Todo dentro de norma

Esto no es normal, o bien “lo normal es que…”, me soltaba el otro día un amigo, mientras detallaba la supuesta anormalidad de la situación que le había acontecido.

Pues quizás sea esa la gracia de la cosa, que con tanta normalidad acaba uno “normalizado”, que parece una línea más de la ISO 9000 que cumpla al caso, y los espíritus libertarios, o liberales evolucionados procuramos huir de la normalidad.

Eso sí, evitando la zafiedad, el mal gusto, la grosería, que de todas formas son elementos de lo más normalizados en nuestra vida, y eso que excluyo ya cualquier forma de agresión, que no es ese el camino que hoy quiero transitar.

Parece que nos hemos acostumbrado a circunscribir las reacciones a los estímulos que nos presenta el entorno, a unas pocas posibilidades que aceptamos como normales, con lo que dejamos, en aras de nuestra comodidad, de explorar otras facetas de nuestra respuesta o de nuestra consideración.

Y pienso que es algo que nos empobrece, y que acaba siendo tan aburrido como la tal ISO 9000 que mencionaba antes.

Cierto que con el nivel de adoctrinamiento y manipulación a que estamos sometidos, el riesgo de acabar siendo el bicho raro del grupo es tremendamente alto, pero ¿qué importa?, es en definitiva lo que puede diferenciar un grupo humano de un rebaño.

Yo me paso la vida jugando a eso, y me divierto una barbaridad, repito, procurando no caer ni en la zafiedad ni en la ofensa, que no se trata de eso, sino de buscar reacciones o respuestas no esperadas, que fuercen de alguna manera al interlocutor a utilizar vías en sus conexiones cerebrales poco o nada utilizadas.

Y ciertamente nada tiene que ver con las ilegalidades morales a las que nos enfrentamos cada día varias veces y que no son más que intentos, `pase lo que pase, del sostenella y no enmendalla, como lo que nuestro querido Tito Trump nos ha regalado como respuesta a la nueva masacre de estudiantes en un colegio de su país. Que joderos, que se siente, que el tío estaba zumbado, que miraremos a ver cómo controlamos a esos locos, cuando quizás hubiese sido normal atajar el problema de raíz con una reacción diferente.

Tampoco parece normal que en mi querida Catalunya se empeñen los que creen ostentar el poder en insistir en caminos ya transitados en la Segunda República, con los mismos personajes aunque con distintos nombres. Y es que el paralelismo entre las reacciones entonces y ahora son evidentes. Menos mal que no se prevé un golpe de estado por alguna facción extremista del Ejército Español, con lo que Puigdemont tiene garantizado que no será pasado por las armas, tras un juicio/farsa sumarísimo. Es lo que tienen los estados de derecho.

No es normal que en nuestra querida España el salario que reciben los trabajadores no sean suficiente para evitar la exclusión social por pobreza, ni que haya por la misma causa un veinticinco por ciento de niños corriendo ese riesgo.

No, no es normal que a través de asociaciones supuestamente soportadas por caridad, tanto estatal como privada, se blanquee dinero, se paguen salarios de seis dígitos a ejecutivos que deben aplicarse a que la parte más sustanciosa del famoso 0,7% vaya a su proyecto, a su negocio, y que para ello si hay que tirar de difamación, o de atacar a otras asociaciones similares, se haga sin pestañear.

No es normal que el mundo noroccidental cierre los ojos al drama que supone a la gente del sur, a la gente del este su intento de mejorar su vida, de huir de las guerras, soportadas en buena medida por el ansia de poder de Europa, de USA, de Japón, de China, de Rusia, por el ansia de controlar rutas comerciales, explotar materias primas al menor costo económico, y al mayor costo humano posible.

No, no es normal que por el hecho de que niveles de cultura básicos no estén disponibles para la mayoría de la población del mundo, se sigan manteniendo prácticas humillantes y perniciosas para las mujeres, en aras de anacronismos tradicionales, que aún hay gente que se esfuerza en defender.

No, sigue no siendo normal que las diferencias entre las clases más favorecidas en la sociedad mundial, tiendan siempre a agrandarse, no siendo normal que haya fortunas personales que pueden ser múltiplos del producto interior bruto de casi la mitad de los países del mundo.

No, no es normal que haya esclavos de todo tipo en el día de hoy, que sea algo bien sabido por aquellos que detentan el poder, que la cifra multiplique por veinte o treinta la del total de seres esclavizados en más de tres siglos transportados a América desde Europa.

No es normal que entre esos esclavos haya niños, que morirán en los trabajos más insalubres, o que haya niñas que son vendidas por sus familias para ser destrozadas en la prostitución más sórdida. ( perdón por la forma de decirlo, que cualquier forma de prostitución es sórdida en grado máximo).

No es normal que se asesine de forma indiscriminada en nombre de algún dios, en nombre de alguna moral, la que sea, no, no es normal, pero sucede cada día, y nuestro Occidente opulento solamente reacciona si el crimen mata personas de casa, que a nadie le importa si en Kabul acaban de matar en un mercado a doscientas personas en nombre de….¿qué importa?.

Y no es normal que todas o algunas de estas cosas y otras similares, nos parezcan normales, que no consiguen que nos movamos y conseguir atajarlas, no es normal que cuando alguien nos pide la representación de nuestros intereses para defenderlos en los foros políticos y de poder, no exijamos que nos ofrezcan panes realistas de como retornar el equilibrio en estos o en otros supuestos similares, que no es normal que nos dejemos engañar tantas y tantas veces por las mismas personas y en casos idénticos.

A lo mejor el adoctrinamiento es mucho más eficaz de lo que podamos creer, y es mucho más agradable pensar que está fuera de nuestro alcance, y perdernos en el “soma” de la pantalla de nuestro teléfono inteligente, que por cierto nos hace cada día más imbéciles.

Y sí, no es normal que me meta en camisa de once varas, una vez y otra, sin apoyar a ningún patrón, solo porque me apetece decir lo que pienso y su contrario.

Con su pan se lo coman

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