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Y yo, ¿ qué sé?

A veces nos empeñamos en afirmar que no pasa nada, y quizás sea cierto, que por lo que veo, en este valle de lágrimas, se trata de “hablar de mi libro” como Don Marianico nos recordó con toda su retranca el otro día junto al tomo de sus memorias.

Así, que debemos todos tener la sensación de que sí, de que las cosas están pasando, una detrás de otra, y que todas nos afectan de forma directa, en primera persona del presente de indicativo.

Parece que si me empichan al Tito Trump, mi vida se tambalea, si los nietísimos de Su Graciosa se encabritan, mis carnes deben ablandarse…

Y así una tras otra, con esa lista interminable que hoy empieza por Torra, y acaba con el Vp. del Gobierno viéndose a escondidas con el enviado de Maduro, y mañana acabará con el arrebato a los cielos en un carro de fuego de los Comín y Puigdemont…..

Y a mí ¿qué?, a mí ¿qué cojones me importa?, vamos lo mismo que si se le pone la cara larga al seguidor del “Pupas” porque la Cultural…. Mantener estas tesis puede que te haga nadar contra corriente, que piensen los que te rodean, (de los que por cierto pocos importan algo), que eres un cafre cavernícola, o un pollo con vocación de santón estilita, que por cierto su razón tendrían.

Lo malo es que sí pasa, y mucho, pero de eso no nos enteramos, ya que de su conocimiento podría derivarse un beneficio personal, y eso, ¡ay, amigos! no está al alcance de los mortales.

Ya me gustaría tener las informaciones que de verdad me atañen, como el ser la mosca en la pared de las discusiones de consejo de dirección de las grandes compañías del mundo, o de los entresijos en caliente de lo que andan peleando los chinos y los yanquis.

Si haría unos dineros con eso, ¡vaya si los haría!, pero es mejor que me sienta cautivado por el color del pelo de la cantante de moda, o de las broncas conyugales de Menganita o Zutanita, que como todo el mundo sabe, es la versión femenina del intento de fichaje del futbolista ese, que al final parece que compra un partido por un plato de lentejas.

A todo esto, y a caballo de telediarios, de tertulias cultas en Telecinco, de discusiones cuasi tabernarias sobre los logros de Zidane o las penas de Valverde, se nos va pasando la vida sin que de ninguna manera podamos tener la más mínima oportunidad de saber realmente que es lo que está pasando a nuestro alrededor, de cuáles son los contubernios en los que de verdad se decide qué es lo que va a pasar con nosotros, por qué y si es posible a qué hora.

He pensado en preguntar a San Google, que me dicen ya sabe de nosotros mismos, más que la madre que nos parió, y por supuesto más que nosotros, que somos todos unos haraganes de mucho cuidado, que con ese afán de estar informados, nos sabemos de memoria la lista de fichajes de invierno del Muy Respetable Club de Fútbol Real Celta de Vigo, y la de los novios de Doña Chenoa, pero ni idea de cuándo van a subirnos la factura del gas o qué está pensando en hacer nuestro gobierno para quitarnos por la puerta de atrás dinero subiendo no sé qué impuesto, y quitando no sé qué servicio/derecho.

Y es que no sé qué pinta el político de turno sobrevolando las zonas devastadas por el temporal. ¡Cómo si no hubiera suficientes funcionarios para cuantificar los daños!.

Pero queda muy chulo salir en el telediario con cara de solidaridad, hacer promesas, y ciscarse en ellas, que hasta dentro de tres años nadie va a ver un duro.

Pues no, no me importa nada esa noticia, que lo que me importa, si vivo allí, son las soluciones para resolver mis necesidades de forma inmediata, y si no es ese mi caso, saber que se está liando parda, para aplazar así mi viaje, y no transformarme en parte del problema.

Se imaginan ustedes un telediario que empezase por transmitir en directo el consejo de administración de una compañía eléctrica, o la reunión matinal de directivos de Apple, Google o Amazón….bueno, de Inditex también.

¿Se imaginan ustedes lo que sería, de verdad, estar informados de aquello que pueda afectarnos, de las ideas que aquel directivo está colocando en el consejo de su empresa, para saber más de nosotros, o de cómo manejar la información ya en sus manos?.

¿Se imaginan ustedes lo que sería que las agencias de información de los ejércitos de los países nos dijeran lo que saben de nosotros, y sobre todo cómo piensan utilizarlo y para qué?. ¿Qué se habrá hablado en las suites de Davos, o paseando por los campos nevados de los Alpes?.

Ahí posiblemente está el meollo de la información, no en la distorsión que llega a las ruedas de prensa, y que no sirven más que para manipular al que además, como yo, le presta poca atención. Cierto que después se apostilla el asunto con los artículos de fondo de la segunda del ABC. Pobre consuelo.

Es evidente que las grandes preguntas que me dicen se hace el ser humano, no tienen respuesta, los famosos de dónde venimos, a donde vamos, quiénes somos, cuál es nuestro papel por estos lares…

. Pero las de segunda fila, tampoco tienen respuesta, ¿Qué saben de mí?, ¿Quién lo saber? ¿Para qué lo usa? ¿Quién me quita lo que es mío? ¿Por qué lo hace?, ¿Cómo llego a fin de mes?, ¿Cómo alimento a mis hijos? ¿Quién decide por mí?.

Y no es ponerme conspiranoico, pero me temo que hay demasiadas cosas que me/nos interesan a los seres humanos, y se nos oculta de forma consciente, siempre con el motivo de no alarmarnos. ¡Coño si el alarmarme es el sistema de autodefensa con el que me ha dotado la naturaleza!.

No sé si alguna vez nos será concedida la gracia del conocimiento de aquello que ocurre en nuestro entorno, creo que no, de forma que estaremos desvalidos en nuestra protegida cárcel de cristal oscuro. ¡Voy a poner los informativos!

Un despiste

Es posible que no lo sepáis, pero soy de natural despistado, que si fuera uno de esos sabios que la caricatura adjetiva así, se entendería, pero no, que me falta lo de sabio.

Y en esas condiciones uno se transforma en viejo chocho, es decir despistado no por andar en un mundo de sabiduría, analizando los ángulos epistemológicos de la cosa, (la que sea), sino porque el mundo en el que anda uno no está demasiado poblado de temas trascendentes y pasa lo que pasa.

Cada vez me voy dando cuenta con más frecuencia del hecho de que se me traspapelan las ideas, que si he quedado un martes, resulta que caigo el miércoles en que la cita era el lunes, y a lo mejor hasta me estoy equivocando a la hora de comprar el número de lotería que he soñado, que o descoloco los números, o descoloco el sorteo.

Cosas del diablo, o de la edad. Y es que en esa vorágine uno ve a los de la generación triunfante que ahora anda en política, tras haber defenestrado a los viejos dinosaurios, (más jóvenes que yo en cualquier caso), y echa uno de menos al tal Tardá, al cual Más, incluso al cuyo Rajoy, o al quien Rubalcaba.

Que veo lo que las nuevas generaciones nos han traído, a lomos de pericos, rufianes, y malcasados, y no le llega a uno a tentarse la ropa.

Que a lo mejor, lo que pasa es que ya uno no habla ese lenguaje, cosas de la edad, o que a uno se le olvida lo que te quieren vender por la tele o la radio a la hora de la siesta, y solo se le queda a uno el grito que pegan, en el mejor estilo de las tertulias cultas de la cinco.

No lo sé, que a lomos de las incongruencias que genera mi cerebro, inducidas o no por esa caterva de paniaguados, uno empieza a pensar que es mejor olvidar, o confundir las cosas, que para que me las confundan estos pavos, me confundo yo a mi mismo, que es más cómodo, creo.

Estoy cansado de escuchar en boca de la misma persona aseveraciones definitivas de una cosa y de su contraria, bien que enmascaradas por los toques que la inmediatez ha traído a nuestra convivencia a lomos de las redes sociales, de la tecnología y del servicio del tal Bezos, o del gallego Ortega.

Que si no llega en dos horas lo pido a Alibaba. Por lo menos en el caso del tal chino, pone el nombre de un ladrón a su empresa, que antes que nada y por el buen nombre del negocio, no engañar ni en el título, que aunque el tal Alibaba, nace pobre y leñador, va convirtiéndose en el más aventajado ladrón.

Por eso no lo entiendo, que jamás compraría a alguien así, pero el mundo lo hace. Y no sé si por no conocer la historia recogida en las Mil y una Noches, o por escondidas razones que a mí se me escapan. Ya no sé de qué estaba hablando cuando empecé con toda esta historia bitacorera, y andar de escalada al inicio de la página se me hace arduo, pero sí, que la cosa va de que estoy hecho un lío, y que las motivaciones que me llegan desde afuera no son suficientes para darles mi atención, muy a pesar mío, y en ese dilema tiendo a meterme en la concha molusquera o buscar algo de luz en el hoyo del avestruz australiana.

Y no es aburrimiento, que en mi cueva encuentro montañas de estímulos, estímulos que han estado durante años esperando su turno para ir aflorando, y que no quiero dejar sin atender antes de pasar al Oriente Eterno, que por allí me dicen que te examinan, y que si no apruebas te sacuden de veras.

Y vistas las cosas, no sé si darle de nuevo al Buscón Don Pablos, a Lázaro de Tormes, al Guzmán de Alfarache, o a Rinconete y Cortadillo. Eso sí, sin salir de la picaresca que ha reinado siempre en este país de ricos, donde los ciudadanos son pobres.

Ya ven vuesas mercedes, cuán lejos estoy de acercarme a la Ilustración que quiso traernos Carlos III y que acabó aburriéndole, o de los jeribeques colgados de los sesudos filósofos del Norte frío, que se me hacen imposibles de entender.

Por eso, a lo mejor no soy capaz de entender los mensajes que me lanzan esos nuevos políticos de lo inmediato, y tiendo a confundir el mensaje, por no marear, mayormente, a mis neuronas, o a mi neurona, que ya no sé si reina la soledad en ese reino cubierto por mi boina de Elósegui.

Y de paso, me dirijo al refugio que consiste en olvidarme de casi todo, porque al final resulta que lo único que me interesa es lo que concierne al ser humano, y eso me aleja de los foros en los que se dirime el quién ostenta el poder, y quién se hace con el dinero.

Pero como todo tiene ese efecto colateral, que tan bien les viene a los adoradores de la violencia, mi efecto colateral quizás sea lo de olvidar alguna cita, o no querer recordar por qué página del último libro andaban mis ojos paseando.

Y de verdad, no me apetece comer rabos de pasas, que como estoy, estoy más que bien, ¿qué queréis que os diga?, y si Trump ha dicho otra burrada, pues la olvido, si a su Graciosa Majestad se le levantan los nietos, pues ya lo siento.

Que son otras las cosas en las que quiero estar, y seguro que más de uno me comprende, cuando digo aquello, al mejor estilo de Diógenes:

-Por favor, Alejandro, majo, échate a un lado que me quitas el sol. Así que la vajilla de fino oro labrada, sea de quién la mar no teme airada.

Decía algo?

IL “FU” ES QUIEN DECIDE*

 Asistí hace unos días a una conversación entre dos personas de la que aún no me he repuesto, no tanto por lo insólito de la historia, sino por la naturalidad con la que se narró y se aceptó por el oyente. Diremos entonces que contesció en un país del ecuador africano que una mujer joven, digamos que de unos sesenta años falleció por causas naturales, quizás con algo de ayuda por parte de la ineficacia médica que en esa parte del continente caracteriza a las instituciones sanitarias.

Nada especial en el hecho del fallecimiento, algo cotidiano, que es ley de vida y estamos todos obligados a pasar por el trance, incluso tenemos derecho de expresar a nuestros allegados algunos deseos íntimos que deben ser ellos quienes los lleven a cabo, cuando nosotros hayamos realizado el tránsito.

Y es debido conocer que esta señora, tenía sus deseos, expresados claramente a sus familiares y amigos en vida, y que por otra parte no eran nada difícil de cumplir.

Estos eran que deseaba reposar junto a su marido, que ya había fallecido y junto a un chico que sin ser su hijo biológico había querido como a tal, y que también, por desgracia, había fallecido en vida de esta dama.

La familia tenía los medios necesarios para llevar a cabo la voluntad de la difunta, y de hecho, era la opción más razonable, dado que el fallecimiento tuvo lugar en la localidad donde estaban enterrados sus seres queridos.

Para entender el contexto de todo este asunto, hay que conocer algunas de las costumbres locales relativas al rito funerario, que aunque no son demasiado alejadas de nuestra cultura, significan algunas diferencias que en este caso fueron significativas. Y es que cuando una persona fallece, la familia debe despedirse del “FU”, y ello conlleva desplazamientos que sin ser muchas veces excesivos en distancia si lo son en tiempo y en dinero, ya que la familia del “FU” debe correr con los gastos provocados por las miríadas (es una exageración), de familiares y allegados que desean despedirse.

Además, como hasta que no se han despedido todos, no está bien proceder a la inhumación, puede alargarse el funeral varios días, quizás hasta casi dos semanas. En este caso, al parecer, la mayoría de la familia vivía a una distancia considerable y se consideró como solución más razonable, trasladar los restos a la localidad de procedencia del grupo familiar, a unos setecientos kilómetros del lugar del fallecimiento, y del sitio en que la difunta, “IL FU”, quería ser inhumada.

Subieron pues el féretro al tren, junto con otros seis o siete féretros de otras personas que iban a ser enterradas en la localidad de origen de la familia, y donde les esperaban para el funeral.

Quiero también indicar, que en esta parte de la tierra, los funerales y las bodas son ocasiones en las que el clan se junta, se dirimen casi siempre de forma positiva, viejos pleitos, se perdonan muchas ofensas, (las perdonables diría yo), y la fiesta es algo consustancial, de forma que se alarga el proceso un tiempo más que razonable.

De hecho, y a lo mejor no les falta razón, sienten cierta pena por nosotros dada la forma en que nos despedimos de los nuestros cuando se van. Piensan que nos los quitamos de encima, y a lo mejor no están demasiado equivocados.

Pero esa es otra historia. Tenemos a nuestra amiga en el tren, alejándose del sitio en el que deseaba ser enterrada, y a no muchos kilómetros de la salida, un descarrilamiento de otro tren, bloqueó las vías, de forma que era imposible proseguir el viaje.

Tampoco es muy extraño ese tipo de accidentes en esa ruta, que el mantenimiento de las instalaciones no es el más avanzado, de forma que se decide bajar los féretros introducirlos en furgones funerarios para proseguir viaje, esta vez por vía aérea. Pero cuando van a cargar el féretro de esta dama, resulta imposible hacerlo, que entre seis fornidos muchachos no podían moverla para subirla al furgón. En ese momento, la hermana de la difunta, se acerca al ataúd y dirigiéndose a la finada, le dice

-No te pongas en ese plan, si no te quieres mover, no pasa nada, yo me quedo aquí contigo, y te enterrarán por esta zona, que no es lo que tú querías, pero es lo que va a pasar, así que se razonable.

Dicho y hecho, un solo hombre pudo subir al furgón, con toda facilidad el féretro, y se dirigieron al aeropuerto. Se pudo cargar el ataúd en el avión, pero cuando fue a despegar tuvo un fallo mecánico que impidió la salida. Hubo que bajar los féretros, y esperar otro avión, y buscar,  por supuesto zonas de almacenamiento refrigeradas, que los más de treinta grados y los noventa por ciento de humedad no son las condiciones idóneas para conservar los cuerpos.

Y la escena se repitió, al intentar volverla a subir a otro avión que la alejaba del lugar en que esperaba ser enterrada, fue imposible. No se podía mover el cuerpo, ni con un Caterpillar.

No es difícil imaginar la desazón de la familia, que a setecientos kilómetros de allí estaba esperando a su familiar para despedirse de ella, según sus tradiciones, además con un gasto de dinero casi inasumible, que cada día crecía más, y por supuesto los sentimientos de todos por no poder despedirse como debían de su ser querido. Finalmente se toma la decisión de hacer caso a “IL FU”, y le dicen que tranquila, que la van a enterrar donde ella quería, momento en el que todo vuelve a ir como una seda, acaba el sepelio, y hasta hoy.

La familia vuelve a casa, y ya está, ya está menos la cara que se me puso a mí cuando, estando yo de testigo, oí narrar esta historia, y a la persona a la que se lo contaban le parecía de lo más lógico toda la peripecia

. -¡Pero,¿ cómo se os ocurrió no hacer caso de la voluntad de la difunta?! .¡Menos mal que al final le dijísteis que la ibais a enterrar donde ella quería!.

Pienso, después de oír esta historia, lo que este mundo industrial y tecnológico ha hecho que perdamos en cuanto a nuestras capacidades de comprensión del mundo que nos rodea, especialmente lo relativo a las sensibilidades intangibles, a la incomprensión de planos diferentes al nuestro, fuera del racionalismo más duro. Alguien me dijo que hemos perdido la mitad de nuestra conciencia y de nuestra capacidad de comunicación, ya que se inscribe únicamente al plano físico en el que nos movemos. ¡Nos vemos!

*En Italia, es el que fue, es decir el difunto. Lean “IL FU Mattia Pascal” de Luigi Pirandello. Deliciosa novela.

PATER FAMILIAS

Seguimos mareando la perdiz con el temita de a ver quién hacemos presidente del gobierno, y me temo que los temas más importantes que justifican la existencia de un Estado andan manga por hombro. Y no aquí solamente, ya que es obvio, al menos para mí, el hecho de que está medio mundo cabreado, y no un poco.

Todo a caballo no sé muy bien de qué, pero si analizo lo más importante, y no por su orden. (Estoy muy mayor para priorizar), me encuentro que lo primero que el señor feudal, o el “pater familias” romano garantizaba, era la seguridad de sus siervos, esclavos, o ciudadanos, si os empeñáis, que venían los bárbaros contratados por el vecino, y se dedicaba a violar señoras, robar cosechas, arrasar campos, en fin, esas cosas.

Y eso anda a medias, que desde luego al Señor de Alcubierre ya no le da por invadir al Señor de Jaca, que eso pasó a la historia, pero seguimos con los robos a ciudadanos no convenientemente reprimidos, o lo que es mejor evitados por el organismo al que le hemos dado esa potestad dentro del Estado, y me refiero a legisladores, jueces, y estamentos policiales.

Vamos todos por la calle abrazados a nuestros bolsos, los coches cerrados con alarmas sofisticadas…..en fin. Qué voy a decir que no sea del dominio público, y eso que no hablo del tema de la inviolabilidad del domicilio, que hoy te pillas el puente de la Pepa, y te ocupan la casa en un plis.

Así que seguridad, me temo que ni en el valle del Batzan. Que las cosas son muy difíciles, y las pobres mozas, mirando a ver quién las persigue cuando quieren llegar a la hora que les de la gana a su casa. Mal andamos en eso de la seguridad, y eso en un país seguro, que dicen que es el nuestro. Así, que en el tema de la seguridad la nota que obtienen los Estados, es baja, bajita diría yo, y además como tiene el monopolio del uso de la violencia, concedido por los ciudadanos en los regímenes democráticos, que no se os ocurra pegar un par de tortas al pollo que se mete en tu casa a ver si te asesina, que la cosa es esperar a que te asesine, y luego ya pones la denuncia.

Algo no funciona, y no soy de la “rifle association” , pero no es todo, que la otra cosa que deberían garantizar los Estados, sin meterme en La Pepa setentera ni en la Carta Magna británica, es el cuidado de los más mayores, de los sabios de la tribu, y es algo a lo que los Estados no les apetece, que es como si quisieran retraer recursos de ese capítulo, porque quizás sea difícil meter el cazo personal del político en las pensiones.

Y ya se sabe, si van demasiados recursos a esas cosas hacemos menos autopistas inútiles, que son las que dejan las perras para que viva la clase gobernante.

Así, si conseguimos cuadrar el círculo de pagar salarios ínfimos, (Ya sabes, que vienen los chinos y los indios que lo hacen más baratito), y convencer a los ciudadanos que ahorren en su plan de pensiones entre cincuenta y setenta y cinco céntimos al año, para que se lo gestione el Banco de la esquina, pues d’aguti, que liberamos un pastón para comisiones.

Y además como los esclavos son imbéciles, cuando vayan a recoger sus cincuenta euritos del plan privado de pensiones, les cobramos un tipo del cuarenta y pico por ciento en impuestos, y a otra cosa.

Así, que como el ciudadano es lo último en la lista de prioridades, especialmente cuando ya no se le puede explotar, pues se le deja morir de hambre….y de frío en invierno, ya que el pisito de protección oficial en el que ha malvivido cincuenta años, se lo venden a Goldman Sachs, que no paga impuestos, pero deja comisiones.

La gente se cabrea, se cabrea de veras, cuando ve que el sistema sanitario se va deteriorando poco a poco, o mucho a mucho, siempre que sea el público, que para eso están las aseguradoras y las clínicas privadas, ¡coño!, que hay que joderse como es la gente, que pudiendo ir a esas clínicas cojonudas siguen empeñados en ir a La Paz.

Pero bueno, si lo hacen los del Imperio, es que debe ser bueno, así que copiemos, y que las aseguradoras tomen la responsabilidad de curar a la peña, y si el tratamiento se pone caro, que lo lleven a tribunales, que el asegurado seguro que no tiene pasta para pleitos, y una vez muerto, ¡cebada al rabo!.

De la educación, ni hablamos, que no hay quien pase los exámenes esos de Pisa, que ponen de los nervios a los Estados, y los chavales de la Pública, que no sacan ni patrás la tabla del nueve, siguen perdiendo las oportunidades que ofrecen esos coles tan cojonudos y esas universidades maravillosas, a las que van los futuros amos del mundo.

No hay quien entienda a la gente….¡que valen cuatro duros! Y así pasa lo que pasa, que se cabrean en Chile, que Francia está parada, que los ingleses se ponen en las manos del primer mentiroso que pase por New Bond Street, que en Argelia ya no quieren saber nada ni de las urnas, que en esta España nuestra…..que en Israel… Porque además de la tendencia a eliminar las garantías que el contrato social tiene establecido con los administradores de lo público, en cuanto al tratamiento de los que trabajaron toda su vida, la educación de los que vienen, la salud de los que estamos, los Estados están llorando todo el día al son de que hay que elevar la presión fiscal, que no llegamos, que hay que hacer la tercera autopista Talavera-Toledo para incrementar la estructuración del territorio, y si podemos poner un shuttle train entre Astorga y Bembibre de esos de a trescientos la hora…..que hay que…..

Hay que joderse, que diría el castizo, que a lo que nos enfrentamos en este mundo globalizado, es al abandono del Pater familias, del Estado, de aquello a lo que están obligados a cambio del poder que se les ha dado, pero la realidad es que no tiene límites a la hora de engordar su tesoro, y de reducir sus servicios. Por cierto, me dicen que debemos 1,1 billones de euros, a gente de por ahí….se lo habrán gastado en juergas, digo yo.

¡A cascarla!

Monotonía de lluvia

Buscad, si os apetece, aquel poema de Don Antonio Machado, al que llamo hermano, que empieza con un:

Una tarde parda y fría de invierno.

Los colegiales estudian.

Monotonía de lluvia tras los cristales.

A mi se me viene muchas veces encima, y más estos días en que la Meseta sin ser invernal, quiere parecerlo, con sus nieblas meonas, que aquí nunca se ha atrevido a llover del todo,  aquí del todo, nada acontece.

Y ese recuerdo al Caín que se escapa mientras Abel yace muerto en su charquito de sangre, en el cuadro del fondo del aula, el cuadro que por visto miles de veces ya se ignora tanto como se ignora el color del picaporte de la puerta.

Y al fondo la radio con su letanía matinal, o vespertina, que no importa que sea la misma, y que parece el maestro que nos hace cantar a coro la lección….¡Sánchez por Casado igual a Rufián, Rufián por Arrimadas igual a Abascal…..! Monotonía de lluvia que no es, de lluvia que parece niebla o niebla que parece……

Pero todo es monotonía, pegajosa, insufrible, aburrida, como la tabla del siete, del tres , o del nueve. Nos cambian el clima, “cuarenta y siete”, negociamos con los indepes “sesenta y cuatro”, les pregunta el Rey “cincuenta y seis”.

Monotonía de lluvia, o de niebla meona, tras los cristales.

Habrá que cambiar al maestro, o al sistema educativo, que me es indiferente, sabiendo que siempre habrá una letanía por cantar, que siempre un oficiante dispuesto, ¿que son veinticinco conferencias del clima?, “cuarenta y nueve”…

Y como la tabla del siete, nada cambia, todo está igual, siempre igual, que el de ahora no es Felipe, que es Perico, que el otro si es Felipe, que no JuanCa, que ya no es Jordi que es Puchitorra…..

Y a mí, ¿ qué me importa San Gabriel, el de Santa Coloma,?  que no me parece ni bueno ni mártir, que ahora es Rufián, y lo que dice no me hace mejor, y me temo que a usted tampoco, que las letanías de esos oficiantes no son como la del maestro, que ésta es para engañarnos, y la del maestro para que no nos engañen en el cambio.

Por estas latitudes no se oyen las gotas de agua chocar contra el alfeizar, aquí es solo niebla meona, esa niebla que entra en los huesos y que impide que vislumbres el futuro, como las letanías que nos sueltan para que no nos fijemos demasiado en la pasta que se están gastando para nada los de la tal cumbre del clima, ¿en qué estarían pensando los chilenos?.

Estas oportunidades las pintan calvas, pensamos por aquí, y nos traemos a la niña sueca, que viaja en catamarán de lujo y en espresso de Lisboa, chucuchucuchu, y decimos que le estamos quitando la infancia o la adolescencia. ¡No me jodas!,

Si mal no recuerdo la niña es sueca, y a los que roban la infancia, la adolescencia, la vida, en definitiva, son a los que andan dando tumbos por Niger, por Mali, por Bangla Desh, o los que viven en los campos de refugiados de los que escapan de Siria, o esos  de Birmania, que les llaman rohingya.

Recordad mis palabras de hoy cuando veáis a esta niña, a la que están robando la adolescencia, entrar como diputada en el parlamento europeo, o en algún gobierno.

Os diré que como Dani “El Rojo”, aquel pollo que llevó lo del sesenta y ocho en París y en el que sin estar, todos estuvimos.

Prohibido prohibir, nos decía, a caballo de su acracia soñada, y acabó en el legislativo europeo……haciendo leyes.

Y no es culpa de ella, seguro, además de que está haciendo una labor más que útil, y a quien se le haya ocurrido montar el tinglado,  lo ha clavado.

Ha dado en el corazón sosorrón y bonachón de los euroblanquitos, a los que les molestan las pateras, a los yanquis de Alabamaa los que les molestan los espaldas mojadas. ¡Cómprate el coche eléctrico! ¡Cómprate un panel solar!, respirarás mejor, y tus hijitos y tus nietecitos.

Esperamos que no se te olvide superaislar tu casa, que te den la A verde esa. Y es que el ramo de la construcción anda jodido.

A lo que no renunciamos de ninguna manera es ir hacia atrás, que todos queremos la leche envasada, y es que nadie sabe qué es lo que entra en un granel, que nadie quiere tener la casa a 18º, que nadie quiere ni coger el metro ni que lo cojas, aunque vivas en Móstoles o en Terrassa y curres en Sol o en el Passeig de Gracia.

Es lo que tiene la niebla meona: molesta, persiste, como lo que cada día se empeñan en echarnos encima desde los telediarios, desde los noticiarios, cada uno en su onda, al augur de la nómina que le paga el pienso, que todos comemos y hay que entenderlo.

Hasta el Atlético de Madrid vuelve a ser “El Pupas”, y Barça y Real, compartiendo la cabeza. Todo con la monotonía de esta niebla meona que me está dejando el Barbour hecho un asco.

Ya veis, nada nuevo, todo espeso como esta niebla que cuando lees el tiempo del día, lo primero que te dicen es día despejado, que para llegar a la niebla hay que leer un poco más.

Así que me voy a preparar un aperitivo como Dios manda, que ¡total! para como están las cosas me importa un carajo si dentro de diez años los autobuses son eléctricos en Madrid o van a vela, porque lo importante no es eso, es evitar esas macrociudades que desestructuran los territorios en nombre de la economía de escala.

¡Lo que  ay!

Un muerto es un drama, un millón de muertos una estadística

Alguien dijo una vez algo así como “Un hombre muerto es un drama, un millón de hombres muertos es una estadística”. Voy a sustituir lo de muerto por desempleado, por pobre, por refugiado, por lo que ustedes quieran, siempre sin salirnos de lo que representa ese adjetivo que califica la calidad de un ser humano en un momento, más o menos largo a lo largo de su vida.

Que me dicen se han ahogado sesenta o setenta gambianos frente a las costas mauritanas: Estadísticas.

Que lo que quiero saber es la historia de cada una de las personas que perdieron la vida en el evento, quiero saber porque corrieron el riesgo, todos y cada uno de ellos de forma individual, quiero sentir el drama personal de esos seres humanos, para evitar dejarlos transformados en mi subconsciente en elementos de la eterna suma estadística de cadáveres que llenan los mares, las selvas centroamericanas, los ríos y los muros que separan el hambre y la desesperación estadística, de la riqueza estadística. 

Me hablan, y en concreto me habla un documental en la cadena Arte, de la pobreza…..en Alemania, y eso se enfrenta a la estadística de lo que significa ser uno de los países más ricos del mundo, creo que el tercero en renta per cápita decían, aunque debe haber un error ya que cuando lo busco, sale el dieciséis.

Pero es lo mismo, son estadísticas. Como son estadísticas el hecho de que el veinte por ciento de los berlineses tienen que pasar por los servicios sociales para recibir ayudas al alquiler, a la alimentación…. Como que el treinta por ciento de los niños berlineses están en riesgo de exclusión social….y eso con una renta per càpita de 49690 dólares.

En el trabajo de Arte, pasan de la estadística a las historias personales, es decir, al drama. Sale el jubilado que a sus setenta y cinco tacos tiene que andar buscando botellas de plástico por las papeleras de la ciudad para venderlas y sacar unas monedas. El empleado de un Hospital que por su trabajo de ocho horas recibe un salario por debajo de los mil euros, y no puede vivir. Y eso que el salario mínimo es de 1557€, cosa, que al parecer los empleadores se pasan por el forro.

Algo debió pensar que iba mal la administración alemana, cuando lo subió este año un 3,9%, es decir la mitad de la inflación. Pero lo dicho, me cisco en la estadística, y me quedo con el drama personal de la mujer que trabajó toda su vida como autónomo, y al final se encuentra con que no puede pagar su apartamento, con una pensión de setecientos euros.

Son los dramas los que me interesan, ya que es la única forma de ser consciente del problema al que nos enfrentamos en esta sociedad en la que el ultraliberalismo económico se ha ido imponiendo.

La diseñadora gráfica que se encuentra con que a sus treinta años no puede encontrar un salario digno. Siempre hay alguien que acepta un precio más bajo, siempre hay alguien que ofrece trabajo a precios que él no aceptaría.

La ley siempre protege al explotador, o al que usa a sus empleados para sacar a flote un negocio que sin esclavos no funciona. Esos deberían cerrarse por ley, ya que al final también afectan a las cuentas públicas, pues en algún momento apoyan o entran en la economía sumergida.

A todo esto veo por las estadísticas, que la presión fiscal en Alemania anda alrededor del 41%, (en España el 35,2), con lo que un país rico, se queda el 41% de lo que producen sus ciudadanos, donde hay dramas por todas partes según el trabajo de Arte.

A lo mejor quiero ser irlandés, que tiene una renta per cápita de casi 78.000 dólares y una presión fiscal del 23,4. Aunque para disfrutar de eso, me temo que no vale ser un ciudadano de Cork o de Connemara, que hay que ser una de esas multinacionales evasoras de impuestos.

Pero eso es otra historia. Es inquietante desde luego el contemplar que esa supuesta riqueza estadística no llega a muchos de los irlandeses de a pie, que al parecer es una fábrica de evadir impuestos, ya que el 17% de sus ciudadanos, según Eurostat está en riesgo de pobreza.

Claro que en España andamos por el 27% casi, y los alemanes andan por el 20%…. y eso son estadísticas, porque si empezamos a contar las historias, una a una son decenas de millones de dramas en nuestra pulcra Europa, que conocidos una a uno en las entradas de los telediarios, en las primeras de los periódicos, harían el problema realmente visible.

Pero no vamos a descubrir ahora qué significa ser esclavo en estas tierras de la Europa pulcra, en donde creemos que somos libres, y donde el desarrollo de las estructuras económicas, se traducen en incrementos de las desigualdades, en frustraciones continuas de proyectos de vida de ciudadanos que se creyeron el sistema.

Ese sistema en el que aunque parezca otra cosa, se crean cada día más y más dramas encubiertos por la estadística. Esperaré a ver si alguien se atreve a contar las historias del cayuco gambiano, de ese cuerpo que flotaba en la playa acompañado de ese otro, y de aquel y de aquella, y de esa con el niño muerto, como su madre, eso sí atado a la espalda, como hacen las madres africanas que así aseguran la vida del bebé, y al mismo tiempo trabajan.

Quiero saber, por qué estaban en ese cayuco de la muerte, aunque no sepamos ni siquiera sus nombres, y sean enterrados como lo que al fin les considera el resto del mundo, un elemento estadístico, sin más valor, y que a lo mejor algún puritano utiliza para levantar una muralla nueva, o para pedir una subvención.

Me dicen que con algo más de nueve mil millones, la pobreza en España caería un 60%, es decir quedaría en el 14%, no parece mucho, apenas un 0,8% del PIB. Es una estadística, pero a lo mejor evitaba muchos dramas.

Feliz Navidad

Es Catalan quien…..

He leído un artículo del último ganador del Premio Planeta, un cacereño catalán, o un catalán cacereño, sobre el doloroso tema de su tierra, que es la mía, aunque yo no sea de Badajoz. (Buscad “La gran Traición” un artículo publicado en El País el 16/06/2019).

Habla entre otras muchas cosas del engaño al que los nacionalistas, encabezados por el tal Pujol, sometieron a aquellos que no meamos a cuatro barras con estrellitas, (la estrellita es un cálculo renal, claro).

El engaño del tal Pujol fue definir al catalán como aquel que vive y trabaja en Cataluña. Debió decir el tal Pujol, con el micrófono cerrado, siempre que tenga siete generaciones tras él de Puigdangolas, de Bellveís, o de Cullells, por lo menos, ya que los demás son “Los otros catalanes”.

En esta bitácora, encontraréis por ahí perdido unas menciones al bueno de Paco Candel, “El Candel”, que describió en sus novelas lo que eran esos otros catalanes, los de las chabolas de C’an Tunis, del Somorrostro o de la Mina.

Y veréis que nada, nada tienen que ver con la Teresa del Marsé, pero sí con el “Pijoaparte” de la Torrasa. Y esos otros catalanes, algunos de los cuales salieron de los guetos chabolistas del cinturón barcelonés, llevaron a sus hijos a los colegios donde la inmersión lingüista era obligada, y no nos importó.

Siempre supieron que escalar en la sociedad era difícil, pero no, en Cataluña era imposible, y unos pusieron una sastrería en Sants, otros hacían el taxi y tenían un pisito en Bellvitge (en Bellvitge hay vida), hasta algunos consiguieron compran un pequeño apartamento en las playas del sur. La Costa Brava no era para ellos.

Y hoy, nos enfrentamos a la culminación de aquella traición, que hoy, catalanes, lo que se dice catalanes, son los que además de tener esos siete Cullell, Puigdangolas, o Bellveís en sus apellidos, llevan la banderita con el cálculo renal en la cúspide, votan lo que hay que votar, e insultan a los que hay que insultar, que no son catalanes, que aunque trabajen y vivan en Cataluña, son invasores.

Y quiero dejarlo bien claro, que todo me ha venido al coleto viendo la cara del tal Rufián, que se cree catalán, y no lo es. Es de los otros catalanes, de los del Candel, es un Pijoaparte cualquiera al capricho de la Teresa de la Bonanova. Es de procedencia andaluza, de Jaén, de Alcaudete, de Turón, como tantos y tantos, que fueron traicionados, y que aún no se han dado cuenta.

No tardarán en llamarle “Botifler”, de hecho ya ha pasado, y tiene que reforzar su catalanismo radicalizándose, para que Teresa siga visitándolo en La Torrasa.

Por cierto, que el tal Rufián, para ser de izquierdas parece que trabajó en una ETT que subcontrató obreros de Chile, Argentina, Rumanía, India….todo un curriculum para un hombre de izquierdas y de Santa Coloma, que no es La Torrasa , pero donde la Teresa del Marsé solo iría a cazar un gitano de ojos verdes, que los de Sarriá son para casarse y asegurar los patrimonios. (Leed un artículo de Jordi Pérez publicado en El País el 23/7/2016, “El fin del enigma de Rufián”).

Y ahí estamos, recordando a los catalanes de primera que son menos, que la mayoría de los catalanes no quieren separarse de España, aunque en el día a día les escupan por la calle, los discriminen en sus puestos de trabajo, y que por muchas manifas que hagan los once de setiembre, por mucho que alteren la historia, por mucho que de la forma más patética el día que les sacudieron en las orejas por díscolos en 1714, lo recuerden como día nacional, (seguro que celebran la huída vergonzante de Casanovas , para seguir con su profesión, a su pueblo mientras en las murallas del Raval peleaban los catalanes), y que griten lo de in-de-pen-den-sia, en el minuto 17 de la primera parte en los partidos del Barça,.

Todos sabemos que el movimiento en marcha hoy, y que no ha sabido parar el gobierno de la Nación, no es más que un intento de ocultar la corrupción de los Pujol, los Más, los….bien arropaditos en La Bonanova, en Pedralbes por los suyos, que por cierto también mojaron la parte alícuota que les correspondía.

Sí, que ahí está la traición, que el parlamento del Parque de las Fieras no representa más que a los catalanes. Porque los demás no lo son, ya no lo son, ni el bueno del Señor Cercás, por mucho Planeta que gane, ni el diputado Rufián, que está más cerca del Candel que de Pedralbes, ni de los taxistas que compraron el piso en Bellvitge, o los que se fueron a vivir a Torrebaró.

Que no es suficiente ver Tv3, que no es suficiente haber sufrido la educación inmersa, que no es suficiente, siquiera ser diputado nacional, que una cosa es Rufián y otra Tardá. ¡Que nadie se equivoque!

Y sobre todo que nadie olvide, que para ganar unas oposiciones no puedes ser de los otros catalanes, que para ganar un concurso de suministros a la región, de lo que sea, debes enseñar la “Torre” en LeónXIII, la de la Cerdanya, y la de S’Agaró, por lo menos.

En caso contrario no puedes jugar, no eres de fiar, y tu hija nunca se casará con un Bohigas ni con un Palau, ni tu hijo con una pubilla.

Sé que el cabreo me aflora por todas partes, que si eres de los otros catalanes la vida en esa tierra, que es la mía, es muy dura, casi imposible si deseas progresar, que el entorno es racista, excluyente, agresivo, injusto e ineficaz para todo lo que no sea repartirse el dinero entre los primeros catalanes, que para eso llegaron antes.

Por un momento temí que los Mossos se transformaran en una especie de guardia pretoriana, con toques de SS, con toques de Gestapo, pero parece que la cosa se ha parado un poco, no demasiado.

Aunque no desespero, ya que nuestros gobernantes están dando alas a todo este ambiente, olvidando a la mayoría de los residentes en Cataluña, permitiendo que la corrupción que mueve las élites de San Cugat, o de la Avenida Pearson, se salgan con la suya.

Dejemos, por favor de hacer el imbécil, y defendamos a la mayoría de catalanes, a los otros catalanes.

¡Au!

El artículo 52D

Creo, que aunque no me guste hablar de medidas políticas concretas, o de leyes publicadas en el BOE, hoy me siento obligado a hacerlo, de la misma forma que debo criticar a ciertas organizaciones paniaguadas que se apuntan al carro de la publicidad en medios de comunicación, una vez que su ineficacia o su inacción ha quedado patente.

Me estoy refiriendo al famoso artículo 52D del estatuto de los trabajadores, fruto de la maldita reforma laboral que coló a la ciudadanía el Partido Popular allá por 2015, hizo cuatro años en octubre. “Por faltas de asistencia al trabajo, aún justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20% de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos siempre que el total de faltas de asistencia en los doce meses anteriores alcance el 5% de las jornadas hábiles, o el 25% en cuatro meses discontinuos dentro de un período de doce meses”.

Se excluyen las actividades sindicales (faltaría más, que los liberados son sagrados), huelga legal, (más a favor de sindicatos) accidente de trabajo, embarazo y asociados a tal hecho, vacaciones, y si tienes una enfermedad no laboral cuando haya una baja acordada por los servicios sanitarios oficiales pero eso sí que dure más de veinte días.

¡Ah! La violencia de género, el cáncer o enfermedades graves (no especificadas) también son excluyentes. Por cierto con nueve días en dos meses estás en la calle, si en el año anterior has faltado diez días, estás fuera, y si en cuatro meses cualquiera dentro de un período de doce meses has faltado veinte días estás fuera. En cualquier caso las cifras parecen contradictorias.

Pues qué bien, en estos cuatro años, todos callados. Los primeros los llamados sindicatos de clase, que una vez asegurados sus derechos, el de organizar huelgas, y el de tener bien amarrados a sus liberados por actividades de ¿defensa? de los trabajadores.

Pero defender el derecho de los trabajadores, ni les iba bien a los sindicatos, esos que hoy salen a la calle, con toda su caradura, para lamentarse por que el Tribunal Constitucional, ha considerado procedente el despido de una persona según este artículo, sin haber echado a la calle a toda la masa social de este país durante cuatro años todos los días.

Todos sabemos que mañana la cosa está olvidada para estos pollos, que ya han hecho ruidito hoy y han salido en el Telediario de las tres y en los informativos de la radio esta mañana, lamentándose de la actuación del Constitucional, pero sin decir ni pío sobre su inacción de cuatro años o de su ineficacia.

Como su salario proviene del bolsillo de todos los españoles, vía impuestos, tan contentos ellos, que si se tratase de vivir de las cuotas de sus asociados, habían cerrado hace tiempo, o se habían puesto las pilas y no tendrían que echar la culpa de su ineficacia al Tribunal Constitucional.

Y por cierto, dado que el salario de los Señores Magistrados del Constitucional provienen de mis impuestos, y en aras de la transparencia, no me importaría saber si sus señorías se encuentran en alguno de los supuestos del 52D. Que deberían publicarse sus plantillas de asistencias, ¿o son de la pata de Judá?.

No se escapan los partidos que han sido oposición y que llevan colgado el letrero de “obrero”, o de “desencantado”, podamos o no, ya que como mucho, y hablando de la legislación laboral, lo más que han dicho (hacer no han hecho nada), es que hay que derogarla, cuando lo primero que deberían haber hecho, es explicar con todo detalle los derechos que los trabajadores perdieron durante estos años, que algunos se imaginan, pero son ellos como responsables legisladores, quienes nos lo deberían contar.

¡Ah!, y ya que estamos tampoco me importaría ver publicadas las bajas o inasistencias de sus Señorías los Diputados a Cortes, y Senadores.

En cualquier caso, leyendo el documento legal de marras, no es difícil, incluso para mí, ver las inconsistencias, y las derivas en contra de los derechos de los trabajadores que hay por todas partes.

El más pequeño de los ejemplos es la parte final del tal artículo 52D, donde se te excluye de la norma si tienes cáncer. ¡Cooooñoooo!.

¿Tiene que poner el médico en el parte de baja que tienes cáncer?, ¿Dónde queda tu derecho a la intimidad?, y por enfermedad grave, ¿qué se entiende?, ¿Una gonorrea? ¿Una bronquitis crónica? ¿Una hernia discal?

Yo no sé si hoy ser VIH positivo se considera una enfermedad grave, quizás sí, quizás no, ni si una enfermedad genética, pongamos por caso la hemofilia lo es.

Y los doctores aireando las fichas médicas de sus pacientes para que se quede tranquilo el pollo de la CEOE, o el patán del empleador, y la intimidad del paciente-trabajador, a hacer puñetas.

Y quiero recordar a todo el mundo, que esta norma, absolutamente contraria a los derechos conseguidos por los trabajadores, no sería necesaria, si las bajas no fueran, en algunas ocasiones percibidas como ficticias, y estuvieran los servicios de Inspección de Trabajo e Inspección Médica debidamente dotados, y no sobrevolara siempre el fantasma de la corruptela sobre el ambiente.

Pero claro, unos Inspectores de Trabajo suficientes y bien formados, a lo mejor no les venían del todo bien a los empleadores, esos que chulean horas extras, que no pagan los pluses pactados, que encadenan “ad nauseam” los contratos basura, pero que se apoyan en esta norma para arañar un beneficio extra a la última línea del balance.

No voy a extenderme más, y recordaré a los periodistas, a los de los Telediarios, a los de las radios de por la mañana, que no es hoy el día de rasgarse las vestiduras, o alegrarse de la sentencia (depende del pelaje político del medio y cuál es el pesebre donde comen), sino el día siguiente de la publicación en octubre de 2015, de esta infamia

Quizás ahora haya que pedir a los médicos, que en vez de escribir “enfermedad común” en los partes de baja, escriban enfermedad grave, sin especificar, tal y como dice la norma, y mantengan la baja durante, digamos, veinticinco días, y a otra cosa.

¡Mecagüen!

Negro Viernes Negro

No me acuerdo, pero tampoco me importa, ya, que aunque con toda seguridad he hablado en algún momento de las Saturnales, del consumo, de los intercambios de regalos, de tantas y tantas cosas relacionadas con la que se nos viene, de nuevo, a partir del maldito día en el que se encienden las luces de Navidad.

Y este año estoy mucho más cabreado que de costumbre, ya que mi ciudad de acogida se va a gastar una pasta gansa en lucecitas, al grito del ¡Compre, compre!. Tres milloncejos del ala, ni más ni menos, dicen los voceros municipales, e insiste la madame que ha vendido las lamparitas en que no gastan nada, oiga, nada.

Y como no creo en casualidades, acontece que lo que era un día negro, un viernes, con una cierta tradición entre los americanos del Norte, que veían en el día siguiente a Acción de gracias el pistoletazo de salida para las compras de Navidad, sea convertido en estas latitudes como la fiesta de la iluminación de las calles, y del martirio para los empleados del comercio local, a base de villancicos y demás musiquitas.

Pero lo de negro, no lo es tanto, que todo eso, hacía que las cifras de los balances del pequeño comercio, que andaban el rojo, pasasen a negro. Así que en el Imperio, por una vez lo negro no era algo peyorativo, negativo o desagradable, y en ello estamos también por estos lares.

Y mi cabreo este año, es que volvemos a esa situación en la que de nuevo enfrentamos al ser humano con el dinero. Ya lo sé, no me gusta toda esta parafernalia, con el añadido “lavacerebros” que lleva aparejado para los niños. Luces, música, escaparates, Frozen Dos, sonrisas, y al final preparación de los enanos para su inmersión inmediata en la sociedad de consumo.

Pero la otra cara de la moneda, es la de los centros de acogida de ciudadanos, que para luces hay pasta para los que duermen en la calle poco y malo. Parece que una buena cantidad de los refugiados que a las puertas del organismo de turno pasan la noches, son hermanos venezolanos, posiblemente hijos o nietos de aquellos que abrieron las puertas a los españoles que huyeron, como refugiados de la guerra del General Franco.

No sé cuántos canarios fueron acogidos en el país hermano, no se además a cuántos el sistema que los acogió les permitió además de llevar una vida digna, enriquecerse. Y antes del drama de la maldita guerra civil, y mucho después de la Independencia bolivariana, cuántos españoles que escapaban del hambre en Galicia, en Asturias, en Cataluña, sin profundizar más tuvieron que hacer “Las Américas” y volvieron a sus terruños décadas más tarde a construir su casa de indianos.

Y nosotros pagamos a sus nietos, a sus descendientes en fin, con mantas térmicas y vergüenza a las puertas del organismo de turno, “El Samur de refugiados” o algo así. Pero ¡viva la fiesta del consumo!, ese mes y medio de locura y de cuñados que ahora comienza. Ese mes y medio en el que deberemos hacer todo aquello que se espera de nosotros, y que incluye eso de comer mal, beber peor, gastar dinero en cosas que no necesitamos ni nosotros ni los recipiendarios de nuestros presentes, pero hay que hacerlo porque la presión familiar, de amistades, hasta incluso de la política circundante, porque te piden que pagues impuestos extras antes de que salga “El Gordo”, que es tradición compartirlo, ¡compreeee máááásss!.

No sé dónde esconderme, que aunque me vaya al campo de golf, algo o alguien me recordará que las Saturnales están presentes, los gorritos rojo Coca-Cola, ¡Con lo que me han gustado siempre los verdes!, que habrán puesto en la recepción, y además un trofeo extra, medal o stableford, que habrá que jugar con los dedos fríos y hacer más de cien en medal o menos de veinte en stableford.

Hasta en mi Logia celebraremos en “San Juan de invierno”, y nos meteremos entre pecho y espalda un corderito que no se lo salta un gitano, todo a lomos de un bonito rito.

¡Que no!, ¡Que no me escapo!, ni escondido en La Alcarria, ni con el wifi caído, que cuando dicen que es tiempo de Navidad es tiempo de Navidad, y ya está.

Pero todo a cuenta de los refugiados con manta térmica de la puerta del SMUR, que han conseguido cabrear a los empleados, con tanta insistencia, y se van a su casa de huelga porque esto no hay quien lo aguante, que “paloquemepagan…”

A todo esto, tanto de hablar de la memoria histórica, nos olvidamos, señores del gobierno, de cómo acogieron los barcos de españoles llegando a América cargados de gente que, como ellos hoy, escapaban de la garras de un dictador, que como tal debe llevar adosado el calificativo de asesino.

Para estas cosas no se celebran las Saturnales, que las imágenes de la tele nos ponen en posición de aburrimiento delante de los que intentan esos Open Arms en el Mediterráneo, que está ya muy visto. En esta blanca Europa, no nos hacemos idea ya de lo que significa una dictadura sangrienta, de esas en las que cualquier tipo de abuso por parte del dictador, y de lo que es peor de sus adláteres, queda impune, por definición.

No nos hacemos idea de lo que significa, ni de lejos, si además tienes la mala suerte de no ser siquiera neutral, que alguien te reconoce como posible miembro de una oposición al régimen. Tu vida, tu hacienda, todo lo que eres, tú y tu familia, no valéis nada. Serás utilizado, vendido, tus hijas podrán ser utilizadas a capricho de cualquier capitoste miserable, y aquí todo lo que hacemos es darles unas mantas térmicas, en plenas Saturnales, en honor de la memoria histórica.

En fin, preparemos la carta a Papa Noel “coca cola”, a los Reyes Magos, del oro, el incienso y la mirra, a la Befana, que va en tren por el cielo, al tronco hueco del tió, es lo mismo, mientras Epstein se ahorca en la cárcel, o lo ahorcan, el Tito Andrés hijo de la Graciosa Reina de Inglaterra se esconde, o salta el caso de la niña Wally en Gabón, que es lo mismo.

¡A la mierda!

dura lex, sed lex

Los tribunales parece que marcan nuestra vida, por todas partes. Y es además, como si a la prensa le faltasen historietas para rellenar los tabloides y ponemos a la justicia en primera plana.

Será que los silbiditos de Tito Trump ya no molan, que estas cosas se queman pronto, y ni el Nasdaq se agita ya cuando el Pollo del Pinar de la Avda. Pensilvania dice un no sé qué de los aranceles o de los muros mexicas. Así que vamos a ver qué hacemos con lo que viene desde la zona de las pelucas, los frufrú de las togas, y sobre todo de las punyetas, que alrededor del mundo parecen dar mucho juego.

Y de menor a mayor, me encuentro al pobre Torra, ofreciendo sus venas como un Marat cualquiera, en la bañera del banquillo de los acusados, dejando que el puñal de la Corday entre en sus blancas carnes independentistassoberanistas.

¡Lo he hecho, lo he hecho!, así que “Señol jues, Pasi usté más alanti- y que entrin tos esos- no le dé a usté ansia- no le dé a usté mieo”… que siempre hay un girondino para un jacobino.

¡Pobret!, pero la cosa no acaba ahí, que andan de primeras páginas las barbaridades de las manadas violadoras, ¡Ja, ja, ja! ¡¡Que bien nos lo pasamos reventando a esas tías a las que le va la marcha!!. Y no sé si es peor el remedio que la enfermedad, que la publicidad puede ser que anime a más descerebrados a mejorar el sistema de acoso a la mujer ¡que a nosotros no nos pillan!.

Y tampoco sé cómo afecta esa publicidad a la víctima, que a lo mejor lo suyo sería que fuese ella quien decidiese si se publicita el tema o no. No lo sé, pero tengo dudas que todas estas historias aireadas junto con las estrategias de las defensas para sacar a las presuntas bestias del atolladero, no den pistas a otros potenciales animales, en horda o en manada.

Y lo mismo me parece la historia de esa muchacha vilmente asesinada en Galicia, posiblemente violada, seguramente torturada. Que a fuer de primera plana vamos dando ideas de cuántas piedras hay que poner en el cuello de las víctimas, cómo eliminar un teléfono móvil, como defenderse de las acusaciones, y como planear futuros secuestros, violaciones, asesinatos…no lo sé.

Y es que a mí nunca me gustó leer El Caso, que siempre he considerado esas cosas como pequeñas escuelas para el perfeccionamiento de mentes enfermas. Que una cosa es un calentón o un accidente, y otra muy diferente es una forma habitual de actuación premeditada que requiere de planteamiento, y ejecución cuidadosa, ya que el placer está también en la repetición.

Pero las cosas no paran aquí, que me cuentan una historia en Lyon, a la espera de sentencia acerca de unos cuadros de Picasso, que si son tuyos, que si son míos, que a ver quién se queda la pasta. Y a mí ¿qué me importan unos cuadros y unos dibujos que nunca voy a ver?. Está bien, si me apuras. Llena espacio del tabloide.

No voy a extenderme sobre las prevaricaciones/chapuza en Andalucía, y la cara que se les queda a los Chávez, a los Griñán, a todos los que han metido mano en la caja de forma presunta, claro, hasta que no leamos las mil setecientas páginas que rellenan de argumentos lo que los jueces han visto y oído.

Eso lo dejo a sus gracias, queridos lectores, que yo ya estoy muy mayor. Pero todas la monedas tienen su cruz, que al ex¬-presi madrileño, al que le saltó la casita de Marbella, parece que quieren empapelarlo también por no sé qué pillada de pasta en Brasil a cuentas del agua del canalillo.

Y más primeras páginas. Si me pongo a contar los Presidentes de Comunidades que se han sentado en los banquillos, los que están a punto de sentarse, que si un tres per cent, que si un master no sé qué, que si el campo de golf en Vallehermoso, que si un Cinturón (Gürtel), que si unos trajecitos valencianos, que si un palacete en Palma.

Pequeños faraones del erario público, que se creen lo que no son, que actúan como señores del cortijo, con el sueño de que sea suyo. No sé muy bien qué más primeras páginas justicieras quedan delante de mis narices, como no sean las que se asoman a esa trama turbia del comisario ese que tenía todo en su cajón con fotos del culo al aire de unos y otros.

Y me tienen pillado en las viñetas al bueno de Florentino, al que fue “Presi” del Hispano Americano, y luego de BBVA, y a la mitad de la clase política, financiera, y lo que sea de esta tierra hispana en la que parece que el único palmo limpio esta en los currantes de mil euros.

Los que no somos nadie, no sé si nos alegramos o no de no salir en las primeras planas, que veo a todos estos aspirantes a “galeras” de lo más relajaditos, como vi en su día al Señor Conde, que parecía satisfecho con pasar unos pocos años a la sombra y a cambio salvar la fortuna que obtuvo con su título de abogado del estado bajo el brazo.

No somos nadie, que ni el señor Villarejo se ha dignado a tener oculto un expediente donde claramente se vea como un día cogimos una perra gorda del suelo y no la llevamos a la oficina de objetos perdidos del aeropuerto.

No valemos los de a pié ni para ser chantajeados con nuestro honor en el otro platillo de la balanza.

Voy a quedarme sin ver el telediario unos días, a ver si cambian las caras de los encausados, que hasta aprovechando la visita del Papa a Thailandia, nos andan enseñando el pleito de un españolito que se juega el pescuezo por un quítame allá el muerto de un amigo, y es que los Thais te lo cortan sin necesidad de contar hasta diez.

En fin recogeré las actas del “prucés”, y me las leeré despacito para coger el sueño, que ya me duele que no estén en catalán….¿o sí?

¡Dura lex, sed lex! (Y no es una vajilla)