceder a nadie su asiento, vaya donde vaya. Pero es que hay cosas, en fin.

Como siempre hay que aprender de los mayores, y recuerdo a mi madre cuando se vio en esa misma tesitura, decidió no volverse a teñir sus canas, y disfrutar de la buena educación ajena.

Mala cosa la mía, que aún me creo un rompecorazones, y voy más a Vittorio de Sica o a Charles Boyer, que al Delon o al Belmondo de los sesenta, y es que la vida anda de esas formas, nos pongamos como nos pongamos.

Y si habéis llegado hasta aquí en vuestra lectura, os habréis dado cuenta del hecho que actué como un viejo verde en eso de asomarme a escotes en donde nada se me había perdido, aunque la cosa pasase desapercibida, ¡Deo gratias!, y que las referencias que hago a terceras personas son todas ya dignísimos cadáveres, o provectos ancianos, así que algo de agua debe llevar el río.

Que me pongo a pensar en la farándula, y menos Penélope, que anda por la mitad de su cuarentena, todo lo que se me viene al coleto son mitos sesentones, por lo menos, la Pfeiffer, doña Basinger, Jessica Lange….y hasta aquella rubia que le cruzaba las piernas al poli gordito de L.A., la inolvidable Sharon Stone.

Y es que la “Señora” que me intentó ceder el sitio, a lo mejor llevaba razón, y yo, animal de bellota que soy, en vez de coger el canasto de las chufas, debería haber sonreído, y aceptado el gesto de la gentil dama.

Pero eso como aditivo de la cuesta de enero me superó, lo reconozco, y dejé a la buena muchacha de vuelta a su espejo negro, rompiéndose los pulgares enviando mensajes a sus Chuchitos, eso sí estirándome como un viejo coronel, cuando debía haberlo hecho como un teniente del aire.

Pero la vida es así, y nosotros “asá”, y así nos va, que al menos yo, no aprendo ni siquiera a caballo de los preceptivos buenos propósitos qua acompañan a la tal cuesta de enero. Será que lo de genio y figura hasta la sepultura es más cierto de lo que me podría creer.

Con lo que visto lo visto, no pienso, ni por un momento hacer buenos propósitos con esto del nuevo año, total….con lo que seguiré con mis cosas, o no, que seguir con ellas ya es un propósito. Dejaremos al destino que nos guíe, aceptaremos lo que nos llegue, si conviene, y prometo sentarme sea quien sea quien me ceda el asiento.

Por lo demás, seguiré sentado a mirar qué es lo que pasa por delante, como casi siempre he hecho, que no tengo necesidad de enfrentarme a nada ni a nadie por una nadería, que los de mi generación empiezan a sentir como se nos ensancha la manga, y como las cosas cada vez tienen menos transcendencia, que al final no sabemos ni por qué mataron a Cánovas, ni a Kennedy, y la verdad es que no son nuestras guerras, como no lo es que el tal Jeff Bezos se separe de su santa. Ellos sabrán.

Y me dicen que está haciendo frío, y a lo mejor es verdad, pero, tampoco es que importe demasiado, quizás al Señor Gore por aquello de sus campañas contra el calentamiento, ese que sin ser verdad ni mentira, ya me tiene caliente. Tomaremos unas buenas sopas de ajo calentitas, y a la cama prontito, que mañana no hay (tampoco) que madrugar.

Con su pan se lo coman

Merry Christmas to you

Quisiera recordar que fue el otro día cuando, casi sin querer le agradecí a esos de las plataformas de distribución de regalos su impagable decisión de no incluir villancicos en sus páginas, o en las cajitas donde te viene el tornillo que te falta o el regalito para Chuchita.

Impagable, impagable de veras, y si por alguien lo siento, como llevo sintiéndolo desde que me conozco, es por los dependientes de las tiendas en Navidad, que tienen que soportar esa tortura ocho o diez horas diarias, si quieren trabajar.

Los chicos de márketing son así, que sufran otros sus decisiones, que en el despacho no se escuchan los peces en el río, ni las marimorenas, eso son para los de plantas de ventas.

Los de Seguridad laboral, callados, como viejos zorros que son, no sea que pierdan algún privilegio, o vaya usted a saber qué.

Yo este año me libro de la dosis que habían preparado para mí, he preferido soslayar la experiencia, que no es lo mismo comprar al son de los villancicos de la tuna de Salamanca, por un decir, que escuchando a Rubinstein acariciando los Nocturnos del polaco.

Y hablando de estos días, alguien, en alguno de esos programas de radio que escucho de vez en cuando, dice que es una pena el hecho de que las entrañables fiestas se hayan infectado de las costumbres de los gringos.

Bueno, si se empeñan, pero como otro de los contertulios apuntaba, y yo le sigo en el argumento, veo que lo que aquí consideramos tradiciones, poco o nada tienen de yanquis.

El árbol es alemán, Papá Nöel escandinavo, (acepto como única contaminación el cambio de color del uniforme, de verde original a rojo Coca-Cola), los belenes italianos, los villancicos españoles, y aunque cada vez conozco a menos gente que lo haga, las misas del gallo, poco tienen de gringo.

Allí, los cuñados se hostian en Acción de Gracia, cosa que aquí dejamos para mañana, que es Navidad, y los gringos, para el viernes negro ese, ya tienen el pescado vendido.

Por estos lares, a la que te descuidas los niños no ven los juguetes hasta que no llegan los Reyes Magos, la Beffana, aunque los afrancesados, los germanófilos y otras gentes de mal vivir, llenan los abetos iluminados la noche del veinticuatro a lomos de San Nicolás, Santa Klaus, o directamente Papá Nöel.

No olvidaré la tradición de mi tierra del Tió, que siempre me ha parecido entrañable, y muy adecuada para las zonas rurales de mi Catalunya. Pero no me voy a poner melancólico, que en casa nunca hubo tió, ni falta que hacía. Los urbanitas tenemos esas cosas, que siempre ha parecido que mirábamos por encima del hombro a los payeses de las masías…..pero de eso ya hablaremos otro día.

De niño, estaba siempre con unas ganas locas de que el Dictador nos cambiase por decreto las fechas, de forma que el veinticinco de diciembre viniesen los Reyes, y el seis de enero dejar a los mayores con su Navidad.

Todas la vacaciones jugando con los juguetes del año pasado, y encima soportar a los padres amenazando a cada travesura de que ¡Cómo sigas así no te van a traer nada los Reyes!.

Y acababas acojonado, y frustrado con tanta amenaza y chantaje, que quince días de vacaciones daban mucho de si para que los Reyes, que sabían que eras un cabroncete de tomo y lomo, dejasen como mucho algo de carbón en los zapatos.

Un sin vivir, nada yanqui, por cierto, como nada yanqui son esos mercadillos navideños que se extienden por mi vieja Europa, y que últimamente han servido como escenario de venganzas o campo de guerra.

Nos dedicaremos a plasmar de mil formas diferentes esos deseos, que seguramente son sinceros, de paz de dinero, de seguridad en el futuro, de amor incluso, que se olvidan en tan poco tiempo, pero que la sociedad de alguna manera nos obliga a realizar.

La amenaza, bien anglosajona nos la cuenta Dickens en las carnes de Ebenezer Scrooge, que como un don Juan casto tiene la amenaza del espíritu (navideño en este caso, que los comendadores son muy ibéricos), ve pasar su entierro, y, cosa rara en un anglosajón, le permiten aquello de que un punto de contrición da un alma a la salvación.

Mis amigos africanos se acostarán hoy sin saber dónde coño está Bongo, don Alí, y con una masacre en el norte de Nigeria, que no es Navidad para todo el mundo, y nadie ni de esos ultracatólicos de los gobernantes italianos, ni de esos que se envuelven en la Libertè, egalité y fraternitè, son capaces de abrir sus brazos a los que navegan en el “Open arms”, hasta se nos cabrea el alcalde de Algeciras, me han dicho.

Paz y amor, que el Tito Trump deja a los gringos sin Administración, que quiere un muro bien alto para que nadie cruce la puerta. Todo un ejemplo de amor navideño. Mantengamos limpio el barrio.

Por lo demás, a lo mejor, si oigo los mensajes esos de amor que alguien soltará, me pongo la chaqueta de Pérez Reverte y mando a más de uno a que se queme el carajo, y deje de mandarnos mensajes de amorcito y cariñito con una mano, y ejercer el odio y la xenofobia con la otra.

No quiero pensar en el próximo año de mierda que nos dicen se aproxima, y es que sin salir de la crisis, nos están metiendo en na nueva recesión. No sé si quedan gentes inocente a quien robar y pero seguro que en el próximo ciclo que nos anuncian, volveremos a ver lágrimas caer como puños de ojos inocentes.

Por lo demás, que me toquen el wiwisyu.

Hasta luego

 

 

 

Pasando el tiempo

Compre, compre, compre que es la Nochebuena, que mañana es Navidad y al otro también.

Con estas cosas de la política, qué quieren ustedes que les diga, tengo las compras un poco olvidadas, y en Amazón por lo menos no te cantan villancicos al son de botellas de anís del Mono, con lo que el deseo de la compra compulsiva está digamos reprimido.

El bolsillo lo agradece, que la bolsa no está para farolillos, y los presupuestos sin el tal rally de Navidad andan tocados, aquí y en Sebastopol.

Pero mi hígado y yo intentaremos pasar el trance con la mayor dignidad posible, en honor, claro, de Saturno, ese padre tragón, que no sea cosa de que nos vea cara de besugo a la espalda, de cordero lechal o de cochinillo de los de Cándido. (Lo siento Señor Duque, pero Cándido es Cándido).

Y nos dedicaremos a esos intercambios de regalos que las saturnales aparejan desde los albores de los tiempos.

Me dicen que en mi pueblo andan revueltos. Habrá que verlo, y es que con lo de la Independencia, ese fracaso que viene por lo menos desde los tiempos del Conde Duque de Olivares, me dicen que los segadores, disfrazados de Cuperos, de Comites para la Defensa de la República, quieren liarla otra vez, y me temo que les van a dar hasta en el carnet de identidad. Casi cuatro siglos fracasando es mucho tiempo fracasando para tomar el asunto en serio. Allá ellos y quienes se lo permiten.

Yo ahora ando en lo mío, que me dicen los que saben que a los curritos les van a subir el salario mínimo, y a las empresas las cotizaciones de la Seguridad Social. A los pensionistas solo con que no se empobrezcan año tras año, ya nos vale, aunque dicen que ni eso.

Nos empeñamos todos en que los ricos reales, esos que siendo el uno por ciento de la población mundial….bla bla bla, que me repito más que el abuelo cebolleta, lo sean poco a poco un poco más cada día.

Que le quitan lo del Obama Care a los pobres de Estados Unidos. Que se mueran si se ponen enfermos y no tienen pasta, que la salud de los ciudadanos no es un derecho por aquellas tierras, mucho menos poner a disposición de todo el mundo la mejor sanidad disponible. Dicen los muy, muy ricos, que no quieren pagar para que el negrata del Bronx o el parado de Detroit, no se muera de una cardiopatía, pudiendo recibir un corazón nuevo. Son vidas prescindibles, y pagar por eso puede ser solidario, pero va en contra de la cuenta de resultados.

La enfermedad es una de las primeras causas de ruina familiar en Estados Unidos y en tantos y tantos países que copian su sistema. Ellos sabrán.

Mi amigo, el catedrático Jean Monet, me envía sus trabajos acerca de la salida del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Ejerce de comentarista político desde el sitial de su conocimiento técnico del asunto, y colgaré si me acuerdo unos enlaces con sus trabajos al final de mi bitácora de hoy. Bueno es conocer la opinión de los que saben, que la mía es visceral, poco reflexiva, basada solo en el conocimiento de la sociedad británica que me ha dado el hecho de trabajar con ellos durante varias décadas.( Que no lo cuelgo, buscad en Diariocritico.com al Profesor Dr. D. Rogelio Pérez Bustamante, que allí está todo).

Y es que no se les ha olvidado que dominaron el mundo, y les cabrea sobremanera que les digan ahora cómo hacer las cosas en los territorios que usurparon por la fuerza en su momento. La señora May no hace más que tragar sapos, uno detrás de otro, en casa y fuera de casa, y con ese acento vulgar con el que nos saluda desde sus engoladas tribunas nos va transmitiendo la frustración de su orgullo no ya herido, pisoteado diría yo.

Pero a mí me importa muy poco, que entre los británicos secesionistas, los ultraderechistas austríacos, franceses, y ahora por estos nuestros solares patrios, y los populistas que recogen los restos del comunismo, tengo la solución colmada, que una gota más de esos   ingredientes, y empieza a llenarse el vaso de precipitados de cristales de mecagüen, y no está bien, que ya no tengo edad para esas cosas.

Así, que arrancaremos de nuevo con la mejor de mis sonrisas la semana, ¡qué digo! la quincena de las saturnales, con el ánimo de sobrevivir con dignidad.

Intentaré evitar esos cuentecitos moralizantes de Mr. Dickens y su Mr. Scrooge y el “Dulce Navidad” de aquel crooner que fue Andy Williams, a caballo de esas nuevas plataformas televisivas en las que puedes disfrutar de la violencia cibernética del Far West, o de la violencia con culos al aire de esos juegos de tronos que no se acaban nunca.

Y si eso no funciona me dicen los de Babelia que me lea algo que se llama Ordesa. Pues lo haré, aunque no conozca al autor ni de qué coño va el libro. Así que si alguno de ustedes lo tiene en formato ePub me pase el enlace, que la ventaja del electrónico es que dejas el libro a tu amiguete y no tienes que cabrearte porque no te lo devuelva.

En definitiva, seguiré mientras el cuerpo aguante por el sendero de desheredado de la historia, que es el grupo en el que me ha tocado caminar, el de seres que se han esforzado mucho para obtener magros beneficios.

Y espero que todos ustedes pasen el trance con al menos la misma dignidad con el que espero pasarlo yo, que no pienso pasarles la felicitación de pascuas como hacían el Vigilante, el Sereno, el Cartero, el Barrendero, el….. que la vida digital nos ha quitado a cambio de Amazón y el chip sueco en la mano, miríadas de cosas entrañables, como el coche de caballos que nos quitó el coche y el tren, o la carta a los Reyes Magos que llevábamos a Galerías Preciados.

Sea todo en honor y gloria al progreso que nos empobrece uno a uno, día tras día,

Buenas noches y buena suerte.